Un thriller clásico, de esos que resultan inquietantes hasta que se descubre la encrucijada. Y acá, tarda en llegar, lo que está perfecto, pero cuando se revela el misterio, se hace bastante predecible.
La joven Millie -Sydney Sweeney- necesita trabajar. Busca una oportunidad de empleo y se juega todas las cartas en una entrevista. Es recibida en una enorme casa, lejos de la gran ciudad, por una mujer de clase alta. Para Millie, obtener el trabajo significa todo, pues al arrastrar algunos problemas que no la dejan tranquila, la única opción que le queda es ser la empleada de esta lujosa mansión.
Cuando casi pierde las esperanzas, ocurre el milagro. Le dan el trabajo, pero Millie percibe signos extraños. Nina Winchester -Amanda Seyfried-, la dueña de casa, está feliz con su llegada. Sin embargo, su marido Andrew -Brandon Sklenar- no, y tampoco la hija pequeña, una niña consentida y manipuladora.
El comienzo resulta de dulce y de agraz, porque a la mañana siguiente Nina pierde el control. Al parecer se trata de un caso psiquiátrico. Ha dejado de tomar sus medicamentos y situaciones como esta se podrían dar con más frecuencia. Dice una cosa, luego se desdice; dice otra y vuelve atrás. No hay por dónde. Hasta aquí hay suspenso y una leve amenaza de terror, pero sin decantar.
Por supuesto, viene lo que tiene que venir. Andrew se fija en Millie y viceversa. La química brota de inmediato. Pero el pasado a ella la condena. Aun así, se ve transformada en una nueva Cenicienta y pasa a tener una vida soñada. Una salida inesperada, un hotel… bueno, ustedes saben…
No más revelaciones. La idea es descubrir la trama junto a los protagonistas para no matar la curiosidad. Más que mal, ese es el centro de la película: conectar con los personajes, saber qué ocultan y cómo se resolverá cada caso.
A partir de la novela de Freida McFadden, Rebecca Sonnenshine construye un guion entretenido. Tiene secretos, misterio, intereses, celos, algo de sexo y, sobre todo, intriga. Claro, queremos saber quiénes son estas personas que se van develando muy lentamente con el correr del metraje, lo que es coronado con un giro radical que no se ve venir pero se presiente. Sin usar todo el material disponible, pues deja algo para el final, la guionista nos atrapa y nos obliga a entender qué es lo que sucede.
Bien dirigida por Paul Feig, “The Housemaid” es una película de apariencias, perversiones, abuso y locura. Plantea claramente el tema del tenerlo todo con estrictas reglas versus la libertad, algo que, al final del día, se transforma en un verdadero juego del terror. Las actuaciones de Sydney Sweeney y Amanda Seyfried resultan efectivas, cada una adoptando un papel que obliga a la otra a superarse y apostar un poco más. Sweeney maneja varias facetas, desde una angelical e inocente juventud hasta un decidido y maduro comportamiento. Seyfried, por su parte, aporta solidez a un rol mucho más adulto que transita por fases y que varía según sus diferentes tipos de personalidades. Completando el trío protagónico, Brandon Sklenar, eje entre ambas mujeres, fija muy bien su posición al no mostrar nada más allá de lo necesario, guardando más de una sorpresa para el decisivo tercio final.
“La Empleada”, en un poco más de dos horas, entrega una trama llena de oscuros secretos que nos mantendrán inquietos y expectantes. ¡Y atención! Aunque muchas secciones las podamos prever, igual no deja de sorprender el final.
Ficha técnica
Título original: The Housemaid
Año: 2025
Duración: 130 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Feigco Entertainment, Hidden Pictures, Lionsgate. Distribuidora: Lionsgate
Género: Thriller | Thriller psicológico
Guion: Rebecca Sonnenshine. Novela: Freida McFadden
Música: Theodore Shapiro
Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Elizabeth Perkins
Dirección: Paul Feig
