Tal vez sea bueno saber poco de esta película antes de verla para entenderla mejor. Parece contradictorio, pero quizá podría ser parte del aura que el guionista y director Kleber Mendonça Filho imprime a este trabajo. Por eso, intentaré mencionar algunos puntos clave de la historia y luego trataré de descubrir las características que hacen de “El Agente Secreto” una cinta especial y el porqué de su nominación al Óscar como mejor película.
Sobre la historia, muy breve. Marcelo -Wagner Moura-, está en tránsito. Su destino es Recife y estamos en el año 1977. La escena inicial nos da el contexto en solo cinco minutos. En una gasolinera, prácticamente desierta, en medio de la nada, yace un hombre muerto en pleno carnaval brasileño. El protagonista debe cargar bencina, no tiene otra opción. Llega la policía, pero no a encargarse del cuerpo. ¿A qué van entonces? Marcelo, del que no sabemos nada, ni su origen ni su rumbo, queda a merced de lo que ocurra. ¿Escapa de algo, de alguien? ¿Está en peligro? ¿Quién es este personaje?
Lo anterior solo fue una introducción, pues la película se descompone en tres partes. La primera, “La pesadilla del chico”, la segunda “Instituto de Identificación”, y la última, “Transfusión de Sangre”. Desde un primer momento, sentimos que estamos en una mesa y nos tiran piezas de un rompecabezas por los cuatro costados. Vemos llegar a Marcelo a un lugar de acogida, y seguimos sin saber quién es y qué hace allí. Luego lo vemos incorporarse al trabajo de una oficina que maneja registros de personas, algo así como nuestro Registro Civil, e interactuar brevemente con sus suegros y su pequeño hijo.
La cinta sigue, y en paralelo se desarrolla otra historia, de un par de asesinos contratados por un hombre poderoso. Surgen algunas pistas, se abren más aristas. En una hora de metraje, la apertura de temas y personas es enorme. Las piezas siguen dispersas pero ya comenzamos a ver puntos de encaje, manteniendo el misterio, el suspenso y un estado de alerta permanente.
En la parte central comenzamos a encajar las piezas y vaya cómo calzan. Descubrimos al protagonista mediante una entrevista, accedemos a parte de su pasado, comprendemos algunos de sus temores y visualizamos las amenazas que se ciernen sobre él. La cinta sigue avanzando, lenta y sostenidamente, hacia un tercio final que resulta vibrante en intensidad activa y emocional.
Como cuesta desprenderse de la trama al escribir, la dejaré descansar para mencionar a algunos de los personajes que encontramos en el recorrido. Doña Sebastiana, la encargada de la casa de acogida; Euclides, el jefe de policía; Alexandre, el suegro de Marcelo; y Ghirotti, el oscuro y poderoso controlador en las sombras. Hay muchos más como Elza, Fátima, Hans y Claudia, pero profundizar en todos ellos significaría describir su papel y participación en la historia con mucho más detalle.
¿Qué es lo especial que tiene esta cinta?
Primero, la narración. En un estilo particular, el director no devela nunca todas las cartas. A través de situaciones y personajes secundarios muy bien compuestos, nos va sumergiendo en la época, en esos años finales de la dictadura en Brasil. La opresión se siente y la inseguridad cotidiana se vive; la sociedad, rota internamente, trata de salir adelante, a veces sin mirar hacia el lado. La desconfianza es total. Cada paso debe darse con cuidado, ya que cada esquina puede representar un peligro mortal.
En segundo término, la estética elegida para la filmación tiñe muy bien cada escena. Parece todo muy real, incluso cuando la temporalidad juega un papel fundamental en el engranaje argumental.
En tercer lugar, el ritmo que mantiene el metraje es siempre persistente. Se trata de una película larga, de más de dos horas y media, pero que logra avanzar sin valles intermedios que amenacen la tensión.
Finalmente, sobresale un gran sentido de humanidad. En la adversidad es cuando se conoce la realidad. Afloran allí los mejores sentimientos: esa fraternidad, ese cariño y esa preocupación visible en los pequeños gestos, esas miradas cómplices, esos abrazos furtivos y esas conversaciones breves e intensas que se guardan para siempre.
“El Agente Secreto”, seleccionada por Brasil para competir en los premios Óscar, se separa de su categoría de película internacional para integrar la lista de las principales cintas en competencia. Y lo hace por méritos propios, por ser una cinta diferente sobre un tema del que hemos visto muchas versiones y porque se trata de un trabajo íntimo, en el que se expresa con gestos e imágenes mucho más de lo que se logra decir con palabras. Esa dinámica de tensión social permanente está muy bien representada por todo el elenco, y su protagonista, Wagner Moura, destaca por su capacidad de transmitir emociones sin necesidad de grandes esfuerzos, de manera natural, construyendo un personaje del que costará desprenderse.
Un viaje de 158 minutos, a veces desgarrador, a veces jocoso, con anécdotas y mitos, con personajes entrañables y otros cuestionables. Un viaje profundo al interior de un tiempo de represión, no solo dictatorial sino también en otros ámbitos sociales, donde el poder, el dinero y la corrupción abundan y afectan lo más sagrado del ser humano.
Ficha técnica
Título original: O Agente Secreto
Año: 2025
Duración: 158 minutos
País: Brasil
Compañías: Coproducción Brasil-Francia-Alemania-Países Bajos (Holanda); CinemaScópio Produções, Itapoan, MK2 Films, Lemming Film, ONE TWO Films, arte France Cinéma
Género: Thriller. Drama. Intriga | Años 70. Dictadura militar de Brasil. Política. Paternidad
Guion: Kleber Mendonça Filho
Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza
Fotografía: Evgenia Alexandrova
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria, Robério Diógenes, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Udo Kier
Dirección: Kleber Mendonça Filho
Carlos Correa Acuña
Comentarios de Cine
lunes, 9 de marzo de 2026
viernes, 6 de marzo de 2026
¡La Novia!
Chicago, años 30. Frankenstein recurre a la Dra. Euphronius pues ya no puede más con su soledad. Necesita compañía. En realidad desea una compañera, una relación para dejar de sentirse excluido, tener una razón de vida y, finalmente, ser querido. La oportunidad que se presenta es de oro. Una mujer recién asesinada es devuelta a la vida y pasa a ser “la novia”, como vimos hace muchísimos años en “La novia de Frankenstein".
La introducción es potente. Un blanco y negro que retrata a la autora de la novela original, Mary Shelley -encerrada en el cuerpo de Ida, interpretada por Jessie Buckley, en una lucha entre posesión y libertad-, da paso al asesinato que inicia la historia.
Frankenstein -Christian Bale-, deambula, perdido, pero con un objetivo claro. Es por ello que cuando la Dra. Euphronius -Annette Bening- lo acoge y se abre a su requerimiento, algo se modifica en él. Desde la recuperación del cuerpo hasta el incidente que los pone en primera línea, la cinta luego pasa de Chicago a Nueva York, después a las Cataratas del Niágara, para finalmente regresar al interior de Estados Unidos. Las aventuras de la pareja, con marcadas referencias a “Bonnie and Clyde”, se suceden sin pausa en una espiral ascendente que pareciera no tener fin.
Maggie Gyllenhaal dirige este filme escrito por ella misma. Destacan sus cámaras, con movimientos bruscos y también sutiles, filmando planos muy cerrados y cercanos, que no se separan y entregan urgencia a cada toma. El manejo de la luz y los ángulos elegidos crean un ambiente ideal para contar la historia, porque estamos allí, en medio de los protagonistas, insertos en su espacio y cohabitando su mundo.
¡Qué decir del maquillaje! Espléndido, totalmente necesario y justificado, ya que es capaz de crear una estética que es aprovechada a cada momento por los protagonistas. Este aspecto, que funciona casi como un personaje más, se combina con unas coreografías muy bien desarrolladas en las que destaca el hermano de la directora, Jake Gyllenhaal, interpretando a un famoso actor de cine, bailarín y cantante, del que Frank es su mayor fan.
El tratamiento escénico también resulta muy entretenido. El hecho de que el cine funcione como terapia para Frankenstein, alcanza su punto más alto cuando aparecen intercambios de roles, entre sueños y realidad, lo que aporta una gota de glamour a un metraje vivaz y de ritmo trepidante.
En cuanto a las actuaciones, hace muy poco hemos visto el peso dramático de Jessie Buckley en “Hamnet”. En esta cinta se mueve con soltura en otro extremo, mucho más cercano a personajes complejos de múltiples personalidades, dando cuenta de una cantidad de recursos expresivos notables, aunque también un poco abrumadores, siempre al servicio de la narración. Christian Bale, por su parte, construye un Frankenstein diferente, más contenido y tal vez más íntimo, siempre burdo, pero con un corazón que busca complemento. La presencia de Peter Sarsgaard y Penélope Cruz, como los detectives que siguen a la pareja, completa un elenco fuerte y bien aprovechado, que aporta matices y profundidad a una película que fluye sin inconvenientes.
“The Bride!” es una buena sorpresa en la cartelera. Entretenida de comienzo a fin, presenta una variante interesante y retoma una trama que tal vez aún tiene cosas que decir, porque Frankenstein perdura hasta nuestros días como uno de los grandes íconos del cine de terror fantástico.
Ficha técnica
Título original: The Bride!
Año: 2026
Duración: 126 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Warner Bros.. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Terror. Fantástico. Drama | Remake. Años 30
Guion: Maggie Gyllenhaal. Personajes: Mary Shelley
Música: Hildur Guðnadóttir
Fotografía: Lawrence Sher
Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Annette Bening, Jake Gyllenhaal, Penélope Cruz
Dirección: Maggie Gyllenhaal
La introducción es potente. Un blanco y negro que retrata a la autora de la novela original, Mary Shelley -encerrada en el cuerpo de Ida, interpretada por Jessie Buckley, en una lucha entre posesión y libertad-, da paso al asesinato que inicia la historia.
Frankenstein -Christian Bale-, deambula, perdido, pero con un objetivo claro. Es por ello que cuando la Dra. Euphronius -Annette Bening- lo acoge y se abre a su requerimiento, algo se modifica en él. Desde la recuperación del cuerpo hasta el incidente que los pone en primera línea, la cinta luego pasa de Chicago a Nueva York, después a las Cataratas del Niágara, para finalmente regresar al interior de Estados Unidos. Las aventuras de la pareja, con marcadas referencias a “Bonnie and Clyde”, se suceden sin pausa en una espiral ascendente que pareciera no tener fin.
Maggie Gyllenhaal dirige este filme escrito por ella misma. Destacan sus cámaras, con movimientos bruscos y también sutiles, filmando planos muy cerrados y cercanos, que no se separan y entregan urgencia a cada toma. El manejo de la luz y los ángulos elegidos crean un ambiente ideal para contar la historia, porque estamos allí, en medio de los protagonistas, insertos en su espacio y cohabitando su mundo.
¡Qué decir del maquillaje! Espléndido, totalmente necesario y justificado, ya que es capaz de crear una estética que es aprovechada a cada momento por los protagonistas. Este aspecto, que funciona casi como un personaje más, se combina con unas coreografías muy bien desarrolladas en las que destaca el hermano de la directora, Jake Gyllenhaal, interpretando a un famoso actor de cine, bailarín y cantante, del que Frank es su mayor fan.
El tratamiento escénico también resulta muy entretenido. El hecho de que el cine funcione como terapia para Frankenstein, alcanza su punto más alto cuando aparecen intercambios de roles, entre sueños y realidad, lo que aporta una gota de glamour a un metraje vivaz y de ritmo trepidante.
En cuanto a las actuaciones, hace muy poco hemos visto el peso dramático de Jessie Buckley en “Hamnet”. En esta cinta se mueve con soltura en otro extremo, mucho más cercano a personajes complejos de múltiples personalidades, dando cuenta de una cantidad de recursos expresivos notables, aunque también un poco abrumadores, siempre al servicio de la narración. Christian Bale, por su parte, construye un Frankenstein diferente, más contenido y tal vez más íntimo, siempre burdo, pero con un corazón que busca complemento. La presencia de Peter Sarsgaard y Penélope Cruz, como los detectives que siguen a la pareja, completa un elenco fuerte y bien aprovechado, que aporta matices y profundidad a una película que fluye sin inconvenientes.
“The Bride!” es una buena sorpresa en la cartelera. Entretenida de comienzo a fin, presenta una variante interesante y retoma una trama que tal vez aún tiene cosas que decir, porque Frankenstein perdura hasta nuestros días como uno de los grandes íconos del cine de terror fantástico.
Ficha técnica
Título original: The Bride!
Año: 2026
Duración: 126 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Warner Bros.. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Terror. Fantástico. Drama | Remake. Años 30
Guion: Maggie Gyllenhaal. Personajes: Mary Shelley
Música: Hildur Guðnadóttir
Fotografía: Lawrence Sher
Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Annette Bening, Jake Gyllenhaal, Penélope Cruz
Dirección: Maggie Gyllenhaal
viernes, 20 de febrero de 2026
Líbralos del mal
¿Celebrar el primer año con un paseo a una cabaña aislada en medio de un bosque? Parece el panorama perfecto para un fin de semana soñado. Y ciertamente lo es para Liz -Tatiana Maslany- y Malcolm -Rossif Sutherland-, una enamorada pareja que no quiere dejar pasar esta oportunidad que la vida les regala.
El lugar es paradisíaco, realmente idílico y protegido, tanto que de entrada resulta sospechoso. Solo se ve una casa enfrente, habitada por Darren -Birkett Turton-, primo de Malcolm, quien tarda muy poco en aparecer de improviso con Minka -Eden Weiss-, su nueva novia, quien no habla una palabra de inglés.
Lógicamente vamos viendo varias pistas y elementos extraños sobre el camino. Un pastel casero de bienvenida, algunos sonidos, la sensación de que hay voces y presencias, una serie de elementos que de inmediato nos hacen suponer que en cualquier momento vendrá algo ineludible. Cuando Liz se queda sola dado que Malcolm debe volver a la ciudad por trabajo, comienzan los sucesos. ¿Qué pasará? ¿Podrá Liz sobreponerse o será vencida por aquello que no se ve pero que se aprecia con mucha fuerza?
Escrita por Nick Lepard y dirigida por Osgood Perkins, “Keeper”, su título original, se siente como una película básica revestida de una gran estética que intenta ocultar sus debilidades. Es cierto, apela a la imaginación, a ponerla en práctica con elementos clásicos -trucos, movimientos, apariciones-, para luego agregar un componente mágico, del tipo sueño/realidad, que traspasa el ambiente y se impregna en el relato.
Las tomas y sus planos resultan interesantes la mayoría de las veces, pero pronto comienzan a repetirse. Algo similar sucede con la música, intrigante de entrada, pero que luego de varios minutos parece continuar solo con pequeñas modificaciones de las células originales. Con todo eso en marcha, la cinta no logra evitar darse vueltas y vueltas para quedarse en un letargo pesado y tedioso.
“Líbralos del mal” tiene un giro hacia el final, pero no basta para sacudir la modorra del desarrollo. Sin más explicaciones, se mantiene a la deriva, como dando cuenta de un cierre fallido, o bien de algo que pueda dar sentido a una historia tan delgada que, aunque aporte ciertos toques artísticos, no alcanza a cumplir con sus expectativas.
Para amantes del género, y aun así con reparos.
Ficha técnica
Título original: Keeper
Año: 2025
Duración: 99 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Oddfellows Entertainment, Range Media Partners, Wayward Entertainment, Welcome Villain. Distribuidora: Neon
Género: Thriller. Terror | Sobrenatural
Guion: Nick Lepard
Fotografía: Jeremy Cox
Reparto: Tatiana Maslany, Rossif Sutherland, Birkett Turton, Eden Weiss
Dirección: Osgood Perkins
El lugar es paradisíaco, realmente idílico y protegido, tanto que de entrada resulta sospechoso. Solo se ve una casa enfrente, habitada por Darren -Birkett Turton-, primo de Malcolm, quien tarda muy poco en aparecer de improviso con Minka -Eden Weiss-, su nueva novia, quien no habla una palabra de inglés.
Lógicamente vamos viendo varias pistas y elementos extraños sobre el camino. Un pastel casero de bienvenida, algunos sonidos, la sensación de que hay voces y presencias, una serie de elementos que de inmediato nos hacen suponer que en cualquier momento vendrá algo ineludible. Cuando Liz se queda sola dado que Malcolm debe volver a la ciudad por trabajo, comienzan los sucesos. ¿Qué pasará? ¿Podrá Liz sobreponerse o será vencida por aquello que no se ve pero que se aprecia con mucha fuerza?
Escrita por Nick Lepard y dirigida por Osgood Perkins, “Keeper”, su título original, se siente como una película básica revestida de una gran estética que intenta ocultar sus debilidades. Es cierto, apela a la imaginación, a ponerla en práctica con elementos clásicos -trucos, movimientos, apariciones-, para luego agregar un componente mágico, del tipo sueño/realidad, que traspasa el ambiente y se impregna en el relato.
Las tomas y sus planos resultan interesantes la mayoría de las veces, pero pronto comienzan a repetirse. Algo similar sucede con la música, intrigante de entrada, pero que luego de varios minutos parece continuar solo con pequeñas modificaciones de las células originales. Con todo eso en marcha, la cinta no logra evitar darse vueltas y vueltas para quedarse en un letargo pesado y tedioso.
“Líbralos del mal” tiene un giro hacia el final, pero no basta para sacudir la modorra del desarrollo. Sin más explicaciones, se mantiene a la deriva, como dando cuenta de un cierre fallido, o bien de algo que pueda dar sentido a una historia tan delgada que, aunque aporte ciertos toques artísticos, no alcanza a cumplir con sus expectativas.
Para amantes del género, y aun así con reparos.
Ficha técnica
Título original: Keeper
Año: 2025
Duración: 99 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Oddfellows Entertainment, Range Media Partners, Wayward Entertainment, Welcome Villain. Distribuidora: Neon
Género: Thriller. Terror | Sobrenatural
Guion: Nick Lepard
Fotografía: Jeremy Cox
Reparto: Tatiana Maslany, Rossif Sutherland, Birkett Turton, Eden Weiss
Dirección: Osgood Perkins
martes, 17 de febrero de 2026
Palestina '36
La calidad de la filmación se aprecia desde un inicio. Fotografía y música, con una secuencia de tono-semitono, auguran tensión. Estamos en el año 1936 y un evento importante está por suceder. Se trata de la primera transmisión radial en Palestina, que en ese momento, ocupada por fuerzas británicas, lentamente comienza a acoger a cientos de judíos que escapan del régimen nazi.
El primer escenario es una estación de trenes en Jerusalén, pero pronto el metraje se mueve al campo y muestra el trabajo rural, los abusos contra los campesinos y la evidente diferencia de trato con los recién llegados.
Despidos masivos dan la alerta. Si no se hace algo, muchos palestinos quedarán en la calle. Comienza una huelga, una revolución liderada por agricultores contra el colonialismo, probablemente el levantamiento más importante en los más de 30 años de dominio británico.
Esta cinta escrita y dirigida por Annemarie Jacir tiene la historia como telón de fondo, pero finalmente es una película sobre relaciones. Vemos personas acomodadas, acostumbradas al lujo y a los eventos sociales, en contraposición con quienes labran la tierra con sus manos, cosechan y trabajan de sol a sol para conseguir el sustento. La cinta reflexiona sobre un derecho de propiedad que lentamente se va imponiendo a la cultura ancestral, de miles de años de antigüedad, respecto de los verdaderos dueños de los campos porque sus familias han habitado allí desde siempre.
La dicotomía entre la vida en una comunidad agrícola y la ciudad se refleja en el protagonista de la historia, quien consigue trabajo como chofer de un reconocido político. Este ascenso en la escala social, pronto ofrece un punto de inflexión, porque ante la tensión evidente, ya no es tan claro qué camino debe seguir.
No tardan en hacerse más evidentes los abusos, en todos los niveles y de todas las formas imaginables. El mayor de ellos, el poder de las armas, pero no se puede dejar de mencionar uno que podría ser aún más complejo: la discriminación y el estatus descartable que se les da a algunas personas.
El pueblo se arma y se prepara para la revolución. Tanto hombres como mujeres asumen responsabilidades que van en contra del aumento de situaciones abusivas que aparecen por doquier. La resistencia está unida y a pesar de que el Gobierno británico forma una comisión investigadora, la solución no tiene visos de resultar pacífica. La crisis se desata: atentados contra el poder y, en paralelo, cada vez más represión para un conflicto que solo deja víctimas. ¿De qué lado de la historia se elige estar? ¿Del lado de los vencedores o de los vencidos? Resuena esta pregunta, porque no es una decisión sencilla cuando involucra a la familia y a quienes más se quiere.
“Palestine '36” es una película interesante. Con una producción de muy buen nivel, bien filmada, con hermosa fotografía y música apropiada, este trozo de historia adquiere una importante connotación, no solo por la perspectiva que aborda, sino también por aquello que ilustra claramente en sus casi dos horas de duración. ¿Qué es real y qué es ficción? Ciertamente no pretende ser un documental y de seguro solo el contexto general podría pasar la vara de algún historiador. Sin embargo, solo eso basta para sumergirnos en un mundo que no estamos acostumbrados a observar, aunque su lento y árido avance, su alto grado de fragmentación y su ambiciosa cobertura amenacen con desviar permanentemente nuestra atención.
Ficha técnica
Título original: Palestine '36
Año: 2025
Duración: 119 minutos
País: Palestina
Compañías: Coproducción Palestina-Reino Unido-Francia-Catar-Arabia Saudí; Philistine Films, Autonomous, BBC Film, BFI Films, Cocoon Films, Corniche Pictures, Film i Väst, Katara Studios, MK Productions, Metafora Production, Munib & Angela Masri Foundation, Snowglobe Films, The Danish Film Institute Archive
Género: Drama | Histórico. Años 30. Colonialismo
Guion: Annemarie Jacir
Música: Ben Frost
Fotografía: Sarah Blum, Tim Fleming, Hélène Louvart
Reparto: Hiam Abbass, Kamel El Basha, Yasmine Al Massri, Jalal Altawil, Robert Aramayo, Saleh Bakri, Yafa Bakri, Karim Daoud Anaya
Dirección: Annemarie Jacir
El primer escenario es una estación de trenes en Jerusalén, pero pronto el metraje se mueve al campo y muestra el trabajo rural, los abusos contra los campesinos y la evidente diferencia de trato con los recién llegados.
Despidos masivos dan la alerta. Si no se hace algo, muchos palestinos quedarán en la calle. Comienza una huelga, una revolución liderada por agricultores contra el colonialismo, probablemente el levantamiento más importante en los más de 30 años de dominio británico.
Esta cinta escrita y dirigida por Annemarie Jacir tiene la historia como telón de fondo, pero finalmente es una película sobre relaciones. Vemos personas acomodadas, acostumbradas al lujo y a los eventos sociales, en contraposición con quienes labran la tierra con sus manos, cosechan y trabajan de sol a sol para conseguir el sustento. La cinta reflexiona sobre un derecho de propiedad que lentamente se va imponiendo a la cultura ancestral, de miles de años de antigüedad, respecto de los verdaderos dueños de los campos porque sus familias han habitado allí desde siempre.
La dicotomía entre la vida en una comunidad agrícola y la ciudad se refleja en el protagonista de la historia, quien consigue trabajo como chofer de un reconocido político. Este ascenso en la escala social, pronto ofrece un punto de inflexión, porque ante la tensión evidente, ya no es tan claro qué camino debe seguir.
No tardan en hacerse más evidentes los abusos, en todos los niveles y de todas las formas imaginables. El mayor de ellos, el poder de las armas, pero no se puede dejar de mencionar uno que podría ser aún más complejo: la discriminación y el estatus descartable que se les da a algunas personas.
El pueblo se arma y se prepara para la revolución. Tanto hombres como mujeres asumen responsabilidades que van en contra del aumento de situaciones abusivas que aparecen por doquier. La resistencia está unida y a pesar de que el Gobierno británico forma una comisión investigadora, la solución no tiene visos de resultar pacífica. La crisis se desata: atentados contra el poder y, en paralelo, cada vez más represión para un conflicto que solo deja víctimas. ¿De qué lado de la historia se elige estar? ¿Del lado de los vencedores o de los vencidos? Resuena esta pregunta, porque no es una decisión sencilla cuando involucra a la familia y a quienes más se quiere.
“Palestine '36” es una película interesante. Con una producción de muy buen nivel, bien filmada, con hermosa fotografía y música apropiada, este trozo de historia adquiere una importante connotación, no solo por la perspectiva que aborda, sino también por aquello que ilustra claramente en sus casi dos horas de duración. ¿Qué es real y qué es ficción? Ciertamente no pretende ser un documental y de seguro solo el contexto general podría pasar la vara de algún historiador. Sin embargo, solo eso basta para sumergirnos en un mundo que no estamos acostumbrados a observar, aunque su lento y árido avance, su alto grado de fragmentación y su ambiciosa cobertura amenacen con desviar permanentemente nuestra atención.
Ficha técnica
Título original: Palestine '36
Año: 2025
Duración: 119 minutos
País: Palestina
Compañías: Coproducción Palestina-Reino Unido-Francia-Catar-Arabia Saudí; Philistine Films, Autonomous, BBC Film, BFI Films, Cocoon Films, Corniche Pictures, Film i Väst, Katara Studios, MK Productions, Metafora Production, Munib & Angela Masri Foundation, Snowglobe Films, The Danish Film Institute Archive
Género: Drama | Histórico. Años 30. Colonialismo
Guion: Annemarie Jacir
Música: Ben Frost
Fotografía: Sarah Blum, Tim Fleming, Hélène Louvart
Reparto: Hiam Abbass, Kamel El Basha, Yasmine Al Massri, Jalal Altawil, Robert Aramayo, Saleh Bakri, Yafa Bakri, Karim Daoud Anaya
Dirección: Annemarie Jacir
sábado, 14 de febrero de 2026
Cumbres Borrascosas
Inspirada en la inolvidable novela de 1847 de Emily Brontë, la guionista y directora Emerald Fennell construye un relato muy libre sobre una historia de amor imposible.
Corre el siglo XVIII en Inglaterra y la película comienza con una ejecución. Un hombre es ahorcado mientras todo el pueblo se congrega en la plaza central para presenciar la brutal condena. La recreación es pulcra y los escenarios parecen reales. La secuencia, al aire libre, tiene mucho de morbo y también marca tendencia.
Rápidamente pasamos a los interiores, en específico al de la familia de Mr. Earnshaw. Residen allí su hija Cathy y Nelly, una especie de amiga de compañía de la pequeña. Earnshaw tiene una sorpresa: ha recogido de las calles en Liverpool a un niño abandonado y lo ha traído a vivir a su casa. Buen corazón, sin duda, pero lo presenta como la “mascota” de Cathy, a quien ella llama "Heathcliff" en honor a su hermano fallecido.
El relato deja en claro el machismo imperante. El autoritarismo, la dureza y la crudeza con que se maneja Earnshaw no dejan lugar a dudas. Aunque transcurre un tiempo considerable, la costumbre se mantiene igual cuando los niños pasan a ser mayores y la juventud llega sin complejos.
Cathy quiere salir de ese opresivo ambiente y también ayudar a Heathcliff, pero no sabe cómo. La ocasión se da luego de un accidente que ella sufre en una finca vecina que la obliga a estar seis semanas allí, conocer más de cerca esa familia y para finalmente comprometerse con el dueño de casa, un exitoso comerciante textil llamado Edgar Linton. La transformación es evidente y los celos de Heathcliff pasan a ser mayúsculos por lo que huye del lugar con rumbo desconocido.
Sin ánimo de hacer spoiler -aunque todos conocemos, o bien la novela original o alguna de sus versiones o adaptaciones-, el matrimonio de Cathy con Edgar es el nudo máximo de conflicto, el que aumenta cuando años después Heathcliff regresa, ya no como un desposeído, sino como un hombre acaudalado que aún alberga la esperanza de reconquistar el amor de su vida.
“Cumbres Borracosas”, así, en cursiva y además entre comillas, dista bastante de su modelo inspirador. No solo aborda una parte acotada de la historia, aunque sustantiva, sino que su universo es mucho más pequeño que el que se presenta en la versión original. Margot Robbie y Jacob Elordi son, aquí, el centro del relato. Todo gira básicamente en función de ambos, relegando a todos los demás a lugares secundarios. La desproporción es enorme, y el desequilibrio no logra ser aplacado, porque no se trata del tiempo en pantalla de los otros personajes, sino de la construcción de aquellas líneas dramáticas que deberían entregar contrapeso a dos actores que se sienten como si fueran los únicos protagonistas.
El argumento, concentrado y diluido a la vez, habla de situaciones sociales, de la conveniencia por sobre la felicidad, del poder del dinero, de los amores furtivos y de un sentimiento genuino y tan arraigado que, a pesar de ello, no logra vencer las dificultades de la vida.
En ciertos momentos, en especial en el último tercio, la cinta parece alargar la espera, estirar al máximo el metraje con un recurso tan delgado para mantener la tensión, que prácticamente se rompe de mirarlo. Esta planicie, bastante inexplicable, hace que la película decaiga considerablemente y pierda gran parte de la elaboración que presenta en su sección central, dejando un sabor más amargo que romántico al momento del desenlace.
Lo mejor de “Cumbres Borracosas” es su música incidental. Compuesta por Anthony Willis, lo que más destaca es el uso de largos pedales y acordes consonantes entregados principalmente a la cuerda baja (violas, cellos y contrabajos). Estos elementos entregan una profundidad única, con colores exquisitos y una armonía clásico-romántica que encuentra contrapunto perfecto en las canciones de Charli XCX y algunas disonancias expresas en otros momentos de la cinta.
En resumen, interesante, por cierto. Conocer otra deriva de la famosa novela es algo que siempre llama la atención. Por otro lado, Margot Robbie, como actriz y productora -y muy bien secundada por Jacob Elordi-, es otro de los elementos atractivos, ya que indudablemente ella es una de las actrices más importantes del momento y sus movimientos deben ser seguidos con cada vez mayor atención.
En fin, es una película poco larga pero que vale la pena en pantalla grande.
Ficha técnica
Título original: Wuthering Heights
Año: 2026
Duración: 136 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; MRC Film, LuckyChap Entertainment. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Drama. Romance | Drama romántico. Drama de época
Guion: Emerald Fennell. Obra: Emily Brontë
Música: Charli XCX
Fotografía: Linus Sandgren
Reparto: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Ewan Mitchell
Dirección: Emerald Fennell
Corre el siglo XVIII en Inglaterra y la película comienza con una ejecución. Un hombre es ahorcado mientras todo el pueblo se congrega en la plaza central para presenciar la brutal condena. La recreación es pulcra y los escenarios parecen reales. La secuencia, al aire libre, tiene mucho de morbo y también marca tendencia.
Rápidamente pasamos a los interiores, en específico al de la familia de Mr. Earnshaw. Residen allí su hija Cathy y Nelly, una especie de amiga de compañía de la pequeña. Earnshaw tiene una sorpresa: ha recogido de las calles en Liverpool a un niño abandonado y lo ha traído a vivir a su casa. Buen corazón, sin duda, pero lo presenta como la “mascota” de Cathy, a quien ella llama "Heathcliff" en honor a su hermano fallecido.
El relato deja en claro el machismo imperante. El autoritarismo, la dureza y la crudeza con que se maneja Earnshaw no dejan lugar a dudas. Aunque transcurre un tiempo considerable, la costumbre se mantiene igual cuando los niños pasan a ser mayores y la juventud llega sin complejos.
Cathy quiere salir de ese opresivo ambiente y también ayudar a Heathcliff, pero no sabe cómo. La ocasión se da luego de un accidente que ella sufre en una finca vecina que la obliga a estar seis semanas allí, conocer más de cerca esa familia y para finalmente comprometerse con el dueño de casa, un exitoso comerciante textil llamado Edgar Linton. La transformación es evidente y los celos de Heathcliff pasan a ser mayúsculos por lo que huye del lugar con rumbo desconocido.
Sin ánimo de hacer spoiler -aunque todos conocemos, o bien la novela original o alguna de sus versiones o adaptaciones-, el matrimonio de Cathy con Edgar es el nudo máximo de conflicto, el que aumenta cuando años después Heathcliff regresa, ya no como un desposeído, sino como un hombre acaudalado que aún alberga la esperanza de reconquistar el amor de su vida.
“Cumbres Borracosas”, así, en cursiva y además entre comillas, dista bastante de su modelo inspirador. No solo aborda una parte acotada de la historia, aunque sustantiva, sino que su universo es mucho más pequeño que el que se presenta en la versión original. Margot Robbie y Jacob Elordi son, aquí, el centro del relato. Todo gira básicamente en función de ambos, relegando a todos los demás a lugares secundarios. La desproporción es enorme, y el desequilibrio no logra ser aplacado, porque no se trata del tiempo en pantalla de los otros personajes, sino de la construcción de aquellas líneas dramáticas que deberían entregar contrapeso a dos actores que se sienten como si fueran los únicos protagonistas.
El argumento, concentrado y diluido a la vez, habla de situaciones sociales, de la conveniencia por sobre la felicidad, del poder del dinero, de los amores furtivos y de un sentimiento genuino y tan arraigado que, a pesar de ello, no logra vencer las dificultades de la vida.
En ciertos momentos, en especial en el último tercio, la cinta parece alargar la espera, estirar al máximo el metraje con un recurso tan delgado para mantener la tensión, que prácticamente se rompe de mirarlo. Esta planicie, bastante inexplicable, hace que la película decaiga considerablemente y pierda gran parte de la elaboración que presenta en su sección central, dejando un sabor más amargo que romántico al momento del desenlace.
Lo mejor de “Cumbres Borracosas” es su música incidental. Compuesta por Anthony Willis, lo que más destaca es el uso de largos pedales y acordes consonantes entregados principalmente a la cuerda baja (violas, cellos y contrabajos). Estos elementos entregan una profundidad única, con colores exquisitos y una armonía clásico-romántica que encuentra contrapunto perfecto en las canciones de Charli XCX y algunas disonancias expresas en otros momentos de la cinta.
En resumen, interesante, por cierto. Conocer otra deriva de la famosa novela es algo que siempre llama la atención. Por otro lado, Margot Robbie, como actriz y productora -y muy bien secundada por Jacob Elordi-, es otro de los elementos atractivos, ya que indudablemente ella es una de las actrices más importantes del momento y sus movimientos deben ser seguidos con cada vez mayor atención.
En fin, es una película poco larga pero que vale la pena en pantalla grande.
Ficha técnica
Título original: Wuthering Heights
Año: 2026
Duración: 136 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; MRC Film, LuckyChap Entertainment. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Drama. Romance | Drama romántico. Drama de época
Guion: Emerald Fennell. Obra: Emily Brontë
Música: Charli XCX
Fotografía: Linus Sandgren
Reparto: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Ewan Mitchell
Dirección: Emerald Fennell
jueves, 12 de febrero de 2026
El Sonido de la Muerte
Esta película tiene una introducción y tres partes. Se inicia con un partido de básquetbol escolar y un incidente que ocurre sin mediar explicación. Suspenso. Un jugador es perseguido por un “ente” y muere. La primera sección comienza seis meses después, cuando una nueva estudiante llega al college y le asignan el casillero del estudiante fallecido. Al interior, ella encuentra un objeto misterioso y antiguo; un silbato, presumiblemente azteca, que luego es observado en clase junto a su profesor. Y allí ocurre otro extraño incidente. Ya no es coincidencia: el sonido del silbato parece provocar que quienes lo escuchan comiencen a ser perseguidos por sus propias muertes futuras.
La segunda parte de la cinta explora la historia familiar del estudiante fallecido. Desde ese momento, el grupo de amigos logra entender que el silbato realmente invoca la muerte, la propia muerte, que viene a su encuentro. ¿Es un mito? Tal vez, pero lo cierto es que los extraños sucesos se acrecientan. La sección final corresponde al desenlace y es clásica: se debate entre el destino fatal y la posibilidad de eludirlo. ¿Qué pasará finalmente?
Muy poco encontramos en este filme escrito por Owen Egerton y dirigido por Corin Hardy. Poco ofrece en términos de contenido, porque en producción no escatima recursos. La película avanza lento, con muchas escenas que parecen de relleno en espera de los famosos “jump scares”, los sustos repentinos típicos del género. Dentro del género de terror, este trabajo también agrega a su descripción el término “slasher” -subgénero centrado en asesinatos cometidos por un psicópata-, algo que en este caso no se da, salvo que los amigos van muriendo uno a uno.
Desde el punto de vista del argumento, hay mucho material incluido, varias historias individuales y muchas aristas, pero con poco recorrido y, además, bastante obvias. Es decir, tenemos un argumento sumamente delgado que solo se sostiene gracias a un ropaje externo que hace lo posible por no defraudar a quienes aman el género.
En las actuaciones, Dafne Keen desarrolla un correcto papel encarnando a la protagonista, Crisantemo; Sophie Nélisse interpreta a Ellie, su contrapunto femenino; y Sky Yang personifica adecuadamente al primo de Cris, Rel. Sin brillar, los tres actores al menos sintonizan en lo más importante del relato: compensan sus intervenciones y logran fluidez en cada una de sus escenas.
“Whistle” -Silbato, su título original- denota una importante inversión tecnológica y logística. Drones, cámaras múltiples, efectos especiales y escenarios diversos están muy bien amalgamados con una calidad fotográfica y música ad hoc. Debemos reconocer que Corin Hardy hace bastante con el escaso material recibido, sin embargo, a pesar de sus notables esfuerzos, el resultado no logra llegar al nivel de las expectativas.
Solo para fans. Nada más.
Ficha técnica
Título original: Whistle
Año: 2025
Duración: 85 minutos
País: Canadá
Compañías: Coproducción Canadá-Irlanda; No Trace Camping, Wild Atlantic Pictures. Distribuidora: IFC Films, Shudder
Género: Terror | Sobrenatural. Slasher
Guion: Owen Egerton
Música: Doomphonic
Fotografía: Björn Charpentier
Reparto: Dafne Keen, Sophie Nélisse, Sky Yang, Jhaleil Swaby, Ali Skovbye, Percy Hynes White, Michelle Fairley, Nick Frost
Dirección: Corin Hardy
La segunda parte de la cinta explora la historia familiar del estudiante fallecido. Desde ese momento, el grupo de amigos logra entender que el silbato realmente invoca la muerte, la propia muerte, que viene a su encuentro. ¿Es un mito? Tal vez, pero lo cierto es que los extraños sucesos se acrecientan. La sección final corresponde al desenlace y es clásica: se debate entre el destino fatal y la posibilidad de eludirlo. ¿Qué pasará finalmente?
Muy poco encontramos en este filme escrito por Owen Egerton y dirigido por Corin Hardy. Poco ofrece en términos de contenido, porque en producción no escatima recursos. La película avanza lento, con muchas escenas que parecen de relleno en espera de los famosos “jump scares”, los sustos repentinos típicos del género. Dentro del género de terror, este trabajo también agrega a su descripción el término “slasher” -subgénero centrado en asesinatos cometidos por un psicópata-, algo que en este caso no se da, salvo que los amigos van muriendo uno a uno.
Desde el punto de vista del argumento, hay mucho material incluido, varias historias individuales y muchas aristas, pero con poco recorrido y, además, bastante obvias. Es decir, tenemos un argumento sumamente delgado que solo se sostiene gracias a un ropaje externo que hace lo posible por no defraudar a quienes aman el género.
En las actuaciones, Dafne Keen desarrolla un correcto papel encarnando a la protagonista, Crisantemo; Sophie Nélisse interpreta a Ellie, su contrapunto femenino; y Sky Yang personifica adecuadamente al primo de Cris, Rel. Sin brillar, los tres actores al menos sintonizan en lo más importante del relato: compensan sus intervenciones y logran fluidez en cada una de sus escenas.
“Whistle” -Silbato, su título original- denota una importante inversión tecnológica y logística. Drones, cámaras múltiples, efectos especiales y escenarios diversos están muy bien amalgamados con una calidad fotográfica y música ad hoc. Debemos reconocer que Corin Hardy hace bastante con el escaso material recibido, sin embargo, a pesar de sus notables esfuerzos, el resultado no logra llegar al nivel de las expectativas.
Solo para fans. Nada más.
Ficha técnica
Título original: Whistle
Año: 2025
Duración: 85 minutos
País: Canadá
Compañías: Coproducción Canadá-Irlanda; No Trace Camping, Wild Atlantic Pictures. Distribuidora: IFC Films, Shudder
Género: Terror | Sobrenatural. Slasher
Guion: Owen Egerton
Música: Doomphonic
Fotografía: Björn Charpentier
Reparto: Dafne Keen, Sophie Nélisse, Sky Yang, Jhaleil Swaby, Ali Skovbye, Percy Hynes White, Michelle Fairley, Nick Frost
Dirección: Corin Hardy
viernes, 6 de febrero de 2026
Marty Supremo
Nueva York, años 50. Marty Mauser -Timothée Chalamet-, joven y carismático vendedor de zapatos en la tienda de su tío Murray, aspira a ser campeón mundial de tenis de mesa. Su vida es un carrusel: compite profesionalmente en su deporte, se ve en secreto con su amiga de infancia Rachel Mizler -Odessa A'zion-, incursiona en la venta de pelotas personalizadas de color naranja junto a su amigo Dion -Luke Manley-, y mantiene una prudente distancia con su madre Rebecca -Fran Drescher-. El afán de Marty no conoce límites: no duda en asaltar la caja fuerte de su propio tío para conseguir los prometidos 700 dólares y viajar al Abierto Británico, con la confianza de obtener una gran victoria.
Ya en Londres, y pensando en grande como siempre, Marty declina quedarse en el lugar asignado junto a todos los deportistas participantes y logra alojarse en el lujoso hotel Ritz, donde conoce a Kay Stone -Gwyneth Paltrow-, una atractiva actriz retirada, y a su marido, el magnate Milton Rockwell -Kevin O'Leary-, un influyente hombre de negocios. Todo parece ir viento en popa. Marty, incluso, seduce a Kay mientras avanza sin parar hasta las etapas cruciales del torneo. Sin embargo, el resultado en el juego final es decepcionante: pierde estrepitosamente ante el crédito japonés Koto Endo -Koto Kawaguchi-, un campeón sordo y sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial.
La derrota cala hondo en Marty. Aunque debe reponerse, no da su brazo a torcer. Quiere una revancha al año siguiente, en Tokio, aunque rechaza realizar un partido de exhibición previo ante Endo, financiado por Rockwell. Marty desea seguir su camino y hacer caso a su instinto; vuelve a Nueva York y, desde ese momento, nada resulta según sus planes.
La cinta está basada libremente en la vida de Marty Reisman, un campeón de ping pong que empezó a jugar por apuestas en Manhattan, llegó a ganar 22 títulos importantes y se convirtió en el más veterano en ganar una competición nacional de deportes de raqueta, con 67 años. El filme se mueve entre la intrincada vida personal del protagonista y sus glamorosas competencias profesionales. En el metraje convive un poco de todo: momentos deportivos brillantes, secciones íntimas y escenas vertiginosas, en un recorrido que, por instantes, extravía un poco el foco.
El director, Joshua Safdie, autor del guion junto a Ronald Bronstein, filma muy de cerca cada una de las secuencias. La fotografía, casi totalmente captada en 35 mm, ayuda a generar un estilo muy apropiado para la época, con tomas preciosas de los partidos de ping pong, junto a un particular sello para los interiores y exteriores de las acciones cotidianas.
El centro del filme es Timothée Chalamet. Su actuación deslumbra, porque no solo asume el peso dramático que significa encarnar al personaje, sino que, además, se mueve literalmente como “pez en el agua”. El rol de Mauser, sin duda ultra demandante, se ve sencillo en Chalamet. Tanto es así que el desparpajo de su actuación se aprecia tan natural, que en ningún momento se ve forzado su carácter ni exagerada ninguna condición. Se trata de la personalidad del personaje, una actuación que transmite a cabalidad una esencia avasalladora, de confianza absoluta y ambición desmedida. Mauser lo quiere todo, ahora, ya, y Timothée Chalamet parece su alter ego, con una soltura y brillantez que inunda la pantalla.
“Marty Supreme” vuela en su primera hora. Desde aquel inicio con la representación gráfica de una fecundación hasta el torneo británico, no tenemos pausas y vivimos dentro de una escalada que no tiene fin. El problema viene después, cuando la película se centra en profundizar los problemas personales de Mauser mientras se propone volver a competir al año siguiente en Tokio. Desde ese momento, con las peripecias, las aventuras y desventuras de un hombre que no tiene claro su rumbo y que debe madurar a punta de golpes, la película entra en un trance del que finalmente logra salir cuando Marty comienza a encontrar respuestas donde menos lo imagina.
Ficha técnica
Título original: Marty Supreme
Año: 2025
Duración: 149 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Distribuidora: A24
Género: Drama | Biográfico. Deporte. Ping-pong
Guion: Ronald Bronstein, Joshua Safdie
Música: Daniel Lopatin
Fotografía: Darius Khondji
Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion, Kevin O'Leary, Tyler Okonma, Abel Ferrara, Fran Drescher
Dirección: Joshua Safdie
Ya en Londres, y pensando en grande como siempre, Marty declina quedarse en el lugar asignado junto a todos los deportistas participantes y logra alojarse en el lujoso hotel Ritz, donde conoce a Kay Stone -Gwyneth Paltrow-, una atractiva actriz retirada, y a su marido, el magnate Milton Rockwell -Kevin O'Leary-, un influyente hombre de negocios. Todo parece ir viento en popa. Marty, incluso, seduce a Kay mientras avanza sin parar hasta las etapas cruciales del torneo. Sin embargo, el resultado en el juego final es decepcionante: pierde estrepitosamente ante el crédito japonés Koto Endo -Koto Kawaguchi-, un campeón sordo y sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial.
La derrota cala hondo en Marty. Aunque debe reponerse, no da su brazo a torcer. Quiere una revancha al año siguiente, en Tokio, aunque rechaza realizar un partido de exhibición previo ante Endo, financiado por Rockwell. Marty desea seguir su camino y hacer caso a su instinto; vuelve a Nueva York y, desde ese momento, nada resulta según sus planes.
La cinta está basada libremente en la vida de Marty Reisman, un campeón de ping pong que empezó a jugar por apuestas en Manhattan, llegó a ganar 22 títulos importantes y se convirtió en el más veterano en ganar una competición nacional de deportes de raqueta, con 67 años. El filme se mueve entre la intrincada vida personal del protagonista y sus glamorosas competencias profesionales. En el metraje convive un poco de todo: momentos deportivos brillantes, secciones íntimas y escenas vertiginosas, en un recorrido que, por instantes, extravía un poco el foco.
El director, Joshua Safdie, autor del guion junto a Ronald Bronstein, filma muy de cerca cada una de las secuencias. La fotografía, casi totalmente captada en 35 mm, ayuda a generar un estilo muy apropiado para la época, con tomas preciosas de los partidos de ping pong, junto a un particular sello para los interiores y exteriores de las acciones cotidianas.
El centro del filme es Timothée Chalamet. Su actuación deslumbra, porque no solo asume el peso dramático que significa encarnar al personaje, sino que, además, se mueve literalmente como “pez en el agua”. El rol de Mauser, sin duda ultra demandante, se ve sencillo en Chalamet. Tanto es así que el desparpajo de su actuación se aprecia tan natural, que en ningún momento se ve forzado su carácter ni exagerada ninguna condición. Se trata de la personalidad del personaje, una actuación que transmite a cabalidad una esencia avasalladora, de confianza absoluta y ambición desmedida. Mauser lo quiere todo, ahora, ya, y Timothée Chalamet parece su alter ego, con una soltura y brillantez que inunda la pantalla.
“Marty Supreme” vuela en su primera hora. Desde aquel inicio con la representación gráfica de una fecundación hasta el torneo británico, no tenemos pausas y vivimos dentro de una escalada que no tiene fin. El problema viene después, cuando la película se centra en profundizar los problemas personales de Mauser mientras se propone volver a competir al año siguiente en Tokio. Desde ese momento, con las peripecias, las aventuras y desventuras de un hombre que no tiene claro su rumbo y que debe madurar a punta de golpes, la película entra en un trance del que finalmente logra salir cuando Marty comienza a encontrar respuestas donde menos lo imagina.
Ficha técnica
Título original: Marty Supreme
Año: 2025
Duración: 149 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: A24, Elara Pictures, IPR.VC. Distribuidora: A24
Género: Drama | Biográfico. Deporte. Ping-pong
Guion: Ronald Bronstein, Joshua Safdie
Música: Daniel Lopatin
Fotografía: Darius Khondji
Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion, Kevin O'Leary, Tyler Okonma, Abel Ferrara, Fran Drescher
Dirección: Joshua Safdie
jueves, 5 de febrero de 2026
Aún es de noche en Caracas
Expectación. No había tenido la oportunidad de ver una película sobre la situación de Venezuela en los últimos años y justo llega este trabajo basada en la novela de Karina Sainz Borgo, “La hija de la española”.
Mariana Rondón y Marité Ugás, guionistas y directoras, elaboran un drama íntimo que muestra cómo Adelaida -Natalia Reyes-, una escritora de 38 años que acaba de perder a su madre es despojada de su departamento por las milicias revolucionarias. Sin saber qué hacer, se refugia en otro departamento del mismo piso, el de una vecina, y desde allí comienza a concebir un arriesgado plan para esquivar las protestas y los enfrentamientos callejeros con el objetivo de huir de un encierro obligado y cruel.
Uno de los elementos que llama la atención en esta película es el contrapunto entre la soledad de la protagonista y la violencia desatada en las calles. El ambiente externo se ve muy bien filmado y convincente, pero cuando las tomas regresan a los interiores, la cadencia del relato se acentúa y no logra contener la tensión. Si bien, los peligros traspasan la pantalla, usar como recurso algunos recuerdos y cierta ensoñación es algo que no funciona del todo bien.
Las situaciones reales -allanamientos, el asedio de las motocicletas y el actuar de grupos paramilitares- se sienten muy fuertes, generan temor e incrementan la sensación de orfandad de Adelaida. Esa apropiación en nombre de la revolución, pero también contradictoria por las disputas entre los mismos grupos que la generan, constituye una buena muestra de aquella dicotomía que genera el poder exacerbado.
Cuando entra en escena Santiago -Moisés Angola-, un joven supuestamente desaparecido por el régimen y que ahora colabora con los “colectivos”, la película parece tomar otro rumbo. No obstante, nuevamente se detiene, aunque entrega valiosa información sobre la represión y las torturas al enlazar con el pasado de Adelaida.
No hay duda que los recuerdos y añoranzas de la protagonista se convierten en su principal motivación para superar esta situación límite. No obstante, Natalia Reyes parece llevar demasiado peso sobre sí misma, pues no logra sostener la carga dramática ni transmitirla a su personaje. Esto se refleja en un metraje que se siente algo plano y monótono, dando cuenta de recursos limitados que solo consiguen un mayor desarrollo cuando la filmación regresa a las calles para describir los enfrentamientos.
“Aún es de noche en Caracas” no toma vuelo, se queda a ras de piso, al límite. No basta con hacernos vivir el conflicto de 2017 y tampoco proveer imágenes que por momentos pueden parecer un trabajo documental. Al no tener variaciones y sin la búsqueda de un arco dramático claro, la cinta se va desdibujando, perdiendo el interés progresivamente, al punto de ensayar un final que se torna predecible.
Como observación final, ninguna de las críticas al guion y a la filmación pueden disminuir el mérito que indudablemente tiene esta cinta: mostrar una realidad que apenas intuimos, pero que aquí vemos representada, quizá, con muchos más elementos de los que solo imaginamos al escuchar o leer noticias sobre lo que sucede en Venezuela.
Ficha técnica
Título original: Aún es de noche en Caracas
Año: 2025
Duración: 97 minutos
País: Venezuela
Compañías: Coproducción Venezuela-México; Redrum, Absolute Artists, Impression Entertainment
Género: Thriller. Drama
Guion: Mariana Rondón, Marité Ugás. Novela: Karina Sainz Borgo
Música: Camilo Froideval
Fotografía: Juan Pablo Ramírez
Reparto: Natalia Reyes, Moisés Angola, Sheila Monterola y Edgar Ramírez
Dirección: Mariana Rondón, Marité Ugás
Mariana Rondón y Marité Ugás, guionistas y directoras, elaboran un drama íntimo que muestra cómo Adelaida -Natalia Reyes-, una escritora de 38 años que acaba de perder a su madre es despojada de su departamento por las milicias revolucionarias. Sin saber qué hacer, se refugia en otro departamento del mismo piso, el de una vecina, y desde allí comienza a concebir un arriesgado plan para esquivar las protestas y los enfrentamientos callejeros con el objetivo de huir de un encierro obligado y cruel.
Uno de los elementos que llama la atención en esta película es el contrapunto entre la soledad de la protagonista y la violencia desatada en las calles. El ambiente externo se ve muy bien filmado y convincente, pero cuando las tomas regresan a los interiores, la cadencia del relato se acentúa y no logra contener la tensión. Si bien, los peligros traspasan la pantalla, usar como recurso algunos recuerdos y cierta ensoñación es algo que no funciona del todo bien.
Las situaciones reales -allanamientos, el asedio de las motocicletas y el actuar de grupos paramilitares- se sienten muy fuertes, generan temor e incrementan la sensación de orfandad de Adelaida. Esa apropiación en nombre de la revolución, pero también contradictoria por las disputas entre los mismos grupos que la generan, constituye una buena muestra de aquella dicotomía que genera el poder exacerbado.
Cuando entra en escena Santiago -Moisés Angola-, un joven supuestamente desaparecido por el régimen y que ahora colabora con los “colectivos”, la película parece tomar otro rumbo. No obstante, nuevamente se detiene, aunque entrega valiosa información sobre la represión y las torturas al enlazar con el pasado de Adelaida.
No hay duda que los recuerdos y añoranzas de la protagonista se convierten en su principal motivación para superar esta situación límite. No obstante, Natalia Reyes parece llevar demasiado peso sobre sí misma, pues no logra sostener la carga dramática ni transmitirla a su personaje. Esto se refleja en un metraje que se siente algo plano y monótono, dando cuenta de recursos limitados que solo consiguen un mayor desarrollo cuando la filmación regresa a las calles para describir los enfrentamientos.
“Aún es de noche en Caracas” no toma vuelo, se queda a ras de piso, al límite. No basta con hacernos vivir el conflicto de 2017 y tampoco proveer imágenes que por momentos pueden parecer un trabajo documental. Al no tener variaciones y sin la búsqueda de un arco dramático claro, la cinta se va desdibujando, perdiendo el interés progresivamente, al punto de ensayar un final que se torna predecible.
Como observación final, ninguna de las críticas al guion y a la filmación pueden disminuir el mérito que indudablemente tiene esta cinta: mostrar una realidad que apenas intuimos, pero que aquí vemos representada, quizá, con muchos más elementos de los que solo imaginamos al escuchar o leer noticias sobre lo que sucede en Venezuela.
Ficha técnica
Título original: Aún es de noche en Caracas
Año: 2025
Duración: 97 minutos
País: Venezuela
Compañías: Coproducción Venezuela-México; Redrum, Absolute Artists, Impression Entertainment
Género: Thriller. Drama
Guion: Mariana Rondón, Marité Ugás. Novela: Karina Sainz Borgo
Música: Camilo Froideval
Fotografía: Juan Pablo Ramírez
Reparto: Natalia Reyes, Moisés Angola, Sheila Monterola y Edgar Ramírez
Dirección: Mariana Rondón, Marité Ugás
lunes, 2 de febrero de 2026
El Gran Premio: a toda Velocidad
Esta película animada alemana, sobre un Gran Premio que recorre varios escenarios europeas, me trajo muchos recuerdos de “Los autos locos”. Hay un dejo de esas clásicas carreras donde “todo vale” para conseguir la victoria, pero finalmente el bien se logra imponer sobre el mal.
La historia se centra en Edda, una fanática de las carreras que sueña con convertirse en piloto y trabaja atendiendo en el parque de diversiones que posee su familia. Cuando la competencia automovilística llega a la ciudad, Edda desborda entusiasmo. Su ídolo, Ed, el más joven y exitoso de los pilotos, se apresta a enfrentar un nuevo desafío y ella estará allí, en primera fila, para presenciarlo. Pero no todo es almíbar. Edda es curiosa e incursiona en el Paddock, “toma prestado” el bólido del campeón, y se arriesga a conducirlo. El punto es que las consecuencias son trágicas: Ed queda lesionado cuando intenta impedir un accidente y solo hay una solución posible: que Edda ocupe su lugar en la competición.
Esta simpática cinta toma como punto de partida un sinfín de caricaturas. Cada piloto y su auto representa algún personaje especial, con características propias y una intención totalmente transparente. Por otro lado, el entorno de competición es puro glamour, parafraseando el mundo real de las competencias y esbozando claramente la línea farandulera cada vez más presente.
Lógicamente, tenemos a los buenos y a los malos, con puntos intermedios, claro está. Todo esto, además, está tras una gran capa de apariencias, de modo que no sea tan evidente lo que puede ser o no ser. Además, el guion entrelaza la historia familiar de los personajes con necesidades acuciantes -como la quiebra del parque o el pasado del joven campeón-, lo que introduce un contrapunto interesante a los sueños que tiene Edda y la ambición de Ed.
Con muchos valores involucrados, como la familia, el compañerismo y la amistad -a veces enfrentados a sus opuestos directos-, esta cinta se gana un espacio en la animación gracias a la fluidez de su desarrollo y a un colorido que llama la atención desde el primer momento. Locos efectos especiales y una velocidad extrema hacen que la película literalmente vuele y deje abiertas las puertas para nuevas aventuras. Ojalá volvamos a ver a estos carismáticos personajes, con nuevos paisajes y nuevos desafíos. El material existe y solo hay que “echar a correr” la imaginación.
Ficha técnica
Título original: Grand Prix of Europe
Año: 2025
Duración: 98 minutos
País: Alemania
Compañías: Coproducción Alemania-Reino Unido; MACK Magic, Mack Animation, Mack Media, Timeless Films
Género: Animación. Comedia. Infantil | Coches/Automovilismo. F1
Guion: Kirstie Falkous, Jeffrey Hylton, John T. Reynolds, Ben-Alexander Safier, Joe Vitale. Historia: David Ginnuttis, Ben-Alexander Safier
Animación
Dirección: Waldemar Fast
La historia se centra en Edda, una fanática de las carreras que sueña con convertirse en piloto y trabaja atendiendo en el parque de diversiones que posee su familia. Cuando la competencia automovilística llega a la ciudad, Edda desborda entusiasmo. Su ídolo, Ed, el más joven y exitoso de los pilotos, se apresta a enfrentar un nuevo desafío y ella estará allí, en primera fila, para presenciarlo. Pero no todo es almíbar. Edda es curiosa e incursiona en el Paddock, “toma prestado” el bólido del campeón, y se arriesga a conducirlo. El punto es que las consecuencias son trágicas: Ed queda lesionado cuando intenta impedir un accidente y solo hay una solución posible: que Edda ocupe su lugar en la competición.
Esta simpática cinta toma como punto de partida un sinfín de caricaturas. Cada piloto y su auto representa algún personaje especial, con características propias y una intención totalmente transparente. Por otro lado, el entorno de competición es puro glamour, parafraseando el mundo real de las competencias y esbozando claramente la línea farandulera cada vez más presente.
Lógicamente, tenemos a los buenos y a los malos, con puntos intermedios, claro está. Todo esto, además, está tras una gran capa de apariencias, de modo que no sea tan evidente lo que puede ser o no ser. Además, el guion entrelaza la historia familiar de los personajes con necesidades acuciantes -como la quiebra del parque o el pasado del joven campeón-, lo que introduce un contrapunto interesante a los sueños que tiene Edda y la ambición de Ed.
Con muchos valores involucrados, como la familia, el compañerismo y la amistad -a veces enfrentados a sus opuestos directos-, esta cinta se gana un espacio en la animación gracias a la fluidez de su desarrollo y a un colorido que llama la atención desde el primer momento. Locos efectos especiales y una velocidad extrema hacen que la película literalmente vuele y deje abiertas las puertas para nuevas aventuras. Ojalá volvamos a ver a estos carismáticos personajes, con nuevos paisajes y nuevos desafíos. El material existe y solo hay que “echar a correr” la imaginación.
Ficha técnica
Título original: Grand Prix of Europe
Año: 2025
Duración: 98 minutos
País: Alemania
Compañías: Coproducción Alemania-Reino Unido; MACK Magic, Mack Animation, Mack Media, Timeless Films
Género: Animación. Comedia. Infantil | Coches/Automovilismo. F1
Guion: Kirstie Falkous, Jeffrey Hylton, John T. Reynolds, Ben-Alexander Safier, Joe Vitale. Historia: David Ginnuttis, Ben-Alexander Safier
Animación
Dirección: Waldemar Fast
viernes, 30 de enero de 2026
Sirāt: trance en el desierto
Intensa. Aún no me repongo. Sirāt es una experiencia diferente, con creces.
La trama es sencilla, aunque extremadamente aguda. Un padre y su hijo buscan a su hija-hermana. Mar lleva meses desaparecida tras participar en fiestas rave en el desierto de Marruecos. Ambos están angustiados. Viajan buscando estos eventos multitudinarios, muestran su foto y dejan volantes; nadie sabe nada. No la reconocen. Pero las fiestas transitan por diferentes lugares; aún hay esperanza.
Comienza un movimiento de tropas. Llegan militares, todo debe terminar. Conminados a abandonar la zona, dos caravanas se separan de la línea y se dan a la fuga. Luis -Sergi López- y Esteban -Bruno Núñez Arjona- los siguen, asumiendo un riesgo que tal vez es la única opción para seguir buscando a Mar.
La travesía de padre e hijo ya no la realizan en solitario. Tonin -Tonin Janvier-, Jade -Jade Oukid-, Josh -Joshua Liam Henderson-, Stef -Stefania Gadda-, y Bigui -Richard Bellamy- ahora son sus guías. No es fácil la comunicación. Estos ravers se dejan llevar por el camino, no tienen un destino definido, son verdaderos nómades; ya encontrarán, tarde o temprano, un lugar donde quedar.
El tránsito a través del desierto se transforma en odisea. Cada paso involucra dificultades crecientes. Con el clima y la geografía como sus mayores peligros, la expedición prosigue su marcha hacia un incierto destino.
El director Oliver Laxe nos propone vivir una experiencia. Desde un inicio queda claro que lo suyo es la inmersión, sumergirnos en el mundo rave -desconocido totalmente para mí- como si fuéramos uno más. Y es un acierto la técnica que utiliza: se trata del sonido, tanto con su banda sonora como con la captación de cada mínimo detalle auditivo.
Notable resulta el diseño sonoro. La cinta comienza con ruidos ambientales, el viento soplando en el desierto y el armado de un conjunto de parlantes. Suena todo, clarísimo, como si estuviéramos allí, a dos pasos, insertos en el lugar. ¡Click, clack!, el sonido de los cables calzando al interior de los conectores, junto al roce de los cajones. En segundos pasamos del silencio absoluto al clamor ensordecedor de la música electrónica compuesta por Kangding Ray. Ritos, casi ancestrales, coexisten en esa monotonía rítmica, muchas veces carente de melodía y armonía. Es básica, instintiva y en ocasiones brutal. Son ritmos que parecen latidos, de desenfreno y que, simultáneamente, provocan anulación sensorial.
Sirāt podría clasificarse como una película de ruta pero es bastante más. Es una obra profunda, desgarradora, de esas incómodas de ver pero que se quedan en la retina. Se trata de un viaje con un objetivo que poco a poco se transforma, se deshace y deriva en algo diferente. Muchas vertientes confluyen, algunas evidentes y otras en extremo sutiles. Desde un conflicto armado que amenaza tener proporciones mundiales, hasta la profunda intimidad de cada uno de sus personajes en busca del sentido de la vida.
Dos aspectos para concluir. El primero, los actores, salvo López y Núñez Arjona, no son profesionales, lo que otorga un alto nivel de naturalidad a la obra. Segundo, la explicación en detalle del título: “dicen que para alcanzar el paraíso se debe cruzar un puente tendido sobre el infierno que es extremadamente fino y peligroso, tan delgado como un cabello y más afilado que una espada. Se denomina Sirāt y según indica la tradición islámica tanto justos como pecadores pasarán por este vertiginoso camino para alcanzar la salvación.”
Ficha técnica
Título original: Sirât
Año: 2025
Duración: 114 minutos
País: España
Compañías: Coproducción España-Francia; Filmes Da Ermida, El Deseo, Movistar Plus+, 4A4 Productions, Uri Films. Distribuidora: BTeam Pictures
Género: Drama. Intriga. Thriller | Road Movie. Secuestros / Desapariciones. Música
Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol
Música: Kangding Ray
Fotografía: Mauro Herce
Reparto: Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Tonin Janvier, Richard Bellamy
Dirección: Oliver Laxe
La trama es sencilla, aunque extremadamente aguda. Un padre y su hijo buscan a su hija-hermana. Mar lleva meses desaparecida tras participar en fiestas rave en el desierto de Marruecos. Ambos están angustiados. Viajan buscando estos eventos multitudinarios, muestran su foto y dejan volantes; nadie sabe nada. No la reconocen. Pero las fiestas transitan por diferentes lugares; aún hay esperanza.
Comienza un movimiento de tropas. Llegan militares, todo debe terminar. Conminados a abandonar la zona, dos caravanas se separan de la línea y se dan a la fuga. Luis -Sergi López- y Esteban -Bruno Núñez Arjona- los siguen, asumiendo un riesgo que tal vez es la única opción para seguir buscando a Mar.
La travesía de padre e hijo ya no la realizan en solitario. Tonin -Tonin Janvier-, Jade -Jade Oukid-, Josh -Joshua Liam Henderson-, Stef -Stefania Gadda-, y Bigui -Richard Bellamy- ahora son sus guías. No es fácil la comunicación. Estos ravers se dejan llevar por el camino, no tienen un destino definido, son verdaderos nómades; ya encontrarán, tarde o temprano, un lugar donde quedar.
El tránsito a través del desierto se transforma en odisea. Cada paso involucra dificultades crecientes. Con el clima y la geografía como sus mayores peligros, la expedición prosigue su marcha hacia un incierto destino.
El director Oliver Laxe nos propone vivir una experiencia. Desde un inicio queda claro que lo suyo es la inmersión, sumergirnos en el mundo rave -desconocido totalmente para mí- como si fuéramos uno más. Y es un acierto la técnica que utiliza: se trata del sonido, tanto con su banda sonora como con la captación de cada mínimo detalle auditivo.
Notable resulta el diseño sonoro. La cinta comienza con ruidos ambientales, el viento soplando en el desierto y el armado de un conjunto de parlantes. Suena todo, clarísimo, como si estuviéramos allí, a dos pasos, insertos en el lugar. ¡Click, clack!, el sonido de los cables calzando al interior de los conectores, junto al roce de los cajones. En segundos pasamos del silencio absoluto al clamor ensordecedor de la música electrónica compuesta por Kangding Ray. Ritos, casi ancestrales, coexisten en esa monotonía rítmica, muchas veces carente de melodía y armonía. Es básica, instintiva y en ocasiones brutal. Son ritmos que parecen latidos, de desenfreno y que, simultáneamente, provocan anulación sensorial.
Sirāt podría clasificarse como una película de ruta pero es bastante más. Es una obra profunda, desgarradora, de esas incómodas de ver pero que se quedan en la retina. Se trata de un viaje con un objetivo que poco a poco se transforma, se deshace y deriva en algo diferente. Muchas vertientes confluyen, algunas evidentes y otras en extremo sutiles. Desde un conflicto armado que amenaza tener proporciones mundiales, hasta la profunda intimidad de cada uno de sus personajes en busca del sentido de la vida.
Dos aspectos para concluir. El primero, los actores, salvo López y Núñez Arjona, no son profesionales, lo que otorga un alto nivel de naturalidad a la obra. Segundo, la explicación en detalle del título: “dicen que para alcanzar el paraíso se debe cruzar un puente tendido sobre el infierno que es extremadamente fino y peligroso, tan delgado como un cabello y más afilado que una espada. Se denomina Sirāt y según indica la tradición islámica tanto justos como pecadores pasarán por este vertiginoso camino para alcanzar la salvación.”
Ficha técnica
Título original: Sirât
Año: 2025
Duración: 114 minutos
País: España
Compañías: Coproducción España-Francia; Filmes Da Ermida, El Deseo, Movistar Plus+, 4A4 Productions, Uri Films. Distribuidora: BTeam Pictures
Género: Drama. Intriga. Thriller | Road Movie. Secuestros / Desapariciones. Música
Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol
Música: Kangding Ray
Fotografía: Mauro Herce
Reparto: Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Tonin Janvier, Richard Bellamy
Dirección: Oliver Laxe
¡Ayuda!
La premisa de esta película ya la hemos visto algunas veces; sin embargo, en manos del director Sam Raimi se siente diferente.
Linda Liddle -Rachel McAdams- es una destacada empleada del Departamento de Planificación y Estrategia de su empresa. Trabajadora obsesiva, sueña con obtener el ascenso que su jefe le ha prometido, pero él fallece y su hijo Bradley Preston -Dylan O'Brien- asume el puesto de CEO. Obviamente el escenario se modifica, ya que el joven líder tiene otros planes y Linda no encaja para nada.
Un viaje a Bangkok para concretar un negocio abre una puerta. A pesar de sus prejuicios, Bradley le da una oportunidad a Linda para que demuestre su valía; pero él está lejos de estar convencido y las burlas hacia ella, junto con la del resto de sus compañeros, no tardan en llegar. Pero ocurre lo inesperado: el pequeño Jet es alcanzado por un rayo, evento que desencadena un accidente que los deja varados en una isla desierta en medio del océano. Quedan solos: Linda y Bradley, nadie más. ¿Quién es ahora el jefe? Los roles se invierten -la premisa que señalaba al comienzo-, pues Linda lleva la batuta ahora y no solo se propone asegurar la supervivencia de ambos.
Sam Raimi filma un guion de Damian Shannon y Mark Swift que amenaza ser más de lo mismo. No obstante, las sorpresas, aunque tardan un poco en llegar, resultan muy bienvenidas.
Si la película comienza sobre un escenario plano, con mucha conversación y haciendo una caricatura de todas las situaciones, desde el accidente y la “nueva vida” en la isla, la dinámica cambia. Bien filmada y editada, lo típico deja de serlo paulatinamente, porque el metraje se va tiñendo de un humor negro bastante fino y especial.
Linda cuida a su jefe pero se sabe con ventaja. Y la aprovecha, porque honestamente quiere darle algunas lecciones de vida para aplacar su soberbia y altanera actitud. Por momentos, parece que lo consigue, en una especie de “venganza de los nerds”, sin embargo, hay cierta esencia en el ser humano que en verdad es muy difícil de modificar.
La dupla protagónica funciona bien. La química entre ambos es natural y fluida; no cansa que sobre sus hombros recaiga casi el 90% del metraje. Los estereotipos que ambos representan son exagerados, obviamente, pero a pesar de ello, los dos actores alcanzan puntos destacados al encarnar roles que podrían llegar a ser demasiado ficticios o fuera de lugar.
La partitura de Danny Elfman es un agrado, aunque nos deje con ganas de haber escuchado algo más. ¿Por qué? Por aquellos largos pasajes sin música que pueden ser un poco áridos, dado que los diálogos en esta cinta sobre apariencias, trabajo y condiciones personales, no logran llenar todos esos espacios.
En casi dos horas, “Send Help” se las arregla para mostrarse como una cinta interesante y diferente. De terror, poco, salvo unas escenas con jabalíes que parecen muy reales. Lo que sí tiene, en dosis mayores, es otra forma de miedo que podría ser aún más terrorífico si se llega a concretar. De hecho, el desenlace queda abierto a la reflexión y al juicio de los espectadores. ¿Qué haríamos en una situación como esa? ¿Damos lecciones o recibimos lecciones? ¿Nuestra esencia se mantiene o se modifica? Y como muestra, un botón.
Ficha técnica
Título original: Send Help
Año: 2026
Duración: 113 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Raimi Productions. Distribuidora: 20th Century Studios
Género: Terror. Thriller | Catástrofes. Supervivencia
Guion: Damian Shannon, Mark Swift
Música: Danny Elfman
Fotografía: Bill Pope
Reparto: Rachel McAdams, Chris Pang, Dylan O'Brien, Dennis Haysbert
Dirección: Sam Raimi
Linda Liddle -Rachel McAdams- es una destacada empleada del Departamento de Planificación y Estrategia de su empresa. Trabajadora obsesiva, sueña con obtener el ascenso que su jefe le ha prometido, pero él fallece y su hijo Bradley Preston -Dylan O'Brien- asume el puesto de CEO. Obviamente el escenario se modifica, ya que el joven líder tiene otros planes y Linda no encaja para nada.
Un viaje a Bangkok para concretar un negocio abre una puerta. A pesar de sus prejuicios, Bradley le da una oportunidad a Linda para que demuestre su valía; pero él está lejos de estar convencido y las burlas hacia ella, junto con la del resto de sus compañeros, no tardan en llegar. Pero ocurre lo inesperado: el pequeño Jet es alcanzado por un rayo, evento que desencadena un accidente que los deja varados en una isla desierta en medio del océano. Quedan solos: Linda y Bradley, nadie más. ¿Quién es ahora el jefe? Los roles se invierten -la premisa que señalaba al comienzo-, pues Linda lleva la batuta ahora y no solo se propone asegurar la supervivencia de ambos.
Sam Raimi filma un guion de Damian Shannon y Mark Swift que amenaza ser más de lo mismo. No obstante, las sorpresas, aunque tardan un poco en llegar, resultan muy bienvenidas.
Si la película comienza sobre un escenario plano, con mucha conversación y haciendo una caricatura de todas las situaciones, desde el accidente y la “nueva vida” en la isla, la dinámica cambia. Bien filmada y editada, lo típico deja de serlo paulatinamente, porque el metraje se va tiñendo de un humor negro bastante fino y especial.
Linda cuida a su jefe pero se sabe con ventaja. Y la aprovecha, porque honestamente quiere darle algunas lecciones de vida para aplacar su soberbia y altanera actitud. Por momentos, parece que lo consigue, en una especie de “venganza de los nerds”, sin embargo, hay cierta esencia en el ser humano que en verdad es muy difícil de modificar.
La dupla protagónica funciona bien. La química entre ambos es natural y fluida; no cansa que sobre sus hombros recaiga casi el 90% del metraje. Los estereotipos que ambos representan son exagerados, obviamente, pero a pesar de ello, los dos actores alcanzan puntos destacados al encarnar roles que podrían llegar a ser demasiado ficticios o fuera de lugar.
La partitura de Danny Elfman es un agrado, aunque nos deje con ganas de haber escuchado algo más. ¿Por qué? Por aquellos largos pasajes sin música que pueden ser un poco áridos, dado que los diálogos en esta cinta sobre apariencias, trabajo y condiciones personales, no logran llenar todos esos espacios.
En casi dos horas, “Send Help” se las arregla para mostrarse como una cinta interesante y diferente. De terror, poco, salvo unas escenas con jabalíes que parecen muy reales. Lo que sí tiene, en dosis mayores, es otra forma de miedo que podría ser aún más terrorífico si se llega a concretar. De hecho, el desenlace queda abierto a la reflexión y al juicio de los espectadores. ¿Qué haríamos en una situación como esa? ¿Damos lecciones o recibimos lecciones? ¿Nuestra esencia se mantiene o se modifica? Y como muestra, un botón.
Ficha técnica
Título original: Send Help
Año: 2026
Duración: 113 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Raimi Productions. Distribuidora: 20th Century Studios
Género: Terror. Thriller | Catástrofes. Supervivencia
Guion: Damian Shannon, Mark Swift
Música: Danny Elfman
Fotografía: Bill Pope
Reparto: Rachel McAdams, Chris Pang, Dylan O'Brien, Dennis Haysbert
Dirección: Sam Raimi
miércoles, 28 de enero de 2026
El día del fin del mundo: Migración
Una película de manual, delgada, más por la forma que tiene su realización que por su temática. Ojo aquí. Estos no son malos calificativos, por el contrario. Si una cinta se inscribe con ellos y logra su objetivo, perfecto. ¿Qué pasa en este caso? Veamos.
Han pasado cinco años desde los eventos catastróficos provocados por el cometa interestelar Clarke. La mayor parte del planeta Tierra fue destruido y con ello la civilización quedó reducida a una mínima expresión. El entorno se ha vuelto cada vez más caótico, pues las repentinas tormentas electromagnéticas, la precipitación radioactiva y los fuertes terremotos aún persisten con crudeza.
Cuando dejamos la historia, nuestros protagonistas se habían refugiado en Groenlandia -muy de moda en estos días-, en un búnker que hasta el momento los ha protegido adecuadamente de los peligros externos. Sin embargo, la constante inestabilidad causa fallos que ya no se pueden contener. Hay que desalojar, buscar otros cursos de acción. Deben pasar de ser quienes deciden quién se salva o no, a ser personas que claman por sobrevivir.
Desde ese instante, comienza el peregrinar -aquella migración, como dice el título- de esta familia compuesta por el ingeniero estructural John Garrity -Gerard Butler-, junto a su esposa Allison -Morena Baccarin-, y su hijo diabético Nathan -Roman Griffin Davis-. Como es de suponer, los peligros son múltiples a cada paso que dan, por lo que el viaje se transforma en una verdadera odisea en busca de la salvación.
Es tan fino el argumento que no vale la pena profundizar. No obstante, hay algunos puntos que podemos rescatar en el fondo de su propuesta. El primero es el comportamiento humano. Por ejemplo, la cinta esboza la tensión que surge cuando personas externas al búnker piden ser rescatados. ¿Los van a buscar o simplemente los dejan morir? La división interna es instantánea, algo que podemos perfectamente asimilar con los últimos flujos migratorios que bien conocemos en nuestras latitudes. En esta misma línea se inscribe el instinto de supervivencia, aunque sea pasando por encima al del lado. Solo cuenta lo propio; primero yo, segundo yo y tercero yo, un reflejo de la individualidad de los tiempos actuales.
En un segundo término, el filme roza conceptos como la discriminación y el valor transaccional que adquiere toda relación. Ya nada sería gratuito, todo sería por algo, lo que, en circunstancias catastróficas, adquiere una connotación que va más allá de cualquier discernimiento, valores o, simplemente, humanidad.
La película se desarrolla en forma completamente lineal. La angustia y la desesperación de ir superando obstáculos tras obstáculos hablan de la esperanza de una nueva vida. Por eso, el destino de la familia es el cráter Clarke, pues allí se supone que la vida se está regenerando en un reinicio, algo muy similar al evento de extinción del Cretácico-Paleógeno.
“Greenland 2: Migration” entretiene pero se olvida rápido. Más allá de eso, me quedo con algunos aspectos clave que siempre deberíamos poner en relieve. Uno de ellos es esa mano amiga que se tiende cuando la esperanza flaquea y ya todo parece perdido. Aún existe, pero cada vez más cuesta encontrarla. Lo segundo es la infinita capacidad de resiliencia que tenemos los seres humanos cuando somos sometidos a pruebas de envergadura mayor. Esta característica, que es esencialmente humana, nos distingue y, además, nos une. Debemos ser fuertes ante la adversidad, aunque la amenaza sea implacable y parezca que ya no queda nada más por hacer.
Ficha técnica
Título original: Greenland 2: Migration
Año: 2026
Duración: 98 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; ACE, G-BASE, Thunder Road Pictures, CineMachine Media Works, STX Entertainment. Distribuidora: Lionsgate
Género: Thriller. Acción | Familia. Catástrofes. Supervivencia. Fin del mundo. Secuela
Guion: Chris Sparling, Mitchell LaFortune
Música: David Buckley
Fotografía: Martin Ahlgren
Reparto: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis
Dirección: Ric Roman Waugh
Han pasado cinco años desde los eventos catastróficos provocados por el cometa interestelar Clarke. La mayor parte del planeta Tierra fue destruido y con ello la civilización quedó reducida a una mínima expresión. El entorno se ha vuelto cada vez más caótico, pues las repentinas tormentas electromagnéticas, la precipitación radioactiva y los fuertes terremotos aún persisten con crudeza.
Cuando dejamos la historia, nuestros protagonistas se habían refugiado en Groenlandia -muy de moda en estos días-, en un búnker que hasta el momento los ha protegido adecuadamente de los peligros externos. Sin embargo, la constante inestabilidad causa fallos que ya no se pueden contener. Hay que desalojar, buscar otros cursos de acción. Deben pasar de ser quienes deciden quién se salva o no, a ser personas que claman por sobrevivir.
Desde ese instante, comienza el peregrinar -aquella migración, como dice el título- de esta familia compuesta por el ingeniero estructural John Garrity -Gerard Butler-, junto a su esposa Allison -Morena Baccarin-, y su hijo diabético Nathan -Roman Griffin Davis-. Como es de suponer, los peligros son múltiples a cada paso que dan, por lo que el viaje se transforma en una verdadera odisea en busca de la salvación.
Es tan fino el argumento que no vale la pena profundizar. No obstante, hay algunos puntos que podemos rescatar en el fondo de su propuesta. El primero es el comportamiento humano. Por ejemplo, la cinta esboza la tensión que surge cuando personas externas al búnker piden ser rescatados. ¿Los van a buscar o simplemente los dejan morir? La división interna es instantánea, algo que podemos perfectamente asimilar con los últimos flujos migratorios que bien conocemos en nuestras latitudes. En esta misma línea se inscribe el instinto de supervivencia, aunque sea pasando por encima al del lado. Solo cuenta lo propio; primero yo, segundo yo y tercero yo, un reflejo de la individualidad de los tiempos actuales.
En un segundo término, el filme roza conceptos como la discriminación y el valor transaccional que adquiere toda relación. Ya nada sería gratuito, todo sería por algo, lo que, en circunstancias catastróficas, adquiere una connotación que va más allá de cualquier discernimiento, valores o, simplemente, humanidad.
La película se desarrolla en forma completamente lineal. La angustia y la desesperación de ir superando obstáculos tras obstáculos hablan de la esperanza de una nueva vida. Por eso, el destino de la familia es el cráter Clarke, pues allí se supone que la vida se está regenerando en un reinicio, algo muy similar al evento de extinción del Cretácico-Paleógeno.
“Greenland 2: Migration” entretiene pero se olvida rápido. Más allá de eso, me quedo con algunos aspectos clave que siempre deberíamos poner en relieve. Uno de ellos es esa mano amiga que se tiende cuando la esperanza flaquea y ya todo parece perdido. Aún existe, pero cada vez más cuesta encontrarla. Lo segundo es la infinita capacidad de resiliencia que tenemos los seres humanos cuando somos sometidos a pruebas de envergadura mayor. Esta característica, que es esencialmente humana, nos distingue y, además, nos une. Debemos ser fuertes ante la adversidad, aunque la amenaza sea implacable y parezca que ya no queda nada más por hacer.
Ficha técnica
Título original: Greenland 2: Migration
Año: 2026
Duración: 98 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido; ACE, G-BASE, Thunder Road Pictures, CineMachine Media Works, STX Entertainment. Distribuidora: Lionsgate
Género: Thriller. Acción | Familia. Catástrofes. Supervivencia. Fin del mundo. Secuela
Guion: Chris Sparling, Mitchell LaFortune
Música: David Buckley
Fotografía: Martin Ahlgren
Reparto: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis
Dirección: Ric Roman Waugh
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