Tal vez sea bueno saber poco de esta película antes de verla para entenderla mejor. Parece contradictorio, pero quizá podría ser parte del aura que el guionista y director Kleber Mendonça Filho imprime a este trabajo. Por eso, intentaré mencionar algunos puntos clave de la historia y luego trataré de descubrir las características que hacen de “El Agente Secreto” una cinta especial y el porqué de su nominación al Óscar como mejor película.
Sobre la historia, muy breve. Marcelo -Wagner Moura-, está en tránsito. Su destino es Recife y estamos en el año 1977. La escena inicial nos da el contexto en solo cinco minutos. En una gasolinera, prácticamente desierta, en medio de la nada, yace un hombre muerto en pleno carnaval brasileño. El protagonista debe cargar bencina, no tiene otra opción. Llega la policía, pero no a encargarse del cuerpo. ¿A qué van entonces? Marcelo, del que no sabemos nada, ni su origen ni su rumbo, queda a merced de lo que ocurra. ¿Escapa de algo, de alguien? ¿Está en peligro? ¿Quién es este personaje?
Lo anterior solo fue una introducción, pues la película se descompone en tres partes. La primera, “La pesadilla del chico”, la segunda “Instituto de Identificación”, y la última, “Transfusión de Sangre”. Desde un primer momento, sentimos que estamos en una mesa y nos tiran piezas de un rompecabezas por los cuatro costados. Vemos llegar a Marcelo a un lugar de acogida, y seguimos sin saber quién es y qué hace allí. Luego lo vemos incorporarse al trabajo de una oficina que maneja registros de personas, algo así como nuestro Registro Civil, e interactuar brevemente con sus suegros y su pequeño hijo.
La cinta sigue, y en paralelo se desarrolla otra historia, de un par de asesinos contratados por un hombre poderoso. Surgen algunas pistas, se abren más aristas. En una hora de metraje, la apertura de temas y personas es enorme. Las piezas siguen dispersas pero ya comenzamos a ver puntos de encaje, manteniendo el misterio, el suspenso y un estado de alerta permanente.
En la parte central comenzamos a encajar las piezas y vaya cómo calzan. Descubrimos al protagonista mediante una entrevista, accedemos a parte de su pasado, comprendemos algunos de sus temores y visualizamos las amenazas que se ciernen sobre él. La cinta sigue avanzando, lenta y sostenidamente, hacia un tercio final que resulta vibrante en intensidad activa y emocional.
Como cuesta desprenderse de la trama al escribir, la dejaré descansar para mencionar a algunos de los personajes que encontramos en el recorrido. Doña Sebastiana, la encargada de la casa de acogida; Euclides, el jefe de policía; Alexandre, el suegro de Marcelo; y Ghirotti, el oscuro y poderoso controlador en las sombras. Hay muchos más como Elza, Fátima, Hans y Claudia, pero profundizar en todos ellos significaría describir su papel y participación en la historia con mucho más detalle.
¿Qué es lo especial que tiene esta cinta?
Primero, la narración. En un estilo particular, el director no devela nunca todas las cartas. A través de situaciones y personajes secundarios muy bien compuestos, nos va sumergiendo en la época, en esos años finales de la dictadura en Brasil. La opresión se siente y la inseguridad cotidiana se vive; la sociedad, rota internamente, trata de salir adelante, a veces sin mirar hacia el lado. La desconfianza es total. Cada paso debe darse con cuidado, ya que cada esquina puede representar un peligro mortal.
En segundo término, la estética elegida para la filmación tiñe muy bien cada escena. Parece todo muy real, incluso cuando la temporalidad juega un papel fundamental en el engranaje argumental.
En tercer lugar, el ritmo que mantiene el metraje es siempre persistente. Se trata de una película larga, de más de dos horas y media, pero que logra avanzar sin valles intermedios que amenacen la tensión.
Finalmente, sobresale un gran sentido de humanidad. En la adversidad es cuando se conoce la realidad. Afloran allí los mejores sentimientos: esa fraternidad, ese cariño y esa preocupación visible en los pequeños gestos, esas miradas cómplices, esos abrazos furtivos y esas conversaciones breves e intensas que se guardan para siempre.
“El Agente Secreto”, seleccionada por Brasil para competir en los premios Óscar, se separa de su categoría de película internacional para integrar la lista de las principales cintas en competencia. Y lo hace por méritos propios, por ser una cinta diferente sobre un tema del que hemos visto muchas versiones y porque se trata de un trabajo íntimo, en el que se expresa con gestos e imágenes mucho más de lo que se logra decir con palabras. Esa dinámica de tensión social permanente está muy bien representada por todo el elenco, y su protagonista, Wagner Moura, destaca por su capacidad de transmitir emociones sin necesidad de grandes esfuerzos, de manera natural, construyendo un personaje del que costará desprenderse.
Un viaje de 158 minutos, a veces desgarrador, a veces jocoso, con anécdotas y mitos, con personajes entrañables y otros cuestionables. Un viaje profundo al interior de un tiempo de represión, no solo dictatorial sino también en otros ámbitos sociales, donde el poder, el dinero y la corrupción abundan y afectan lo más sagrado del ser humano.
Ficha técnica
Título original: O Agente Secreto
Año: 2025
Duración: 158 minutos
País: Brasil
Compañías: Coproducción Brasil-Francia-Alemania-Países Bajos (Holanda); CinemaScópio Produções, Itapoan, MK2 Films, Lemming Film, ONE TWO Films, arte France Cinéma
Género: Thriller. Drama. Intriga | Años 70. Dictadura militar de Brasil. Política. Paternidad
Guion: Kleber Mendonça Filho
Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza
Fotografía: Evgenia Alexandrova
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria, Robério Diógenes, Alice Carvalho, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Udo Kier
Dirección: Kleber Mendonça Filho

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