viernes, 26 de diciembre de 2025

Noche de Paz, Noche de Horror

El slasher no es un género fácil de ver. Es más bien para fans, sin embargo, hay algunos trabajos, como este, que podrían resultar un poco más transversales.

Anunciada como un remake del filme original de 1984, que ya tenía uno el 2012, esta versión, escrita y dirigida por Mike P. Nelson, sigue la rutina que Billy -Rohan Campbell- lleva a cabo anualmente los días previos a Navidad. La película comienza mostrándonos a un Billy de niño, sufriendo un gran trauma cuando sus padres son asesinados en medio de la carretera por un atacante vestido de Santa Claus, mientras él observa todo. Luego de un brusco salto temporal, el protagonista, ya adulto y recién llegado a la ciudad de Hackett, tarda poco en iniciar su macabro cometido. Ahora él es quien se viste de Papá Noel y ejecuta a diferentes personas, una al día, para cumplir un rito que no tiene pausa ni piedad.

Teniendo clara la premisa, no es complejo adivinar lo que veremos en la siguiente hora y media. Lo que no sabemos es de qué manera se producirán los hechos y cuáles son las variaciones respecto a las anteriores entregas. Solo esas características entregan una particular cuota de suspenso a esta cinta, porque el marco dentro del que se mueve es del todo predecible.

Solo tengo un par de cosas que decir. Lo primero es que tiene bastante menos sangre que otras similares. Y no es que sea poca, pero parece más controlada. Lo segundo se refiere a las víctimas elegidas y aquí sí podría haber diferencias, pues no son al azar. Para cada una hay ciertas razones detrás que, en general, tienen que ver con algún crimen anterior. Y ojo acá, porque al querer justificar estas muertes, algo inaceptable por cierto, el guion logra sembrar un delicado manto de duda respecto al hecho de cobrar justicia por mano propia. Sobre el tema de un “Santa asesino” o una Navidad llena de horror en vez de amor, es mejor que no profundicemos.

“Silent Night, Deadly Night”, a pesar de apreciarse la mano de Mike P. Nelson, una interesante puesta en escena y actuaciones correctas, tal vez no dejará del todo felices a quienes quieran ver gran cantidad de muertes por minuto. No obstante, y tal vez gracias a lo mismo -además del título y la fecha de estreno-, la cinta pueda expandirse a una mayor audiencia que, sin prejuicios, logre tolerar mejor un importante trastoque de valores y principios.

Ficha técnica

Título original: Silent Night, Deadly Night
Año: 2025
Duración: 95 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Bear Paw Studio, BondIt, Buffalo 8 Productions, New Dimension Pictures, White Bear Films, Wonderwheel Entertainment. Distribuidora: Cineverse Entertainment
Género: Terror | Venganza. Navidad. Remake
Guion: Mike P. Nelson
Música: Blitz//Berlin
Fotografía: Nick Junkersfield
Reparto: Rohan Campbell, Ruby Modine, David Lawrence Brown, David Tomlinson, Mark Acheson
Dirección: Mike P. Nelson

viernes, 19 de diciembre de 2025

Avatar: Fuego y Ceniza

Es cierto. La novedad de “Avatar” se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, sin embargo, lo que sí perdura es que no deja de ser una experiencia cinematográfica increíble. Esta es la tercera entrega y, condicionadas naturalmente al éxito comercial, pueden venir dos más. ¿Qué tenemos en “Fuego y Ceniza”? Veamos.

Jake -Sam Worthington- y Neytiri -Zoe Saldaña- aún viven el duelo por la pérdida de su hijo Neteyam. Insertos en el clan Metkayina, la familia ha encontrado su hogar. Están ocultos ante amenazas externas, sin sobresaltos, una rutina típica, apacible y aparentemente libre de problemas. Pero sabemos que la tranquilidad no dura demasiado. Jake sigue siendo buscado intensamente por las fuerzas colonizadoras y se ha convertido en el objetivo principal del coronel Quaritch -Stephen Lang-. Conscientes de la dificultad que representa la condición de su hijo adoptivo Spider -Jack Champion-, Jake y Neytiri han decidido alejarlo del lugar, como una opción triste pero realista. No pueden preocuparse permanentemente por las máscaras que le permiten respirar, algo que se transformará tarde o temprano en una difícil.

Así las cosas, emprenden una larga travesía para llevar a Spider a buen recaudo, sin imaginar que el camino les deparará sorpresas con devastadoras consecuencias. Ya no solo se trata del implacable poder militar, que avanza sin dar tregua al planeta. Surge ahora una nueva amenaza, el clan Mangkwan liderado por la guerrera Varang -Oona Chaplin-, un pueblo endurecido por grandes dificultades y que recurre a la violencia como principal recurso de supervivencia.

La historia en esta tercera parte es más difusa que en las anteriores. O dicho de otra forma, el argumento principal se divide en demasiadas aristas que provocan pérdida de foco y una sensación “descafeinada”. De todas maneras, la trama usa la venganza como principal motivación, junto con una desmedida ambición de poder y un espíritu colonizador -aniquilador, más bien-, totalmente fuera de control. Como contraparte, el pueblo Na’vi se refugia en su gran conexión con la naturaleza. El poder de Eywa, esa “madre tierra” creadora y omnipresente, surge como contrapeso ante lo que parece imposible de detener, un espíritu generoso, protector de su pueblo y de sus familias.

James Cameron nuevamente nos sumerge en un mundo impresionante, un mundo donde la maldad es presentada como algo intrínseco y la violencia como una respuesta justificada de protección. ¡Pero cuidado! Este es un terreno peligroso, porque sobre la violencia sabemos cuándo comienza pero no sabemos dónde termina, por lo que validarla es un arma de doble filo. En el planeta Pandora, todo es amenaza. Transitar de un lugar a otro es un riesgo, quedarse quieto también. Nada es seguro. Los peligros están siempre encima y, al parecer, la única forma es vivir en permanente estado de alerta. Los conflictos son permanentes y su resolución es siempre la misma: grandes peleas y épicas batallas.

Si bien la historia tiene un comportamiento similar a sus predecesoras, lo que avanza en forma exponencial es la producción y los efectos especiales. Es un lujo, y no exagero, ver esta película en formato 3D y en una sala IMAX. De verdad, uno se sumerge en ella. La sensación es lo que se espera, uno pasa a ser parte de la película, en una inmersión de la que cuesta disociarse. La imagen es vibrante y el sonido envolvente. Constituye una experiencia por donde se la mire, de aquellas que reafirman que ver una película en el cine no tiene punto de comparación.

“Avatar: Fuego y Ceniza” dura la friolera de tres horas con quince minutos. Es muy larga, sí, pero vale la pena. No voy a decir que pasan volando, pero se justifican, por más que uno pueda discrepar de algunas decisiones respecto a la edición y el montaje. Más allá de su portentosa cinematografía, los mensajes que expone son bastante simples, aunque no por ello menos importantes. La cinta pone de relieve la necesidad de enfrentar las dificultades en forma conjunta; destaca de manera clara a la familia como pilar fundamental; y profundiza la importancia del ejemplo de los mayores en el surgimiento de los liderazgos juveniles.

James Cameron y su saga de “Avatar” tampoco escatiman en valores. Vemos una gran dosis de valentía y resiliencia junto a ejemplos notables de solidaridad y entrega. También está presente el arrepentimiento y el perdón como forma de sanar heridas, destacando sobre todo la unidad y el amor como pilares fundamentales.

En conclusión, “Avatar: Fuego y Ceniza” es una película imperdible en el cine. Una experiencia inmersiva que no se puede dejar pasar, estéticamente fascinante y con un altísimo nivel de tecnología al servicio de un relato -puntos más, puntos menos- atractivo y entretenido.

Ficha técnica

Título original: Avatar: Fire and Ash
Año: 2025
Duración: 195 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: 20th Century Studios, TSG Entertainment, Lightstorm Entertainment. Productor: James Cameron. Distribuidora: Walt Disney Pictures
Género: Ciencia ficción. Aventuras | Secuela. Cine épico. 3-D
Guion: James Cameron, Rick Jaffa, Amanda Silver. Personaje: James Cameron
Música: Simon Franglen
Fotografía: Russell Carpenter
Reparto: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Oona Chaplin, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Kate Winslet
Dirección: James Cameron 

lunes, 8 de diciembre de 2025

Beso de tres

Todo comienza en una fiesta de matrimonio con un discurso triste y melancólico. “Un corazón que teme romperse, no se usa”, dice Connor -Jonah Hauer-King-, quien sigue enamorado de la esquiva Olivia -Zoey Deutch-. Sin embargo, las cosas cambian para él cuando aparece en su radar Jenny -Ruby Cruz-, una joven que dejaron plantada en una cita y con la que sintoniza de inmediato. Ante los avances amorosos, los celos de Olivia no tardan en llegar. Se une a la pareja, beben, consumen drogas y después de todo un desenfreno nocturno, derivan en un trío sexual que, por otra parte, es el título original del filme.

Lo complicado ocurre recién al día siguiente cuando Olivia se marcha temprano y se quedan solos Jenny y Connor. El triángulo queda establecido y Connor es el vértice. Es él quien debe decidir el camino a seguir, especialmente cuando las cosas se enredan y todos deben asumir la responsabilidad de sus actos.

En esta comedia romántica escrita por Ethan Ogilby y dirigida por Chad Hartigan, no queda del todo claro cuál o cuáles son los nudos principales. Por momentos responde a una serie de equivocaciones y malas decisiones, pero en otros se va por las ramas. La ausencia de foco y el tratamiento en base a diferentes clichés, poco a poco van minando las sorpresas, dejando presentes solo los desencuentros, los malentendidos y las tremendas confusiones.

El tema de la sexualidad y la responsabilidad paternal no es un tema fácil de tratar. Ejemplos tenemos muchos, pero acá es tan liviano que parece chacota. Y no quiero ser agua fiestas ni ponerme demasiado serio. Sucede que el tratamiento es el que falla; desequilibra algunas cosas y tergiversa otras solo con el fin de alargar un metraje que carece de solidez.

Ni siquiera las actuaciones logran hacer flotar esta cinta. Por mucha química que tengan o por simpáticas que sean, no se mueven ni hacia la comedia ni hacia el drama, quedando en una situación intermedia que no se consolida, que no toma vuelo y que se deshace por todas partes.

“The Threesome” entrega largas dos horas con más de lo mismo. Sketch tras sketch con reencuentros, alejamientos, amor, odio, blanco y negro, se mezclan al unir varias secuencias que parecen no terminar nunca. En definitiva, no me gustó. Es más, me desagradó verla, incluso pensé no escribir nada; sin embargo, acá estoy, terminando estas líneas con decepción y enfado.

Ficha técnica

Título original: The Threesome
Año: 2025
Duración: 112 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Filmopoly, Jupiter Peak Productions, Star Thrower Entertainment. Distribuidora: Front Row Filmed Entertainment, Signature Entertainment, United King Films
Género: Comedia. Drama. Romance | Comedia romántica
Guion: Ethan Ogilby
Música: Keegan DeWitt
Fotografía: Sing Howe Yam
Reparto: Zoey Deutch, Jonah Hauer-King, Ruby Cruz, Jaboukie Young-White, Josh Segarra, Robert Longstreet, Arden Myrin, Kristin Slaysman, Allan McLeod, Julia Sweeney
Dirección: Chad Hartigan

jueves, 4 de diciembre de 2025

La Fuente

Podemos encontrarlo en el inconsciente colectivo y en nuestro propio inconsciente. Se denominó “estallido social”. El punto de inicio fue el viernes 18 de octubre del 2019 y sus efectos han perdurado por años. Tal vez pasarán muchos más para comprender la real magnitud y la fisura que provocó en la sociedad chilena.

Pero esta no es una película sobre dicho estallido; es una cinta enfocada en una persona, el dueño de la “Antigua Fuente” (ex “Fuente Alemana”), quien padeció en carne propia los efectos de una violencia descontrolada que no solo puso en peligro el tradicional local sino que también su propia vida y la de sus más cercanos colaboradores.

Luca Barella -Luis Gnecco-, vive una situación límite. Las protestas en el sector de Plaza Italia son cada vez más violentas; eso ahuyenta a los clientes de su famosa fuente de soda. Resiste como puede. Se encierra cada vez que comienza el vandalismo exterior para proteger a su gente y su patrimonio. Al parecer, todo parece salirse de control. Luca no está bien, no sabe qué hacer, no sabe por dónde empezar o dónde terminar. Es un viaje incierto, que se escribe día a día, jornada tras jornada, una noticia en desarrollo que no vislumbra conclusión, un continuo de desesperanza y lucha hasta que las fuerzas lo acompañen.

Tras un inicio más bien poético, con el mar de fondo y pensamientos profundos, la reflexiva música nos sitúa en contexto. El guionista y director Daniel Vivanco construye un relato que no necesariamente comienza ese 18 de octubre. El texto va más allá, incluso podría resultar atemporal, porque la sensación es que el reloj se detiene y no avanza más. Parece un bucle, una repetición constante, una espiral sin fin, un círculo que gira y gira sin encontrar salida ni ofrecer nada a cambio.

Vivanco es hábil para desarrollar la cinematografía. Imágenes reales de los acontecimientos callejeros, registradas por él mismo y su director de fotografía, Diego Estay, son perfectamente intercaladas con la ficción, lo que entrega un resultado homogéneo y coherente al metraje. Todo lo concreto rápidamente se diluye, porque la mente de Luca vuela alto mientras sus dos pies tratan de permanecer en tierra, aferrándose más a una ilusión que a algo real.

Si bien las imágenes de las protestas y el consiguiente vandalismo resultan crudas, la cinta no se centra en ello. Ver el sector destruido, con encapuchados provocando desmanes, no es, necesariamente, el foco principal. Sin embargo, nos hace tomar conciencia de que lo que vemos ocurrió en Chile, muy cerca de nosotros, y no es una recreación sino una realidad. Quizá, haciendo un paralelo, Vivanco profundiza en los planos de Luca con acercamientos que llegan hasta detalles de sus ojos, como si quisiera mostrar que la destrucción exterior es también la interior, la de alguien que se consume por dentro mientras observa que todo lo que lo rodea se cae a pedazos.

La angustia, la depresión y la enfermedad están muy bien representadas en la construcción del rol protagónico. Luca debe debatirse entre su cuidado personal y la responsabilidad, lo que constituye una dualidad difícil de comprender y todavía más difícil de enfrentar. La situación es imposible. Las pesadillas lo persiguen, los sueños son confusos, su estado mental es voluble y vulnerable. Es el trauma en esencia, algo que no se supera ni siquiera con la formación que el Laido le ha entregado por años, un arte marcial japonés​ relacionado con el desenvainado y el envainado de la katana, disciplina que inspira paciencia, autocontrol y desarrollo espiritual.

La película ofrece una muy buena factura, no obstante, el audio en algunos pasajes impide una mejor comprensión de los textos. Tampoco ayuda mucho la gran cantidad de temas relacionados con el protagonista que no logran desarrollarse lo suficiente como para entender a cabalidad el amplio mundo que Luca debe enfrentar. Asuntos familiares como su padre enfermo, su hermana que insiste en vender el local, su mujer infiel que se desempeña en un alto cargo de gobierno, su hija artista y la amistad con su terapeuta, son demasiados elementos a procesar que pueden confundir más que ayudar al espectador.

Desde el punto de vista de las actuaciones, Luis Gnecco se apodera de su personaje. No solo le da vida, también se compromete en forma vital, tanto en las secuencias activas como en aquellas en que la contemplación viene a ser lo fundamental. El elenco, donde destaca Roberto Farías como un antagonista deleznable, en general acompaña bien, pero son tantos que es complejo entregarle individualidad y desarrollo a cada uno sin extenderse demasiado. Y como se debe priorizar, tal vez ese podría ser el pecado de “La Fuente”: muchos personajes, muchas historias con demasiadas ramificaciones.

Dos aspectos para ir concluyendo. El primero, de estilo, y corresponde a las decisiones respecto a la duración de las tomas, las que se muestran en general como cápsulas, a veces sin unión o relación directa entre ellas. Estos saltos a veces se sienten cortados, inconclusos, pero responden a un formato muy válido que puede resultar más o menos fluido para el espectador. El segundo es de forma, y corresponde a la ejecución de la bella partitura compuesta por Sebastián Errázuriz. Al centrarse parte de la historia en la hija violinista de Luca, los detalles de la interpretación del instrumento podrían haber sido mejor cuidados técnicamente, para representar a una violinista real o al menos cubrir ciertos aspectos para no dejar tan al descubierto que no lo es.

La frase “¿adónde irás después de tu muerte?” queda resonando luego de ver “La Fuente”, porque lo vivido por Luca, inspirado en la historia real del empresario Carlo Siri, es lo más parecido a una “muerte en vida”. Cuando no se ve la salida, abunda el temor y la desesperación, pero la fuerza y resiliencia que vemos en su actuar puede entregar una luz de esperanza. “La Fuente” no es una película que tenga un recorrido fácil, pues se sitúa como una visión distinta respecto de los hechos posteriores al 18 de octubre de 2019. Aquello lo asume como tal, y este filme está dispuesto a dar la pelea. Se trata de una lucha diferente que quiere mostrar otra dimensión -la de muchas otras víctimas anónimas-, de un hecho histórico que posiblemente nos seguirá dividiendo por muchos años más.

Ficha técnica

Título original: La Fuente
Año: 2025
Duración: 117 minutos
País: Chile
Compañías: VYF
Género: Drama
Guion: Daniel Vivanco
Música: Sebastián Errázuriz
Fotografía: Diego Estay
Reparto: Luis Gnecco, Patricio Achurra, Roberto Farías, Paola Giannini, Óscar Hernández
Dirección: Daniel Vivanco