¡Qué introducción! Cada detalle en su lugar y una perspectiva con personaje central: la entrañable casa familiar.
Con la “Sinfonía Fantástica” de Berlioz de fondo, observamos a Nora Borg -Renate Reinsve-, una joven actriz que hace frente a sus demonios. Sufre parálisis teatral; intenta despegar y no puede, sin embargo, cuando se repone consigue un éxito rotundo. Su hermana, Agnes -Inga Ibsdotter Lilleaas-, parece ser la otra cara de la moneda. Ella es una mujer tranquila, con un matrimonio estable. Cría a un hijo pequeño, tan travieso como inquieto.
El escenario de estas hermanas se modifica radicalmente al morir su madre. De manera imprevista regresa su padre, Gustav Borg -Stellan Skarsgård-, un célebre director de cine que lleva años alejado de sus hijas sin dar señales de vida. En ese momento, la casa cobra todavía más protagonismo, no solo por los ritos fúnebres, sino porque el refugio ha sido mudo testigo de varias generaciones y tal parece que el ciclo familiar estaría llegando a su fin.
La visita de Gustav no solo es personal. Transcurridos quince años desde su última película, tiene en sus manos un nuevo proyecto fílmico que retrata una intimidad familiar, la propia, la de su familia. Por eso, desea que Nora sea la protagonista, se lo propone directamente, pero ella, en forma tajante, lo rechaza. Como Gustav está decidido a concretar la película, recurre a Rachel Kemp -Elle Fanning-, una exitosa actriz norteamericana con la que coincide en un reconocido festival.
El director Joachim Trier construye un relato profundo y melancólico sobre la vida. Con personajes delineados, claros e intrigantes, aborda varias décadas de emociones y frustraciones familiares. Tenemos historias paralelas, cada una con sus propios detalles y líneas: la del director, la de sus dos hijas (juntas y separadas) y la de la promisoria actriz, oportuna protagonista de su filme. Pero eso no es todo, también está presente la industria del cine (y un guiño a Netflix como productora omnipresente), además de varias otras aristas sobre el proceso de confección cinematográfica.
Trier se apoya en múltiples elementos para narrar esta historia. El más claro es la casa, pero no es solo su estructura física ya que le entrega un significado aún mayor, de permanencia, de base, de solidez. Surge de inmediato, y casi sin advertirlo, ese contraste respecto a su familia. Y eso duele. La relación se encuentra dañada; quebrada.
“Los personajes son para no ser uno mismo”, parece una frase suelta, pero cuando se trata de narrar la vida, la propia, ¿dónde está el límite? Las relaciones pasan a ser, entonces, lo más importante. Sin embargo, acá están rotas y casi no existen. Se deben limpiar, rehacer, reconstruir. O tal vez elaborar algo nuevo, dejando de lado las recriminaciones y centrándose en el arrepentimiento verdadero. ¡Qué ardua y difícil tarea!
Joachim Trier reflexiona sobre la vida cruzando innumerables ámbitos. Y la expone con mucho nervio, en forma artística, abarcando dimensiones que se tornan difusas con el correr del metraje. Su estilo constituye un modo de expresar intimidad que, en ocasiones, genera pudor por sentirse viendo algo tremendamente reservado. La tristeza inunda el espacio. Lo que no resuelto ahoga. ¿Y el futuro? No existe. Únicamente tenemos el presente y el pasado. Nada más.
Trier ahonda todavía más en el daño causado por relaciones familiares mal llevadas. La sensación es de incomodidad permanente, una dolorosa lejanía cuya sanación solo puede ser producto de la honestidad y de la valentía para reconocer acciones, omisiones y, naturalmente, los errores.
“Valor Sentimental” es una película que posee muchísimas capas, a las que podemos llegar desde muchas vertientes. Cada cuadro, cada toma, cada silencio está dispuesto con delicadeza extrema. Cada corte y cada detalle confeccionado con sutileza, sin nada al azar, ubicado donde corresponde, con gran sintonía. ¡Y qué decir de su música! Espléndida.
Una escena particular produce un cambio fundamental. Se trata del encuentro entre las dos hermanas con el guion de la película como elemento central. Tras años de caminos divergentes, se reencuentran. Surge acá un punto de inflexión, en este cambio, en esta transformación.
En algo más de dos horas, Joachim Trier nos brinda una mirada personal y profunda al interior de los sentimientos de sus protagonistas. Son mucho más importantes los silencios, las miradas y lo que no se dice, que aquello que está expresamente dibujado en pantalla a través de imágenes y textos.
No en vano se dice que las crisis son oportunidades. Identificarlas es, tal vez, la mayor dificultad, porque significa admitir vulnerabilidad, pero ese reconocimiento es absolutamente necesario para renovar, rehacer y recomponer lo esencial: nuestros vínculos emocionales y, tal como señala el título, su valor sentimental.
¡Imperdible!
Ficha técnica
Título original: Sentimental Value
Año: 2025
Duración: 135 minutos
País: Noruega
Compañías: Coproducción Noruega-Francia-Dinamarca-Alemania-Reino Unido; MER Film, Eye Eye Pictures, Lumen Production, Komplizen Film, BBC Film, Zentropa Productions, MK2 Productions
Género: Drama | Familia. Cine dentro del cine
Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt
Música: Hania Rani
Fotografía: Kasper Tuxen
Reparto: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas, Elle Fanning
Dirección: Joachim Trier

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