jueves, 11 de junio de 2026

Backrooms

Estamos en 1990. En una grabación casera se observa un recorrido al interior de un edificio con grandes espacios vacíos, paredes amarillas y múltiples laberintos. Portando una cámara, el protagonista nos hace estar allí. A él no lo vemos, solo lo sentimos. Sus movimientos rápidos contagian miedo y desesperación. Entendemos poco pero la experiencia sensorial es clara.

Volver a los años 90 tiene aires retro. Allí vemos a Clark -Chiwetel Ejiofor-, el dueño de una tienda de muebles con problemas económicos. La ausencia de clientes agrava lo que ya pesa: un divorcio reciente. La terapia con la doctora Mary Kline -Renate Reinsve- ofrece un alivio que rápidamente se revela como insuficiente.

Clark no tiene claro qué hacer. Las deudas se acumulan y la factura eléctrica es anormalmente alta. Un técnico le ayuda y le hace ver que hay un interruptor que no responde, aunque las luces se comportan como si tuvieran voluntad propia.

El escenario es inquietante. Mientras Clark vive su soledad con angustia le sucede algo imprevisto. A través de una pared del subterráneo accede a un espacio amplio, mayormente vacío, pero que contiene señales extrañas: un montón de muebles, infinitos laberintos, varios carteles, algunas sillas repartidas, voces en distintos idiomas, etc.

Basada en la serie web de Parsons e inspirada en la creepypasta "Backrooms", esta cinta presenta un mundo paralelo. Se trata de otra dimensión, un lugar que no sabemos dónde está ubicado y que provoca incertidumbre. La curiosidad de Clark lo lleva a actuar, a descubrir y recorrer ese espacio, a interpretar señales que muchas veces no llevan a ninguna parte. A moverse constantemente entre dos realidades.

¿Será una representación vívida de sus temores, o bien corresponderá a una revisión de su mundo interior? ¿Por qué se ve obligado a vivir este trance? ¿Qué es lo que lo lleva a investigar e incluso a pedir ayuda a sus asistentes para incursionar al interior del lugar?

La música de Edo Van Breemen y del propio Kane Parsons sostiene el relato por largos pasajes. Es más: cuando la acción se desplaza al exterior, cuando los diálogos cobran mayor protagonismo, la tensión cae de forma notoria. Afortunadamente, pronto volvemos al misterio, ahora en grupo, para registrar cada uno de los movimientos. En ese instante, la película migra del suspenso al terror y es cuando obtiene los mejores resultados.

Interesante desde muchos puntos de vista, este trabajo merece atención. Primero, surge de una especie de mito que se viralizó en internet en 2019, a partir de la publicación de una foto. A raíz de ello, el adolescente Kane Parsons creó en 2022, con apenas 16 años, una serie web que ahora llega a la gran pantalla con una inversión inicial de 10 millones de dólares y una recaudación en ascenso.

En segundo lugar, la trama no es teórica sino experiencial. Las actuaciones de Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve intensifican la experiencia sensorial a través de sus reacciones y gestos. El mérito radica no solo en lo que observamos en pantalla sino en lo que nosotros mismos imaginamos, algo que puede diferir de lo que sienten los propios protagonistas pero que tiene elementos comunes: amenaza permanente, terror a lo desconocido y desprotección.

En último término, para no extenderme demasiado, este filme trabaja de manera muy acertada los planos y las dimensiones para provocar dudas y sorpresas progresivas. No pretende dar respuestas. Lo que quiere es que descubramos cada acción al momento de verla, pero que aquello no sea racional sino emocional. Entonces, el objetivo se cumple si empatizamos, si sentimos y si nos fundimos con lo que ocurre en pantalla.

“Backrooms” es diferente, una película que propone nuevas formas de inquietar y perturbar sin apelar a las fórmulas tradicionales. Además, el hecho de que su director solo tenga 20 años, anticipa una carrera que merece seguimiento. Es de esperar que los desafíos comerciales no consuman el talento y que este director conserve espacios de experimentación y desarrollo fuera de los parámetros regulares. Porque acá tenemos atrevimiento, osadía y una buena cuota de riesgo, elementos imprescindibles para innovar y crecer.

Ficha técnica

Título original: Backrooms
Año: 2026
Duración: 105 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: A24, 21 Laps Entertainment, Atomic Monster, Blumhouse-Atomic Monster, Chernin Entertainment, Oddfellows Pictures, Phobos. Distribuidora: A24
Género: Intriga. Terror. Fantástico | Thriller psicológico. Años 90. Creepypasta. Espacios liminales
Guion: William Bromell, Kane Parsons. Historia: Kane Parsons
Música: Edo Van Breemen, Kane Parsons
Fotografía: Jeremy Cox
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell
Dirección: Kane Parsons 

martes, 9 de junio de 2026

Ella y su hijo

Mahnaz -Parinaz Izadyar-, una enfermera viuda de 40 años, debe lidiar día a día con su hijo adolescente. Aliyar -Sinan Mohebi - ha sido expulsado de la escuela y las tensiones familiares no hacen más que aumentar. Poco después de su compromiso con Hamid -Payman Maadi-, su novio, sobreviene un trágico accidente. Tras el hecho, Mahnaz se enfoca en la búsqueda de justicia y reparación, enfrentando la pérdida y la traición en una espiral que parece no tener fin.

El director iraní Saeed Roustayi escribe y dirige una historia concebida por Azad Jafarian, un drama sobre una mujer y un niño ambientado en una realidad social muy distinta de la occidental. Se trata de una cultura radicalmente diferente, con ritos y costumbres que pueden resultar incluso chocantes, en la que el patriarcado estructura buena parte de la vida cotidiana, mientras las mujeres, relegadas habitualmente a papeles secundarios, o aceptan ese orden o se rebelan asumiendo grandes costos.

En esta cinta, que tiene un antes y un después del incidente, no solo existe la diferencia entre mujeres y hombres. Desde una mirada marcadamente femenina, el director se propone mostrarnos otros dos mundos, el de los adultos y el de los niños -por ello el título original “Mujer y Niño”-, para acentuar la distancia entre ambos universos, exponer las tensiones de la vida cotidiana y reflejar mejor las constantes tensiones de la vida cotidiana.

En el momento en que se produce el giro, la crisis pasa a dominar el relato. Es justo la mitad del metraje y el dolor es incontenible. La actriz Parinaz Izadyar lo vive intensamente. No parece interpretarlo; lo habita, en una caracterización que compromete a la audiencia. En ese instante, sus objetivos cambian y la película también. El deseo de superar la tragedia choca de frente con las dificultades de un sistema que parece estar absolutamente en contra. Ni la escuela de su hijo ni la justicia entienden la situación. Su otra hija parece no existir. Su madre, su hermana y su exnovio, a esa altura, tampoco empatizan con quien atraviesa uno de los momentos más dolorosos de su vida.

El descubrimiento gradual de lo que realmente ocurrió, sumado a cambios importantes en su núcleo más cercano, ahonda la inestabilidad de la protagonista. A partir de allí, el relato toma un nuevo rumbo y el camino hacia la sanación se torna todavía más pedregoso y complejo. Se trata de un viaje con destino incierto, que nos mantiene alerta y cuyo final difícilmente podemos prever.

“Woman and Child” está muy bien filmada y maneja adecuadamente el ritmo, adoptando pausas e imprimiendo velocidad según cada necesidad, lo que configura un metraje coherente que no pierde foco. Tomas amplias, efectivos distanciamientos visuales y una serie de encuadres no tradicionales dan a las escenas una frescura y dinamismo poco habituales. Saeed Roustayi nos hace sentir que estamos allí, como observadores, o bien como parte de la acción. De esa forma, nos sumerge en las emociones de sus protagonistas y también nos obliga a tomar una postura frente a los acontecimientos, en un viaje íntimo que atrapa nuestra atención.

Ficha técnica

Título original: Woman and Child
Año: 2025
Duración: 131 minutos
País: Irán
Compañías: Coproducción Irán-Francia; Boshra Film, Goodfellas Media
Género: Drama | Maternidad. Familia
Guion: Saeed Roustayi. Historia: Azad Jafarian
Música: Ramin Kousha
Fotografía: Adib Sobhani
Reparto: Parinaz Izadyar, Payman Maadi, Hasan Pourshirazi, Fereshteh Sadre Orafaee, Sahar Goldoost, Soha Niasti, Arshida Dorostkar, Sinan Mohebi, Kaveh Ebrahim
Dirección: Saeed Roustayi

jueves, 4 de junio de 2026

Mil Pedazos

No estoy seguro de cuánto conviene saber sobre esta película antes de verla. En ocasiones, el conocer ciertos detalles nos condiciona y el llegar sin tener una idea preconcebida permite mayor libertad. Aunque también puede ocurrir lo contrario. En este caso, prefiero comenzar por la sinopsis oficial para luego profundizar en el análisis.

Padre, madre e hija salen de vacaciones y sufren un accidente, en la mitad del desierto, con graves consecuencias. La madre queda inconsciente y el padre intenta pedir ayuda para salvar a su hija. Tres meses después, la madre despierta del coma y emprende un largo camino con el fin de encontrar a su familia.

Desde la elección del formato, 4:3 en esta oportunidad, observamos que el director Sergio Castro San Martín no duda en tomar decisiones importantes. Las primeras imágenes resultan difíciles de interpretar; una conversación, una persona al interior de un auto, el paisaje de un árbol, una evidente decisión narrativa pues su objetivo es generar atmósferas sin entregar certezas.

La historia toma forma en el momento en que reconocemos a los integrantes de esa familia: Miguel (55), Isabel (45) y Emilia (9). Ellos preparan el viaje con distintos grados de ilusión. Emilia está feliz porque podrá usar la cámara digital que su padre Miguel le ha regalado. Isabel se resiste, porque no quiere abandonar sus labores, aunque sea por pocos días. Y Miguel impulsa en viaje con brío, porque tal vez sea la última posibilidad de salvar su matrimonio y mantener unida a su familia.

El accidente, información que bajo mi punto de vista no deberíamos conocer en forma previa, marca una ruptura decisiva. En ese momento resuena fuerte el título del filme: “Mil Pedazos”. Se rompe todo, absolutamente todo. ¿O ya estaba todo roto antes de ese momento? ¿Hay algún arreglo posible? La reacción de Miguel ante la tragedia sorprende. Toma una opción, elige un rumbo que trae consigo abandonar algo en una búsqueda de sentido más espiritual que material.

A continuación surge lo otro que ya sabemos de antemano: Isabel despierta tres meses después. Entre fragmentos aislados, no recuerda detalles de lo sucedido pero quiere encontrar a su hija y a su marido. Necesita saber qué pasó, dónde están, y comienza a buscarlos de forma incansable.

En este punto de la película, las preguntas cobran cada vez mayor protagonismo. ¿Cuál es la historia, la de Miguel o la de Isabel? ¿Lo que pasó en la ruta, es realidad o ficción? ¿Quién es Juan?

Sergio Castro San Martín construye este relato inspirado libremente en la historia del llamado “ermitaño de Las Chilcas”, un hombre que vivió por décadas en una cuesta de la Ruta 5 Norte cerca de Llay-Llay. Alimentado por camioneros y escaladores, su caso se transformó en un mito al desconocerse los motivos que tuvo para asumir esa forma de vida. Castro San Martín asume que esa particular decisión responde al abandono del sistema debido a una tragedia y lo traslada al personaje de Miguel.

Daniel Muñoz sostiene con solvencia una gran carga emocional. La primera parte de la película recae sobre él, y también en la joven Emilia Rodríguez, con quien logra una sintonía y un complemento muy natural. Muñoz casi no habla, solo gesticula, observa, dirige miradas perdidas y se mueve a la deriva por un paisaje que parece reflejar su estado interior. Cuando Isabel despierta, es el turno de Paola Giannini, quien compone un personaje doliente, que tampoco tiene un rumbo fijo pero sí posee el objetivo claro de encontrar a los suyos.

La película me dejó sensaciones encontradas. Primero, siento que faltó relato, cohesión narrativa. Está muy bien no ser predecible pero es necesario mantener una lógica interna. En segundo lugar, el director apela a varios recursos narrativos sin aparente relación, ni entre ellos ni con el hilo conductor. Me refiero al fluir del agua, a algunas tomas abiertas, a la acción de orinar en medio de las rocas, etc., elementos básicos que no logran construir un significado conjunto. El tercer punto, y tal vez donde tengo mis mayores reparos, radica en los numerosos elementos que quedan abiertos. Un ejemplo de esto es el tema de los recursos económicos de los que dispone la familia. La película nunca establece claramente ese punto, sin embargo, cuando Isabel emprende la búsqueda lo hace en un auto relativamente nuevo -y costoso-, cuya patente TVHZ68 entrega un dato de temporalidad que no puede obviarse. Otros detalles, como el hecho de que a la perrita no la veamos desde un comienzo, dan cuenta de un relato entrecortado y al mismo tiempo carente de puntos que entreguen dirección y unidad.

“Mil Pedazos”, ¿es un viaje, una experiencia, una reflexión o una historia personal? ¿Qué es, finalmente? Por supuesto el título es clave, porque alude a una metáfora que podemos asociar a la rotura de la vida en miles de pedazos, un quiebre total, sin salida, del que resulta imposible recomponerse. ¿Se podrán unir esos fragmentos de vida? O bien, en otras palabras, ¿qué es lo que podría lograr pegar cada una de las piezas?

Podríamos seguir profundizando y reflexionando, lo que es un mérito indudable de este trabajo que finalmente deja flotando una pregunta: ¿qué vamos a hacer? Porque ante un duelo, las vivencias son diferentes, la forma de enfrentar la vida de uno u otro puede ser totalmente opuesta y el resultado del proceso dependerá de las opciones que cada quien elija. Y tal como en la vida real, esta cinta ofrece varios finales posibles, con intuiciones, ensoñaciones e incertezas que quedan a la deriva esperando que nosotros les demos sentido según nuestro propio recorrido e historia personal.

Ficha técnica

Título original: Mil pedazos
Año: 2026
Duración: 90 minutos
País: Chile
Compañías: Coproducción Chile-España-Argentina; Latente Films, Amore Cine, Maluta Films, Panes Contenidos, Bikini Films, Inaudita
Género: Drama | Familia
Guion: Sergio Castro San Martín, Mara Pescio
Música: Mowat
Fotografía: Eduardo Bunster
Reparto: Daniel Muñoz, Emilia Rodríguez, Francisco Pérez-Bannen, Paola Giannini, Ximena Martín y Andrea Romero
Dirección: Sergio Castro San Martín

jueves, 28 de mayo de 2026

Zona de Riesgo

“Fuze”, el título original de esta cinta que hace referencia a la espoleta de una bomba o proyectil, comienza de forma convencional. En una obra de construcción, en el centro de Londres, los obreros que trabajan en el lugar descubren un material extraño. Se trata de una bomba sin explotar que parece ser de la Segunda Guerra Mundial. Si bien no se desata pánico de inmediato, se pone en marcha un operativo para evacuar la zona y evitar daños a residentes y transeúntes.

Como el dispositivo debe ser desactivado a la brevedad, la responsabilidad recae en el Mayor Will Tranter -Aaron Taylor-Johnson-, un militar experto en este tipo de operaciones, muy metódico y capaz de actuar con frialdad. Tranter y su equipo revisan el lugar y adoptan todas las precauciones para llevar a cabo un procedimiento de rutina, sin embargo, pronto se dan cuenta de que se ha activado el mecanismo de cuenta regresiva.

En paralelo al operativo, Karalis -Theo James- y "X" -Sam Worthington-, con dos amigos más, irrumpen en un banco cercano con la intención de acceder a las cajas de seguridad y desvalijarlas. Aunque el vínculo entre ambas situaciones parece claro, las conexiones son difíciles de identificar.

David Mackenzie filma un guion de Ben Hopkins evitando revelar demasiado. Se concentra en presentar una acción frenética, nerviosa, tensa, incrementada por la inminente explosión de la bomba y por el silencioso progreso de los ladrones del banco.

De este modo, vemos tres escenarios: la amenaza de explosión, el robo en proceso y las personas evacuadas que se reúnen en un gran parque. La cinta transcurre veloz durante su primera hora. Es la historia del gato y el ratón, porque se dan vertiginosas persecuciones mientras esta operación planeada al detalle parece terminar con un robo perfecto que no deja rastro.

La película toma otro rumbo en el último tercio del metraje, y es donde vienen las sorpresas y el guion deja de ser predecible. Una música permanente -tipo “Perpetuum Mobile”- acompaña todas las secuencias. Es monótona y agotadora; la verdad, termina saturando. Siempre lo mismo, intentando generar tensión a través de la incomodidad subterránea de sonidos que se repiten incesantemente.

Si bien en esta sección final el relato varía, la coda de la cinta recién explica los hechos. Es una jugada arriesgada, porque se sienten las diferencias de ritmo. Arranca con intensidad pero pierde impulso con una caída evidente en intensidad, un declive marcado que finalmente deja sensaciones encontradas.

Con actuaciones correctas y una buena fotografía, mis reparos están en el guion y en las decisiones adoptadas para contar la historia. Se sienten algunos baches y los saltos no ayudan mucho a la continuidad de la narración. Por supuesto sospechamos que las cosas no son lo que parecen, y eso funciona bien, el tema es que cuando se revela la verdad, es demasiado tarde. Ya no hay tiempo para desarrollar ni profundizar. Es como si se acabara el tiempo y ya no cabe nada más, dejando en el aire las historias propias de los protagonistas, por ejemplo la de Rahim -Elham Ehsas-, uno de los civiles afectados por el atraco.

“Zona de Riesgo” apunta más alto de lo que consigue. Entretiene, sí, pero promete más de lo que entrega. Suele pasar con películas de este tipo, que a veces no logran espacio de proyección en salas de cine -o duran muy poco tiempo-, y pasan directo al streaming para buscar allí su mejor rendimiento.

Ficha técnica

Título original: Fuze
Año: 2025
Duración: 98 minutos
País: Reino Unido
Compañías: ACE, Sigma Films
Género: Thriller. Acción | Robos & Atracos
Guion: Ben Hopkins
Música: Tony Doogan
Fotografía: Giles Nuttgens
Reparto: Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Gugu Mbatha-Raw, Sam Worthington
Dirección: David Mackenzie

martes, 26 de mayo de 2026

Después de la niebla

El viento mece las hojas de los árboles mientras se escucha el canto de los pájaros. Es el sur de Chile en esplendor, filmado con delicadeza y atención. Tonos verdes intensos, naturaleza exuberante y una casa. María se mueve con sigilo. Es temprano. Su madre duerme. Debe comer algo. El viaje es largo. Su padre la lleva a Osorno.

Con esa misma fragmentación se construye el relato que va construyendo la directora Miriam Heard en su trabajo de adaptar la novela “Después de la niebla” de María Edwards Urrejola, publicada en 2021.

María -Ema Godoy- estudia en la ciudad. Vive durante la semana en una especie de internado donde recibe techo, comida y educación. La disciplina que imparte su profesora es rigurosa. Se siente su disciplina alemana. En este hogar semanal comparte con su mejor amiga. Conversan, juegan, estudian y se acompañan. Vemos pocos niños. Aunque los hay, ellas son el eje de la historia.

María vuelve a su casa cada fin de semana, pero este es especial. Llegan visitas desde Santiago, amigos de sus padres que vienen a pasar unos días. Se rompe la rutina, pero solo para los adultos, porque para la pequeña protagonista se agudizan sus sensaciones.

Cuesta definir cuál es la historia de esta película. El trasfondo político -la campaña entre el Sí y el No del año 1988, y que además sitúa temporalmente la acción- parece importante en un comienzo pero poco a poco se diluye. Podemos ir más a fondo, entonces. La familia, su relación con el entorno, las dificultades económicas, la búsqueda de sentido. Esa lectura es más cercana pero aún resulta insuficiente. Finalmente nos quedamos con María, de unos 8 años, dividida entre dos mundos: el de sus padres, durante el fin de semana y el de sus estudios en la semana.

Miriam Heard filma cuidadosamente cada detalle y entrega el espacio necesario para que nos preguntemos qué estamos viendo. Quizá la respuesta esté en el deambular de María entre su mundo exterior, el que observamos, y su mundo interior, que intuimos y sentimos. Ema Godoy hace un trabajo muy natural. Desde las primeras tomas se ve sencilla y sin exageraciones. Al soportar prácticamente todo el peso de la cinta, muy pocas veces se le ve incómoda o forzada. Parece que actúa su propia vida, inmersa en un mundo de adultos que no logra comprender.

“Después de la niebla” habla de la soledad, de la necesidad de atención y del lugar que ocupa una niña en un espacio de padres ausentes. No se trata de la ausencia física -en la semana, naturalmente que es así- sino afectiva. No basta que su madre le diga que la quiere, y mucho. Eso es lo racional. Lo que María siente, puede ser incluso todo lo contrario: descuido, despreocupación; algo muy cercano al abandono. Muchas veces su contención es su nana, una mujer que se sobrepone a las dificultades cotidianas y que, gracias a ella, la casa sigue funcionando.

El conflicto que presenta Miriam Heard en este trabajo es diferente a lo que estamos acostumbrados. Es sutil y algo difuso, mucho más interno, y se juega en la interioridad de sus personajes. El desarrollo es lento y la cadencia larga. No parece haber apuro. El metraje se transforma en una rutina continua. Así, lo importante es la descripción, una mirada cercana a la vida íntima, para interpretarla y darle sentido.

Ficha técnica

Título original: Después de la niebla
Duración: 101 minutos
Género: Ficción
Productora ejecutiva: Dominique Rammsy S.
Director de fotografía: David Bravo Nuñez
Directora de sonido: Soledad Andrade
Director de arte: Gerardo Moro
Montaje: Luca Alverdi
Elenco: Ema Godoy, Inés Martín Bernaldo de Quirós, Mario Horton, Valentina Murh Altamira, Viviana Herrera, Heidrun María Breier, Álvaro Espinosa, Rocío Uson y Daniel Guillon
Dirección: Miriam Heard

viernes, 22 de mayo de 2026

The Mandalorian and Grogu

¿Demasiadas expectativas? Es posible. Eso es inevitable cada vez que una nueva película del universo Star Wars llega a los cines. ¿Está a la altura? ¿Funciona? Entremos en detalle.

La historia del cazarrecompensas mandaloriano Din Djarin y su aprendiz Grogu continúa. El Imperio ha caído y la Nueva República busca capturar a varios señores de la guerra que están repartidos por toda la galaxia. Allí Djarin encuentra su espacio, pues la comandante Ward -Sigourney Weaver- le encarga seguir el rastro de Janu Coin -Jonny Coyne-, un importante líder de la antigua armada imperial. La fuente de información proviene de los gemelos Hutt, hermanos y sucesores del difunto Jabba, pero su entrega está condicionada al rescate del hijo y heredero de Jabba, Rotta. De ese modo, el conflicto queda planteado para configurar un desafío que, de sencillo, tiene poco.

Escrita y dirigida por Jon Favreau, la película se remite a lo que ya conocemos de las tres temporadas de la exitosa serie “The Mandalorian” y su spin-off, “El libro de Boba Fett”. La cinta inicia fuerte, con una intervención llena de acción que recuerda las mejores secuencias de la saga original. Son quince minutos de adrenalina, de enfrentamientos y múltiples efectos que se gozan en pantalla grande. Sin embargo, desde ese momento, el metraje tiende más hacia la irregularidad, básicamente por lo fragmentado de su guion y sus consecuencias previsibles.

En términos escénicos, esta película tiene todos los ingredientes que esperamos: espectacularidad, fuerza, risas y emoción. La dificultad, entonces, radica en la necesidad de combinarlos en este relato de un poco más de dos horas, en un formato unitario que no parezca una sucesión de episodios. ¿El resultado? Se siente como un capítulo extendido de la serie o quizá como una temporada resumida. Desde cualquiera de los dos puntos de vista, la estructura termina desbalanceada, ya que el formato elegido parece carecer del tiempo suficiente para obtener un desarrollo consistente.

De lo que no hay duda es que es un espectáculo entretenido, especialmente en la gran pantalla IMAX. Allí se transforma en experiencia, porque los efectos visuales, la banda sonora y el entorno se aprecian en todo su esplendor. Y hay que elogiarlo, porque tal vez la mayor fortaleza sea justamente la ambientación espacial, aquello que a esta altura es marca registrada y ya está instalado en el imaginario colectivo, seamos más o menos fans del universo creado hace casi 50 años por George Lucas.

¿Vale la pena “The Mandalorian and Grogu”? Sí, y con letras grandes, pero no por originalidad ni por su suspenso. Vale la pena verla en el cine porque el escenario es inmersivo. Las secuencias de acción y la ternura de Grogu terminan siendo lo más destacado y opacan los escasos minutos de Pedro Pascal sin el casco de su personaje. No obstante, la química entre el mandaloriano y Grogu es clara y todo apunta a que nuestro pequeño y futuro Yoda tenga cada vez más protagonismo.

¿“This is the way” o “May the Force be with you”? Ya veremos qué nos depara el futuro. Por ahora disfrutemos y esperemos con confianza los nuevos rumbos de un universo memorable.


Ficha técnica

Título original: Star Wars: The Mandalorian and Grogu
Año: 2026
Duración: 132 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Lucasfilm, Golem Creations, Ian Bryce Productions
Género: Ciencia ficción. Acción | Star Wars
Guion: Jon Favreau, Dave Filoni, Noah Kloor. Saga creada por: George Lucas
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: David Klein
Reparto: Pedro Pascal, Jeremy Allen White, Brendan Wayne, Lateef Crowder, Sigourney Weaver
Dirección: Jon Favreau 

lunes, 18 de mayo de 2026

El diablo viste a la moda 2

Han pasado 20 años desde la primera película y también en la vida real. Ya sabemos que “20 años no es nada”, y tal vez por eso esta segunda parte se sienta tan fresca, tan actual, tan fiel al espíritu de una cinta que marcó toda una época. Dos decenios exactos han transcurrido desde que Andy Sachs -Anne Hathaway- dejó de trabajar para Miranda Priestly -Meryl Streep-, la editora en jefe de la revista de moda Runway. El tiempo pasa y la vida cambia. ¿En qué están ambas y por qué se vuelven a encontrar?

Andy ha consolidado una carrera periodística de excelencia en Nueva York y acaba de recibir un galardón importante. Sin embargo, en el mismo momento de la gala de premiación, se entera que ha sido despedida junto con todo el equipo de redactores. Miranda, por su parte, sigue al mando de Runway pero ya nada es como antes. Los presupuestos no son los mismos, la obligación de migrar al entorno digital y las tendencias actuales llevan a actuar rápido. La publicación de un artículo no verificado detona una bomba mediática provoca una serie de cancelaciones en redes sociales. Crisis para ambas: Andy sin trabajo y Miranda cuestionada.

Sin adelantar más acerca de la trama, esta segunda parte de “The Devil Wears Prada” se sitúa en un ambiente distinto, más moderno, plenamente inserta en el contexto actual y se atreve a explorar varios tópicos, en especial los referidos al periodismo, la moda, el glamour y los grandes poderes económicos. La cinta, además, retrata muy bien la crisis de la industria periodística de los medios de investigación y los contenidos de entretenimiento, centrando la atención en la migración de lo tradicional a las plataformas de internet y los cambios inevitables que eso implica.

El guion de Aline Brosh McKenna es bien dirigido por David Frankel. Por momentos resulta dinámico y vibrante, y en otros intercala espacios justos para la reflexión junto con usar diversos toques de humor para conectar diferentes secuencias. De esa forma, críticas importantes respecto a los necesarios patrocinios o a las complejas negociaciones económicas, no desentonan ni tampoco se roban el protagonismo. En otras palabras, no son lo central pero tampoco adornos, porque, con su particular forma, la película se encarga de poner en tela de juicio y desnudar lo que vivimos actualmente.

Si tuviera que describir en dos palabras esta entrega, estas serían entretenida e inteligente. Inteligente porque es capaz de sintetizar una gran cantidad de elementos, ponerlos sobre la mesa sin caricaturizarlos demasiado y generar reflexión; y entretenida, porque el metraje vuela, es ágil en todo sentido y cumple ampliamente sus expectativas.

Más allá de la entretención, hay elementos de fondo. Es muy interesante la representación del momento presente en la industria de medios. Los cambios profundos, los recortes presupuestarios, la mutación del modelo de negocios, la transición generacional y la diversidad de rumbos genera una incertidumbre mayúscula que posiblemente carece de respuestas. Por otro lado, la tensión entre el llamado periodismo serio y aquel que cubre moda y glamour, parece todavía más evidente, aunque ambos, por igual, se vean reducidos -como resume Nigel (Stanley Tucci), la mano derecha de Miranda- a ser consumidos mientras se orina.

La película se sumerge también en los dilemas de sus protagonistas y en sus decisiones. Esto lo vemos con sus personajes, tanto principales como secundarios, donde las intenciones -y también las dobles- chocan contra la bondad mientras el arribismo se funde con la ambición de poder y los códigos éticos se vulneran fácilmente con tal de conseguir un buen resultado económico.

En actuaciones, este filme es una delicia. Meryl Streep parece insuperable en su rol. ¿Cómo es Miranda hoy? Por cierto, si se mantuviera igual a la de hace 20 años no solo sería cancelada, sería demandada por acoso y seguramente despedida. La adaptación es necesaria e indispensable, pero obviamente sin perder su esencia. Streep lo hace genial, con picardía, guarda silencio, pero se impone por presencia, con una ceja levantada, una mirada o un movimiento sutil de labios. ¡Insuperable! Anne Hathaway es su complemento perfecto, porque ya no es la torpe asistente de la primera versión sino que ahora es una periodista segura de sí misma. Pero ojo, ante Miranda, ante esos ojos y ante esa presencia, las dudas vuelven y debe luchar interiormente por conseguir su mejor versión. Stanley Tucci, por su parte, despliega un rol tan especial como encantador, siempre dispuesto sin querer robar protagonismo. Emily Blunt es quizá quien más se aleja de los parámetros, potenciando lo competitivo de su personaje y sumando una cuota de ambición mayor que la ubica en un rol más antagónico.

Son muchos los detalles y cuidados que la producción logra en este trabajo. La fotografía de Nueva York es hermosa, los escenarios, un lujo, los guiños a un sinfin de temáticas abundan y muchísimos cameos pululan durante el metraje. Pese a ello, no entiendo la decisión de tener un cuarteto de cuerdas notoriamente simulado. ¿Por qué? No cuesta nada tener músicos de verdad, que toquen de verdad. Sí, quizá es un detalle, pero no coincide con el gran esfuerzo que se despliega en otros ámbitos, relegando el tema musical a una división inferior. ¡Una pena!

“The Devil Wears Prada 2” es puro entretenimiento y abre varias lecturas interesantes. La sensación es que seguramente olvidaremos pronto las historias y los detalles, pero el gusto y esa sensación que deja, posiblemente nos acompañará más tiempo del que imaginamos. Si recordamos la primera como si fuera ayer, esta se suma a ese recuerdo, aporta novedades y renueva de buena forma la franquicia. ¿Una tercera? ¿Por qué no?, pero que por favor no pasen 20 años.

Ficha técnica

Título original: The Devil Wears Prada 2
Año: 2026
Duración: 119 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: 20th Century Studios, Sunswept Entertainment, Wendy Finerman Productions. Distribuidora: Walt Disney Pictures
Género: Comedia. Drama | Comedia dramática. Moda. Trabajo/empleo. Secuela
Guion: Aline Brosh McKenna. Novela: Lauren Weisberger
Música: Theodore Shapiro
Fotografía: Florian Ballhaus
Reparto: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Justin Theroux, Kenneth Branagh, Stanley Tucci
Dirección: David Frankel 

viernes, 15 de mayo de 2026

En la Zona Gris

El ritmo vertiginoso y la acción constante son las características que dominan esta nueva entrega del director británico Guy Ritchie. La historia, escrita por el propio Ritchie, presenta a un equipo de agentes cuya misión es recuperar mil millones de dólares recientemente robados.

Lidera la operación Rachel Wild -Eiza González-, una abogada experta que, según ella misma explica, no tiene problemas en actuar por vías legales o ilegales. Hábil negociando -lo constatamos desde su primer diálogo con Rosamund Pike, en el rol de su mandante-, Rachel sabe que tiene respaldo de sobra para actuar. Esta confianza proviene de contar con un par de hombres entrenados en condiciones extremas: Sid -Henry Cavill- y Bronco -Jake Gyllenhaal-, dos agentes de élite y líderes de un equipo altamente preparado que posee recursos prácticamente ilimitados.

¿Cuál es la misión? Lograr que Manny Salazar -Carlos Bardem-, un reconocido narcotraficante, devuelva lo que ha robado. Parece sencillo, pero no lo es, porque Salazar se refugia en una isla que controla a su antojo, protegido por decenas de personas y por un sistema corrupto que involucra incluso a la policía local. El escenario queda definido; la premisa es clara y desde ese momento comienza la acción.

El estilo de Guy Ritchie brilla en este filme que avanza de manera implacable. Con mucho diálogo para explicar diferentes aspectos de una trama que, por momentos, parece más compleja de lo que realmente es, el trabajo se va construyendo en torno a la planificación de los diferentes escenarios que el equipo debe prever. Como el objetivo apunta a una reunión presencial entre Salazar y Wild, se deben considerar todas las posibles rutas de extracción, es decir, anticipar todo como si se tratara de un intenso duelo de ajedrez, salvo que esta vez es entre dos equipos rivales letales.

La química entre los protagonistas es innegable. Eiza González, con carisma y autoridad, resulta creíble como cerebro operacional. Combinando fuerza y delicadeza, no dudamos de que ella está a cargo de todo, aunque por momentos se vea tan vulnerable como una princesa que debe ser rescatada por un príncipe azul. Por otra parte, tanto Henry Cavill como Jake Gyllenhaal deciden ubicarse un poco más atrás para liderar las operaciones en terreno, creando una dinámica particular difícil de describir, pero que resulta bastante funcional para el relato.

Esta película resulta ágil, entretenida y sin margen para pestañear, porque no solo se trata del riesgo de perderse algún detalle o de no entender el volumen de información que maneja. Hay algo más que atrapa en esta cinta y que es necesario destacar: la edición. El ritmo que imprime Martin Walsh al metraje es impresionante. La continuidad entre tomas, la utilización de drones al servicio de la historia y los enlaces de las secuencias resultan gratamente sorprendentes. Solo un ejemplo: cuando una motocicleta salta al vacío, lleva cierta velocidad de desplazamiento. Cuando la escena pasa al plano contrario, mantener esa misma velocidad no es algo frecuente, pero aquí funciona perfectamente. Está bien, es un detalle, pero en esta producción existe el cuidado técnico y el resultado se nota.

“In the Grey”, funciona perfectamente como un espectáculo que nos lleva al borde del asiento aunque sus giros no sean tan bruscos o podamos anticipar ciertas cosas. No importa. Lo que buscamos es sumergirnos en la historia y disfrutar de un espectáculo que capture los sentidos. Guy Ritchie lo consigue con esta película en solo 100 minutos, sin innovar demasiado pero manteniendo su sello característico con eficacia.

Ficha técnica

Título original: In the Grey
Año: 2026
País: Reino Unido
Compañías: Black Bear, Yellow Camel Studios
Género: Thriller. Acción. Drama | Espionaje. Ejército. Robos & Atracos
Guion: Guy Ritchie, Paul Tamasy, Eric Johnson
Música: Christopher Benstead
Reparto: Henry Cavill, Jake Gyllenhaal, Eiza González, Kristofer Hivju, Fisher Stevens, Rosamund Pike
Edición: Martin Walsh
Dirección: Guy Ritchie 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Volcán: Fuego bajo Tierra

Recuerdos marcan el comienzo de esta cinta. Una niña y su padre, un paisaje geológico diverso, rocas calientes que comienzan a emitir ruidos y a moverse. La música acompaña con un especial efecto: la masa sonora asciende medio tono para luego descender; misteriosa, sugerente, premonitoria.

Pasamos a la acción. Un fuerte sismo -más bien, un terremoto- despierta a Anna -Vigdís Hrefna Pálsdóttir-, una reconocida experta volcánica que trabaja en el consejo de la ciudad. Los movimientos tectónicos son comunes en la zona, sin embargo, se han intensificado en el último tiempo.

Anna vive con su marido Kristinn -Joi Johannsson- y su pequeña hija Salka -Steinunn Kaldal Jakobsdóttir-, pero su mayor conexión no es la familia, sino el trabajo. No descansa, no se desconecta, está siempre pendiente; al primer aviso, se pone en camino a su oficina, o bien, está dispuesta a salir a terreno. Esta explosión ocurrió en el mar y se debe sobrevolar el sector para evaluar la magnitud y posibles consecuencias. Un viaje en helicóptero, imágenes impactantes y vuelve la música. Solo hay un elemento adicional: les acompaña Thomas -Pilou Asbæk-, un experto fotógrafo, un artista visual, quien comienza a cubrir los sucesos.

Basada en la novela de Sigríður Hagalín Björnsdóttir, la directora Ugla Hauksdóttir describe el problema y centra la atención en la forma de enfrentarlo. En el lugar existe una cultura, una dinámica de cómo hacer las cosas, y Anna es la principal protagonista debido a su experiencia. Hija de un importante científico, ha heredado su pasión por entender los fenómenos volcánicos. De pocas palabras e incluso algo mal genio, Anna cree que las señales actuales son inequívocas: todas anticipan un desastre.

La aparición de Thomas altera la dinámica. Al principio, su presencia le molesta, interfiere en sus planes y no puede perder su norte. Sin embargo, algo sucede: las miradas van un poco más allá. Una concurrida exposición de fotos y una visita al estudio personal del fotógrafo corroboran algo que ya resulta evidente.

Esta cinta tiene tres vertientes estructurales. La primera es el trabajo científico de Anna; la segunda su familia y la aparición de Thomas; y la tercera, el evento volcánico que amenaza con destruir la ciudad. Quizá el problema es que el metraje no se decide por ninguna. Al contrario, las tres avanzan a ritmo similar, dividiendo la atención del relato en una decisión que es muy válida, pero que resta fuerza al desarrollo. En otras palabras, estamos siempre a la espera aunque en todo momento sabemos lo que esperamos.

Las aristas de la trama merecen un párrafo aparte. Primero, una de corte científico, que tiene que ver con la prevención y la seguridad. Allí vemos debates respecto a los niveles de alarma, la preocupación por la población y acciones concretas que se deben tomar ante la aproximación de un evento que puede ser catastrófico. Junto con esto, aparece una temática nueva: el turismo. Erupciones activas llaman la atención de cientos; evitar aquello parece ser una misión imposible.

La segunda arista aborda la vida personal de la protagonista. Con una familia bien constituida, la aparición de un tercero rompe el eje de equilibrio. Ya no se trata de un simple gusto, algo pasajero o efímero, sino que es algo que cruza la moral: es el deber ser enfrentado al peso de la realidad.

La tercera arista, y tal vez la menos desarrollada, es la social, es decir, cómo una comunidad enfrenta una condición inherente a la tierra que habita. Los profesionales a cargo son los responsables y en ellos está confiada la rutina diaria. Ver sus debates y decisiones desde dentro entrega una perspectiva diferente, tal vez un poco alejada de lo que esperamos, pero más real.

“The Fires”, logra su cometido de entretener pero queda al debe en la construcción de la historia. Cuando las crisis aparecen por todos lados y no se decide por dónde ir, la trama tiende a diluirse. Es cierto, la analogía resulta evidente: la protagonista está entre un importante terremoto físico y también emocional. Pero al final, ¿ante qué película estamos? ¿Una de desastres físicos, de acción y heroísmo, o ante una cinta íntima, en la que un quiebre sentimental fractura una familia? Son preguntas que quedan en el aire y que tal vez le quitan algunos puntos a esta interesante producción islandesa.

Ficha técnica

Título original: The Fires
Año: 2025
Duración: 105 minutos
País: Islandia
Compañías: Netop Films, Madants. Distribuidora: Front Row Filmed Entertainment
Género: Thriller | Volcanes
Guion: Markus Englmair, Ugla Hauksdóttir. Novela: Sigríður Hagalín Björnsdóttir
Música: Herdís Stefánsdóttir
Fotografía: Ollie Downey
Reparto: Elín Hall, Ingvar Sigurðsson, Pilou Asbæk, Vigdís Hrefna Pálsdóttir
Dirección: Ugla Hauksdóttir 

martes, 12 de mayo de 2026

Sin Piedad

Pese a las críticas, en su mayoría negativas, la trama de esta película me llamó la atención como para darle una oportunidad. La historia se desarrolla en un futuro no tan lejano, en el que el detective Chris Raven -Chris Pratt- es acusado de asesinar a su esposa. En un juicio express, el otrora destacado oficial de la policía de Los Ángeles tiene solo 90 minutos para demostrar su inocencia ante la jueza Maddox -Rebecca Ferguson-, una IA avanzada que forma parte de un programa denominado Mercy.

¿Verdad que la premisa es interesante? Claro, sobre todo hoy que estamos rodeados de noticias sobre los avances de la Inteligencia Artificial y cómo el mundo está cambiando sus costumbres y procesos. Imaginemos nuestro mundo actual, inundado de delitos, una criminalidad en aumento, procedimientos engorrosos para capturar y juzgar a los delincuentes, etc. Y de pronto llega una solución tecnológica que promete agilidad, respeto de los derechos, basarse únicamente en hechos comprobables, infalibilidad y un valor que resulta esencial: la imparcialidad.

Da para pensar, sin duda, pero, ¿qué pasa entonces con el acusado? En este ejemplo, se trata de un policía pionero en el nuevo sistema llamado Mercy -que da el título a la película y significa misericordia-, y que ha sido parte de los primeros procesos llevados a cabo. Pero ahora tiene todo en su contra y se encuentra ubicado justo al otro lado del tablero. Su angustia es extrema. No recuerda nada, los actos lo incriminan, no sabe cómo defenderse y en solo 90 minutos su caso será historia. Con un índice de culpabilidad superior al 97 %, como figura el suyo, solo si reduce ese porcentaje al 92 % y si logra aportar evidencia objetiva, podría salvarse de la ejecución. No es sencillo hacerlo, sin embargo, no todo es negativo. Producto de los protocolos, Raven tiene acceso a la misma información que la jueza ha revisado para determinar su condición. Pero ¿por dónde comienza, cómo usa todo ese caudal de datos para poder exculparse?

Poco a poco aparecen algunas pistas: un segundo teléfono perteneciente a su esposa está extraviado, hay datos sobre una relación paralela, un evento en casa con sus compañeros de trabajo… nada muy claro, pero, al menos, pequeñas pistas que permiten iniciar una investigación que pueda dilucidar lo que realmente sucedió. El tiempo corre; el tic-tac es implacable.

El director Timur Bekmambetov se las arregla para presentar en pantalla un mundo inquietantemente familiar, en el que drones, teléfonos y cámaras ubicadas en todas partes, registran permanentemente nuestros movimientos. Si bien la ejecución resulta parecida a otras cintas de su género, esta producción logra generar tensión entre un escenario único -el lugar donde está encerrado el protagonista- y el mundo exterior, gracias a varias imágenes, rápidas y breves, que van configurando cada una de las vertientes de la historia. Lo anterior implica un gran esfuerzo de producción y un plan bien ejecutado que se sostenga con una edición prolija y dinámica.

Chris Pratt y Rebecca Ferguson logran bastante química en pantalla. Por otra parte, los personajes fuera del recinto, Jaq Diallo -Kali Reis-, la compañera de Chris y Rob Nelson -Chris Sullivan-, el compañero de trabajo de la mujer asesinada, evitan que la historia quede encerrada en una caja y lo amplían hacia un mundo más abierto que incluye múltiples posibilidades.

“Mercy” vuela en sus 100 minutos de duración y, además con entretener, deja un par de sensaciones. ¿Puede la IA tener actos de humanidad? ¿Son los hechos más importantes que conocer la verdad? Parece un asunto en blanco y negro, sin embargo, está lleno de zonas grises, tal vez de aquella materia gris que todavía podemos llamar inteligencia natural.

Ficha técnica

Título original: Mercy
Año: 2026
Duración: 100 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Atlas Entertainment, Amazon MGM Studios, Bazelevs Production, Big Indie Pictures. Distribuidora: Amazon MGM Studios
Género: Ciencia ficción. Thriller. Acción | Crimen. Distopía. Inteligencia artificial
Guion: Marco van Belle
Música: Ramin Djawadi
Fotografía: Khalid Mohtaseb
Reparto: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kali Reis, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers
Dirección: Timur Bekmambetov 

viernes, 8 de mayo de 2026

La vida que vendrá

Tres decisiones de la directora Karin Cuyul marcan este trabajo documental. La primera, mostrar imágenes en color de una época asociada al blanco y negro. La segunda, componer el metraje con imágenes poco conocidas, la mayoría registradas de manera casera. Y la tercera, no hacer una película triste, elección que apunta hacia el futuro.

Este es un recorrido muy personal de la autora y comienza con el funeral oficial del presidente Salvador Allende, realizado el 4 de septiembre de 1990, apenas recuperada la democracia en Chile. Karin Cuyul deja claros sus sentimientos de pesadumbre y desesperanza debido a las muchas expectativas existentes ante un futuro que se ha va quedando atrás, subsumido por un presente que, finalmente, resulta ser eterno. La búsqueda de paz y tranquilidad queda a medio camino. ¿Existen otras opciones, otros caminos, otros rumbos?

Pronto pasamos al plebiscito del Sí y el No del año 1988. Ante la derrota de la dictadura en las urnas, la elección presidencial lleva a que, en 1990, Patricio Aylwin asuma el mando de la nación mientras el General Augusto Pinochet se queda como Comandante en Jefe del Ejército y luego como Senador vitalicio. El cuestionamiento surge espontáneo en uno de los testimonios: “tenemos un No ganador pero un Sí mandador”. La esperanza comienza a transformarse en resignación; la resistencia es vital para poder seguir creyendo en algo. Los sentimientos cambian, derivan en pesimismo y tristeza.

Si el eje principal de esta cinta es la figura de Salvador Allende, Karin Cuyul sitúa a Pinochet en la vereda opuesta. Se detiene en el proceso judicial desarrollado en el extranjero, su detención en Londres, su defensa por parte del Estado, su regreso a Chile y su muerte el 10 de diciembre de 2006, sin que en el país se concretara una sentencia judicial.

Más adelante, la directora conecta con el denominado “estallido social”, ocurrido el 18 octubre 2019 y la expectativa que provocó en muchas personas: la posibilidad concreta de impulsar cambios profundos y redactar una nueva Constitución. Todo aquello se desmorona el 4 de septiembre de 2022, cuando, en el plebiscito de salida, la opción Rechazo alcanza un 62% contra un 38% del Apruebo. La resignación se transforma en aceptación, algo similar a un “statu quo” que se torna permanente.

“La vida que vendrá” tiene una línea editorial coherente y clara. Archivos amateurs e imágenes desconocidas agregan gran valor a un trabajo sobre una etapa política del país. Karin Cuyul logra generar un relato que se transforma en un testimonio personal e intenso, una voz que, en palabras de la propia directora, da cuenta de un país que no fue.

Ficha técnica

Año: 2025
País: Chile, Colombia
Duración: 92 minutos
Producción: Joséphine Schroeder (Chile)
Co-producción: Jerónimo Atehortúa (Colombia)
Guión: Karin Cuyul
Producción ejecutiva: Joséphine Schroeder, Miguel Yilales, Jerónimo Atehortúa, Juan Sebastián Mora Baquero, María José Alarcón Ardila
Compañías productoras: Pequén Producciones (Chile), Invasión Cine (Colombia)
Sonido: Diana Martínez Muñoz
Montaje: Federico Atehortúa
Postproducción de sonido: Guateque Cine
Post de color: Darío Órdenes (Albatros Post – Chile)
Diseño sonoro: Diana Martínez Muñoz, José Delgadillo Gaviria
Dirección: Karin Cuyul 

jueves, 7 de mayo de 2026

Hokum

En un amplio plano del desierto, aparece un hombre ataviado con una armadura acompañado de un niño pequeño. El paisaje es desolador, seco, caluroso y agobiante. Sin más detalles, solo observamos la acción. Es el final del viaje; no hay salida posible.

Mientras esas imágenes se asientan, encontramos al escritor Ohm Bauman -Adam Scott- en medio de un dilema. No sabe cómo concluir su libro y debe saldar deudas emocionales pendientes. Sus padres han muerto y aún conserva sus cenizas, por lo que es el momento de cerrar esa parte de su historia. Viene a su mente el Hotel Bilberry Woods, en Irlanda, donde sus padres pasaron su luna de miel. ¿Acaso llevar sus restos hasta ese lugar le permitiría cerrar el duelo?

Ohm es un escritor de historias de terror, de muy pocas palabras, hosco, de mal carácter y retraído, un personaje bastante antisocial, casi un ermitaño. El viaje lo saca de su zona de confort, porque se enfrenta a experiencias completamente nuevas. La búsqueda de un lugar para dejar las cenizas de sus padres lo lleva a un encuentro extraño con alguien que más adelante terminará siendo clave en la trama. Se trata de Jerry -David Wilmot-, un hombre que vive en su camioneta y que acostumbra beber leche mezclada con hongos mágicos.

Muy pronto, dos acontecimientos marcan el relato. Al mismo tiempo, Fiona -Florence Ordesh-, la encargada del bar del hotel; Mal -Peter Coonan-, el recepcionista; Fergal -Michael Patric-, el jardinero; y Alby -Will O'Connell-, el botones, asumen papeles importantes en la historia. Desde ese momento, la búsqueda inicial de Ohm se transforma en el camino para superar su pasado y, al mismo tiempo, en una lucha por sobrevivir.

Escrita y dirigida por Damian McCarthy, “Hokum” no es la típica película de terror a la que estamos acostumbrados. Al contrario, va un poco más allá, pues no se apura en revelar sus cartas a pesar de usar varios recursos asociados al género. A través de enlaces, recuerdos y breves diálogos, el director nos propone una experiencia más atmosférica que real, para que la imaginación complete los vacíos. Con una construcción lenta, son las imágenes, junto con la música, las que generan impacto, siempre en ambientes poco iluminados, con colores pálidos y luces que potencian una penumbra en la que los sonidos se cuelan por las rendijas del relato.

La cinta desarrolla varias capas temáticas. Una de ellas es la brujería, pero no abusa ni recurre a soluciones sobrenaturales ridículas. Esa decisión marca una diferencia, porque es el espectador el que debe cuestionar qué es real y qué no, y hasta qué punto la historia personal de Ohm -su pasado traumático y su camino de redención- constituye realmente el motor del metraje.

En el plano de las actuaciones, ayuda mucho la presencia de Adam Scott ocupando el rol central. Quienes lo hemos visto en producciones como “Severance”, podemos ratificar que es un actor difícil de leer y predecir, capaz de confundirnos con su mirada, alguien que saca mucho partido al manejo de la ambigüedad en escenas con pocos diálogos. Respaldado por un equipo sólido, Scott asume gran parte del peso dramático y se mueve con comodidad, manteniendo la tensión hasta la última escena.

“Hokum”, en un poco menos de dos horas, resulta interesante justamente por ser diferente. Afortunadamente no cae en clichés; evita así exageraciones y rumbos fáciles, para cerrar de manera coherente y circular, muy por encima de lo que promete en un comienzo.

Ficha técnica

Título original: Hokum
Año: 2026
Duración: 101 minutos
País: Irlanda
Compañías: Coproducción Irlanda-Emiratos Árabes-Estados Unidos; Cweature Features, Imagenation Abu Dhabi FZ, Neon Films, Spooky Pictures, Team Thrives, Waypoint Entertainment. Distribuidora: Neon
Género: Terror | Sobrenatural. Literatura. Familia. Brujería
Guion: Damian McCarthy
Música: Joseph Bishara
Fotografía: Colm Hogan
Reparto: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot, Florence Ordesh, Michael Patric, Will O'Connell, Brendan Conroy, Austin Amelio
Dirección: Damian McCarthy