Disponible en Netflix.
Basada en la obra “Ma Rainey's Black Bottom”, escrita en 1982 por August Wilson, esta cinta narra la historia de la popular voz del blues, Ma Rainey, quien, junto a su banda, destina una tarde completa a la grabación de un nuevo disco. Corren los años 20 y la ciudad es Chicago. Ma Rainey -Viola Davis-, llega tarde a la sesión, la banda ya ha arribado y, mientras esperan, el inquieto trompetista Levee -Chadwick Boseman- no solo está ansioso por comenzar a grabar.
La tensión se percibe desde el minuto uno y el ambiente se corta con tijera. Ma Rainey no solo se enfrasca en discusiones con su manager y productor blanco -requiere una Coca Cola helada y no transa que su sobrino tartamudo recite la introducción de un tema- sino que también debe lidiar con el joven, entusiasta y ambicioso Levee. Los espacios cerrados y la molesta espera acrecientan el calor que se siente en lugar, tanto en el ambiente como en el argumento. Surgen conflictos, historias, por supuesto hay temas no resueltos y un pasado que, poco a poco, va quedando al descubierto. Entremedio prosigue la música y la grabación. Ma se sabe la mejor, domina la escena con su voz, impone su voluntad mientras Levee sueña despierto, posa su mirada en Dussie Mae -Taylour Paige-, la joven novia de Ma, y no mide consecuencias.
Con actuaciones sobresalientes y monólogos profundos, la película se sumerge en dos personalidades fuertes que chocan como grandes tanques pero en niveles diferentes. Corresponde a la filmación de una obra de teatro donde el enclaustramiento juega un papel determinante. Y no solo físico, mental y por cierto racial. Planos agobiantes y secuencias asfixiantes entregan aun más tensión a un relato que tiene sus puntos más altos en la construcción de las personalidades de todos sus protagonistas.
La historia está marcada por el racismo y la histórica exclusión afroamericana. La música es probablemente la única oportunidad que tienen para poder surgir -o al menos sobrevivir- en un mundo dominado por blancos. ¡Y vaya posibilidad! El talento es evidente y la fuerza que genera es intensa. La segregación y discriminación se equilibran con el anhelo de demostrar su valía desde el arte, desde la emoción, con musicalidad y convicción. Los solos vocales e instrumentales son plegarias, tal vez única opción para expresarse contra las burlas, la incesante dominación y las conveniencias económicas que busca la industria musical de la época.
La película es tremendamente profunda. Conmueve la actuación de Chadwick Boseman, última antes de fallecer en Agosto pasado. Su furiosa emotividad a flor de piel provoca también tensión. Compenetrado en su personaje, trasluce una fuerza extremadamente difícil de contrarrestar. Cuando está en escena llena la pantalla, estando solo o acompañado, hablando, gritando blasfemas o tocando su inseparable trompeta. Impacta la declamación de sus líneas, su acento, su carisma, su voz interior. El logro de Boseman es mayúsculo, configura una brillante actuación. Por su parte, Viola Davis sencillamente se transforma en Ma Rainey, es Ma Rainey. ¡Quién mejor que Davis para el rol! Con una caracterización asombrosa, la joven actriz entrega vida a una artista que impone su estilo tanto en el blues como en la música popular de la época y también en años posteriores.
El guion -basado en ese texto acertado, preciso y profundo de August Wilson- no deja de lado la hermandad de las personas de color. Su dolor, su dignidad y también sus conflictos. Hay una realidad innegable, tensiones brutales, posiciones arriesgadas, acciones impredecibles. El grupo viene del sur, Georgia, y llegan al norte, Chicago. Quieren huir de la segregación pero se encuentran con algo similar o tal vez peor. Es la cruda historia de una discriminación que persiste hasta nuestros días.
“Ma Rainey's Black Bottom” es una historia de músicos que buscan reconocimiento a nivel personal, primero como seres humanos y luego como artistas. La soberbia en ellos está presente y no es poca. También el orgullo, válidos mecanismos de defensa que les lleva a tomar decisiones de las que pueden arrepentirse posteriormente. No obstante aquello, la cinta pone de manifiesto la pasión e influencia que personajes con estas características y cualidades pueden ejercer sobre su entorno. La música es el hilo conductor, es el relato, es el fin y también el medio. Constituye quizá, el único canal de expresión que les permite salir de la oscuridad y defender así, cabalmente, su propia dignidad.
Ficha técnica
Título original: Ma Rainey's Black Bottom
Año: 2020
Duración: 94 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Netflix (Productor: Denzel Washington) (Distribuidora: Netflix)
Género: Drama | Biográfico. Música. Años 20. Racismo
Guion: Ruben Santiago-Hudson (Obra: August Wilson )
Música: Branford Marsalis
Fotografía: Tobias A. Schliessler
Reparto: Viola Davis, Chadwick Boseman, Glynn Turman, Colman Domingo, Joshua Harto, Taylour Paige, Jonny Coyne, Jeremy Shamos, Michael Potts, Scott Matheny, Dusan Brown, Phil Nardozzi, Daniel Johnson, Roger Petan, Ron L. Haynes, William Kania, Gregory Bromfield, Jordan Rhone, DaJuan Rippy, Antonio Fierro, Tony Amen, Shane McNair, Jacob Wright, Chris McCail, Malik Abdul Khaaliq, Sierra Stewart, Patrick Raffaele, Brent Feitl, Eric Sharpe, Remington Sinclair
Dirección: George C. Wolfe
jueves, 31 de diciembre de 2020
miércoles, 30 de diciembre de 2020
Tyrel
Disponible en centroartealameda.tv
Una fiesta de cumpleaños en una cabaña en el medio del bosque es el destino que tienen Tyler -Jason Mitchell- y Johnny -Christopher Abbott-. Se reunirán pronto con el resto de sus amigos para pasar un fin de semana libre y sin restricciones de ninguna especie. No les es fácil llegar al lugar. Un manto de nieve extendido, el frío y la ubicación montañosa, hacen más complicado un desafío, que luego de una larga travesía logran completar. Comienza, entonces, el esperado encuentro.
Desde un inicio percibimos en Tyrel su manifiesta incomodidad. El encierro junto al grupo le produce angustia y agobio. Es el único afroamericano. Todos los demás son blancos y lo hacen notar, con gestos, frases, chistes y también con actitudes. Tyrel lo reconoce al instante, se siente objeto de discriminación, separación, y exclusión.
Escrita y dirigida por Sebastián Silva, la cinta juega con la sensación permanente de que algo va a suceder. Como una bomba de tiempo, sabemos que está allí pero no sabemos cuándo estallará. Y no es solo racismo, es la separación de quien es distinto, es la exclusión del más vulnerable, sea quien sea, es la presión del grupo, es el ambiente tóxico que genera la reunión.
Ante lo inevitable, Tyrel se queda sin herramientas. No sabe cómo actuar. ¿Se enfrenta? ¿Busca escape?
De cara a una realidad que le sofoca y le molesta, Tyrel intenta lo que tiene más a mano, trata de no vincularse, se hace el dormido, toma en exceso, intenta borrarse, evita en lo posible cualquier contacto, pero sus esfuerzos resultan inútiles.
La amistad del grupo es solo aparente. Tyrel no conoce a nadie -salvo a su amigo- y ellos tampoco le conocen. Un ambiente propicio para dejarse llevar sin poner límites. ¿Tyrel debe aceptarlo, así, sin más? Si lo hace, transgrede su propia integridad; si no lo hace, se hunde rápidamente.
La reunión sube de tono y se hace insoportable. Son extremos, literalmente blanco y negro. La voluntad individual superada por la circunstancia. ¿Huye? ¿Se rebela?
“Tyrel” es incómoda, genera agobio. Las conversaciones son extensas, la abundancia de texto abruma. La cinta apela al desgarro. Pese a eso, empatizamos con el protagonista. ¿Qué pasará? No sabemos, pero tenemos certeza que es solo cosa de tiempo. Vemos, entonces, el entorno que determina el actuar. Podemos reflexionar al respecto. Volvemos a preguntar, ¿se defiende, se mantiene firme, escapa?
La cinta provee demasiadas preguntas. Nos expone a una situación desagradable y con ello nos logra involucrar. Nos hace sentir lo que le pasa al protagonista. Nos excluye, nos violenta, nos angustia. Eso es, sin duda, mérito del guion de Silva -estructurado, tipo reality, improvisado, en parte o todo aquello, no lo sabemos-, y también gracias a su inquietante cámara -y claustrofóbica fotografía- que, siempre intranquila, no permite que la tensión ceda en ningún momento. Por eso traspasa la sensación creciente e interna, de un volcán a punto de estallar. Silva maneja los tiempos y también nos maneja a nosotros. Son solo 86 minutos, sin embargo la presión que genera permanece mucho más.
Ficha técnica
Título original: Tyrel
Año: 2018
Duración: 86 minutos
País: Estados Unidos
Género: Drama | Cine independiente USA. Racismo
Guion: Sebastián Silva
Fotografía: Alexis Zabé
Reparto: Jason Mitchell, Caleb Landry Jones, Michael Cera, Christopher Abbott, Michael Zegen, Philip Ettinger, Roddy Bottum
Dirección: Sebastián Silva
Una fiesta de cumpleaños en una cabaña en el medio del bosque es el destino que tienen Tyler -Jason Mitchell- y Johnny -Christopher Abbott-. Se reunirán pronto con el resto de sus amigos para pasar un fin de semana libre y sin restricciones de ninguna especie. No les es fácil llegar al lugar. Un manto de nieve extendido, el frío y la ubicación montañosa, hacen más complicado un desafío, que luego de una larga travesía logran completar. Comienza, entonces, el esperado encuentro.
Desde un inicio percibimos en Tyrel su manifiesta incomodidad. El encierro junto al grupo le produce angustia y agobio. Es el único afroamericano. Todos los demás son blancos y lo hacen notar, con gestos, frases, chistes y también con actitudes. Tyrel lo reconoce al instante, se siente objeto de discriminación, separación, y exclusión.
Escrita y dirigida por Sebastián Silva, la cinta juega con la sensación permanente de que algo va a suceder. Como una bomba de tiempo, sabemos que está allí pero no sabemos cuándo estallará. Y no es solo racismo, es la separación de quien es distinto, es la exclusión del más vulnerable, sea quien sea, es la presión del grupo, es el ambiente tóxico que genera la reunión.
Ante lo inevitable, Tyrel se queda sin herramientas. No sabe cómo actuar. ¿Se enfrenta? ¿Busca escape?
De cara a una realidad que le sofoca y le molesta, Tyrel intenta lo que tiene más a mano, trata de no vincularse, se hace el dormido, toma en exceso, intenta borrarse, evita en lo posible cualquier contacto, pero sus esfuerzos resultan inútiles.
La amistad del grupo es solo aparente. Tyrel no conoce a nadie -salvo a su amigo- y ellos tampoco le conocen. Un ambiente propicio para dejarse llevar sin poner límites. ¿Tyrel debe aceptarlo, así, sin más? Si lo hace, transgrede su propia integridad; si no lo hace, se hunde rápidamente.
La reunión sube de tono y se hace insoportable. Son extremos, literalmente blanco y negro. La voluntad individual superada por la circunstancia. ¿Huye? ¿Se rebela?
“Tyrel” es incómoda, genera agobio. Las conversaciones son extensas, la abundancia de texto abruma. La cinta apela al desgarro. Pese a eso, empatizamos con el protagonista. ¿Qué pasará? No sabemos, pero tenemos certeza que es solo cosa de tiempo. Vemos, entonces, el entorno que determina el actuar. Podemos reflexionar al respecto. Volvemos a preguntar, ¿se defiende, se mantiene firme, escapa?
La cinta provee demasiadas preguntas. Nos expone a una situación desagradable y con ello nos logra involucrar. Nos hace sentir lo que le pasa al protagonista. Nos excluye, nos violenta, nos angustia. Eso es, sin duda, mérito del guion de Silva -estructurado, tipo reality, improvisado, en parte o todo aquello, no lo sabemos-, y también gracias a su inquietante cámara -y claustrofóbica fotografía- que, siempre intranquila, no permite que la tensión ceda en ningún momento. Por eso traspasa la sensación creciente e interna, de un volcán a punto de estallar. Silva maneja los tiempos y también nos maneja a nosotros. Son solo 86 minutos, sin embargo la presión que genera permanece mucho más.
Ficha técnica
Título original: Tyrel
Año: 2018
Duración: 86 minutos
País: Estados Unidos
Género: Drama | Cine independiente USA. Racismo
Guion: Sebastián Silva
Fotografía: Alexis Zabé
Reparto: Jason Mitchell, Caleb Landry Jones, Michael Cera, Christopher Abbott, Michael Zegen, Philip Ettinger, Roddy Bottum
Dirección: Sebastián Silva
martes, 29 de diciembre de 2020
Fierce
Disponible en Netflix.
El programa de televisión "Music Race”, causa furor gracias a la cobertura y éxito entre su audiencia. El jurado está compuesto por tres personalidades de la farándula; un popular excantante llamado Olo -Adrian Majewski-, una “influencer” de redes sociales, Ewa Dykty -Julia Kaminska- y Urszula Dudziak, quien se interpreta a sí misma. Para encontrar nuevos talentos, organizan un casting en el pueblo natal de Olo, donde vive Marta -Katarzyna Sawczuk-, una joven adolescente que, aparte de cantar muy bien, se rebela producto de su lazo filial con el principal jurado y decide ingresar hasta las entrañas del popular programa.
Esta cinta polaca dirigida por Anna Wieczur-Bluszcz tiene como premisa una referencia equívoca. Señala en su breve reseña que “una joven cantante causa sensación con su actuación en un popular concurso de talentos, pero su verdadera intención es ganarse el cariño de su padre, miembro del jurado”. Al leer esto, nos hacemos una idea sobre la trama y esperamos que se desarrolle según esta directriz, sin embargo, la sentencia no es correcta. ¿Por qué? Veamos.
Si bien es cierto que desde un comienzo sabemos que “Ostra” -así apodan a Marta- es hija de Olo, quien abandonó a su madre antes que ella naciera, no tenemos referencias mayores al respecto. Parece algo olvidado en la familia, aunque el resentimiento persiste y la herida aun está sin cicatrizar. Lo que reabre el asunto es la presencia de Olo en el pueblo y principalmente su arrogancia e indiferencia. Debido a ello, el desafío que Marta se impone es demostrarle a su padre que ella puede conquistar su espacio, perseguir su sueño, es decir, no busca ganarse su cariño. Al contrario, su rebeldía la enfrenta con Olo, porque literalmente no quiere saber nada de quien no pensó jamás en ella y la abandonó sin siquiera conocerla.
La temática de esta película es interesante. Si bien la historia no es original y la hemos visto desarrollada en muchas oportunidades, el formato en que se presenta entrega una nueva oportunidad. En ese sentido, el interés que despierta es genuino aunque su desarrollo nos confunda en el camino.
El guion gasta mucho tiempo, digamos dos tercios, en la presentación de situaciones y en el desarrollo de hechos que se sostienen en el conflicto principal, es decir, lo que le sucede a esta hija frente a esta distante y arrogante figura paterna. Es cierto, no es poco, pero no explora mucho más allá. El personaje de Olo carece de profundidad y emoción. Marta y su madre, tampoco aportan mayores cuotas de tensión. Solo la abuela de Marta parece tener algo para descubrir pero se queda a medio camino. Por otro lado, los otros dos jurados, la mediática Ewa, pareja de Olo, junto a la entusiasta Urszula, participan efusivamente del show pero no tienen gran incidencia en la trama.
El punto de inflexión llega tarde. El conflicto se desata cuando queda un tercio de metraje. Tarde, porque en muy poco tiempo comienza a suceder todo, algo así como “corramos que se nos acaba el tiempo”. Frenéticamente, el guion debe ir cerrando todo lo que previamente abrió y no queda demasiado espacio para hacerlo con “calma y buena letra”. Se siente forzado este tercio final, como una decisión arriesgada, porque no calza la premura del relato con el espacio necesario para que elabore una buena conclusión.
Existen en esta cinta otras temáticas importantes que también quedan al debe. Por ejemplo la fama temprana, la sobre exposición, el aprovechamiento de la imagen, la conveniencia mientras gane puntos gracias al éxito de otro, lo desechable cuando se cae en desgracia, la discriminación, la amistad por conveniencia, etc… También, no deja de llamar la atención la referencia al pueblo como “basural”. Es un lugar pequeño, es cierto, pero con un entorno precioso y una aparente vida tranquila y normal. Tal vez es exagerado, claro, porque es posible que en un pueblo así no existan las oportunidades que hay en una capital o en una ciudad de mayor envergadura, pero ¿llamarlo “basural”…?
“Jak zostac gwiazda” -cómo convertirse en una estrella-, se deja ver a pesar de sus baches narrativos. Quedémonos con las temáticas más que con su desarrollo, con las transformaciones de sus protagonistas más que con sus actuaciones, con la crítica a la farándula más que con su despliegue escénico. En síntesis, rescatemos lo invisible de un relato que pudo ser mejor aprovechado y que se quedó en el intento.
Ficha técnica
Título original: Jak zostac gwiazda
Año: 2020
Duración: 118 minutos
País: Polonia
Productora: ATM Grupa S.A, Polski Instytut Sztuki Filmowej
Género: Comedia | Música. Familia
Guion: Piotr Jasek, Julia Kaminska, Wojciech Nerkowski
Música: Sarsa Markiewicz
Fotografía: Witold Plociennik
Reparto: Julia Kaminska, Tomasz Karolak, Adrian Majewski, Maria Pakulnis, Michal Piprowski, Katarzyna Sawczuk, Wojciech Solarz, Anita Sokolowska, Barbara Wypych, Maciej Zakoscielny, Mariusz Bindula, Sonia Bohosiewicz, Aleksandra Boron, Mateusz Burdach, Michal Buszmicz, Mikolaj Cieslak, Robby Cyron, Malwina Dubowska, Gloria Faron, Jakub Gasowski, Remigiusz Jankowski, Kacper Lech
Dirección: Anna Wieczur-Bluszcz
El programa de televisión "Music Race”, causa furor gracias a la cobertura y éxito entre su audiencia. El jurado está compuesto por tres personalidades de la farándula; un popular excantante llamado Olo -Adrian Majewski-, una “influencer” de redes sociales, Ewa Dykty -Julia Kaminska- y Urszula Dudziak, quien se interpreta a sí misma. Para encontrar nuevos talentos, organizan un casting en el pueblo natal de Olo, donde vive Marta -Katarzyna Sawczuk-, una joven adolescente que, aparte de cantar muy bien, se rebela producto de su lazo filial con el principal jurado y decide ingresar hasta las entrañas del popular programa.
Esta cinta polaca dirigida por Anna Wieczur-Bluszcz tiene como premisa una referencia equívoca. Señala en su breve reseña que “una joven cantante causa sensación con su actuación en un popular concurso de talentos, pero su verdadera intención es ganarse el cariño de su padre, miembro del jurado”. Al leer esto, nos hacemos una idea sobre la trama y esperamos que se desarrolle según esta directriz, sin embargo, la sentencia no es correcta. ¿Por qué? Veamos.
Si bien es cierto que desde un comienzo sabemos que “Ostra” -así apodan a Marta- es hija de Olo, quien abandonó a su madre antes que ella naciera, no tenemos referencias mayores al respecto. Parece algo olvidado en la familia, aunque el resentimiento persiste y la herida aun está sin cicatrizar. Lo que reabre el asunto es la presencia de Olo en el pueblo y principalmente su arrogancia e indiferencia. Debido a ello, el desafío que Marta se impone es demostrarle a su padre que ella puede conquistar su espacio, perseguir su sueño, es decir, no busca ganarse su cariño. Al contrario, su rebeldía la enfrenta con Olo, porque literalmente no quiere saber nada de quien no pensó jamás en ella y la abandonó sin siquiera conocerla.
La temática de esta película es interesante. Si bien la historia no es original y la hemos visto desarrollada en muchas oportunidades, el formato en que se presenta entrega una nueva oportunidad. En ese sentido, el interés que despierta es genuino aunque su desarrollo nos confunda en el camino.
El guion gasta mucho tiempo, digamos dos tercios, en la presentación de situaciones y en el desarrollo de hechos que se sostienen en el conflicto principal, es decir, lo que le sucede a esta hija frente a esta distante y arrogante figura paterna. Es cierto, no es poco, pero no explora mucho más allá. El personaje de Olo carece de profundidad y emoción. Marta y su madre, tampoco aportan mayores cuotas de tensión. Solo la abuela de Marta parece tener algo para descubrir pero se queda a medio camino. Por otro lado, los otros dos jurados, la mediática Ewa, pareja de Olo, junto a la entusiasta Urszula, participan efusivamente del show pero no tienen gran incidencia en la trama.
El punto de inflexión llega tarde. El conflicto se desata cuando queda un tercio de metraje. Tarde, porque en muy poco tiempo comienza a suceder todo, algo así como “corramos que se nos acaba el tiempo”. Frenéticamente, el guion debe ir cerrando todo lo que previamente abrió y no queda demasiado espacio para hacerlo con “calma y buena letra”. Se siente forzado este tercio final, como una decisión arriesgada, porque no calza la premura del relato con el espacio necesario para que elabore una buena conclusión.
Existen en esta cinta otras temáticas importantes que también quedan al debe. Por ejemplo la fama temprana, la sobre exposición, el aprovechamiento de la imagen, la conveniencia mientras gane puntos gracias al éxito de otro, lo desechable cuando se cae en desgracia, la discriminación, la amistad por conveniencia, etc… También, no deja de llamar la atención la referencia al pueblo como “basural”. Es un lugar pequeño, es cierto, pero con un entorno precioso y una aparente vida tranquila y normal. Tal vez es exagerado, claro, porque es posible que en un pueblo así no existan las oportunidades que hay en una capital o en una ciudad de mayor envergadura, pero ¿llamarlo “basural”…?
“Jak zostac gwiazda” -cómo convertirse en una estrella-, se deja ver a pesar de sus baches narrativos. Quedémonos con las temáticas más que con su desarrollo, con las transformaciones de sus protagonistas más que con sus actuaciones, con la crítica a la farándula más que con su despliegue escénico. En síntesis, rescatemos lo invisible de un relato que pudo ser mejor aprovechado y que se quedó en el intento.
Ficha técnica
Título original: Jak zostac gwiazda
Año: 2020
Duración: 118 minutos
País: Polonia
Productora: ATM Grupa S.A, Polski Instytut Sztuki Filmowej
Género: Comedia | Música. Familia
Guion: Piotr Jasek, Julia Kaminska, Wojciech Nerkowski
Música: Sarsa Markiewicz
Fotografía: Witold Plociennik
Reparto: Julia Kaminska, Tomasz Karolak, Adrian Majewski, Maria Pakulnis, Michal Piprowski, Katarzyna Sawczuk, Wojciech Solarz, Anita Sokolowska, Barbara Wypych, Maciej Zakoscielny, Mariusz Bindula, Sonia Bohosiewicz, Aleksandra Boron, Mateusz Burdach, Michal Buszmicz, Mikolaj Cieslak, Robby Cyron, Malwina Dubowska, Gloria Faron, Jakub Gasowski, Remigiusz Jankowski, Kacper Lech
Dirección: Anna Wieczur-Bluszcz
lunes, 28 de diciembre de 2020
El Secreto: atrévete a soñar
Disponible en Netflix.
Inspirada en el libro “El Secreto”, de Rhonda Byrne, esta cinta dirigida por Andy Tennant, narra la historia de Miranda Wells -Katie Holmes-, quien debe sacar adelante a sus tres hijos luego de enviudar hace cinco años. Trabaja duro, sin embargo su salario no le alcanza para los gastos familiares. Su novio, Tucker -Jerry O'Connell-, es también su jefe, sin embargo en cuatro años aun no formalizan nada, mientras la vida de Miranda es consumida por la desesperanza.
En vísperas de una gran tormenta, llega a la ciudad un extraño visitante. Se trata de Bryan -Josh Lucas-, un hombre que trae un sobre para Miranda. No lo deja en su casa porque necesita hablar con ella, explicarlo. Coincidentemente -y acá comienzan todos los puntos de encuentro-, Miranda, en un descuido, choca la camioneta de Bryan. Él no se hace problema, le ofrece ayuda y la acompaña a su casa sin saber que se trata de la misma persona que ha venido a buscar.
La cinta es sencilla y predecible. Lógicamente, se forma un triángulo de tensión entre Miranda, Tucker y el recién llegado. Y no es porque haya un interés romántico de este último, sino que es naturalmente lo que sucede luego de su generosa oferta para arreglar el techo destrozado de la casa luego de las consecuencias del temporal. Es inevitable que Tucker se ponga celoso y que por ello acelere decisiones y compromisos. También es inevitable que Miranda se confunda, sobre todo si no está del todo segura de sus sentimientos.
El mensaje de la cinta es positivo y esperanzador. Tal como en el libro, la premisa es concentrarse en atraer aquello que se desea. Para eso, indudablemente, primero se debe saber qué es lo que realmente se quiere. La confusión de Miranda es evidente, parece que ella atrae solo lo negativo.
La bondad del visitante es difícil de entender. No conocemos quién es, de dónde proviene ni cuáles son sus intenciones. Solo vemos que se trata de un hombre generoso, que está dispuesto a ayudar sin esperar recompensa alguna. El transcurso de los minutos confirman las sospechas, hay un pasado que tiene relación con la pérdida sufrida por Miranda y la visita no es solo de cortesía.
En 107 minutos, quedamos con una sensación de bondad, de felicidad y de amor, un “buenismo” que devuelve cierta esperanza, sobre todo en momentos en que en el mundo parece perdida. Incluso la Navidad, breve punto de unión al final de la cinta, enlaza con los sentimientos que extraemos del relato.
Cintas de este tipo, donde los nudos son resueltos satisfactoriamente y los hechos calzan como piezas de rompecabezas, hacen bien de vez en cuando. No es necesario que tengan gran factura, basta que muestren y desarrollen la historia de forma más o menos convincente para que cumplan con su propósito. No son obras complejas, al contrario, su simplicidad podría abrumar, sin embargo es importante rescatar lo que queda en nosotros, lo que nos hace sentir y comprender. Si consigue esto último, bien vale la pena.
Ficha técnica
Título original: The Secret: Dare to Dream
Año: 2020
Duración: 107 minutos
País: Estados Unidos
Productora: TRI G, Savvy Media Holdings, Covert Media, Robert Cort Productions, Illumination Productions, Shine Box Media Group (Distribuidora: Gravitas Ventures)
Género: Romance. Drama | Drama romántico
Guion: Bekah Brunstetter, Rick Parks, Andy Tennant (Libro: Rhonda Byrne)
Música: George Fenton
Fotografía: Andrew Dunn
Reparto: Katie Holmes, Josh Lucas, Jerry O'Connell, Celia Weston, Han Soto, Yohance Myles, Aidan Pierce Brennan, Sarah Hoffmeister, Cory Scott Allen, Katrina Begin, Rosemberg Salgado, Wanetah Walmsley, Chloe Lee, Sydney Tennant, Samantha Beaulieu, Jessie Terrebonne, Betsy Borrego, Jeremy Warner, Jennifer Hamilton Collins
Dirección: Andy Tennant
Inspirada en el libro “El Secreto”, de Rhonda Byrne, esta cinta dirigida por Andy Tennant, narra la historia de Miranda Wells -Katie Holmes-, quien debe sacar adelante a sus tres hijos luego de enviudar hace cinco años. Trabaja duro, sin embargo su salario no le alcanza para los gastos familiares. Su novio, Tucker -Jerry O'Connell-, es también su jefe, sin embargo en cuatro años aun no formalizan nada, mientras la vida de Miranda es consumida por la desesperanza.
En vísperas de una gran tormenta, llega a la ciudad un extraño visitante. Se trata de Bryan -Josh Lucas-, un hombre que trae un sobre para Miranda. No lo deja en su casa porque necesita hablar con ella, explicarlo. Coincidentemente -y acá comienzan todos los puntos de encuentro-, Miranda, en un descuido, choca la camioneta de Bryan. Él no se hace problema, le ofrece ayuda y la acompaña a su casa sin saber que se trata de la misma persona que ha venido a buscar.
La cinta es sencilla y predecible. Lógicamente, se forma un triángulo de tensión entre Miranda, Tucker y el recién llegado. Y no es porque haya un interés romántico de este último, sino que es naturalmente lo que sucede luego de su generosa oferta para arreglar el techo destrozado de la casa luego de las consecuencias del temporal. Es inevitable que Tucker se ponga celoso y que por ello acelere decisiones y compromisos. También es inevitable que Miranda se confunda, sobre todo si no está del todo segura de sus sentimientos.
El mensaje de la cinta es positivo y esperanzador. Tal como en el libro, la premisa es concentrarse en atraer aquello que se desea. Para eso, indudablemente, primero se debe saber qué es lo que realmente se quiere. La confusión de Miranda es evidente, parece que ella atrae solo lo negativo.
La bondad del visitante es difícil de entender. No conocemos quién es, de dónde proviene ni cuáles son sus intenciones. Solo vemos que se trata de un hombre generoso, que está dispuesto a ayudar sin esperar recompensa alguna. El transcurso de los minutos confirman las sospechas, hay un pasado que tiene relación con la pérdida sufrida por Miranda y la visita no es solo de cortesía.
En 107 minutos, quedamos con una sensación de bondad, de felicidad y de amor, un “buenismo” que devuelve cierta esperanza, sobre todo en momentos en que en el mundo parece perdida. Incluso la Navidad, breve punto de unión al final de la cinta, enlaza con los sentimientos que extraemos del relato.
Cintas de este tipo, donde los nudos son resueltos satisfactoriamente y los hechos calzan como piezas de rompecabezas, hacen bien de vez en cuando. No es necesario que tengan gran factura, basta que muestren y desarrollen la historia de forma más o menos convincente para que cumplan con su propósito. No son obras complejas, al contrario, su simplicidad podría abrumar, sin embargo es importante rescatar lo que queda en nosotros, lo que nos hace sentir y comprender. Si consigue esto último, bien vale la pena.
Ficha técnica
Título original: The Secret: Dare to Dream
Año: 2020
Duración: 107 minutos
País: Estados Unidos
Productora: TRI G, Savvy Media Holdings, Covert Media, Robert Cort Productions, Illumination Productions, Shine Box Media Group (Distribuidora: Gravitas Ventures)
Género: Romance. Drama | Drama romántico
Guion: Bekah Brunstetter, Rick Parks, Andy Tennant (Libro: Rhonda Byrne)
Música: George Fenton
Fotografía: Andrew Dunn
Reparto: Katie Holmes, Josh Lucas, Jerry O'Connell, Celia Weston, Han Soto, Yohance Myles, Aidan Pierce Brennan, Sarah Hoffmeister, Cory Scott Allen, Katrina Begin, Rosemberg Salgado, Wanetah Walmsley, Chloe Lee, Sydney Tennant, Samantha Beaulieu, Jessie Terrebonne, Betsy Borrego, Jeremy Warner, Jennifer Hamilton Collins
Dirección: Andy Tennant
viernes, 25 de diciembre de 2020
La Estrella de Belén
Disponible en Netflix.
La Navidad tiene un nuevo relato desde una perspectiva diferente. Esta vez se trata de animalitos que van narrando la historia desde sus propias vivencias. Bo, un burrito que anhela salir de su encerrada rutina, tiene a su mejor aliado en Dave, un palomo que sueña en grande. Cuando logra escabullirse, encuentra refugio en el lugar donde María y José celebran su matrimonio. Como el llamado al Censo es perentorio, la joven pareja debe emprender el camino a Belén aun cuando el nacimiento de su hijo es inminente. En el trayecto se desarrollan todas las aventuras, se suman nuevos personajes -los tres camellos de los Reyes Magos, la oveja Ruth, los malvados perros, entre otros- y todos los protagonistas entregan grandes dosis de humor, cariño, bondad, preocupación y amor.
Contar de manera diferente la Navidad es todo un reto. Más aún para una película animada que debe buscar originalidad y también un enganche atractivo para los más pequeños. “The Star” lo consigue, aunque no desarrolle todo el potencial de elementos que la componen. Describe, sin demasiada audacia pero con astucia, la transformación que cada uno de nuestros amigos experimenta a raíz del esperado nacimiento.
Entretenida y simpática, la película se pasa volando. La personalización de los animalitos -con rasgos humanos, personalidades y características acentuadas- está bastante lograda cuando pone énfasis en las relaciones de complicidad, amistad y fraternidad entre los variados personajes. Se suma a ello el hecho que todas las referencias religiosas están tratadas de forma muy sencilla y respetuosa.
Pero “La Estrella de Belén” no es una película para profundizar en el conocimiento de la Navidad. Es una entretención sana que por supuesto aporta valores importantes, presentados de manera simple y práctica. Los buenos están separados de los malos y las acciones tienen consecuencias. Empatizamos con los personajes principales y también entendemos cuando son generosos, amables y bondadosos con quienes les han hecho algún daño.
Como en muchas de estas películas orientadas a los más pequeños, los adultos podemos sacar lecciones y no solo entretenernos. A mi modo de ver, la principal enseñanza es la sencillez, es decir, aquello que es la justamente esencia de la Navidad. Cuando estamos en una época donde revestimos la celebración del nacimiento de Jesús con tanta pompa, regalos y lujos innecesarios, una narración simple, lúdica y graciosa como ésta, nos permite obtener una mirada diferente. Si hacemos nuestras las miradas de Bo y sus amigos, podremos sentirnos más livianos, más sueltos, menos presionados y apreciar de mejor manera el verdadero sentido de la Navidad.
“The Star” podemos leerla entonces como una fábula de valores. Es un juego que permite ver claramente lo que está en disputa y no tener dudas de ningún tipo. Esto es ideal para los más pequeños, porque los ejemplos son claros y precisos, podemos conversar fácilmente con ellos para saber su reacción, qué piensan y también qué harían en el caso de estar allí, de ser testigos presenciales de lo que ven en la pantalla.
Nuevamente el nacimiento de Jesús hace nuevas todas las cosas. Desde la iluminada Estrella de Belén hasta el pesebre que acunará al recién nacido, todo gira en torno a su figura, al nuevo Rey que llega pobre y desprotegido para traer amor y paz al mundo. Quienes primero lo reconocen son los más humildes, los más sencillos. A los demás, nos cuesta trabajo, y por eso es bueno que, a través de fábulas animadas como ésta, nos lo recuerden una y otra vez.
Ficha técnica
Título original: The Star
Año: 2017
Duración: 86 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Animation, Franklin Entertainment, Affirm Films, Jim Henson Company
Género: Animación. Aventuras. Fantástico | Animales. Navidad. Religión
Guion: Carlos Kotkin, Simon Moore, Tom Sheridan
Música: Mark Mancina, Thomas Newman (Canción: Zara Larsson)
Fotografía: Animación
Reparto: Animación
Dirección: Timothy Reckart
La Navidad tiene un nuevo relato desde una perspectiva diferente. Esta vez se trata de animalitos que van narrando la historia desde sus propias vivencias. Bo, un burrito que anhela salir de su encerrada rutina, tiene a su mejor aliado en Dave, un palomo que sueña en grande. Cuando logra escabullirse, encuentra refugio en el lugar donde María y José celebran su matrimonio. Como el llamado al Censo es perentorio, la joven pareja debe emprender el camino a Belén aun cuando el nacimiento de su hijo es inminente. En el trayecto se desarrollan todas las aventuras, se suman nuevos personajes -los tres camellos de los Reyes Magos, la oveja Ruth, los malvados perros, entre otros- y todos los protagonistas entregan grandes dosis de humor, cariño, bondad, preocupación y amor.
Contar de manera diferente la Navidad es todo un reto. Más aún para una película animada que debe buscar originalidad y también un enganche atractivo para los más pequeños. “The Star” lo consigue, aunque no desarrolle todo el potencial de elementos que la componen. Describe, sin demasiada audacia pero con astucia, la transformación que cada uno de nuestros amigos experimenta a raíz del esperado nacimiento.
Entretenida y simpática, la película se pasa volando. La personalización de los animalitos -con rasgos humanos, personalidades y características acentuadas- está bastante lograda cuando pone énfasis en las relaciones de complicidad, amistad y fraternidad entre los variados personajes. Se suma a ello el hecho que todas las referencias religiosas están tratadas de forma muy sencilla y respetuosa.
Pero “La Estrella de Belén” no es una película para profundizar en el conocimiento de la Navidad. Es una entretención sana que por supuesto aporta valores importantes, presentados de manera simple y práctica. Los buenos están separados de los malos y las acciones tienen consecuencias. Empatizamos con los personajes principales y también entendemos cuando son generosos, amables y bondadosos con quienes les han hecho algún daño.
Como en muchas de estas películas orientadas a los más pequeños, los adultos podemos sacar lecciones y no solo entretenernos. A mi modo de ver, la principal enseñanza es la sencillez, es decir, aquello que es la justamente esencia de la Navidad. Cuando estamos en una época donde revestimos la celebración del nacimiento de Jesús con tanta pompa, regalos y lujos innecesarios, una narración simple, lúdica y graciosa como ésta, nos permite obtener una mirada diferente. Si hacemos nuestras las miradas de Bo y sus amigos, podremos sentirnos más livianos, más sueltos, menos presionados y apreciar de mejor manera el verdadero sentido de la Navidad.
“The Star” podemos leerla entonces como una fábula de valores. Es un juego que permite ver claramente lo que está en disputa y no tener dudas de ningún tipo. Esto es ideal para los más pequeños, porque los ejemplos son claros y precisos, podemos conversar fácilmente con ellos para saber su reacción, qué piensan y también qué harían en el caso de estar allí, de ser testigos presenciales de lo que ven en la pantalla.
Nuevamente el nacimiento de Jesús hace nuevas todas las cosas. Desde la iluminada Estrella de Belén hasta el pesebre que acunará al recién nacido, todo gira en torno a su figura, al nuevo Rey que llega pobre y desprotegido para traer amor y paz al mundo. Quienes primero lo reconocen son los más humildes, los más sencillos. A los demás, nos cuesta trabajo, y por eso es bueno que, a través de fábulas animadas como ésta, nos lo recuerden una y otra vez.
Ficha técnica
Título original: The Star
Año: 2017
Duración: 86 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Animation, Franklin Entertainment, Affirm Films, Jim Henson Company
Género: Animación. Aventuras. Fantástico | Animales. Navidad. Religión
Guion: Carlos Kotkin, Simon Moore, Tom Sheridan
Música: Mark Mancina, Thomas Newman (Canción: Zara Larsson)
Fotografía: Animación
Reparto: Animación
Dirección: Timothy Reckart
jueves, 24 de diciembre de 2020
Ceniza Negra
Disponible en Redsalas.cl
Selva -Smashleen Gutiérrez-, es una chica de 13 años que vive junto a sus abuelos en un pueblo costero del Caribe Costarricense. No sabe de sus padres y su referencia filial corresponde solo a los dos ancianos; Elena -Hortensia Smith- quien tiene signos de demencia senil y para conseguir algún dinero vende serpientes en el camino, y el tata -Humberto Samuels-, hombre ya deteriorado, flaco, casi en los huesos, que cree tener unas cabras en el predio y pide que Selva las alimente diariamente.
En un clima húmeda y rodeada de vegetación, la vida de Selva transcurre entre el colegio, el cuidado de sus abuelos y su gran motivación por la naturaleza y los seres vivos. Ella está en tránsito; es una niña preadolescente que rápidamente está dejando atrás lo propio de esa edad para enfrentar lo que el continuo de la vida le comienza a preparar.
La guionista y directora Sofia Quiros plasma una visión especial del camino entre la infancia y la adolescencia. A través de un relato estructurado en base a la contemplación, filma lenta, muy lentamente, lo que va sucediendo con su protagonista. A sus cortos años, la joven Smashleen Gutiérrez es capaz de sostener largas secuencias y transmitir emoción con sus miradas y movimientos. La soltura con sus pares junto a la relación fraterna y amorosa con sus abuelos, es retratada de forma espléndida gracias a una fina fotografía.
“Ceniza negra” carece de premuras, urgencias o soluciones. De hecho, el conflicto que presenta es tan íntimo que corre el riesgo de diluirse si nos apuramos en dilucidarlo. Es de esas películas que cuesta digerir, porque al verla nos faltan aquellos elementos que solo llegan cuando nos abrimos a una cobertura global, una vez que pasan algunas horas o algunos días. Es en ese momento en el que vuelven chispazos, recuerdos, frases, imágenes, sensaciones. Entonces, y en forma tenue, vislumbramos aquel mensaje que infructuosamente buscamos al verla por primera vez.
Esta cinta puede entregar también otras lecturas. Observamos la decadencia física, la ausencia de motivaciones para seguir viviendo, la ausencia física de un ser querido y el temido tránsito hacia la muerte inevitable. La corta edad de Selva no le impide aprender -tal vez en forma dura, cruda, repentina- el significado de muchas situaciones que conlleva la existencia. Aparecen allí variadas metáforas, oscuras y luminosas, que nos impulsan también a expandir nuestro entendimiento, a ampliar nuestra reflexión.
Es fácil extraviarse con una película de estas características. Hay que poner atención y tener paciencia. Las composiciones de imágenes son hermosas y la cantidad de sustentos presentes son abundantes. Secuencias extensas, tal vez muy largas, producen ensoñación. Otras, cuando Selva juega con serpientes, producen inquietud. Saber leer cada cuadro, intentar ir más allá de la epidermis, se transforma en un desafío que debemos estar dispuestos a enfrentar. De lo contrario, podemos quedarnos con una hermosa película, con escenarios muy bien cuidados, y no descubrir la profundidad del relato al dejar de lado sus múltiples niveles de conexión.
Ficha técnica
Título original: Ceniza negra
Año: 2019
Duración: 82 minutos
País: Costa Rica
Productora: Co-production Costa Rica-Argentina-Chile-Francia; Sputnik Films, Murillo Cine, La Post Producciones, Promenade Films
Género: Drama | Adolescencia
Guion: (Obra: Sofia Quiros)
Música: Wissam Hojeij
Fotografía: Francisca Saez Agurto
Reparto: Keha Brown, Smashleen Gutiérrez, Humberto Samuels, Hortensia Smith
Dirección: Sofia Quiros
Selva -Smashleen Gutiérrez-, es una chica de 13 años que vive junto a sus abuelos en un pueblo costero del Caribe Costarricense. No sabe de sus padres y su referencia filial corresponde solo a los dos ancianos; Elena -Hortensia Smith- quien tiene signos de demencia senil y para conseguir algún dinero vende serpientes en el camino, y el tata -Humberto Samuels-, hombre ya deteriorado, flaco, casi en los huesos, que cree tener unas cabras en el predio y pide que Selva las alimente diariamente.
En un clima húmeda y rodeada de vegetación, la vida de Selva transcurre entre el colegio, el cuidado de sus abuelos y su gran motivación por la naturaleza y los seres vivos. Ella está en tránsito; es una niña preadolescente que rápidamente está dejando atrás lo propio de esa edad para enfrentar lo que el continuo de la vida le comienza a preparar.
La guionista y directora Sofia Quiros plasma una visión especial del camino entre la infancia y la adolescencia. A través de un relato estructurado en base a la contemplación, filma lenta, muy lentamente, lo que va sucediendo con su protagonista. A sus cortos años, la joven Smashleen Gutiérrez es capaz de sostener largas secuencias y transmitir emoción con sus miradas y movimientos. La soltura con sus pares junto a la relación fraterna y amorosa con sus abuelos, es retratada de forma espléndida gracias a una fina fotografía.
“Ceniza negra” carece de premuras, urgencias o soluciones. De hecho, el conflicto que presenta es tan íntimo que corre el riesgo de diluirse si nos apuramos en dilucidarlo. Es de esas películas que cuesta digerir, porque al verla nos faltan aquellos elementos que solo llegan cuando nos abrimos a una cobertura global, una vez que pasan algunas horas o algunos días. Es en ese momento en el que vuelven chispazos, recuerdos, frases, imágenes, sensaciones. Entonces, y en forma tenue, vislumbramos aquel mensaje que infructuosamente buscamos al verla por primera vez.
Esta cinta puede entregar también otras lecturas. Observamos la decadencia física, la ausencia de motivaciones para seguir viviendo, la ausencia física de un ser querido y el temido tránsito hacia la muerte inevitable. La corta edad de Selva no le impide aprender -tal vez en forma dura, cruda, repentina- el significado de muchas situaciones que conlleva la existencia. Aparecen allí variadas metáforas, oscuras y luminosas, que nos impulsan también a expandir nuestro entendimiento, a ampliar nuestra reflexión.
Es fácil extraviarse con una película de estas características. Hay que poner atención y tener paciencia. Las composiciones de imágenes son hermosas y la cantidad de sustentos presentes son abundantes. Secuencias extensas, tal vez muy largas, producen ensoñación. Otras, cuando Selva juega con serpientes, producen inquietud. Saber leer cada cuadro, intentar ir más allá de la epidermis, se transforma en un desafío que debemos estar dispuestos a enfrentar. De lo contrario, podemos quedarnos con una hermosa película, con escenarios muy bien cuidados, y no descubrir la profundidad del relato al dejar de lado sus múltiples niveles de conexión.
Ficha técnica
Título original: Ceniza negra
Año: 2019
Duración: 82 minutos
País: Costa Rica
Productora: Co-production Costa Rica-Argentina-Chile-Francia; Sputnik Films, Murillo Cine, La Post Producciones, Promenade Films
Género: Drama | Adolescencia
Guion: (Obra: Sofia Quiros)
Música: Wissam Hojeij
Fotografía: Francisca Saez Agurto
Reparto: Keha Brown, Smashleen Gutiérrez, Humberto Samuels, Hortensia Smith
Dirección: Sofia Quiros
miércoles, 23 de diciembre de 2020
Canvas
Disponible en Netflix.
Cortísima narración que en solo nueve minutos nos llena de emoción.
La historia remite a un pintor que, producto de una dolorosa pérdida, ha dejado el oficio de su arte. Sin mediar palabras, el relato muestra la visita de su hija y su nieta, de quienes oculta su taller y sus pinturas, sin embargo, la inquietud de la pequeña descubre los tesoros poniendo en aprietos al abuelo.
La animación y la música son espléndidas, elementos suficientes para atraparnos en pocos instantes. El breve tiempo dispuesto no es problema para contar una historia cuyo desarrollo, aunque previsible, abarca un intenso arcoíris de sentimientos.
Las diversas emociones afloran al observar cada escena. Miradas y pausas; acciones y reflexiones. No conocemos causas, quizás solo podemos deducirlas. Es difícil imaginar el dolor; tal vez hay que haberlo experimentado. Además, el recuerdo del momento en que sucede la tragedia parece algo insuperable, inolvidable.
La ternura de la nieta conmueve. No solo derriba las barreras de contención del anciano, las nuestras también. Es una ternura sencilla, al igual que el escueto relato. En ocasiones olvidamos que en lo más sencillo, muchas veces, se esconden misterios de profundidad insondable.
“Canvas” no es del todo explícita y gracias a ello encierra tesoros similares a los del abuelo. Tal vez por ello despierta a ese niño o niña que llevamos dentro, para investigar, para sentir, para acompañar, para comprender. Este corto deja traslucir, con suaves pinceladas de amor, una historia gratificante y llena de esperanza.
Ficha técnica
Título original: Canvas (S)
Año: 2020
Duración: 9 minutos
País: Estados Unidos
Productora: (Distribuidora: Netflix)
Género: Animación. Drama | Pintura. Cortometraje (animación)
Guion: Frank E. Abney III
Música: Jermaine Stegall
Fotografía: Animación
Reparto: Animación
Dirección: Frank E. Abney III
Cortísima narración que en solo nueve minutos nos llena de emoción.
La historia remite a un pintor que, producto de una dolorosa pérdida, ha dejado el oficio de su arte. Sin mediar palabras, el relato muestra la visita de su hija y su nieta, de quienes oculta su taller y sus pinturas, sin embargo, la inquietud de la pequeña descubre los tesoros poniendo en aprietos al abuelo.
La animación y la música son espléndidas, elementos suficientes para atraparnos en pocos instantes. El breve tiempo dispuesto no es problema para contar una historia cuyo desarrollo, aunque previsible, abarca un intenso arcoíris de sentimientos.
Las diversas emociones afloran al observar cada escena. Miradas y pausas; acciones y reflexiones. No conocemos causas, quizás solo podemos deducirlas. Es difícil imaginar el dolor; tal vez hay que haberlo experimentado. Además, el recuerdo del momento en que sucede la tragedia parece algo insuperable, inolvidable.
La ternura de la nieta conmueve. No solo derriba las barreras de contención del anciano, las nuestras también. Es una ternura sencilla, al igual que el escueto relato. En ocasiones olvidamos que en lo más sencillo, muchas veces, se esconden misterios de profundidad insondable.
“Canvas” no es del todo explícita y gracias a ello encierra tesoros similares a los del abuelo. Tal vez por ello despierta a ese niño o niña que llevamos dentro, para investigar, para sentir, para acompañar, para comprender. Este corto deja traslucir, con suaves pinceladas de amor, una historia gratificante y llena de esperanza.
Ficha técnica
Título original: Canvas (S)
Año: 2020
Duración: 9 minutos
País: Estados Unidos
Productora: (Distribuidora: Netflix)
Género: Animación. Drama | Pintura. Cortometraje (animación)
Guion: Frank E. Abney III
Música: Jermaine Stegall
Fotografía: Animación
Reparto: Animación
Dirección: Frank E. Abney III
martes, 22 de diciembre de 2020
Lina de Lima
Disponible en OndaMedia.cl
Esta cinta de María Paz González narra la historia de Lina -Magaly Solier-, una mujer peruana inmigrante en Chile. Ella trabaja como asesora del hogar y como se acerca la Navidad, prepara el viaje a su tierra para ver a su hijo adolescente. Entre la búsqueda de los regalos para la familia y los arreglos en la casa en donde presta sus servicios, el tiempo avanza y la fecha apremia.
Con varios interludios, donde la propia Magaly Solier canta -episodios que dan cuenta de sus sueños y aspiraciones personificando a una diva andina-, el relato se transforma en una exploración íntima de la protagonista. La cámara muestra sus ojos, su mirada, su caminar. También la enfoca en planos donde se combina el transporte público con el entorno, con una fusión de imágenes artística, en los que observamos movimiento, tránsito e inquietud.
Lina vive intensamente su intimidad. Mientras se acrecienta la distancia emocional con su hijo y con su tierra, trata de descubrir sus motivaciones, aquello que la hace sentir viva, considerada, valorada. La compañía de Clara -Emilia Ossandón-, la hija del dueño de la casa, es cómplice, no explícitamente, del camino emprendido. Es una amistad basada en silencios y sensaciones, una acogida genuina que se percibe desde la ternura que emerge entre ambas.
El camino de Lina es pedregoso. Su condición de inmigrante trabajadora no es sencilla, pero esta mujer se muestra capaz de sobrellevar lo que le toca vivir. Es más, ella es dueña de su vida y a través de la sexualidad lo demuestra sin duda alguna. Parte del recorrido que observamos en el metraje tiene que ver con el empoderamiento, con la capacidad de tomar decisiones y enfrentar situaciones que a cualquiera pueden disminuir y aniquilar. Lina se sobrepone; mientras más difícil, más fuerza imprime, con seguridad, esfuerzo y también sagacidad.
El guion, escrito por la misma directora María Paz González, pone énfasis en el desarrollo interior del personaje principal sin dejar de lado las formas que hacen lucir a la protagonista. De hecho, la incursión en el género de “dramedy musical” puede parecer extraño, sin embargo su lectura posterior calza perfectamente con el viaje de auto descubrimiento emprendido por Lina. Por momentos, la película parece un documental, en otros un musical y en otros ficción. Existe, entonces, una fusión de narrativas que entregan variedad y diversidad a este particular relato.
“Lina de Lima” no se introduce en profundidades insondables, sin embargo es una muestra de lo que cientos de personas inmigrantes, en especial mujeres, viven en Chile. Describe anhelos íntimos, sueños, dificultades y también logros. Muestra la esencia de la voluntad para salir adelante y enseña la importancia de valorar la propia independencia para abrirse paso en un mundo ajeno, hostil e individualista. Lina sale fortalecida del recorrido, sin embargo éste no ha terminado. Hay solo una pausa en la estación continua del tiempo, y será justamente el tiempo el que llevará, tal vez, a un resultado final.
Ficha técnica
Título original: Lina de Lima
Año: 2019
Duración: 80 minutos
País: Chile
Productora: Co-production Chile-Perú-Argentina; Don Quijote Films, Gema Films, Carapulkra Films
Género: Drama | Inmigración
Guion: María Paz González
Música: Cali Flores, José Manuel Gatica Eguiguren
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Reparto: Magaly Solier, Emilia Ossandón, Javiera Contador
Dirección: María Paz González
Esta cinta de María Paz González narra la historia de Lina -Magaly Solier-, una mujer peruana inmigrante en Chile. Ella trabaja como asesora del hogar y como se acerca la Navidad, prepara el viaje a su tierra para ver a su hijo adolescente. Entre la búsqueda de los regalos para la familia y los arreglos en la casa en donde presta sus servicios, el tiempo avanza y la fecha apremia.
Con varios interludios, donde la propia Magaly Solier canta -episodios que dan cuenta de sus sueños y aspiraciones personificando a una diva andina-, el relato se transforma en una exploración íntima de la protagonista. La cámara muestra sus ojos, su mirada, su caminar. También la enfoca en planos donde se combina el transporte público con el entorno, con una fusión de imágenes artística, en los que observamos movimiento, tránsito e inquietud.
Lina vive intensamente su intimidad. Mientras se acrecienta la distancia emocional con su hijo y con su tierra, trata de descubrir sus motivaciones, aquello que la hace sentir viva, considerada, valorada. La compañía de Clara -Emilia Ossandón-, la hija del dueño de la casa, es cómplice, no explícitamente, del camino emprendido. Es una amistad basada en silencios y sensaciones, una acogida genuina que se percibe desde la ternura que emerge entre ambas.
El camino de Lina es pedregoso. Su condición de inmigrante trabajadora no es sencilla, pero esta mujer se muestra capaz de sobrellevar lo que le toca vivir. Es más, ella es dueña de su vida y a través de la sexualidad lo demuestra sin duda alguna. Parte del recorrido que observamos en el metraje tiene que ver con el empoderamiento, con la capacidad de tomar decisiones y enfrentar situaciones que a cualquiera pueden disminuir y aniquilar. Lina se sobrepone; mientras más difícil, más fuerza imprime, con seguridad, esfuerzo y también sagacidad.
El guion, escrito por la misma directora María Paz González, pone énfasis en el desarrollo interior del personaje principal sin dejar de lado las formas que hacen lucir a la protagonista. De hecho, la incursión en el género de “dramedy musical” puede parecer extraño, sin embargo su lectura posterior calza perfectamente con el viaje de auto descubrimiento emprendido por Lina. Por momentos, la película parece un documental, en otros un musical y en otros ficción. Existe, entonces, una fusión de narrativas que entregan variedad y diversidad a este particular relato.
“Lina de Lima” no se introduce en profundidades insondables, sin embargo es una muestra de lo que cientos de personas inmigrantes, en especial mujeres, viven en Chile. Describe anhelos íntimos, sueños, dificultades y también logros. Muestra la esencia de la voluntad para salir adelante y enseña la importancia de valorar la propia independencia para abrirse paso en un mundo ajeno, hostil e individualista. Lina sale fortalecida del recorrido, sin embargo éste no ha terminado. Hay solo una pausa en la estación continua del tiempo, y será justamente el tiempo el que llevará, tal vez, a un resultado final.
Ficha técnica
Título original: Lina de Lima
Año: 2019
Duración: 80 minutos
País: Chile
Productora: Co-production Chile-Perú-Argentina; Don Quijote Films, Gema Films, Carapulkra Films
Género: Drama | Inmigración
Guion: María Paz González
Música: Cali Flores, José Manuel Gatica Eguiguren
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Reparto: Magaly Solier, Emilia Ossandón, Javiera Contador
Dirección: María Paz González
lunes, 21 de diciembre de 2020
El Baile
Disponible en Netflix.
Las cosas son más o menos así. Por una parte, Emma Nolan -Jo Ellen Pellman-, es una joven estudiante de de secundaria a quien se le prohibe llevar a su novia al baile de graduación. Esta decisión arbitraria hace eco en redes sociales y hace explotar Twitter. Por otra parte, Dee Dee Allen -Meryl Streep, junto a Barry Glickman -James Corden-, participan en un musical llamado “Eleanor” sobre la primera dama Eleanor Roosevelt. Luego de un debut prometedor, la crítica los destroza, augurando el fin de sus carreras. En un mar de lamentos, se les acerca una corista de Broadway, Angie Dickinson -Nicole Kidman-, quien descubre en las redes la causa de Emma y la propone como salvación para todos, incluido el barman que les prepara los cocteles, el actor Trent Oliver -Andrew Rannells-.
La premisa de esta cinta dirigida por Ryan Murphy es simple y su objetivo es sencillamente entretener con música, baile y actores consolidados que llamen la atención. Obvio, ver juntos a Streep, Kidman, Corden, Rannells y a Kerry Washington, no pasa inadvertido. El tema es el resultado. ¿Funciona?
Veamos.
Desde el punto de vista de la temática, la discriminación que sufre Emma es de no creer, en especial debido a la forma, por muy conservadora que sea la clase dominante del lugar. Es de esperar que solo sea una exageración del caso de 2010, en Fulton, Mississippi, base del musical “The Prom”, estrenado en Atlanta el 2016, con música de Matthew Sklar, letra de Chad Beguelin y basado en un libro del mismo Beguelin y Bob Martin. Por otro lado, la decadencia de figuras del espectáculo, narcisistas y preocupados solo de si mismos, tal vez es un fiel reflejo de los tiempos y que estas estrellas elaboren una cruzada para autosalvarse, podría ser, tiene cierto sentido, pero podemos pensar también que es otro aliño para el show, esta vez llevado a la pantalla.
La cinta se mueve en el género musical y por ahí avanza. Cuando pausa, producto de las escenas que no tienen baile y canto, se detiene como si se tratara del viejo “un dos tres momia”. Mientras el tratamiento de escenas y coreografías dispone de todo el glamour requerido, las secciones de drama no producen jamás la tensión necesaria para darle una cierta continuidad.
Así, en más de dos horas de efecto circular -y es literal, porque con las cámaras y secuencias quedamos mareados de tantas vueltas en 360 grados-, la cinta se completa según lo esperado porque todo es predecible. Los números musicales desfilan unos tras otros y las destrezas coreográficas aumentan en dificultad y complejidad, dependiendo del entorno en el que se desarrollen. ¿Algo más que lo descrito? La verdad no mucho. Entretiene pero cansa, distrae pero adormece. Es liviana, si, pero ojo, que una pequeña brisa la puede levantar y borrar del mapa.
Rescato dos puntos. Primero, la composición musical extensa, una partitura original que llena la escena, mezcla coros con solitas y hace avanzar la historia. Interpretada correctamente, revela la polifuncionalidad de los actores a su cargo. Y segundo, la dirección de Ryan Murphy, que no se hace problema en filmar un producto de entretención sin aspiraciones. Claro, me da algo de pudor ver a un sólido director junto a un reparto estelar en roles de este tipo pero valoro la disposición y humildad para encararlos. Irradian simpatía, talento y destreza, pero aquello no basta para que nos logren cautivar. Debe existir algo más y aquí nos quedamos con solo cinco centímetros de profundidad que, si hubiera sido más acotada en duración, me arriesgo al decirlo, habría tenido un desempeño muchísimo mejor. Bien por la entretención liviana pero considero que debemos exigir más.
Ficha técnica
Título original: The Prom
Año: 2020
Duración: 131 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Netflix, Ryan Murphy Productions (Distribuidora: Netflix)
Género: Musical. Comedia. Drama | Homosexualidad
Guion: Jack Viertel (Libro: Chad Beguelin, Bob Martin) (Musical: Chad Beguelin, Bob Martin)
Música: Matthew Sklar
Fotografía: Matthew Libatique
Reparto: Meryl Streep, Nicole Kidman, James Corden, Andrew Rannells, Kerry Washington, Keegan-Michael Key, Kevin Chamberlin, Nico Greetham, Jo Ellen Pellman, Logan Riley Hassel, Ariana DeBose, Monroe Cline, Nathaniel J. Potvin, Kiara T. Romero, Briana Price, Ryan Kendrick, Tori Kostic, Jillana Laufer, Sydney Cope, Chelsea Corp, Jeni Jones, Erica Lynn, Sofia Deler, Donyea Martin, Jade Patteri, Marcus Bailey, Joe Abraham, Morgan Dudley, Annie Ruby, Matthew Moseley, David Eby, Sierra Puett, Tasha Casberg, Anna Berg, Jeffrey Lynn White Jr.
Dirección: Ryan Murphy
Las cosas son más o menos así. Por una parte, Emma Nolan -Jo Ellen Pellman-, es una joven estudiante de de secundaria a quien se le prohibe llevar a su novia al baile de graduación. Esta decisión arbitraria hace eco en redes sociales y hace explotar Twitter. Por otra parte, Dee Dee Allen -Meryl Streep, junto a Barry Glickman -James Corden-, participan en un musical llamado “Eleanor” sobre la primera dama Eleanor Roosevelt. Luego de un debut prometedor, la crítica los destroza, augurando el fin de sus carreras. En un mar de lamentos, se les acerca una corista de Broadway, Angie Dickinson -Nicole Kidman-, quien descubre en las redes la causa de Emma y la propone como salvación para todos, incluido el barman que les prepara los cocteles, el actor Trent Oliver -Andrew Rannells-.
La premisa de esta cinta dirigida por Ryan Murphy es simple y su objetivo es sencillamente entretener con música, baile y actores consolidados que llamen la atención. Obvio, ver juntos a Streep, Kidman, Corden, Rannells y a Kerry Washington, no pasa inadvertido. El tema es el resultado. ¿Funciona?
Veamos.
Desde el punto de vista de la temática, la discriminación que sufre Emma es de no creer, en especial debido a la forma, por muy conservadora que sea la clase dominante del lugar. Es de esperar que solo sea una exageración del caso de 2010, en Fulton, Mississippi, base del musical “The Prom”, estrenado en Atlanta el 2016, con música de Matthew Sklar, letra de Chad Beguelin y basado en un libro del mismo Beguelin y Bob Martin. Por otro lado, la decadencia de figuras del espectáculo, narcisistas y preocupados solo de si mismos, tal vez es un fiel reflejo de los tiempos y que estas estrellas elaboren una cruzada para autosalvarse, podría ser, tiene cierto sentido, pero podemos pensar también que es otro aliño para el show, esta vez llevado a la pantalla.
La cinta se mueve en el género musical y por ahí avanza. Cuando pausa, producto de las escenas que no tienen baile y canto, se detiene como si se tratara del viejo “un dos tres momia”. Mientras el tratamiento de escenas y coreografías dispone de todo el glamour requerido, las secciones de drama no producen jamás la tensión necesaria para darle una cierta continuidad.
Así, en más de dos horas de efecto circular -y es literal, porque con las cámaras y secuencias quedamos mareados de tantas vueltas en 360 grados-, la cinta se completa según lo esperado porque todo es predecible. Los números musicales desfilan unos tras otros y las destrezas coreográficas aumentan en dificultad y complejidad, dependiendo del entorno en el que se desarrollen. ¿Algo más que lo descrito? La verdad no mucho. Entretiene pero cansa, distrae pero adormece. Es liviana, si, pero ojo, que una pequeña brisa la puede levantar y borrar del mapa.
Rescato dos puntos. Primero, la composición musical extensa, una partitura original que llena la escena, mezcla coros con solitas y hace avanzar la historia. Interpretada correctamente, revela la polifuncionalidad de los actores a su cargo. Y segundo, la dirección de Ryan Murphy, que no se hace problema en filmar un producto de entretención sin aspiraciones. Claro, me da algo de pudor ver a un sólido director junto a un reparto estelar en roles de este tipo pero valoro la disposición y humildad para encararlos. Irradian simpatía, talento y destreza, pero aquello no basta para que nos logren cautivar. Debe existir algo más y aquí nos quedamos con solo cinco centímetros de profundidad que, si hubiera sido más acotada en duración, me arriesgo al decirlo, habría tenido un desempeño muchísimo mejor. Bien por la entretención liviana pero considero que debemos exigir más.
Ficha técnica
Título original: The Prom
Año: 2020
Duración: 131 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Netflix, Ryan Murphy Productions (Distribuidora: Netflix)
Género: Musical. Comedia. Drama | Homosexualidad
Guion: Jack Viertel (Libro: Chad Beguelin, Bob Martin) (Musical: Chad Beguelin, Bob Martin)
Música: Matthew Sklar
Fotografía: Matthew Libatique
Reparto: Meryl Streep, Nicole Kidman, James Corden, Andrew Rannells, Kerry Washington, Keegan-Michael Key, Kevin Chamberlin, Nico Greetham, Jo Ellen Pellman, Logan Riley Hassel, Ariana DeBose, Monroe Cline, Nathaniel J. Potvin, Kiara T. Romero, Briana Price, Ryan Kendrick, Tori Kostic, Jillana Laufer, Sydney Cope, Chelsea Corp, Jeni Jones, Erica Lynn, Sofia Deler, Donyea Martin, Jade Patteri, Marcus Bailey, Joe Abraham, Morgan Dudley, Annie Ruby, Matthew Moseley, David Eby, Sierra Puett, Tasha Casberg, Anna Berg, Jeffrey Lynn White Jr.
Dirección: Ryan Murphy
viernes, 18 de diciembre de 2020
Mank
Disponible en Netflix.
David Fincher dirige esta película sobre Herman Mankiewicz, guionista de “Ciudadano Kane”, obra maestra actuada y dirigida por Orson Welles, estrenada en 1941. Basada en un guion de su padre, Jack Fincher, “Mank” es una visita al Hollywood de los años 30/40, con luces y sombras retratadas gracias a un blanco y negro lleno de gradientes y ensoñación. Reluce y brilla la hermosa fotografía de Erik Messerschmidt. Las aperturas y los cierres de cuadros son también un homenaje al cine clásico de la época. La composición parece que fuera de ese tiempo, es un lujo en detalles y también en los significados que proyecta.
Volviendo al relato, la caracterización de Mank está a cargo de Gary Oldman en una actuación sobresaliente, que destaca respecto a los roles que le secundan en el rodaje. Oldman transpira su personaje y lo dota de un aura cargada de finas pinceladas. Responde a una historia de vida que debemos armar como si se tratara de un puzzle. Puede resultar parcial o incluso una reivindicación del controvertido guionista, pero la cinta es mucho más profunda que eso. Acompaña a Herman Mankiewicz, Rita Alexander -Lily Collins-, una joven secretaria personal, a quien Mank dicta su nuevo trabajo mientras se recupera de un accidente de auto.
Los flujos del guion son compuestos, la cinta no es lineal, utiliza saltos temporales para poder entregar su contexto. Tanto es así que, en un período corto de tiempo, podemos estar en varios presentes, algo que proporciona una atmósfera especial y al mismo tiempo desafía al espectador. Vemos muchos personajes desfilar en pantalla. Por ejemplo, al magnate William Randolph Hearst -Charles Dance-, acaso inspirador de “Kane”, a Louis B. Meyer -Arliss Howard-, de los famosos estudios MGM, al productor John Houseman -Sam Troughton-, a Joseph -Tom Pelphrey-, hermano de Herman, y a la esposa de Mank, Sara -Tuppence Middleton-, la “pobre Sara”. Debemos ubicarlos a todos en el relato, no es sencillo, pero vale el esfuerzo. Brilla también la actriz Marion Davies -Amanda Seyfried- quien actúa como nexo del guionista con los mandamases del negocio. A todos ellos se suma la presencia de otros peces gordos de la época que completan una variopinta lista de figuras resplandecientes.
La cinta muestra egos altísimos, casi inaccesibles. Las personalidades de Wells y Mankiewicz afloran rápidamente gracias a una pluma ágil que lentamente conforma un tejido de alta densidad. El magnífico choque de egos provoca que la relación entre ambos -Wells no tiene un protagonismo presente sino que más bien es alguien “omnipresente”- sea más del tipo utilitario. La manipulación es evidente, las relaciones humanas se entrampan y finalmente todo se mantiene y avanza solo por necesidad.
David Fincher pone mucho énfasis en el proceso creativo y sus influencias. El guion es rico en imaginación y sentencias, con diálogos interesantísimos donde se vislumbra “Ciudadano Kane” sin ser naturalmente explícito. La cámara del director es sagaz para mostrar diferentes escenarios y saca partido a cada uno de los gestos que Mank nos regala, no solo físicos, en especial su voz y particular entonación.
El poder y el control se ponen de relieve. También el dinero, las intrigas, la conveniencia y por qué no, los trapos sucios. ¿Hay amistad verdadera? Al parecer no existe. Los magnates del cine se enfrentan a los creativos y por cierto Fincher también desnuda las odiosas diferencias de la separación de clases. En un mundo que “parece ser”, la marginación, la arrogancia y el desprecio no pueden faltar, son ingredientes fundamentales en un ambiente que se mueve con otros códigos, muy diferentes a sus apariencias.
“Mank” resulta muy interesante si la leemos con calma, porque tiene un ritmo lento. El eje central es el arrojo y la virtud creativa por sobre la mecánica de la propia acción. Dicho de otra forma, el núcleo revela la importancia fundamental del guion y por supuesto de su creador. “El contenido es el Rey”, hemos escuchado una y mil veces, y ejemplos tenemos por doquier. Tal vez es por ello que este reconocimiento a Mankiewicz, en su propio ambiente y en su mismo lenguaje, funciona muy bien. Además, si añadimos el oficio de Fincher para guiarnos en este viaje -pienso que el director también homenajea a su padre con esta cinta-, con una cinematografía que nos hace recordar, añorar y soñar, los componentes calzan como piezas de un preciso rompecabezas. David Fincher, al permitir el despliegue y lucimiento de Gary Oldman y con ello realzar la figura de Mank, independiente de sus adicciones, temperamento o condición, nos recuerda, una vez más, que el trabajo cinematográfico lo tenemos que completar nosotros mismos. Entonces, adelante, ¡manos a la obra!
Ficha técnica
Título original: Mank
Año: 2020
Duración: 132 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Netflix. Distribuida por Netflix
Género: Drama. Comedia | Biográfico. Alcoholismo. Años 30. Años 40. Cine dentro del cine
Guion: Jack Fincher
Música: Trent Reznor, Atticus Ross
Fotografía: Erik Messerschmidt (B&W)
Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin, Madison West, Adam Shapiro, Monika Gossmann, Paul Fox, Jessie Cohen, Amie Farrell, Alex Leontev, Stewart Skelton, Craig Robert Young, Derek Petropolis, Jaclyn Bethany, Arlo Mertz
Dirección: David Fincher
Volviendo al relato, la caracterización de Mank está a cargo de Gary Oldman en una actuación sobresaliente, que destaca respecto a los roles que le secundan en el rodaje. Oldman transpira su personaje y lo dota de un aura cargada de finas pinceladas. Responde a una historia de vida que debemos armar como si se tratara de un puzzle. Puede resultar parcial o incluso una reivindicación del controvertido guionista, pero la cinta es mucho más profunda que eso. Acompaña a Herman Mankiewicz, Rita Alexander -Lily Collins-, una joven secretaria personal, a quien Mank dicta su nuevo trabajo mientras se recupera de un accidente de auto.
Los flujos del guion son compuestos, la cinta no es lineal, utiliza saltos temporales para poder entregar su contexto. Tanto es así que, en un período corto de tiempo, podemos estar en varios presentes, algo que proporciona una atmósfera especial y al mismo tiempo desafía al espectador. Vemos muchos personajes desfilar en pantalla. Por ejemplo, al magnate William Randolph Hearst -Charles Dance-, acaso inspirador de “Kane”, a Louis B. Meyer -Arliss Howard-, de los famosos estudios MGM, al productor John Houseman -Sam Troughton-, a Joseph -Tom Pelphrey-, hermano de Herman, y a la esposa de Mank, Sara -Tuppence Middleton-, la “pobre Sara”. Debemos ubicarlos a todos en el relato, no es sencillo, pero vale el esfuerzo. Brilla también la actriz Marion Davies -Amanda Seyfried- quien actúa como nexo del guionista con los mandamases del negocio. A todos ellos se suma la presencia de otros peces gordos de la época que completan una variopinta lista de figuras resplandecientes.
La cinta muestra egos altísimos, casi inaccesibles. Las personalidades de Wells y Mankiewicz afloran rápidamente gracias a una pluma ágil que lentamente conforma un tejido de alta densidad. El magnífico choque de egos provoca que la relación entre ambos -Wells no tiene un protagonismo presente sino que más bien es alguien “omnipresente”- sea más del tipo utilitario. La manipulación es evidente, las relaciones humanas se entrampan y finalmente todo se mantiene y avanza solo por necesidad.
David Fincher pone mucho énfasis en el proceso creativo y sus influencias. El guion es rico en imaginación y sentencias, con diálogos interesantísimos donde se vislumbra “Ciudadano Kane” sin ser naturalmente explícito. La cámara del director es sagaz para mostrar diferentes escenarios y saca partido a cada uno de los gestos que Mank nos regala, no solo físicos, en especial su voz y particular entonación.
El poder y el control se ponen de relieve. También el dinero, las intrigas, la conveniencia y por qué no, los trapos sucios. ¿Hay amistad verdadera? Al parecer no existe. Los magnates del cine se enfrentan a los creativos y por cierto Fincher también desnuda las odiosas diferencias de la separación de clases. En un mundo que “parece ser”, la marginación, la arrogancia y el desprecio no pueden faltar, son ingredientes fundamentales en un ambiente que se mueve con otros códigos, muy diferentes a sus apariencias.
“Mank” resulta muy interesante si la leemos con calma, porque tiene un ritmo lento. El eje central es el arrojo y la virtud creativa por sobre la mecánica de la propia acción. Dicho de otra forma, el núcleo revela la importancia fundamental del guion y por supuesto de su creador. “El contenido es el Rey”, hemos escuchado una y mil veces, y ejemplos tenemos por doquier. Tal vez es por ello que este reconocimiento a Mankiewicz, en su propio ambiente y en su mismo lenguaje, funciona muy bien. Además, si añadimos el oficio de Fincher para guiarnos en este viaje -pienso que el director también homenajea a su padre con esta cinta-, con una cinematografía que nos hace recordar, añorar y soñar, los componentes calzan como piezas de un preciso rompecabezas. David Fincher, al permitir el despliegue y lucimiento de Gary Oldman y con ello realzar la figura de Mank, independiente de sus adicciones, temperamento o condición, nos recuerda, una vez más, que el trabajo cinematográfico lo tenemos que completar nosotros mismos. Entonces, adelante, ¡manos a la obra!
Ficha técnica
Título original: Mank
Año: 2020
Duración: 132 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Netflix. Distribuida por Netflix
Género: Drama. Comedia | Biográfico. Alcoholismo. Años 30. Años 40. Cine dentro del cine
Guion: Jack Fincher
Música: Trent Reznor, Atticus Ross
Fotografía: Erik Messerschmidt (B&W)
Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin, Madison West, Adam Shapiro, Monika Gossmann, Paul Fox, Jessie Cohen, Amie Farrell, Alex Leontev, Stewart Skelton, Craig Robert Young, Derek Petropolis, Jaclyn Bethany, Arlo Mertz
Dirección: David Fincher
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Harley Queen
Disponible en redsalas.cl
Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda nos sumergen en la vida de Carolina Flores, quien vive junto a su pareja, Cristian Donoso, y su hija Victoria, en Bajos de Mena, Puente Alto. Carolina tiene una productora junto a dos socios; Koke, un joven simpatizante nazi que usa linchacos, cuchillos y se ejercita físicamente, y una vecina adolescente cuyo sueño es independizarse. Ofrecen experiencias paranormales, “El túnel del diablo”, tours especiales que promocionan en redes sociales.
Pero el día a día de Carolina no es solo ser mamá y emprendedora. Ella aspira a ser una stripper, imita a la novia del Guasón -“Harley Quinn”-, y por eso su apodo artístico de “Harley Queen”. Entrena, toma clases prácticas en una academia, y sus actos se concentran en concursos y presentaciones que su guía organiza. Quiere salir adelante, luchar, ganarle a la vida, en un sector que, por su radical pobreza, ha sido llamado “el gueto más grande Chile”.
La cámara de Adriazola y Sepúlveda es invasiva. Se cuela en dos metros cuadrados, en una pieza del pequeño departamento y en el reducido living donde Carolina ensaya sus eróticos pasos frente a su pequeña hija que deambula y juega sin entender lo que hace su madre. Poco vemos a Cristian, su pareja, el padre de Victoria. Solo al final nos enteramos que madruga y atraviesa toda la ciudad para llegar a su trabajo de panadero. A los socios los perdemos prontamente, el relato es sobre Carolina, en primera, segunda y tercera persona.
“Harley Queen” está filmada con precisión. La realidad se presenta tal cual es, sin adornos, sin ropajes -tal como se exhibe Carolina-, en planos cercanos que angustian, en otros abiertos donde contemplamos abandono material y otros en los que ingresamos a aquellos blocks de población -denominados soluciones habitacionales, que de solución no tienen nada-, llenos de habitantes que conviven en un permanente día día en el que se ayudan y también se enfrentan.
La vida de Carolina da cuenta de su resiliencia. Vislumbramos un duelo; existe un antes y un después. Es confuso. Ella señala que “la muerte ronda su vida”. Hijos fallecidos, mascotas envenenadas por vecinos inescrupulosos, un lugar imposible para vivir. Carolina se mantiene firme, avanza hacia un futuro que ni siquiera sospecha pero que sabe está adelante, a la vuelta de la esquina. No será siempre stripper, a lo más hasta los 35 y con recauchaje, señala con seguridad.
El documental, por momentos, se hace ingrato de ver. No es que queramos esconder la cabeza ante lo que estamos observando, es el modo en que su esencia atraviesa la pantalla y nos golpea directamente. Adriazola y Sepúlveda desnudan lo que filman y también nos desnudan a nosotros, en la intimidad de nuestra propia realidad. Asoma el pudor y la vergüenza. No es posible tolerar este nivel de marginación, desprotección y vulnerabilidad. ¡Hasta cuándo!
Aun así, la cinta abre un espacio. Es el ejemplo de Carolina el que emerge, a pesar de los golpes mortales que ha sufrido y la desesperanza generalizada. Ella sabe que depende de ella y de nadie más. Lo fácil sería quedarse inmóvil, solo pedir ayuda e incluso mortificarse por tanta desgracia. Carolina no lo hace, se rearma una y otra vez, tal como en sus pasos de bailarina, para creer en un futuro, en una oportunidad, un cambio, una luz en el horizonte. El sacrificio y el esfuerzo valen, y aunque quedemos con una amargura persistente, Carolina no baja los brazos, continua avanzando. Por Victoria, por su propia vida, por ser mujer, por ser sobreviviente, por ser capaz de parase una y mil veces, por superar todas sus condiciones, materiales, íntimas y afectivas; por hacer honor a su nombre artístico; “Harley Queen”.
Ficha técnica
Título original: Harley Queen
Año: 2019
Duración: 100 minutos
País: Chile
Productora: Mitomana Producciones
Género: Drama
Guion: Carolina Adriazola, José Luis Sepúlveda
Reparto: Catalina Flores, Cristián Donoso, Victoria Donoso
Dirección: Carolina Adriazola, José Luis Sepúlveda
Pero el día a día de Carolina no es solo ser mamá y emprendedora. Ella aspira a ser una stripper, imita a la novia del Guasón -“Harley Quinn”-, y por eso su apodo artístico de “Harley Queen”. Entrena, toma clases prácticas en una academia, y sus actos se concentran en concursos y presentaciones que su guía organiza. Quiere salir adelante, luchar, ganarle a la vida, en un sector que, por su radical pobreza, ha sido llamado “el gueto más grande Chile”.
La cámara de Adriazola y Sepúlveda es invasiva. Se cuela en dos metros cuadrados, en una pieza del pequeño departamento y en el reducido living donde Carolina ensaya sus eróticos pasos frente a su pequeña hija que deambula y juega sin entender lo que hace su madre. Poco vemos a Cristian, su pareja, el padre de Victoria. Solo al final nos enteramos que madruga y atraviesa toda la ciudad para llegar a su trabajo de panadero. A los socios los perdemos prontamente, el relato es sobre Carolina, en primera, segunda y tercera persona.
“Harley Queen” está filmada con precisión. La realidad se presenta tal cual es, sin adornos, sin ropajes -tal como se exhibe Carolina-, en planos cercanos que angustian, en otros abiertos donde contemplamos abandono material y otros en los que ingresamos a aquellos blocks de población -denominados soluciones habitacionales, que de solución no tienen nada-, llenos de habitantes que conviven en un permanente día día en el que se ayudan y también se enfrentan.
La vida de Carolina da cuenta de su resiliencia. Vislumbramos un duelo; existe un antes y un después. Es confuso. Ella señala que “la muerte ronda su vida”. Hijos fallecidos, mascotas envenenadas por vecinos inescrupulosos, un lugar imposible para vivir. Carolina se mantiene firme, avanza hacia un futuro que ni siquiera sospecha pero que sabe está adelante, a la vuelta de la esquina. No será siempre stripper, a lo más hasta los 35 y con recauchaje, señala con seguridad.
El documental, por momentos, se hace ingrato de ver. No es que queramos esconder la cabeza ante lo que estamos observando, es el modo en que su esencia atraviesa la pantalla y nos golpea directamente. Adriazola y Sepúlveda desnudan lo que filman y también nos desnudan a nosotros, en la intimidad de nuestra propia realidad. Asoma el pudor y la vergüenza. No es posible tolerar este nivel de marginación, desprotección y vulnerabilidad. ¡Hasta cuándo!
Aun así, la cinta abre un espacio. Es el ejemplo de Carolina el que emerge, a pesar de los golpes mortales que ha sufrido y la desesperanza generalizada. Ella sabe que depende de ella y de nadie más. Lo fácil sería quedarse inmóvil, solo pedir ayuda e incluso mortificarse por tanta desgracia. Carolina no lo hace, se rearma una y otra vez, tal como en sus pasos de bailarina, para creer en un futuro, en una oportunidad, un cambio, una luz en el horizonte. El sacrificio y el esfuerzo valen, y aunque quedemos con una amargura persistente, Carolina no baja los brazos, continua avanzando. Por Victoria, por su propia vida, por ser mujer, por ser sobreviviente, por ser capaz de parase una y mil veces, por superar todas sus condiciones, materiales, íntimas y afectivas; por hacer honor a su nombre artístico; “Harley Queen”.
Ficha técnica
Título original: Harley Queen
Año: 2019
Duración: 100 minutos
País: Chile
Productora: Mitomana Producciones
Género: Drama
Guion: Carolina Adriazola, José Luis Sepúlveda
Reparto: Catalina Flores, Cristián Donoso, Victoria Donoso
Dirección: Carolina Adriazola, José Luis Sepúlveda
lunes, 14 de diciembre de 2020
Lazzaro felice
Disponible en Netflix.
Esta cinta, escrita y dirigida por Alice Rohrwacher, es una fábula que contiene múltiples capas. La historia se centra en Lazzaro -Adriano Tardiolo-, un joven campesino que vive y trabaja en “La Inviolata”, una pequeña aldea alejada de la ciudad, cuya patrona es la marquesa Alfonsina de Luna -Nicoletta Braschi-. Lazzaro es bondadoso y servicial. Todos se aprovechan de él. ¿Se defiende? No. Él es así, piensa en los demás, se posterga. ¿Les da en el gusto? Más bien es complaciente, de él emanan valores positivos, escucha, ayuda, se interesa por los otros.
La comunidad donde vive Lazzaro es especial. Trabajan y trabajan pero no obtienen ganancias, siempre están al debe. Quienes manejan el negocio -producción de tabaco-, la marquesa y su administrador, abusan de su poder y les ponen el pié encima. La ignorancia y la sumisión de estas trabajadoras y trabajadores es de no creer. La ruralidad y la falta de conocimientos juegan un papel importante pero, ¿por qué nunca se rebelan?
La llegada de Tancredi -Luca Chikovani -, el hijo de la marquesa, modifica el escenario. Encuentra en Lazzaro un confidente, alguien que puede acogerlo y también servirlo para sus propios intereses. A partir de ese momento, el relato se dirige hacia un punto de inflexión que nos descoloca y que marca el comienzo del realismo mágico.
La película compone, entre sus líneas, una denuncia social, muestra el abuso y sometimiento de trabajadores que desconocen sus derechos. La vulnerabilidad no se manifiesta solo con la pobreza material sino que se refleja en la condición de vida de los retratados, sus temores, su inacción, su parálisis ante un mundo que deben descubrir.
Lazzaro transita hacia otro ámbito. ¿Qué encuentra, qué cambia? Sus amigos de comunidad son ahora mayores y él sigue siendo el mismo joven por el que los años no han pasado. La marginalidad y pobreza del grupo se mantiene pese al paso de los años, sin embargo el contraste permanece inmutable gracias a los valores que representa Lazzaro; generosidad, preocupación, contención, espíritu verdadero de bondad.
¿La presencia de Lazzaro es real, o bien es una representación de la conciencia de cada uno? La cinta no lo responde porque debemos profundizar dentro de sus capas. Bajo una apariencia cándida, el relato se interna en una metáfora compleja sobre la belleza de la bondad y la generosidad.
La actuación de Adriano Tardiolo es simple, sin aspavientos, desprovista de atuendos, incluso físicos. Su fragilidad es extrema, su fortaleza está en su espíritu, en su acción, en su testimonio. Atrae la interpretación porque es transparente, iluminadora y a la vez esperanzadora. Es la búsqueda del bien, es la inocencia de la virtud, un sentido casi religioso, ¿un camino de santidad?.
“Lazzaro felice” nos desafía a reflexionar. No está todo dicho y el texto no es explícito. Al contrario, oculta bajo algunas sencillas capas un sentido profundo del ser, aquello que está aun intacto, un corazón inocente y bondadoso. Allí sucede el milagro, la transformación. Cuando tomamos cierta conciencia ya estamos atrapados en el relato y no queda más que dejarnos llevar. Es un viaje mágico, sobrenatural pero realista, que exige esfuerzo, contemplación y sagacidad. La directora Alice Rohrwacher invita a encontrar el propio sentido, a interpretarlo y a completarlo, haciendo el recorrido aun más interesante y complejo.
Ficha técnica
Título original: Lazzaro felice
Año: 2018
Duración: 125 minutos
País: Italia
Productora: Co-production Italia-Suiza-Francia-Alemania; Tempesta, Amka Films Productions, Ad Vitam Production
Género: Drama | Vida rural. Realismo mágico. Drama social
Guion: Alice Rohrwacher
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Adriano Tardiolo, Alba Rohrwacher, Agnese Graziani, Luca Chikovani, Sergi López, Natalino Balasso, Tommaso Ragno, Nicoletta Braschi, Leonardo Nigro
Dirección: Alice Rohrwacher
Esta cinta, escrita y dirigida por Alice Rohrwacher, es una fábula que contiene múltiples capas. La historia se centra en Lazzaro -Adriano Tardiolo-, un joven campesino que vive y trabaja en “La Inviolata”, una pequeña aldea alejada de la ciudad, cuya patrona es la marquesa Alfonsina de Luna -Nicoletta Braschi-. Lazzaro es bondadoso y servicial. Todos se aprovechan de él. ¿Se defiende? No. Él es así, piensa en los demás, se posterga. ¿Les da en el gusto? Más bien es complaciente, de él emanan valores positivos, escucha, ayuda, se interesa por los otros.
La comunidad donde vive Lazzaro es especial. Trabajan y trabajan pero no obtienen ganancias, siempre están al debe. Quienes manejan el negocio -producción de tabaco-, la marquesa y su administrador, abusan de su poder y les ponen el pié encima. La ignorancia y la sumisión de estas trabajadoras y trabajadores es de no creer. La ruralidad y la falta de conocimientos juegan un papel importante pero, ¿por qué nunca se rebelan?
La llegada de Tancredi -Luca Chikovani -, el hijo de la marquesa, modifica el escenario. Encuentra en Lazzaro un confidente, alguien que puede acogerlo y también servirlo para sus propios intereses. A partir de ese momento, el relato se dirige hacia un punto de inflexión que nos descoloca y que marca el comienzo del realismo mágico.
La película compone, entre sus líneas, una denuncia social, muestra el abuso y sometimiento de trabajadores que desconocen sus derechos. La vulnerabilidad no se manifiesta solo con la pobreza material sino que se refleja en la condición de vida de los retratados, sus temores, su inacción, su parálisis ante un mundo que deben descubrir.
Lazzaro transita hacia otro ámbito. ¿Qué encuentra, qué cambia? Sus amigos de comunidad son ahora mayores y él sigue siendo el mismo joven por el que los años no han pasado. La marginalidad y pobreza del grupo se mantiene pese al paso de los años, sin embargo el contraste permanece inmutable gracias a los valores que representa Lazzaro; generosidad, preocupación, contención, espíritu verdadero de bondad.
¿La presencia de Lazzaro es real, o bien es una representación de la conciencia de cada uno? La cinta no lo responde porque debemos profundizar dentro de sus capas. Bajo una apariencia cándida, el relato se interna en una metáfora compleja sobre la belleza de la bondad y la generosidad.
La actuación de Adriano Tardiolo es simple, sin aspavientos, desprovista de atuendos, incluso físicos. Su fragilidad es extrema, su fortaleza está en su espíritu, en su acción, en su testimonio. Atrae la interpretación porque es transparente, iluminadora y a la vez esperanzadora. Es la búsqueda del bien, es la inocencia de la virtud, un sentido casi religioso, ¿un camino de santidad?.
“Lazzaro felice” nos desafía a reflexionar. No está todo dicho y el texto no es explícito. Al contrario, oculta bajo algunas sencillas capas un sentido profundo del ser, aquello que está aun intacto, un corazón inocente y bondadoso. Allí sucede el milagro, la transformación. Cuando tomamos cierta conciencia ya estamos atrapados en el relato y no queda más que dejarnos llevar. Es un viaje mágico, sobrenatural pero realista, que exige esfuerzo, contemplación y sagacidad. La directora Alice Rohrwacher invita a encontrar el propio sentido, a interpretarlo y a completarlo, haciendo el recorrido aun más interesante y complejo.
Ficha técnica
Título original: Lazzaro felice
Año: 2018
Duración: 125 minutos
País: Italia
Productora: Co-production Italia-Suiza-Francia-Alemania; Tempesta, Amka Films Productions, Ad Vitam Production
Género: Drama | Vida rural. Realismo mágico. Drama social
Guion: Alice Rohrwacher
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Adriano Tardiolo, Alba Rohrwacher, Agnese Graziani, Luca Chikovani, Sergi López, Natalino Balasso, Tommaso Ragno, Nicoletta Braschi, Leonardo Nigro
Dirección: Alice Rohrwacher
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