Inspirada en la historia de un ex Agente de Seguridad Nacional de Estados Unidos que dejó su trabajo para dedicar su vida para sumergirse en el combate del submundo del tráfico de personas a lo largo de Latinoamérica, esta película puede resultar impactante por la cruda temática que aborda.
La cinta comienza mostrando a un padre que lleva a sus dos hijos a una promisoria sesión de fotografías, en Tegucigalpa, Honduras, sin embargo, cuando vuelve por ellos, el departamento donde los ha dejado está completamente vacío. La desesperación es total; la angustia, el abandono y la soledad traspasa la pantalla.
En forma paralela, en California, Tim Ballard -Jim Caviezel-, experimentado agente a cargo de combatir la distribución de pornografía infantil, se encuentra en medio de un operativo de campo para conseguir encarcelar a un nuevo depredador. Para ello usa diversas estrategias, desde un particular interrogatorio hasta hacerse pasar por un pedófilo más para generar empatía y lograr su misión.
Sin duda, Tim está tocado en su fuero interno. Con una familia numerosa y muy unida, el tema no le resulta para nada indiferente, y siente que tal vez no está haciendo los esfuerzos suficientes. Es por eso que, cuando conoce de primera fuente el caso de Miguel y su hermana, los niños secuestrados en Honduras, se involucra decididamente con el objetivo de rescatar a la pequeña Rocío de las garras de una mafia cuya extensión parece abarcarlo todo.
El guion, escrito por Rod Barr junto al director Alejandro Monteverde, logra generar un alto grado de incertidumbre en cada una de las acciones. Los casos que se presentan son desoladores, y la persecución debe hacerse de forma estratégica. El tráfico de personas, y en este caso de niños, es generalizado, y los abusadores representados en esta cinta consiguen despertar asco, una sensación que va en aumento en la medida que avanzamos y conocemos más detalles, lo que perfectamente podría transformarse posteriormente en odio y repulsión.
Cuando Tim va tras el paradero de Rocío y viaja a Colombia, su carrera se va, literalmente, al tacho, pues se sumerge a tal punto que debe ir por las suyas renunciando a su trabajo, además de dispuesto a asumir un desafío que implica riesgos que podrían resultar ser una trampa mortal. Brindar ayuda y buscar justicia es el valor supremo que lo lleva, incluso, a postergar a su familia, aún contando con el soporte emocional de su esposa, apoyo de vital trascendencia para un gigantesco esfuerzo y obsesión personal.
El desarrollo de la película toma vida en Cartagena, Colombia, junto a “Vampiro” -Bill Camp-, un ex contador del cártel que ahora trabaja para salvar a niños del tráfico sexual. La conexión entre ambos protagonistas es inmediata y comienzan juntos las planificaciones para lograr emboscadas que puedan poner a salvo a niños atrapados, aunque siempre con el objetivo de encontrar a Rocío entre quienes resulten liberados. Sin embargo, el paradero de la menor se encuentra oculto en la selva, al interior de las FARC, y allí es otra cosa: es un riesgo mayor que pocos aceptarían asumir, pero Tim no lo duda: va con todo.
Dirigida por Alejandro Monteverde, “Sound of Freedom” posee una edición destacada y unos planos de filmación muy bien realizados. Desde un comienzo, observamos muy buenos enfoques y desenfoques, junto a cámaras que proporcionan diferentes ángulos en una acción que se siente fluida y que nos atrapa como espectadores. La música, a cargo de Javier Navarrete, y que también incorpora canciones muy apropiadas para diferentes momentos, se transforma en un eje conductor del relato dadas las múltiples conexiones logradas gracias al desarrollo de un motivo -una quinta ascendente, que luego decae lentamente- que elabora variaciones que aumentan y disminuyen en extensión de acuerdo a la necesaria intensidad dramática de cada escena.
Jim Caviezel se compromete con su papel, resulta auténtico y creíble, tanto en su dupla con el experimentado Bill Camp como en su relación con los menores Cristal Paricio y Lucás Ávila, Rocío y Miguel, respectivamente. Al poner en relieve el tema del tráfico y explotación sexual de infantes, esta película logra conmover. Además asume un importante rol de difusión y de enseñanza respecto a una materia que, si bien ya la hemos visto desde varios ángulos, esta vez profundiza sobre una persona que emprende una decidida persecución y que además funda una organización especializada para luchar contra este crimen, la Operation Underground Railroad (O.U.R.).
No exenta de polémica, por sus financistas y grupos ligados a las teorías de la conspiración “QAnon”, este trabajo independiente es una voz que clama por la abolición de la esclavitud presente, en especial la de miles de niños inocentes que caen capturados en redes de prostitución infantil, un negocio tremendamente lucrativo y en exponencial aumento. Es por ello que el mensaje final, muy importante aunque algo discutible respecto a su formato, es un llamado de atención para todos nosotros. No podemos ser solo espectadores de un tema como este, debemos hacer algo, estar informados, difundirlo y apoyar las iniciativas que contribuyen a derrotar este flagelo. Es una tarea titánica, sin duda, pero mientras más personas nos involucremos desde nuestras propias posiciones, más fuerza habrá para poder combatirlo. Este es el mensaje de la película y también su apuesta, cuando se propone difundir una historia que no nos puede dejar indiferentes y que por lo mismo nos toca profundamente.
Ficha técnica
Título original: Sound of Freedom
Año: 2023
Duración: 131 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Santa Fé Films
Género: Thriller. Drama | Biográfico. Basado en hechos reales. Secuestros / Desapariciones
Guion: Rod Barr, Alejandro Monteverde
Música: Javier Navarrete
Fotografía: Gorka Gómez Andreu
Reparto: Jim Caviezel, Mira Sorvino, Bill Camp
Dirección: Alejandro Monteverde
miércoles, 30 de agosto de 2023
viernes, 25 de agosto de 2023
La memoria infinita
Este trabajo documental tiene un inicio conmovedor, dan ganas de aplaudir en el momento en que aparecen los créditos iniciales. Puede parecer contradictorio el conmoverse y querer aplaudir al mismo tiempo, pero es una buena síntesis de lo que provoca la naturalidad de este relato a través de sus 85 minutos de duración.
Dos protagonistas: Augusto y Paulina. Él, con diagnóstico de Alzheimer, como un niño, varias veces, repite lo que le preguntan, sin embargo en otras ocasiones da cuenta de una claridad inusitada para su condición. Ella, lo cuida con esmero, con paciencia y dedicación, con amor inconmensurable. Augusto fue un periodista jugado por la verdad en los difíciles años de la dictadura militar chilena, en terreno y tomando riesgos al participar en noticiarios opositores al régimen y que buscaban dar a conocer lo que sucedía en la cruda realidad. Ella, actriz de toda la vida, de larga y reconocida trayectoria, también incursionó en política como Ministra de Cultura en el primer gobierno de Michelle Bachelet. Ya llevan 25 años juntos, y el momento en que él ya no la reconozca se acerca inexorablemente, a pasos agigantados.
Maite Alberdi nos toca nuevamente la fibra más íntima con una filmación prístina, que denota la ternura, nobleza y paciencia en la vivencia y acompañamiento de una enfermedad que consume todo a su paso: pacientes, cuidadores, entornos, y familias completas. Inmensos valores observamos minuto a minuto, fundamentales para no decaer en esos momentos de flaqueza y permitir que afloren, como esperanza, esos visos estabilidad que parecieran diluirse lentamente en las tinieblas oscuras de la mente.
Este documental es un viaje, un camino donde vemos la condición actual y también observamos imágenes de archivo de Augusto y de Paulina, juntos y por separado, en un contexto que se completa gracias a la reconstrucción de una memoria histórica a la que el periodista dedicó gran parte de su vida profesional.
La montaña rusa de emociones no da tregua. La simpatía y la alegría conviven con la tristeza y la melancolía. Las crisis son terribles, impactantes. La desesperación es tan profunda que no logra aplacarse con esos breves momentos de luminosidad y tranquilidad que de improviso se presentan. Observar tal grado de intimidad provoca algo de pudor, porque la emoción allí presente, traspasa a raudales la pantalla y se recibe así, tal cual, pura y cristalina; nos mueve, nos zarandea, nos conmociona, nos derriba, y al mismo tiempo nos alimenta y nos da fuerza e ilusión para creer en el amor genuino.
Somos parte del día a día de la pareja, observamos los cambios que se producen en lo cotidiano, sus momentos buenos y también sus dificultades. Es pesada esa rutina y la carga duele, porque arrecia la desesperanza; la pérdida de la memoria es brutal. La analogía respecto a la memoria de Chile es crítica, dado el trabajo firmemente desarrollado por Augusto. El futuro no se construye sin los cimientos del pasado; no podemos olvidar, tenemos la necesidad de recordar, la obligación de recuperar y declarar lo vivido, y eso es justamente lo que fusiona las imágenes actuales y los videos de años anteriores, un equilibrio construido delicadamente, con belleza y arte, con hilos finos y extrema sutileza.
Técnicamente, el trabajo de Maite Alberdi es de excelencia. La ubicación de la cámara y los ambientes captados hacen que nosotros seamos ese ojo que pasa inadvertido en medio de la cotidianeidad. Lo que vemos en pantalla se devela sin filtros, constituye una apertura, una gran ventana que deja que los gestos, las decisiones y hasta el más mínimo detalle sea leído y comprendido en su máxima expresión. Solo el audio, por momentos confuso, se aleja del alto nivel que alcanza la producción, algo tal vez compresible por las condiciones del entorno y que, por cierto, no resta ningún mérito a un resultado general sobresaliente.
“La memoria infinita” es un poema audiovisual, una historia de amor llena de espíritu. Es, en esencia, un testimonio fundamental de identidad y humanidad, donde todos los elementos están enfocados en relevar el amor de una pareja que, pese a cualquier circunstancia, tienen sus almas unidas en una conexión que va más allá de lo descriptible, y que apreciamos en plenitud gracias a la oportunidad que nos entrega la realizadora -y por supuesto los protagonistas al autorizar ser filmados-, de ser espectadores privilegiados de un relato que probablemente nos acompañará, de aquí en adelante, como parte importante en nuestra historia personal.
Ficha técnica
Título original: La memoria infinita
Año: 2023
Duración: 85 minutos
País: Chile
Guion: Maite Alberdi
Género: Documental. Romance | Alzheimer. Enfermedad. Vejez / Madurez
Música: José Miguel Tobar, Miguel Miranda
Fotografía: Pablo Valdés
Reparto: Paulina Urrutia, Augusto Góngora
Dirección: Maite Alberdi
Dos protagonistas: Augusto y Paulina. Él, con diagnóstico de Alzheimer, como un niño, varias veces, repite lo que le preguntan, sin embargo en otras ocasiones da cuenta de una claridad inusitada para su condición. Ella, lo cuida con esmero, con paciencia y dedicación, con amor inconmensurable. Augusto fue un periodista jugado por la verdad en los difíciles años de la dictadura militar chilena, en terreno y tomando riesgos al participar en noticiarios opositores al régimen y que buscaban dar a conocer lo que sucedía en la cruda realidad. Ella, actriz de toda la vida, de larga y reconocida trayectoria, también incursionó en política como Ministra de Cultura en el primer gobierno de Michelle Bachelet. Ya llevan 25 años juntos, y el momento en que él ya no la reconozca se acerca inexorablemente, a pasos agigantados.
Maite Alberdi nos toca nuevamente la fibra más íntima con una filmación prístina, que denota la ternura, nobleza y paciencia en la vivencia y acompañamiento de una enfermedad que consume todo a su paso: pacientes, cuidadores, entornos, y familias completas. Inmensos valores observamos minuto a minuto, fundamentales para no decaer en esos momentos de flaqueza y permitir que afloren, como esperanza, esos visos estabilidad que parecieran diluirse lentamente en las tinieblas oscuras de la mente.
Este documental es un viaje, un camino donde vemos la condición actual y también observamos imágenes de archivo de Augusto y de Paulina, juntos y por separado, en un contexto que se completa gracias a la reconstrucción de una memoria histórica a la que el periodista dedicó gran parte de su vida profesional.
La montaña rusa de emociones no da tregua. La simpatía y la alegría conviven con la tristeza y la melancolía. Las crisis son terribles, impactantes. La desesperación es tan profunda que no logra aplacarse con esos breves momentos de luminosidad y tranquilidad que de improviso se presentan. Observar tal grado de intimidad provoca algo de pudor, porque la emoción allí presente, traspasa a raudales la pantalla y se recibe así, tal cual, pura y cristalina; nos mueve, nos zarandea, nos conmociona, nos derriba, y al mismo tiempo nos alimenta y nos da fuerza e ilusión para creer en el amor genuino.
Somos parte del día a día de la pareja, observamos los cambios que se producen en lo cotidiano, sus momentos buenos y también sus dificultades. Es pesada esa rutina y la carga duele, porque arrecia la desesperanza; la pérdida de la memoria es brutal. La analogía respecto a la memoria de Chile es crítica, dado el trabajo firmemente desarrollado por Augusto. El futuro no se construye sin los cimientos del pasado; no podemos olvidar, tenemos la necesidad de recordar, la obligación de recuperar y declarar lo vivido, y eso es justamente lo que fusiona las imágenes actuales y los videos de años anteriores, un equilibrio construido delicadamente, con belleza y arte, con hilos finos y extrema sutileza.
Técnicamente, el trabajo de Maite Alberdi es de excelencia. La ubicación de la cámara y los ambientes captados hacen que nosotros seamos ese ojo que pasa inadvertido en medio de la cotidianeidad. Lo que vemos en pantalla se devela sin filtros, constituye una apertura, una gran ventana que deja que los gestos, las decisiones y hasta el más mínimo detalle sea leído y comprendido en su máxima expresión. Solo el audio, por momentos confuso, se aleja del alto nivel que alcanza la producción, algo tal vez compresible por las condiciones del entorno y que, por cierto, no resta ningún mérito a un resultado general sobresaliente.
“La memoria infinita” es un poema audiovisual, una historia de amor llena de espíritu. Es, en esencia, un testimonio fundamental de identidad y humanidad, donde todos los elementos están enfocados en relevar el amor de una pareja que, pese a cualquier circunstancia, tienen sus almas unidas en una conexión que va más allá de lo descriptible, y que apreciamos en plenitud gracias a la oportunidad que nos entrega la realizadora -y por supuesto los protagonistas al autorizar ser filmados-, de ser espectadores privilegiados de un relato que probablemente nos acompañará, de aquí en adelante, como parte importante en nuestra historia personal.
Ficha técnica
Título original: La memoria infinita
Año: 2023
Duración: 85 minutos
País: Chile
Guion: Maite Alberdi
Género: Documental. Romance | Alzheimer. Enfermedad. Vejez / Madurez
Música: José Miguel Tobar, Miguel Miranda
Fotografía: Pablo Valdés
Reparto: Paulina Urrutia, Augusto Góngora
Dirección: Maite Alberdi
martes, 22 de agosto de 2023
Toc Toc Toc
La ejecución en dos niveles que presenta esta cinta puede resultar interesante. El superior, o la capa externa, es la historia de Peter -Woody Norman-, un niño de 8 años que en las noches se despierta producto de unos misteriosos golpes que siente en la muralla de su dormitorio. Aparentemente no hay nada, porque le cuenta a sus padres y ellos desestiman cualquier situación extraña; deben ser solo producto de su imaginación. La segunda capa es interna, subterránea, pero no por ello menos visible: Peter lo pasa mal en su vida; en su casa, sus padres son distantes y no le brindan el afecto ni la seguridad que necesita, en el colegio sufre buylling, y eso trae consecuencias.
La vulnerabilidad de Peter es evidente, y es tal vez por ello que su maestra sustituta, Miss Devine -Cleopatra Coleman-, se preocupa por él, en especial luego de ver que dibuja una habitación lúgubre donde un niño pide ayuda. Además, todo esto ocurre la semana previa a Halloween, y con la adición de un hecho significativo: hace algunos años, una niña que habitaba su cuadra desapareció misteriosamente y nunca más fue hallada, razón por la cual sus padres le tienen prohibido participar en la ya clásica actividad.
Dirigida por Samuel Bodin y con guion de Chris Thomas Devlin, “Cobweb” es una película que tiene un inicio lento y un formato clásico que establece un contexto que poco a poco se hace sumamente predecible. No obstante este calculado paso a paso, la película logra inquietar hacia su medianía, principalmente gracias a que no abusa de los elementos convencionales del género, y a una banda sonora que se impone en numerosas secuencias.
Lo que llama la atención es que el material más interesante queda tal vez demasiado escondido. Ya hablamos del buylling, pero el temor y la soledad que siente Peter es prácticamente paralizante. Por eso, quizá, esos golpes en su pieza, y posteriormente las conversaciones con esa misteriosa voz femenina, calan tan profundo y le hacen tomar acciones que jamás habría emprendido en otras circunstancias. También ayuda mucho al suspenso un estilo de filmación que pone énfasis en las luces y sombras de la fotografía, uno de los puntos altos del filme, a cargo de Philip Lozano.
El suspenso que produce el visionado de esta cinta es innegable, aunque no depare mayores sorpresas. Peter se defiende atacando, pero ¿es algo que le nace, o solo está impulsado por esta entidad que trata de convencerlo de algunas dudosas verdades? ¿Todo esto es real, o solo está en la imaginación de Peter? El castigo en el sótano es totalmente extemporáneo, como sacado de otros tiempos; no cuadra ni cuaja, y solo es entendido como ingrediente para un relato que quiere que mantengamos a sus padres como los principales sospechosos. La participación de la maestra podría haber sido mucho más interesante, sin embargo la decisión fue tenerla presente pero a una distancia más que prudente.
Dejo para el final una reflexión más personal. Peter es hijo único, y es posible que uno de sus sueños más importantes haya sido tener hermanos. Por ello, cuando descubre que la entidad con la que ha entablado una incipiente relación podría ser su hermana, afloran gran parte de sus frustraciones y deseos incumplidos. Ese matiz, la necesidad de compañía ante un vacío que me carcome por dentro, es un combustible poderoso para superar el miedo con acciones temerarias y poco conscientes.
“Toc Toc Toc”, título en español que no tiene ninguna relación con el original “Telaraña”, no es un gran aporte al género, sin embargo es un debut más que prometedor de Samuel Bodin, sobre todo por el manejo de elementos que salen de lo común. Si bien aún son pocos, plantea una visión diferente que esperamos aumente y progrese, para sumarse así a un estilo de películas que parece no decaer, una industria que convoca y convoca espectadores, porque no hay mejor experiencia que ver una película de suspenso o de terror en la pantalla grande.
Ficha técnica
Título original: Cobweb
Año: 2023
Duración: 88 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Lionsgate, Vertigo Entertainment, Point Grey Pictures. Distribuidora: Lionsgate
Género: Terror. Thriller. Intriga | Casas encantadas
Guion: Chris Thomas Devlin
Música: Sofia Hultquist
Fotografía: Philip Lozano
Reparto: Lizzy Caplan, Antony Starr, Woody Norman, Cleopatra Coleman, Steffanie Busey
La vulnerabilidad de Peter es evidente, y es tal vez por ello que su maestra sustituta, Miss Devine -Cleopatra Coleman-, se preocupa por él, en especial luego de ver que dibuja una habitación lúgubre donde un niño pide ayuda. Además, todo esto ocurre la semana previa a Halloween, y con la adición de un hecho significativo: hace algunos años, una niña que habitaba su cuadra desapareció misteriosamente y nunca más fue hallada, razón por la cual sus padres le tienen prohibido participar en la ya clásica actividad.
Dirigida por Samuel Bodin y con guion de Chris Thomas Devlin, “Cobweb” es una película que tiene un inicio lento y un formato clásico que establece un contexto que poco a poco se hace sumamente predecible. No obstante este calculado paso a paso, la película logra inquietar hacia su medianía, principalmente gracias a que no abusa de los elementos convencionales del género, y a una banda sonora que se impone en numerosas secuencias.
Lo que llama la atención es que el material más interesante queda tal vez demasiado escondido. Ya hablamos del buylling, pero el temor y la soledad que siente Peter es prácticamente paralizante. Por eso, quizá, esos golpes en su pieza, y posteriormente las conversaciones con esa misteriosa voz femenina, calan tan profundo y le hacen tomar acciones que jamás habría emprendido en otras circunstancias. También ayuda mucho al suspenso un estilo de filmación que pone énfasis en las luces y sombras de la fotografía, uno de los puntos altos del filme, a cargo de Philip Lozano.
El suspenso que produce el visionado de esta cinta es innegable, aunque no depare mayores sorpresas. Peter se defiende atacando, pero ¿es algo que le nace, o solo está impulsado por esta entidad que trata de convencerlo de algunas dudosas verdades? ¿Todo esto es real, o solo está en la imaginación de Peter? El castigo en el sótano es totalmente extemporáneo, como sacado de otros tiempos; no cuadra ni cuaja, y solo es entendido como ingrediente para un relato que quiere que mantengamos a sus padres como los principales sospechosos. La participación de la maestra podría haber sido mucho más interesante, sin embargo la decisión fue tenerla presente pero a una distancia más que prudente.
Dejo para el final una reflexión más personal. Peter es hijo único, y es posible que uno de sus sueños más importantes haya sido tener hermanos. Por ello, cuando descubre que la entidad con la que ha entablado una incipiente relación podría ser su hermana, afloran gran parte de sus frustraciones y deseos incumplidos. Ese matiz, la necesidad de compañía ante un vacío que me carcome por dentro, es un combustible poderoso para superar el miedo con acciones temerarias y poco conscientes.
“Toc Toc Toc”, título en español que no tiene ninguna relación con el original “Telaraña”, no es un gran aporte al género, sin embargo es un debut más que prometedor de Samuel Bodin, sobre todo por el manejo de elementos que salen de lo común. Si bien aún son pocos, plantea una visión diferente que esperamos aumente y progrese, para sumarse así a un estilo de películas que parece no decaer, una industria que convoca y convoca espectadores, porque no hay mejor experiencia que ver una película de suspenso o de terror en la pantalla grande.
Ficha técnica
Título original: Cobweb
Año: 2023
Duración: 88 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Lionsgate, Vertigo Entertainment, Point Grey Pictures. Distribuidora: Lionsgate
Género: Terror. Thriller. Intriga | Casas encantadas
Guion: Chris Thomas Devlin
Música: Sofia Hultquist
Fotografía: Philip Lozano
Reparto: Lizzy Caplan, Antony Starr, Woody Norman, Cleopatra Coleman, Steffanie Busey
Dirección: Samuel Bodin
martes, 15 de agosto de 2023
Bird Box Barcelona
No está claro el por qué del estado de las cosas, pero lo concreto es que Barcelona está desierta. Todo parte nueve meses antes, con una ola de suicidios inexplicables, aparentemente impulsados por el hecho de mirar directamente una misteriosa entidad. El panorama es devastador. Sebastian -Mario Casas- y su pequeña hija Anna -Alejandra Howard-, deben luchar por sobrevivir y la única manera es taparse la vista al estar en exteriores, a la luz del sol.
Esta odisea de padre e hija se complica aún más cuando se encuentran con otros sobrevivientes. En un comienzo prima la desconfianza, sin embargo también es claro que formar alianzas constituye una clara posibilidad para salvarse. Así conocen a Claire -Georgina Campbell-, una psiquiatra inglesa cuya misión es proteger a Sofía -Naila Schuberth-, una huérfana alemana de 8 años, separada de su madre apenas iniciado el caos. Al abandonar la ciudad intentando escapar, poco a poco se dan cuenta que el evento apocalíptico es mucho mayor de lo que imaginan, y ante el surgimiento de una nueva amenaza letal, adquieren la convicción de que sus días están contados.
Esta suerte de secuela o derivado de la película “Bird Box”, del 2018, resulta críptica y confusa. Como conocemos la esencia de la trama (el no mirar para no ser infectados), pierde un punto importante en el aura de suspenso que quiere proyectar. Tal vez por lo mismo, este thriller sobre supervivencia, con elementos de ciencia ficción y terror, no logra posicionarse claramente en un espacio que genere algún tipo de empatía, como sí sucedía con la cinta original.
Escrita y dirigida por Alex Pastor y David Pastor, y basada en la novela de Josh Malerman, “Bird Box Barcelona”, se ahoga en sus mismos sucesos y pareciera sucumbir a la fuerza sobrenatural de un relato que no termina de cuajar. Ni siquiera la prestancia y solidez de Mario Casas en el rol principal, logra sacarla de una modorra argumental que incluye mucho de onírico, irreal e imaginativo.
Si bien se trata de una película sobre el “no mirar”, el guion intenta buscar y hacer evidentes sus signos, algo así como mensajes que sean interpretables y que puedan entregar una cierta fundamentación a los eventos que suceden en el camino que recorren sus protagonistas, lo que parece ser una contradicción. Tampoco resulta, y es curioso, contar la historia en forma no estrictamente lineal, cuando habitualmente este recurso técnico ayuda bastante cuando la planicie narrativa no tiene muchas aristas desde las cuales sostenerse.
En resumen, una lástima; tenía muchas más expectativas en varios sentidos. Al pretender más de lo que en realidad es, justamente por la descrita falta de sustento, la película resulta frustrante al poco andar, y sus 110 minutos de duración se hacen extensos. Un paso en falso que no funciona, a pesar de haber tenido mucho a su favor para construir una sólida historia que permitiera el lucimiento de su estrella protagónica.
Ficha técnica
Título original: Bird Box Barcelona
Año: 2023
Duración: 110 minutos
País: España
Compañías: Nostromo Pictures, Dylan Clark Productions, Chris Morgan Productions, Netflix. Distribuidora: Netflix
Género: Terror. Ciencia ficción. Thriller | Pandemias. Futuro postapocalíptico. Thriller psicológico. Supervivencia. Sobrenatural
Guion: Alex Pastor, David Pastor. Novela: Josh Malerman
Música: Zeltia Montes
Fotografía: Daniel Aranyó
Reparto: Mario Casas, Alejandra Howard, Georgina Campbell, Naila Schuberth, Diego Calva, Leonardo Sbaraglia, Lola Dueñas, Patrick Criado, Gonzalo de Castro
Dirección: Álex Pastor, David Pastor
Esta odisea de padre e hija se complica aún más cuando se encuentran con otros sobrevivientes. En un comienzo prima la desconfianza, sin embargo también es claro que formar alianzas constituye una clara posibilidad para salvarse. Así conocen a Claire -Georgina Campbell-, una psiquiatra inglesa cuya misión es proteger a Sofía -Naila Schuberth-, una huérfana alemana de 8 años, separada de su madre apenas iniciado el caos. Al abandonar la ciudad intentando escapar, poco a poco se dan cuenta que el evento apocalíptico es mucho mayor de lo que imaginan, y ante el surgimiento de una nueva amenaza letal, adquieren la convicción de que sus días están contados.
Esta suerte de secuela o derivado de la película “Bird Box”, del 2018, resulta críptica y confusa. Como conocemos la esencia de la trama (el no mirar para no ser infectados), pierde un punto importante en el aura de suspenso que quiere proyectar. Tal vez por lo mismo, este thriller sobre supervivencia, con elementos de ciencia ficción y terror, no logra posicionarse claramente en un espacio que genere algún tipo de empatía, como sí sucedía con la cinta original.
Escrita y dirigida por Alex Pastor y David Pastor, y basada en la novela de Josh Malerman, “Bird Box Barcelona”, se ahoga en sus mismos sucesos y pareciera sucumbir a la fuerza sobrenatural de un relato que no termina de cuajar. Ni siquiera la prestancia y solidez de Mario Casas en el rol principal, logra sacarla de una modorra argumental que incluye mucho de onírico, irreal e imaginativo.
Si bien se trata de una película sobre el “no mirar”, el guion intenta buscar y hacer evidentes sus signos, algo así como mensajes que sean interpretables y que puedan entregar una cierta fundamentación a los eventos que suceden en el camino que recorren sus protagonistas, lo que parece ser una contradicción. Tampoco resulta, y es curioso, contar la historia en forma no estrictamente lineal, cuando habitualmente este recurso técnico ayuda bastante cuando la planicie narrativa no tiene muchas aristas desde las cuales sostenerse.
En resumen, una lástima; tenía muchas más expectativas en varios sentidos. Al pretender más de lo que en realidad es, justamente por la descrita falta de sustento, la película resulta frustrante al poco andar, y sus 110 minutos de duración se hacen extensos. Un paso en falso que no funciona, a pesar de haber tenido mucho a su favor para construir una sólida historia que permitiera el lucimiento de su estrella protagónica.
Ficha técnica
Título original: Bird Box Barcelona
Año: 2023
Duración: 110 minutos
País: España
Compañías: Nostromo Pictures, Dylan Clark Productions, Chris Morgan Productions, Netflix. Distribuidora: Netflix
Género: Terror. Ciencia ficción. Thriller | Pandemias. Futuro postapocalíptico. Thriller psicológico. Supervivencia. Sobrenatural
Guion: Alex Pastor, David Pastor. Novela: Josh Malerman
Música: Zeltia Montes
Fotografía: Daniel Aranyó
Reparto: Mario Casas, Alejandra Howard, Georgina Campbell, Naila Schuberth, Diego Calva, Leonardo Sbaraglia, Lola Dueñas, Patrick Criado, Gonzalo de Castro
Dirección: Álex Pastor, David Pastor
jueves, 10 de agosto de 2023
El libro de los deseos
Sinopsis: La vida de Thelma da un giro trágico cuando un accidente deja en coma a su hijo Louis, de 12 años. Decidida a despertarlo por todos los medios, acepta el alocado reto de completar una a una las "10 cosas que hay que hacer antes del fin del mundo", que el niño había escrito en su diario, para mostrarle todas las cosas maravillosas que ofrece la vida. Este viaje a través de los sueños de su hijo preadolescente la llevará mucho más lejos de lo que nunca había imaginado, llegando a reavivar sus propias ganas de vivir.
Un hecho inesperado trastoca absolutamente la vida. Y aún más si se trata del accidente que afecta a un hijo y lo deja en estado de coma durante semanas. ¿Qué hacer? Parece que las esperanzas se diluyen como agua entre los dedos. El deseo -lo único, tal vez, porque no hay nada más importante-, es su recuperación, incluso a costa de la propia vida. Esto es exactamente lo que le sucede a Thelma -Alexandra Lamy-, cuando Louis -Hugo Questel-, queda postrado en cama luego de un grave atropello; solo espera que ocurra un milagro.
Es posible que la primera reacción sea de rebelión, junto con una mezcla de tristeza y decepción absoluta. Continuar la vida así parece algo inconcebible, y es lo que esta película dirigida por Lisa Azuelos logra transmitir en sus primeros 15 minutos. La secuencia inicial es ágil, salta de lo cotidiano a lo profundo sin mediar demasiada elaboración, y aunque sepamos lo que está por venir, igualmente nos toma por sorpresa.
Basada en la novela “La cámara de las maravillas”, escrita por Julien Sandrel y publicada el año 2018, la historia pronto se convierte en un testimonio de tesón y complicidad, donde el deseo de realizar aquellas cosas pendientes declaradas por Louis, apela a una sensibilidad y humanidad que va más allá de cualquier frontera, limitación o simple compromiso.
Es cierto que estamos frente a un drama que es tratado en forma convencional, carente de sorpresas o giros que desvíen nuestra atención hacia algo diferente a la médula del relato. Es por ello, quizá, que el metraje resulte evidente, y que cada ciertos minutos tengamos la sensación de estar viendo algo que ya hemos visto en numerosas oportunidades. Aún así, gracias a su prolija estética y una manera cercana y suave de filmar, la directora nos conduce en forma suave hacia una empatía natural con esta madre desesperada y su carrera contra el tiempo por conseguir sus objetivos.
Hay preguntas de contexto que limitan un poco la magia que presenta este filme, y que tienen más que ver con situaciones prácticas que con los sueños y esperanzas depositadas en cumplir la lista de deseos. Por ejemplo, el trabajo de Thelma, o los recursos económicos involucrados, la afectividad de un par de personajes secundarios, y una incógnita mayor que refiere al padre del adolescente. Aún así, el guion elaborado por Juliette Sales y Fabien Suarez se las arregla para transitar rápido y evitar cuestionamientos más de fondo, en una muestra palpable que una buena escritura es capaz de salvar tropiezos narrativos y carencias argumentales.
“La chambre des merveilles”, que primero es percibida como una historia centrada en el menor accidentado, se revela como una película que apunta a la realización personal de la protagonista y que trasciende a su hijo. Finalmente, aquella lista del joven se transforma en “su lista”, algo que comienza a ejecutar “por ella” y también “para ella”, inseparable por cierto de la condición y futuro de Louis, pero que en un punto clave se funde y luego se separa de aquello en carriles que exigen tomar opciones. Ante decisiones importantes, convicción; en el momento en que la vida se nos enfrenta, y que puede sacar lo peor o lo mejor de cada uno, el camino a elegir es una decisión íntima y personal. De ello depende el futuro, porque hay situaciones que no podemos controlar pero sí nuestras reacciones y acciones. Probablemente aquello permita acercarnos a una aceptación más madura y consciente de la realidad, un punto de inflexión que con deseo de salir adelante, construya el porvenir.
Ficha técnica
Título original: La chambre des merveilles
Año: 2023
Duración: 98 minutos
País: Francia
Compañías: M6 Films, Jerico, SND Films, Orange Cinéma Séries, Ciné+
Género: Drama | Familia. Maternidad. Enfermedad
Guion: Juliette Sales, Fabien Suarez. Novela: Julien Sandrel
Reparto: Alexandra Lamy, Muriel Robin, Hugo Questel, Xavier Lacaille, Martine Schambacher, Camira Amourache, Eye Haidara, Rafi Pitts
Dirección: Lisa Azuelos
Un hecho inesperado trastoca absolutamente la vida. Y aún más si se trata del accidente que afecta a un hijo y lo deja en estado de coma durante semanas. ¿Qué hacer? Parece que las esperanzas se diluyen como agua entre los dedos. El deseo -lo único, tal vez, porque no hay nada más importante-, es su recuperación, incluso a costa de la propia vida. Esto es exactamente lo que le sucede a Thelma -Alexandra Lamy-, cuando Louis -Hugo Questel-, queda postrado en cama luego de un grave atropello; solo espera que ocurra un milagro.
Es posible que la primera reacción sea de rebelión, junto con una mezcla de tristeza y decepción absoluta. Continuar la vida así parece algo inconcebible, y es lo que esta película dirigida por Lisa Azuelos logra transmitir en sus primeros 15 minutos. La secuencia inicial es ágil, salta de lo cotidiano a lo profundo sin mediar demasiada elaboración, y aunque sepamos lo que está por venir, igualmente nos toma por sorpresa.
Basada en la novela “La cámara de las maravillas”, escrita por Julien Sandrel y publicada el año 2018, la historia pronto se convierte en un testimonio de tesón y complicidad, donde el deseo de realizar aquellas cosas pendientes declaradas por Louis, apela a una sensibilidad y humanidad que va más allá de cualquier frontera, limitación o simple compromiso.
Es cierto que estamos frente a un drama que es tratado en forma convencional, carente de sorpresas o giros que desvíen nuestra atención hacia algo diferente a la médula del relato. Es por ello, quizá, que el metraje resulte evidente, y que cada ciertos minutos tengamos la sensación de estar viendo algo que ya hemos visto en numerosas oportunidades. Aún así, gracias a su prolija estética y una manera cercana y suave de filmar, la directora nos conduce en forma suave hacia una empatía natural con esta madre desesperada y su carrera contra el tiempo por conseguir sus objetivos.
Hay preguntas de contexto que limitan un poco la magia que presenta este filme, y que tienen más que ver con situaciones prácticas que con los sueños y esperanzas depositadas en cumplir la lista de deseos. Por ejemplo, el trabajo de Thelma, o los recursos económicos involucrados, la afectividad de un par de personajes secundarios, y una incógnita mayor que refiere al padre del adolescente. Aún así, el guion elaborado por Juliette Sales y Fabien Suarez se las arregla para transitar rápido y evitar cuestionamientos más de fondo, en una muestra palpable que una buena escritura es capaz de salvar tropiezos narrativos y carencias argumentales.
“La chambre des merveilles”, que primero es percibida como una historia centrada en el menor accidentado, se revela como una película que apunta a la realización personal de la protagonista y que trasciende a su hijo. Finalmente, aquella lista del joven se transforma en “su lista”, algo que comienza a ejecutar “por ella” y también “para ella”, inseparable por cierto de la condición y futuro de Louis, pero que en un punto clave se funde y luego se separa de aquello en carriles que exigen tomar opciones. Ante decisiones importantes, convicción; en el momento en que la vida se nos enfrenta, y que puede sacar lo peor o lo mejor de cada uno, el camino a elegir es una decisión íntima y personal. De ello depende el futuro, porque hay situaciones que no podemos controlar pero sí nuestras reacciones y acciones. Probablemente aquello permita acercarnos a una aceptación más madura y consciente de la realidad, un punto de inflexión que con deseo de salir adelante, construya el porvenir.
Ficha técnica
Título original: La chambre des merveilles
Año: 2023
Duración: 98 minutos
País: Francia
Compañías: M6 Films, Jerico, SND Films, Orange Cinéma Séries, Ciné+
Género: Drama | Familia. Maternidad. Enfermedad
Guion: Juliette Sales, Fabien Suarez. Novela: Julien Sandrel
Reparto: Alexandra Lamy, Muriel Robin, Hugo Questel, Xavier Lacaille, Martine Schambacher, Camira Amourache, Eye Haidara, Rafi Pitts
Dirección: Lisa Azuelos
lunes, 7 de agosto de 2023
Megalodón 2: El gran abismo
Qué difícil resulta comentar esta película; por dónde partir, qué aspectos analizar, cuál foco priorizar. Y no es debido a que haya mucho que decir, sino más bien lo contrario, por eso intentaré un ejercicio formal diferente esta vez.
Realización: Tal vez es el mejor aspecto del filme, una fotografía amplia de paisajes en superficie y al interior de un oscuro mundo submarino, lo que marca un fuerte contraste. Los efectos especiales no molestan, no son groseros, se dejan ver y fluyen, aunque los hayamos observado mil veces.
Trama: Lo más débil es el relato, sin sentido ni sustento que logre soportar un guion que no está al servicio de la historia sino que se encuentra totalmente capturado por la acción.
Actuaciones: Destaca el imbatible Jason Statham, sin embargo el resto del coro es un poquito más que arroz graneado, con escaso desarrollo y en ocasiones, incluso, sobrante en ciertas escenas.
Música: Ubicada en un muy segundo plano, y eso que la partitura es un interesante acompañamiento para varias secuencias, pero se pierde inexorablemente en las profundidades.
Acrobacias: Acá tenemos de todo, algunas funcionan harto bien pero otras se caen totalmente porque no tienen ninguna posibilidad de ser creíbles.
Terror: Poco y nada, salvo las mandíbulas batientes en primer plano de los magalodones ávidos de comerse todo lo que encuentran a su paso.
Monstruos: Aparte de los tiburones gigantes tenemos un pulpo a escala mayor que hace verse pequeño a cualquier otro espécimen, por más letal que sea; interesante.
Entretención: Irregular, mediana, incluso algo pobre diría yo, sobre todo en sus primeros dos tercios. El conflicto entre buenos y malos se come bastante rato al Megalodón, y aunque no profundiza, intenta ser complicado para tener un grado de relevancia que no logra conseguir.
En resumen, “Meg 2: The Trench”, correctamente dirigida por Ben Wheatley -tampoco tenía en sus manos un gran material con el que construir una mejor historia-, apenas flota, y queda a merced de sus propias vulnerabilidades. Acá, cualquier valoración estética o argumental poco vale, lo que prima es la taquilla y la recaudación, asunto que dará o no lugar a una siguiente parte si las cifras son lo suficientemente azules como para apostar nuevamente algunas fichas a estos portentosos escualos que, de cuando en vez, son sacados de las profundidades del mar para ser protagonistas de una nueva historia de sangre y destrucción.
Ficha técnica
Título original: Meg 2: The Trench
Año: 2023
Duración: 116 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-China; Apelles Entertainment, China Media Capital, Flagship Entertainment Group, Gravity Pictures, Maeday Productions. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Ciencia ficción. Terror | Secuela. Tiburones. Monstruos
Guion: Dean Georgaris, Erich Hoeber, Jon Hoeber. Personaje: Steve Alten
Fotografía: Haris Zambarloukos
Reparto: Jason Statham, Wu Jing, Sophia Cai, Page Kennedy, Sergio Peris-Mencheta, Skyler Samuels, Cliff Curtis.
Dirección: Ben Wheatley
Realización: Tal vez es el mejor aspecto del filme, una fotografía amplia de paisajes en superficie y al interior de un oscuro mundo submarino, lo que marca un fuerte contraste. Los efectos especiales no molestan, no son groseros, se dejan ver y fluyen, aunque los hayamos observado mil veces.
Trama: Lo más débil es el relato, sin sentido ni sustento que logre soportar un guion que no está al servicio de la historia sino que se encuentra totalmente capturado por la acción.
Actuaciones: Destaca el imbatible Jason Statham, sin embargo el resto del coro es un poquito más que arroz graneado, con escaso desarrollo y en ocasiones, incluso, sobrante en ciertas escenas.
Música: Ubicada en un muy segundo plano, y eso que la partitura es un interesante acompañamiento para varias secuencias, pero se pierde inexorablemente en las profundidades.
Acrobacias: Acá tenemos de todo, algunas funcionan harto bien pero otras se caen totalmente porque no tienen ninguna posibilidad de ser creíbles.
Terror: Poco y nada, salvo las mandíbulas batientes en primer plano de los magalodones ávidos de comerse todo lo que encuentran a su paso.
Monstruos: Aparte de los tiburones gigantes tenemos un pulpo a escala mayor que hace verse pequeño a cualquier otro espécimen, por más letal que sea; interesante.
Entretención: Irregular, mediana, incluso algo pobre diría yo, sobre todo en sus primeros dos tercios. El conflicto entre buenos y malos se come bastante rato al Megalodón, y aunque no profundiza, intenta ser complicado para tener un grado de relevancia que no logra conseguir.
En resumen, “Meg 2: The Trench”, correctamente dirigida por Ben Wheatley -tampoco tenía en sus manos un gran material con el que construir una mejor historia-, apenas flota, y queda a merced de sus propias vulnerabilidades. Acá, cualquier valoración estética o argumental poco vale, lo que prima es la taquilla y la recaudación, asunto que dará o no lugar a una siguiente parte si las cifras son lo suficientemente azules como para apostar nuevamente algunas fichas a estos portentosos escualos que, de cuando en vez, son sacados de las profundidades del mar para ser protagonistas de una nueva historia de sangre y destrucción.
Ficha técnica
Título original: Meg 2: The Trench
Año: 2023
Duración: 116 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Coproducción Estados Unidos-China; Apelles Entertainment, China Media Capital, Flagship Entertainment Group, Gravity Pictures, Maeday Productions. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Ciencia ficción. Terror | Secuela. Tiburones. Monstruos
Guion: Dean Georgaris, Erich Hoeber, Jon Hoeber. Personaje: Steve Alten
Fotografía: Haris Zambarloukos
Reparto: Jason Statham, Wu Jing, Sophia Cai, Page Kennedy, Sergio Peris-Mencheta, Skyler Samuels, Cliff Curtis.
Dirección: Ben Wheatley
jueves, 3 de agosto de 2023
La vaca que cantó una canción hacia el futuro
Una preciosa fotografía del sur de Chile enmarca la historia. Mientras observamos el daño ecológico, señales claras de destrucción y muerte, emerge desde el fondo del Río Cruces una mujer. Pronto sabremos que se trata de Magdalena -Mía Maestro-, quién está como en estado de trance. No habla pero comunica, mientras deambula. Cuando llega al pueblo, incide en los aparatos electrónicos; y un hombre mayor, al verla a través de una ventana, cae súbitamente al suelo.
El paralelo es la ciudad, Santiago. La doctora Cecilia -Leonor Varela-, absorta en su profesión, poco espacio comparte con sus dos hijos, sin embargo ante una llamada de su hermano Bernardo -Marcial Tagle-, viaja con ellos al sur pues su padre se encuentra internado. Ha sufrido un infarto.
No demoramos en armar la historia. Enrique -Alfredo Castro-, es el hombre mayor que vimos desplomarse. ¿La causa? Ver a su esposa fallecida -Magdalena-, aparecer de pronto. La perdió hace años, en forma trágica, y ahora vuelve convertida en un fantasma, o un espíritu, un alma en pena que regresa sin pedir ni hacer nada, pero que hace que este hombre implore perdón.
El negocio familiar es el “cuidado” de vacas. Lo pongo entre paréntesis porque se trata de una factoría de leche, y vemos lo cruel que puede resultar -incluso a escala no industrial-, esa dinámica. Y se nota que hay temas pendientes. La partida de esta esposa y mamá no es clara. Vemos la prensa. Una mujer desapareció en el río y su cuerpo nunca fue encontrado. ¿Suicidio? ¿Causas? ¿Otros motivos? La pérdida familiar habla de deudas emocionales, hay también rechazo por parte de Cecilia; el tema, aparentemente no es tema, pero sigue latente, vigente.
Con una fotografía de lujo a cargo de Inti Briones y una interesante partitura compuesta por Pierre Desprats, el debut de Francisca Alegría resulta interesante. El guion, compuesto por ella misma junto a Manuela Infante y Fernanda Urrejola posee un movimiento lento, cadencioso, y genera bastante intriga. ¿Estamos ante algo sobrenatural o imaginario? ¿O hay algo místico, con mensajes en clave que claman ser descifrados? Lo que sí está claro es que presenciamos una apuesta arriesgada, experimental, y en extremo sensitiva.
Lo paranormal y mágico lo provoca esta visita del pasado a un presente donde la muerte y el arrepentimiento conviven llenos de dudas y secretos. Asimismo, el desastre natural que produce la contaminación y envenenamiento sobre el río, cruza la esencia del relato con una denuncia concreta, un urgente grito de alarma y alerta respecto al daño infringido a la naturaleza y a nosotros mismos.
Hay en esta cinta una búsqueda de reencuentro, o tal vez una fusión, la necesidad de rescatar y al mismo tiempo renacer. El pasado debe ser enfrentado con decisión para así arreglar cuentas. Eso puede conducir a un futuro reconciliado, siempre y cuando la búsqueda de perdón sea noble y genuina.
Dentro de lo interesante que resulta esta película, hay una irregularidad que es difícil de describir y que tiene que ver con el desarrollo de sus personajes. Cada uno es un propio mundo y aquello lo observamos y podemos diferenciarlo bien. El tema es que algo pasa cuando interactúan. Allí no funcionan tan bien como cuando son entidades individuales. Algo sucede con lo colectivo, en la unión, en las relaciones. Además, es evidente la diferente profundidad que consigue cada actor con las herramientas dramáticas con las que cuenta. En eso se separa, por ejemplo, el papel de Leonor Varela -que tiene bastante tiempo en pantalla-, del rol de Marcial Tagle, o del mismo Alfredo Castro, quienes logran en lapsos bastante breves, caracterizar con mayor detalle a sus personajes. En esto, también se escapan los hijos de Cecilia, sobre todo el mayor, con su propia búsqueda de identidad que funciona mucho mejor en solitario que en la relación con su entrono.
“La vaca que cantó una canción hacia el futuro” es una fábula y también una metáfora. La duda que queda es sobre su sentido más profundo, o dicho de otro modo, sobre qué nos quiere sugerir y comunicar. Al ser una cinta de plano subjetiva, se transforma al mismo tiempo en indescifrable. Sus múltiples lecturas -y capas-, constituyen un gran mérito, sin embargo la hacen una obra eminentemente interpretativa. Es posible que luego de verla, tengamos tantas versiones como personas la observemos, y eso sin duda es valioso. No obstante, también sería interesante tener más pistas, no necesariamente explícitas, para orientar tanto el sentido como la virtud del relato.
Buen debut de Francisca Alegría, decidido y valiente, una voz nueva que desafía lo tradicional, capaz de incursionar en un ámbito complejo debido a su alto grado de abstracción.
Ficha técnica
Título original: La vaca que cantó una canción hacia el futuro
Año: 2022
Duración: 98 minutos
País: Chile
Compañías: Coproducción Chile-Francia-Estados Unidos-Alemania; Bord Cadre Films, Dialectic, Jirafa, Sovereign Films, Wood Producciones
Género: Drama | Vida rural. Familia
Guion: Francisca Alegría, Manuela Infante, Fernanda Urrejola
Música: Pierre Desprats
Fotografía: Inti Briones
Reparto: Reparto: Leonor Varela, Mía Maestro, Alfredo Castro, Luis Dubó, Marcial Tagle, Laura Del Rio Rios, Enzo Ferrada Rosati
Dirección: Francisca Alegría
El paralelo es la ciudad, Santiago. La doctora Cecilia -Leonor Varela-, absorta en su profesión, poco espacio comparte con sus dos hijos, sin embargo ante una llamada de su hermano Bernardo -Marcial Tagle-, viaja con ellos al sur pues su padre se encuentra internado. Ha sufrido un infarto.
No demoramos en armar la historia. Enrique -Alfredo Castro-, es el hombre mayor que vimos desplomarse. ¿La causa? Ver a su esposa fallecida -Magdalena-, aparecer de pronto. La perdió hace años, en forma trágica, y ahora vuelve convertida en un fantasma, o un espíritu, un alma en pena que regresa sin pedir ni hacer nada, pero que hace que este hombre implore perdón.
El negocio familiar es el “cuidado” de vacas. Lo pongo entre paréntesis porque se trata de una factoría de leche, y vemos lo cruel que puede resultar -incluso a escala no industrial-, esa dinámica. Y se nota que hay temas pendientes. La partida de esta esposa y mamá no es clara. Vemos la prensa. Una mujer desapareció en el río y su cuerpo nunca fue encontrado. ¿Suicidio? ¿Causas? ¿Otros motivos? La pérdida familiar habla de deudas emocionales, hay también rechazo por parte de Cecilia; el tema, aparentemente no es tema, pero sigue latente, vigente.
Con una fotografía de lujo a cargo de Inti Briones y una interesante partitura compuesta por Pierre Desprats, el debut de Francisca Alegría resulta interesante. El guion, compuesto por ella misma junto a Manuela Infante y Fernanda Urrejola posee un movimiento lento, cadencioso, y genera bastante intriga. ¿Estamos ante algo sobrenatural o imaginario? ¿O hay algo místico, con mensajes en clave que claman ser descifrados? Lo que sí está claro es que presenciamos una apuesta arriesgada, experimental, y en extremo sensitiva.
Lo paranormal y mágico lo provoca esta visita del pasado a un presente donde la muerte y el arrepentimiento conviven llenos de dudas y secretos. Asimismo, el desastre natural que produce la contaminación y envenenamiento sobre el río, cruza la esencia del relato con una denuncia concreta, un urgente grito de alarma y alerta respecto al daño infringido a la naturaleza y a nosotros mismos.
Hay en esta cinta una búsqueda de reencuentro, o tal vez una fusión, la necesidad de rescatar y al mismo tiempo renacer. El pasado debe ser enfrentado con decisión para así arreglar cuentas. Eso puede conducir a un futuro reconciliado, siempre y cuando la búsqueda de perdón sea noble y genuina.
Dentro de lo interesante que resulta esta película, hay una irregularidad que es difícil de describir y que tiene que ver con el desarrollo de sus personajes. Cada uno es un propio mundo y aquello lo observamos y podemos diferenciarlo bien. El tema es que algo pasa cuando interactúan. Allí no funcionan tan bien como cuando son entidades individuales. Algo sucede con lo colectivo, en la unión, en las relaciones. Además, es evidente la diferente profundidad que consigue cada actor con las herramientas dramáticas con las que cuenta. En eso se separa, por ejemplo, el papel de Leonor Varela -que tiene bastante tiempo en pantalla-, del rol de Marcial Tagle, o del mismo Alfredo Castro, quienes logran en lapsos bastante breves, caracterizar con mayor detalle a sus personajes. En esto, también se escapan los hijos de Cecilia, sobre todo el mayor, con su propia búsqueda de identidad que funciona mucho mejor en solitario que en la relación con su entrono.
“La vaca que cantó una canción hacia el futuro” es una fábula y también una metáfora. La duda que queda es sobre su sentido más profundo, o dicho de otro modo, sobre qué nos quiere sugerir y comunicar. Al ser una cinta de plano subjetiva, se transforma al mismo tiempo en indescifrable. Sus múltiples lecturas -y capas-, constituyen un gran mérito, sin embargo la hacen una obra eminentemente interpretativa. Es posible que luego de verla, tengamos tantas versiones como personas la observemos, y eso sin duda es valioso. No obstante, también sería interesante tener más pistas, no necesariamente explícitas, para orientar tanto el sentido como la virtud del relato.
Buen debut de Francisca Alegría, decidido y valiente, una voz nueva que desafía lo tradicional, capaz de incursionar en un ámbito complejo debido a su alto grado de abstracción.
Ficha técnica
Título original: La vaca que cantó una canción hacia el futuro
Año: 2022
Duración: 98 minutos
País: Chile
Compañías: Coproducción Chile-Francia-Estados Unidos-Alemania; Bord Cadre Films, Dialectic, Jirafa, Sovereign Films, Wood Producciones
Género: Drama | Vida rural. Familia
Guion: Francisca Alegría, Manuela Infante, Fernanda Urrejola
Música: Pierre Desprats
Fotografía: Inti Briones
Reparto: Reparto: Leonor Varela, Mía Maestro, Alfredo Castro, Luis Dubó, Marcial Tagle, Laura Del Rio Rios, Enzo Ferrada Rosati
Dirección: Francisca Alegría
lunes, 31 de julio de 2023
Luzzu
Jesmark -Jesmark Scicluna-, es un pescador maltés que lucha día a día por mantener a su familia, su esposa e hijo recién nacido. Entre la disminución de la pesca -y su baja venta-, y un problema de fuga en su bote de madera -Luzzu-, las dificultades cada vez son más agobiantes. La pobreza es evidente y las carencias manifiestas; el oficio de pescador no da estabilidad, y el inesperado tratamiento médico especial para su hijo, hace que la situación se transforme en algo crítico. Su esposa reacciona. Acude a su madre para apoyarse, sin embargo esto es algo que Jesmark no comparte. Su orgullo es mayor, no pide ayuda, no acepta ayuda. ¿Por qué, ante esas condiciones angustiantes? Porque todo es una amenaza, se siente muy poco valorado, menospreciado.
Desde un inicio observamos que Jesmark no establece buenas relaciones, tiene un genio endemoniado, tal vez producto de la frustración e impotencia que le embargan. La precaria situación personal y familiar le provoca inseguridad y desesperación, un círculo vicioso complejo que le lleva a tomar malas decisiones, cometer errores y enredarse, incluso al punto de incursionar en negocios turbios que involucran el mercado negro de la pesca ilegal.
Escrita y dirigida por Alex Camilleri, “Luzzu” es una película íntima, profunda y cruda. Con imágenes discordantes -bellos paisajes contrastan con la opacidad personal del protagonista-, Camilleri nos propone un viaje al interior de una persona que no sabe qué hacer para salir adelante. Las dificultades no son pocas, son mayores; no solo son materiales sino también de vida, esenciales, incluso espirituales. No se ve salida alguna, se trata de una búsqueda consistente y vital, pero sin ninguna esperanza.
El ritmo cadencioso de la cinta nos ayuda a sumergirnos en la introspección que el director quiere transmitir. Con fineza, detectamos los principios que están involucrados: bajo nivel educacional, falta de oportunidades, tradiciones familiares que no necesariamente se adaptan a tiempos actuales, presión social, deterioro del medio ambiente, proliferación de lo clandestino, corrupción, etc.
“Luzzu” es expresiva y a la vez impresionista. Habla de renuncias y reconversión, también de ceder con reparos, pena y frustración. El duelo se describe muy bien, una dolencia que causa estragos y que parece llevar inexorablemente a la autodestrucción, aunque comprendamos que procesarlo es la única forma de poder siquiera pensar en una posible reconstrucción.
Hay un hecho que describe inmejorablemente la esencia de este relato. Se trata de la reparación del bote -“Luzzu”, el nombre de la cinta-, que funciona muy bien como metáfora explícita de la urgente necesidad de reparación personal. Observamos un cambio radical, con una evolución inesperada, necesaria y fundamental, pero es evidentemente de forma, porque lo realmente primordial -aquello vital y consistente en alma y espíritu-, se mantiene presente, aún cambiando totalmente su forma exterior.
Con pocos elementos y una visión artística muy cuidadosa, esta película de Alex Camilleri se abre paso con consistencia como una propuesta reflexiva, diferente y a la vez provocadora. Si bien explicita bastante, es bastante más lo que revela solo en parte, con sensaciones y emociones a flor de piel pero contenidas, dejando a medio cubrir un agobio silencioso y angustiante que parece una olla a presión a punto de reventar. Al filmar de cerca, Camilleri encuentra los mejores momentos gracias a la actuación de su protagonista, Jesmark Scicluna, quien es capaz de sostener un gran peso sobre sus hombros sin necesariamente recurrir a recursos típicamente conocidos.
Interesante propuesta maltesa, un cine de autor con una voz particular que, sin aspavientos, es capaz de transmitir un mensaje cuestionador y urgente sobre temas actuales, situaciones con las que tal vez convivimos tal vez sin darnos cuenta, y que plantea, sin rodeos, la responsabilidad que tenemos como sociedad, y que definitivamente no podemos ignorar.
Ficha técnica
Título original: Luzzu
Año: 2021
Duración: 94 minutos
País: Malta
Compañías: Pellikola
Género: Drama | Pesca. Familia. Pobreza. Drama social
Guion: Alex Camilleri
Música: Jon Natchez
Fotografía: Léo Lefèvre
Reparto: Jesmark Scicluna, Michela Farrugia y David Scicluna.
Dirección: Alex Camilleri
Desde un inicio observamos que Jesmark no establece buenas relaciones, tiene un genio endemoniado, tal vez producto de la frustración e impotencia que le embargan. La precaria situación personal y familiar le provoca inseguridad y desesperación, un círculo vicioso complejo que le lleva a tomar malas decisiones, cometer errores y enredarse, incluso al punto de incursionar en negocios turbios que involucran el mercado negro de la pesca ilegal.
Escrita y dirigida por Alex Camilleri, “Luzzu” es una película íntima, profunda y cruda. Con imágenes discordantes -bellos paisajes contrastan con la opacidad personal del protagonista-, Camilleri nos propone un viaje al interior de una persona que no sabe qué hacer para salir adelante. Las dificultades no son pocas, son mayores; no solo son materiales sino también de vida, esenciales, incluso espirituales. No se ve salida alguna, se trata de una búsqueda consistente y vital, pero sin ninguna esperanza.
El ritmo cadencioso de la cinta nos ayuda a sumergirnos en la introspección que el director quiere transmitir. Con fineza, detectamos los principios que están involucrados: bajo nivel educacional, falta de oportunidades, tradiciones familiares que no necesariamente se adaptan a tiempos actuales, presión social, deterioro del medio ambiente, proliferación de lo clandestino, corrupción, etc.
“Luzzu” es expresiva y a la vez impresionista. Habla de renuncias y reconversión, también de ceder con reparos, pena y frustración. El duelo se describe muy bien, una dolencia que causa estragos y que parece llevar inexorablemente a la autodestrucción, aunque comprendamos que procesarlo es la única forma de poder siquiera pensar en una posible reconstrucción.
Hay un hecho que describe inmejorablemente la esencia de este relato. Se trata de la reparación del bote -“Luzzu”, el nombre de la cinta-, que funciona muy bien como metáfora explícita de la urgente necesidad de reparación personal. Observamos un cambio radical, con una evolución inesperada, necesaria y fundamental, pero es evidentemente de forma, porque lo realmente primordial -aquello vital y consistente en alma y espíritu-, se mantiene presente, aún cambiando totalmente su forma exterior.
Con pocos elementos y una visión artística muy cuidadosa, esta película de Alex Camilleri se abre paso con consistencia como una propuesta reflexiva, diferente y a la vez provocadora. Si bien explicita bastante, es bastante más lo que revela solo en parte, con sensaciones y emociones a flor de piel pero contenidas, dejando a medio cubrir un agobio silencioso y angustiante que parece una olla a presión a punto de reventar. Al filmar de cerca, Camilleri encuentra los mejores momentos gracias a la actuación de su protagonista, Jesmark Scicluna, quien es capaz de sostener un gran peso sobre sus hombros sin necesariamente recurrir a recursos típicamente conocidos.
Interesante propuesta maltesa, un cine de autor con una voz particular que, sin aspavientos, es capaz de transmitir un mensaje cuestionador y urgente sobre temas actuales, situaciones con las que tal vez convivimos tal vez sin darnos cuenta, y que plantea, sin rodeos, la responsabilidad que tenemos como sociedad, y que definitivamente no podemos ignorar.
Ficha técnica
Título original: Luzzu
Año: 2021
Duración: 94 minutos
País: Malta
Compañías: Pellikola
Género: Drama | Pesca. Familia. Pobreza. Drama social
Guion: Alex Camilleri
Música: Jon Natchez
Fotografía: Léo Lefèvre
Reparto: Jesmark Scicluna, Michela Farrugia y David Scicluna.
Dirección: Alex Camilleri
jueves, 27 de julio de 2023
Locas en apuros
Audrey Sullivan -Ashley Park-, y Lolo Chen -Sherry Cola-, se han criado juntas en Seattle desde su primera infancia. Como mejores amigas se conocen de memoria, se contienen, acogen y apoyan; podríamos decir que cada una es capaz de sentir lo mismo que la otra. Audrey, que es una exitosa abogada de un reconocido estudio jurídico, y ante la oportunidad de un ascenso en su carrera profesional, ve con buenos ojos realizar un viaje de negocios a China. Pero no quiere ir sola, por supuesto. Se embarca con Lolo -que es además una progresista artista libre-, y la prima de ella, “Deadeye” -Sabrina Wu-, una fanática del K-Pop. Para completar el cuarteto aventurero, en el destino suman la mejor amiga de la Universidad de Audrey, Kat -Stephanie Hsu-, una joven actriz comprometida con un famoso actor chino, y desde ese momento, las desventuras de estas cuatro mujeres se suceden, unas tras otras, en una vorágine desenfrenada y libertina difícil de comprender, carente de sentido y también de convicción.
Esta película escrita por Cherry Chevapravatdumrong, Teresa Hsiao y la directora Adele Lim, demora una hora en destapar su conflicto central y desnudar los temas de fondo en los que basa una precaria argumentación. Es cierto que en la base, y muy muy adentro, hay temas importantes, como la amistad, la búsqueda de identidad y el racismo, pero lo valioso de aquello, junto con la adición de otros valores importantes como las raíces, el origen y la familia, pasa rápidamente a pérdida más que nada por la forma en que son tratados a lo largo del metraje. Esta bien, es comedia, debe ser graciosa, pero cuando la forma se come el fondo, es fácil advertir un inminente descalabro. Otro tópico interesante, como la historia sobre el descubrimiento personal, también de desdibuja, aunque el mensaje final trate de posicionarse como un discurso de orgullo, aceptación y reencuentro.
“Locas en apuros” es para adultos, y aún así, con bastantes reparos. Se trata de una comedia gruesa, burda, y por momentos vulgar, sexualmente monotemática, con abuso de estereotipos y burlas por doquier. Hacer gags con cachetadas, exabruptos y ridiculeces es una forma fácil de hacer reír, y por cierto, son elementos manidos que no constituyen mayor aporte. Bien sabemos que una suma de sketches no necesariamente hacen una película, y en este caso tenemos que agregar que por poseer justamente un hilo conductor desconectado y un fondo difuso -que podría haberse reivindicado con un mejor tratamiento de las problemáticas, incluyendo la sexualidad-, obtenemos un resultado insuficiente. Actuaciones honestas, que hacen su mayor esfuerzo -aunque tal vez forzadamente-, tampoco consiguen levantar el filme aunque algunas de sus mejores secuencias logren tibias sonrisas.
Pobre resultado para una película bastante plana, poco graciosa e incluso grosera, cuyo título no anticipa en nada lo que veremos y que, tal vez por ello, puede perfectamente conducir a engaño más que a un viaje alegre como su título original -Joy Ride-, nos quiere hacer creer.
Ficha técnica
Título original: Joy Ride
Año: 2023
Duración: 92 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Lionsgate, Point Grey Pictures. Distribuidora: Lionsgate
Género: Comedia | Road Movie. Amistad
Guion: Cherry Chevapravatdumrong, Teresa Hsiao, Adele Lim
Música: Nathan Matthew David
Fotografía: Paul Yee
Reparto: Ashley Park, Sherry Cola, Stephanie Hsu, Sabrina Wu, Ronny Chieng, Meredith Hagner, David Denman, Annie Mumolo, Timothy Simons, Daniel Dae Kim
Esta película escrita por Cherry Chevapravatdumrong, Teresa Hsiao y la directora Adele Lim, demora una hora en destapar su conflicto central y desnudar los temas de fondo en los que basa una precaria argumentación. Es cierto que en la base, y muy muy adentro, hay temas importantes, como la amistad, la búsqueda de identidad y el racismo, pero lo valioso de aquello, junto con la adición de otros valores importantes como las raíces, el origen y la familia, pasa rápidamente a pérdida más que nada por la forma en que son tratados a lo largo del metraje. Esta bien, es comedia, debe ser graciosa, pero cuando la forma se come el fondo, es fácil advertir un inminente descalabro. Otro tópico interesante, como la historia sobre el descubrimiento personal, también de desdibuja, aunque el mensaje final trate de posicionarse como un discurso de orgullo, aceptación y reencuentro.
“Locas en apuros” es para adultos, y aún así, con bastantes reparos. Se trata de una comedia gruesa, burda, y por momentos vulgar, sexualmente monotemática, con abuso de estereotipos y burlas por doquier. Hacer gags con cachetadas, exabruptos y ridiculeces es una forma fácil de hacer reír, y por cierto, son elementos manidos que no constituyen mayor aporte. Bien sabemos que una suma de sketches no necesariamente hacen una película, y en este caso tenemos que agregar que por poseer justamente un hilo conductor desconectado y un fondo difuso -que podría haberse reivindicado con un mejor tratamiento de las problemáticas, incluyendo la sexualidad-, obtenemos un resultado insuficiente. Actuaciones honestas, que hacen su mayor esfuerzo -aunque tal vez forzadamente-, tampoco consiguen levantar el filme aunque algunas de sus mejores secuencias logren tibias sonrisas.
Pobre resultado para una película bastante plana, poco graciosa e incluso grosera, cuyo título no anticipa en nada lo que veremos y que, tal vez por ello, puede perfectamente conducir a engaño más que a un viaje alegre como su título original -Joy Ride-, nos quiere hacer creer.
Ficha técnica
Título original: Joy Ride
Año: 2023
Duración: 92 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Lionsgate, Point Grey Pictures. Distribuidora: Lionsgate
Género: Comedia | Road Movie. Amistad
Guion: Cherry Chevapravatdumrong, Teresa Hsiao, Adele Lim
Música: Nathan Matthew David
Fotografía: Paul Yee
Reparto: Ashley Park, Sherry Cola, Stephanie Hsu, Sabrina Wu, Ronny Chieng, Meredith Hagner, David Denman, Annie Mumolo, Timothy Simons, Daniel Dae Kim
Dirección: Adele Lim
lunes, 24 de julio de 2023
Cash
Disponible en Netflix.
Un joven soñador, Daniel Sauveur -Raphaël Quenard-, se ve entrampado por su propio destino. Vive en la periferia francesa, en modestas condiciones, con vista a un campo de trigo donde se divisa, a lo lejos, una Catedral. La zona es dominada por una familia ricachona, los Breuil, quienes son dueños de una exitosa planta de envasado y despacho de perfumes de lujo. El dinero les sobra y el poder también. Prácticamente todo el pueblo trabaja para ellos; incluso, se dan el lujo de tapar la pobre vista de los Sauveur con un desproporcionado cartel de propaganda.
Daniel se ha propuesto nunca trabajar para ellos. Junto a su amigo de infancia, Scania -Igor Gotesman-, han montado un emprendimiento, un modesto negocio de reparto en motocicleta que, por diversas razones, no ha podido prosperar. Frustrado, o más bien resignado, Daniel se emplea en la fábrica “Breuil & Fils” como operario, lugar en el que conoce el mundo del empaquetado y distribución por dentro.
Como las aspiraciones son más grandes que su propia realidad, nuestro osado protagonista lleva a la práctica una idea muy lucrativa. Se trata de sacar, a hurtadillas, frascos de perfume aprovechando el margen de error que permiten los embalajes industriales, la falta de cuidado de los inventarios, y por supuesto, sobornando a personas clave dentro de la planta. Al venderlos a menor precio en línea, y también en mercados alternativos, Daniel se da cuenta que es una mina de oro y puede ganar mucho dinero con esta maquinaria delictiva bien urdida y que parece funcionar a las mil maravillas.
Jérémie Rozan filma un guion de su autoría, una comedia que también suma intriga, romance y un poco de thriller, y que desarrolla en solo 1 hora y 36 minutos, temáticas que van desde las relaciones cotidianas hasta el daño que producen los grandes conglomerados en sectores abatidos por la injusticia social. El debut de Rozan no puede ser mejor con esta pequeña pieza que no podemos pasar por alto, sobre todo si queremos entender ciertos rasgos distintivos de aquellas personas que claman por oportunidades y que ven cómo les cierran la puerta en las narices, una y otra vez.
El manejo francés de la comedia resulta bien la mayoría de las veces, y esta no es la excepción. Salvo momentos de mucha información, cruces complicados y algunas subtramas que se entretejen, “Cash” fluye apropiadamente, dando espacio para cada tema aún sin desarrollar demasiado los personajes secundarios que acompañan el relato. Tanto es así que lo predecible es tal cual, predecible, y los pocos giros de tuerca aportan solo gotas de condimento a una película que, sin mayores aspiraciones, cumple mejor su propósito que muchas otras excelsas y promocionadas producciones que quedan rápidamente en el camino del olvido.
Ficha técnica
Título original: Cash
Año: 2023
Duración: 95 minutos
País: Francia
Compañías: 2425 Films. Distribuidora: Netflix
Género: Comedia
Guion: Jérémie Rozan
Música: David Sztanke
Fotografía: Mathieu Plainfosse
Reparto: Raphaël Quenard, Igor Gotesman, Agathe Rousselle, Antoine Gouy, Grégoire Colin
Dirección: Jérémie Rozan
Daniel se ha propuesto nunca trabajar para ellos. Junto a su amigo de infancia, Scania -Igor Gotesman-, han montado un emprendimiento, un modesto negocio de reparto en motocicleta que, por diversas razones, no ha podido prosperar. Frustrado, o más bien resignado, Daniel se emplea en la fábrica “Breuil & Fils” como operario, lugar en el que conoce el mundo del empaquetado y distribución por dentro.
Como las aspiraciones son más grandes que su propia realidad, nuestro osado protagonista lleva a la práctica una idea muy lucrativa. Se trata de sacar, a hurtadillas, frascos de perfume aprovechando el margen de error que permiten los embalajes industriales, la falta de cuidado de los inventarios, y por supuesto, sobornando a personas clave dentro de la planta. Al venderlos a menor precio en línea, y también en mercados alternativos, Daniel se da cuenta que es una mina de oro y puede ganar mucho dinero con esta maquinaria delictiva bien urdida y que parece funcionar a las mil maravillas.
Jérémie Rozan filma un guion de su autoría, una comedia que también suma intriga, romance y un poco de thriller, y que desarrolla en solo 1 hora y 36 minutos, temáticas que van desde las relaciones cotidianas hasta el daño que producen los grandes conglomerados en sectores abatidos por la injusticia social. El debut de Rozan no puede ser mejor con esta pequeña pieza que no podemos pasar por alto, sobre todo si queremos entender ciertos rasgos distintivos de aquellas personas que claman por oportunidades y que ven cómo les cierran la puerta en las narices, una y otra vez.
El manejo francés de la comedia resulta bien la mayoría de las veces, y esta no es la excepción. Salvo momentos de mucha información, cruces complicados y algunas subtramas que se entretejen, “Cash” fluye apropiadamente, dando espacio para cada tema aún sin desarrollar demasiado los personajes secundarios que acompañan el relato. Tanto es así que lo predecible es tal cual, predecible, y los pocos giros de tuerca aportan solo gotas de condimento a una película que, sin mayores aspiraciones, cumple mejor su propósito que muchas otras excelsas y promocionadas producciones que quedan rápidamente en el camino del olvido.
Ficha técnica
Título original: Cash
Año: 2023
Duración: 95 minutos
País: Francia
Compañías: 2425 Films. Distribuidora: Netflix
Género: Comedia
Guion: Jérémie Rozan
Música: David Sztanke
Fotografía: Mathieu Plainfosse
Reparto: Raphaël Quenard, Igor Gotesman, Agathe Rousselle, Antoine Gouy, Grégoire Colin
Dirección: Jérémie Rozan
viernes, 21 de julio de 2023
Oppenheimer
En lo esencial, “Oppenheimer”, la esperada película de Christopher Nolan, construye un perfil psicológico-emocional del llamado “padre de la Bomba Atómica”, una descripción humana muy acabada de este físico teórico -carácter, relaciones personales, profesionales y acciones-, que entrega un retrato interesantísimo de una persona clave en los sucesos que provocaron el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La película está en constante desarrollo. La progresión de la tensión dramática no decae en ningún momento durante sus tres horas de duración. Resulta magnética, con un ritmo por momentos vertiginoso, permitiendo que las diferentes líneas temporales se crucen, como en el espacio-tiempo, aspecto característico de su director, uniéndose y separándose de forma tan natural que tanto las referencias como la acción se aprecian simples, a pesar de la gran cantidad de personajes que permanentemente se van introduciendo.
El elenco escogido sin duda es de primer nivel. Cillian Murphy entrega vida a J. Robert Oppenheimer, y no cabe duda que es él, en cuerpo, alma y espíritu, en una actuación que sin duda será ampliamente reconocida. Asimismo, Robert Downey Jr. como el empresario Lewis Strauss, aporta una dosis notable de contrapunto, posicionando esa extraña dualidad de amistad-enemistad que forma parte central de uno de los conflictos que la cinta logra develar, especialmente lo que se desprende desde que Strauss, en 1947, le ofrece el puesto de director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton y Oppenheimer tiene un encuentro breve pero fundamental con Albert Einstein -Tom Conti-. También resulta preciso el papel de Matt Damon como Leslie Groves, el general a cargo de reclutar a los expertos del “Proyecto Manhattan”, y de montar el Laboratorio Los Alamos, en Nuevo México, un rol que va mutando con el correr del metraje y siempre mostrando una significativa presencia. Emily Blunt como Katherine "Kitty" Oppenheimer y Florence Pugh como Jean Tatlock, representan las visiones femeninas -las relaciones amorosas del protagonista- y ambas las desarrollan muy bien, de manera sólida, conformando un punto alto para una cinta que tiene escasa presencia de mujeres en su abanico de personajes.
La música de Ludwig Göransson es excelente. No solo resulta apropiada para cada momento, sino que se da el lujo de hacer variaciones sobre sus temas, melódicas y rítmicas, como asimismo aportar una metáfora particular con esos descensos de notas -llamadas glissando-, haciendo referencia directa a caídas de bombas. Es notable como la sala vibra con los sonidos. Aquello es algo difícil de describir y cuya experiencia solo se puede vivivenciar presencialmente en un cine -idealmente pantalla IMAX-, donde las mezclas adquieren otra proporción, y las imágenes -filmadas con cámaras especiales para dicha tecnología-, se revelan impresionantes.
Sobre el argumento, el proceso de desarrollo permite vislumbrar el tema y al mismo tiempo plantear el dilema. Son muchas capas las presentes, y también sus temáticas. Poder, política, ideología, competencia, son aspectos en permanente tensión, como asimismo el valor de la ciencia cuando se orienta a tal o cual objetivo. Christopher Nolan, con un guion de su autoría basada en el libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin, “American Prometheus”, plantea preguntas muy incómodas, pero necesarias, sobre la carrera atómica y sus consecuencias. Nuevamente la justificación, o el clásico cuestionamiento de si el fin justifica los medios, está más presente que nunca, porque se trata de terminar la guerra y también de anticiparse a Alemania y a la Unión Soviética en el desarrollo de un arma tan poderosa que por sí misma pudiese asegurar la paz mundial.
¿Habría concluido la guerra sin las bombas detonadas en Japón? ¿Era inevitable este desenlace, o también había una necesidad de demostrar capacidad científica y bélica? La secuencia de prueba -Trinity- es realmente magistral, tanto desde su preparación, que incluye las disyuntivas descritas, como desde la secuencia que se reproduce, pues la exploración de posibilidades, el ensayo y el error, el fallo y el éxito, conviven permanentemente en un ida y vuelta que parece no tener fin. Al concluir, justo completando dos tercios de la película, la luz, el sonido, los tiempos y reacciones forman una secuencia en cadena que se sale de la pantalla y nos llega directamente, tan profundamente como las palabras de Oppenheimer basadas en un verso de Bhagavad-gītā: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”. Cuando asoma esa contradicción abismante, por una parte la celebración y por otra parte la tragedia, lo que vemos es perturbador. El vacío es palpable, visible, y es increíble el efecto que produce, en ese preciso momento, la ausencia musica y sonido.
Al pasar al tercio final, vemos otra película. Las acusaciones, el juego de lealtades, los ataques arteros y las defensas corporativas, se funden en juicios políticos, morales y éticos. ¿Logra sobreponerse la realidad? ¿Quién gana, quién pierde, o es finalmente un juego de suma cero?
“Oppenheimer” es excelente y resulta embriagadoramente inmersiva, dado que produce la sensación estar dentro de ella. Visualmente es de una compenetración asombrosa, un trabajo de joyería con el que Christopher Nolan nos sorprende, una vez más, asumiendo enormes riesgos, y generando un resultado brillante -por momentos alucinante-, atractivo y vibrante.
Ficha técnica
Título original: Oppenheimer
Año: 2023
Duración: 180 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Universal Pictures, Atlas Entertainment, Syncopy Production, Gadget Films. Distribuidora: Universal Pictures
Género: Drama | Biográfico. Años 40
Guion: Christopher Nolan. Libro: Kai Bird, Martin J. Sherwin
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Matt Damon, Robert Downey Jr., Florence Pugh, Josh Hartnett, Casey Affleck, Rami Malek y Kenneth Branagh.
Dirección: Christopher Nolan
La película está en constante desarrollo. La progresión de la tensión dramática no decae en ningún momento durante sus tres horas de duración. Resulta magnética, con un ritmo por momentos vertiginoso, permitiendo que las diferentes líneas temporales se crucen, como en el espacio-tiempo, aspecto característico de su director, uniéndose y separándose de forma tan natural que tanto las referencias como la acción se aprecian simples, a pesar de la gran cantidad de personajes que permanentemente se van introduciendo.
El elenco escogido sin duda es de primer nivel. Cillian Murphy entrega vida a J. Robert Oppenheimer, y no cabe duda que es él, en cuerpo, alma y espíritu, en una actuación que sin duda será ampliamente reconocida. Asimismo, Robert Downey Jr. como el empresario Lewis Strauss, aporta una dosis notable de contrapunto, posicionando esa extraña dualidad de amistad-enemistad que forma parte central de uno de los conflictos que la cinta logra develar, especialmente lo que se desprende desde que Strauss, en 1947, le ofrece el puesto de director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton y Oppenheimer tiene un encuentro breve pero fundamental con Albert Einstein -Tom Conti-. También resulta preciso el papel de Matt Damon como Leslie Groves, el general a cargo de reclutar a los expertos del “Proyecto Manhattan”, y de montar el Laboratorio Los Alamos, en Nuevo México, un rol que va mutando con el correr del metraje y siempre mostrando una significativa presencia. Emily Blunt como Katherine "Kitty" Oppenheimer y Florence Pugh como Jean Tatlock, representan las visiones femeninas -las relaciones amorosas del protagonista- y ambas las desarrollan muy bien, de manera sólida, conformando un punto alto para una cinta que tiene escasa presencia de mujeres en su abanico de personajes.
La música de Ludwig Göransson es excelente. No solo resulta apropiada para cada momento, sino que se da el lujo de hacer variaciones sobre sus temas, melódicas y rítmicas, como asimismo aportar una metáfora particular con esos descensos de notas -llamadas glissando-, haciendo referencia directa a caídas de bombas. Es notable como la sala vibra con los sonidos. Aquello es algo difícil de describir y cuya experiencia solo se puede vivivenciar presencialmente en un cine -idealmente pantalla IMAX-, donde las mezclas adquieren otra proporción, y las imágenes -filmadas con cámaras especiales para dicha tecnología-, se revelan impresionantes.
Sobre el argumento, el proceso de desarrollo permite vislumbrar el tema y al mismo tiempo plantear el dilema. Son muchas capas las presentes, y también sus temáticas. Poder, política, ideología, competencia, son aspectos en permanente tensión, como asimismo el valor de la ciencia cuando se orienta a tal o cual objetivo. Christopher Nolan, con un guion de su autoría basada en el libro de Kai Bird y Martin J. Sherwin, “American Prometheus”, plantea preguntas muy incómodas, pero necesarias, sobre la carrera atómica y sus consecuencias. Nuevamente la justificación, o el clásico cuestionamiento de si el fin justifica los medios, está más presente que nunca, porque se trata de terminar la guerra y también de anticiparse a Alemania y a la Unión Soviética en el desarrollo de un arma tan poderosa que por sí misma pudiese asegurar la paz mundial.
¿Habría concluido la guerra sin las bombas detonadas en Japón? ¿Era inevitable este desenlace, o también había una necesidad de demostrar capacidad científica y bélica? La secuencia de prueba -Trinity- es realmente magistral, tanto desde su preparación, que incluye las disyuntivas descritas, como desde la secuencia que se reproduce, pues la exploración de posibilidades, el ensayo y el error, el fallo y el éxito, conviven permanentemente en un ida y vuelta que parece no tener fin. Al concluir, justo completando dos tercios de la película, la luz, el sonido, los tiempos y reacciones forman una secuencia en cadena que se sale de la pantalla y nos llega directamente, tan profundamente como las palabras de Oppenheimer basadas en un verso de Bhagavad-gītā: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”. Cuando asoma esa contradicción abismante, por una parte la celebración y por otra parte la tragedia, lo que vemos es perturbador. El vacío es palpable, visible, y es increíble el efecto que produce, en ese preciso momento, la ausencia musica y sonido.
Al pasar al tercio final, vemos otra película. Las acusaciones, el juego de lealtades, los ataques arteros y las defensas corporativas, se funden en juicios políticos, morales y éticos. ¿Logra sobreponerse la realidad? ¿Quién gana, quién pierde, o es finalmente un juego de suma cero?
“Oppenheimer” es excelente y resulta embriagadoramente inmersiva, dado que produce la sensación estar dentro de ella. Visualmente es de una compenetración asombrosa, un trabajo de joyería con el que Christopher Nolan nos sorprende, una vez más, asumiendo enormes riesgos, y generando un resultado brillante -por momentos alucinante-, atractivo y vibrante.
Ficha técnica
Título original: Oppenheimer
Año: 2023
Duración: 180 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Universal Pictures, Atlas Entertainment, Syncopy Production, Gadget Films. Distribuidora: Universal Pictures
Género: Drama | Biográfico. Años 40
Guion: Christopher Nolan. Libro: Kai Bird, Martin J. Sherwin
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Matt Damon, Robert Downey Jr., Florence Pugh, Josh Hartnett, Casey Affleck, Rami Malek y Kenneth Branagh.
Dirección: Christopher Nolan
Barbie
La acción transcurre en “Barbieland”, un lugar idílico, color de rosa, donde todo es perfecto. El orden del lugar es determinado por las diferentes Barbies, a través de sus variados oficios profesionales, relegando a los Ken a roles decorativos e insustanciales. Este ideal, un verdadero paraíso, se rompe en un instante cuando el estereotipo de Barbie -Margot Robbie-, sufre un cambio físico en sus pies y comienza a pensar en la muerte. Descolocada al comienzo, recurre a una Barbie “rara”, marginada, quien le señala que la dificultad que está viviendo responde a un problema originado en el mundo real: como todas ellas son juguetes, reflejan lo que sucede con sus dueñas, y aquella especial conexión abre un portal de acceso entre ambos ambientes.
Convencida que puede asumir el desafío, Barbie decide viajar donde los humanos para hallar la causa de sus problemas. Lo que no prevé es que Ken -Ryan Gosling-, se sume al viaje escondido en el auto, aunque finalmente lo acepta y emprenden juntos la aventura. Al llegar, encuentran algo muy distinto a lo que ambos están acostumbrados. Lo cotidiano acá es diferente: los problemas abundan y nada es perfecto, las niñas odian a Barbie y los hombres la consideran un objeto. Por su parte, Ken deduce que la masculinidad es lo que se impone y domina este mundo, por lo que comienza a idear la forma de generar un nuevo orden patriarcal cuando regresen a Barbieland.
Este caso, la llegada de muñecos al mundo real, ya es algo conocido para Mattel, la empresa dueña de los juguetes. Hay antecedentes previos y una forma protocolar de lidiar con ello, sin embargo su director ejecutivo -Will Ferrell-, no cuenta con la astucia y el riesgo que asume Barbie, y menos con la ayuda que le facilita Gloria -America Ferrera-, una empleada de la misma empresa, y quien justamente ha provocado el caos reinante.
Dirigida por Greta Gerwig, esta película podría haberse quedado en las caricaturas y en lo superfluo, sin embargo va un paso más allá. Expone, con un liviano tono de comedia, temas gruesos y profundos que componen una crítica social y punzante a muchos de los modelos históricamente aprendidos. Al proponerse ridiculizarlo todo, también asume un riesgo, pues la presencia de conflictos se da precisamente en esa esfera, cuando se invierten los papeles “tradicionales”, cuando se producen problemas con y entre mujeres, y cuando se confrontan los estereotipos más típicos. Por ejemplo, el rompimiento de la perfección, el crash de ese mundo ideal, glamoroso y soñado, claramente deja al descubierto lo pernicioso que resulta buscar en todo momento dicho orden perfecto. En ese sentido, la cinta agudiza conceptos como la sensibilidad y la vulnerabilidad para, finalmente, exponer una tesis: aceptar una realidad imperfecta, pero que es, sin embargo, absolutamente bella, en todas sus diversas dimensiones y múltiples representaciones.
El guion de Greta Gerwig y Noah Baumbach resulta muy certero. Es inteligente en el planteo de los temas, sarcástico y brutal para desnudar realidades, y lo suficientemente agudo para dar las puntadas correctas con un hilo delgado que se podría enredar por completo. En el discurso-arenga de Gloria, casi al final de la cinta, se sintetizan los puntos más importantes que el relato quiere fijar: lo absurdo de los roles prefijados y su tejado de vidrio, la creciente dificultad femenina en el mundo de hoy, que lejos de disminuir adquiere ribetes cada vez más complejos, la urgencia de cambiar efectivamente el orden de las cosas, la exponencial diversidad a la que nos vemos enfrentados, la necesaria adaptación ante la evolución de la sociedad, la vital búsqueda de la propia identidad e independencia, y lo fundamental que son los sueños y el propio desarrollo personal.
Las actuaciones comprenden un punto alto de esta producción. Margot Robbie no puede representar mejor el estereotipo de belleza de la muñeca original. Además, dota a su personaje de un abanico de características físicas y emocionales, logrando pasar de lo superficial a lo íntimo en fracciones de segundo, configurando un rol que le queda realmente como anillo al dedo. Por su parte, Ryan Gosling no se queda atrás, sobre todo cuando su personaje evoluciona -o bien involuciona-, creando una contraparte muy interesante aunque menos vistosa, producto del enfoque argumental. El resto del elenco funciona bien, acompaña, sobre todo en las muchas e infelices situaciones graciosas que condimentan la comedia, sin sobrepasar sus líneas y siempre supeditados a quienes son los verdaderos protagonistas de la trama.
“Barbie” es, en síntesis, una excelente película, bien compuesta y mejor desarrollada, una obra que contiene todos los ingredientes en su justa medida. El mundo Barbie es un lujo de producción, con vestuarios coloridos y muchos detalles estéticos, un ambiente rosa que a más de alguien podrá parecerle ficticio pero que no deja duda que se vive tal cual en algunas de las realidades que la película confronta directamente. Y tal vez ese es su mayor mérito: derrumbar estereotipos exponiéndolos en forma evidente, para dejarlos ahí a la vista, desprovistos de defensa alguna, una especie de juicio público -muy cómico pero no por eso menos profundo-, a nuestro mundo actual que, pese a evolucionar, aún no logra asumir la velocidad de los cambios de era estando, siempre, más de un paso atrás.
Ficha técnica
Título original: Barbie
Año: 2023
Duración: 114 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Warner Bros., Heyday Films, Mattel, LuckyChap Entertainment. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Comedia. Fantástico | Sátira
Guion: Greta Gerwig, Noah Baumbach
Música: Mark Ronson, Andrew Wyatt
Fotografía: Rodrigo Prieto
Reparto: Margot Robbie, Ryan Gosling, America Ferrera, Simu Liu, Kate McKinnon, Issa Rae, Rhea Perlman y Will Ferrell
Dirección: Greta Gerwig
Convencida que puede asumir el desafío, Barbie decide viajar donde los humanos para hallar la causa de sus problemas. Lo que no prevé es que Ken -Ryan Gosling-, se sume al viaje escondido en el auto, aunque finalmente lo acepta y emprenden juntos la aventura. Al llegar, encuentran algo muy distinto a lo que ambos están acostumbrados. Lo cotidiano acá es diferente: los problemas abundan y nada es perfecto, las niñas odian a Barbie y los hombres la consideran un objeto. Por su parte, Ken deduce que la masculinidad es lo que se impone y domina este mundo, por lo que comienza a idear la forma de generar un nuevo orden patriarcal cuando regresen a Barbieland.
Este caso, la llegada de muñecos al mundo real, ya es algo conocido para Mattel, la empresa dueña de los juguetes. Hay antecedentes previos y una forma protocolar de lidiar con ello, sin embargo su director ejecutivo -Will Ferrell-, no cuenta con la astucia y el riesgo que asume Barbie, y menos con la ayuda que le facilita Gloria -America Ferrera-, una empleada de la misma empresa, y quien justamente ha provocado el caos reinante.
Dirigida por Greta Gerwig, esta película podría haberse quedado en las caricaturas y en lo superfluo, sin embargo va un paso más allá. Expone, con un liviano tono de comedia, temas gruesos y profundos que componen una crítica social y punzante a muchos de los modelos históricamente aprendidos. Al proponerse ridiculizarlo todo, también asume un riesgo, pues la presencia de conflictos se da precisamente en esa esfera, cuando se invierten los papeles “tradicionales”, cuando se producen problemas con y entre mujeres, y cuando se confrontan los estereotipos más típicos. Por ejemplo, el rompimiento de la perfección, el crash de ese mundo ideal, glamoroso y soñado, claramente deja al descubierto lo pernicioso que resulta buscar en todo momento dicho orden perfecto. En ese sentido, la cinta agudiza conceptos como la sensibilidad y la vulnerabilidad para, finalmente, exponer una tesis: aceptar una realidad imperfecta, pero que es, sin embargo, absolutamente bella, en todas sus diversas dimensiones y múltiples representaciones.
El guion de Greta Gerwig y Noah Baumbach resulta muy certero. Es inteligente en el planteo de los temas, sarcástico y brutal para desnudar realidades, y lo suficientemente agudo para dar las puntadas correctas con un hilo delgado que se podría enredar por completo. En el discurso-arenga de Gloria, casi al final de la cinta, se sintetizan los puntos más importantes que el relato quiere fijar: lo absurdo de los roles prefijados y su tejado de vidrio, la creciente dificultad femenina en el mundo de hoy, que lejos de disminuir adquiere ribetes cada vez más complejos, la urgencia de cambiar efectivamente el orden de las cosas, la exponencial diversidad a la que nos vemos enfrentados, la necesaria adaptación ante la evolución de la sociedad, la vital búsqueda de la propia identidad e independencia, y lo fundamental que son los sueños y el propio desarrollo personal.
Las actuaciones comprenden un punto alto de esta producción. Margot Robbie no puede representar mejor el estereotipo de belleza de la muñeca original. Además, dota a su personaje de un abanico de características físicas y emocionales, logrando pasar de lo superficial a lo íntimo en fracciones de segundo, configurando un rol que le queda realmente como anillo al dedo. Por su parte, Ryan Gosling no se queda atrás, sobre todo cuando su personaje evoluciona -o bien involuciona-, creando una contraparte muy interesante aunque menos vistosa, producto del enfoque argumental. El resto del elenco funciona bien, acompaña, sobre todo en las muchas e infelices situaciones graciosas que condimentan la comedia, sin sobrepasar sus líneas y siempre supeditados a quienes son los verdaderos protagonistas de la trama.
“Barbie” es, en síntesis, una excelente película, bien compuesta y mejor desarrollada, una obra que contiene todos los ingredientes en su justa medida. El mundo Barbie es un lujo de producción, con vestuarios coloridos y muchos detalles estéticos, un ambiente rosa que a más de alguien podrá parecerle ficticio pero que no deja duda que se vive tal cual en algunas de las realidades que la película confronta directamente. Y tal vez ese es su mayor mérito: derrumbar estereotipos exponiéndolos en forma evidente, para dejarlos ahí a la vista, desprovistos de defensa alguna, una especie de juicio público -muy cómico pero no por eso menos profundo-, a nuestro mundo actual que, pese a evolucionar, aún no logra asumir la velocidad de los cambios de era estando, siempre, más de un paso atrás.
Ficha técnica
Título original: Barbie
Año: 2023
Duración: 114 minutos
País: Estados Unidos
Compañías: Warner Bros., Heyday Films, Mattel, LuckyChap Entertainment. Distribuidora: Warner Bros.
Género: Comedia. Fantástico | Sátira
Guion: Greta Gerwig, Noah Baumbach
Música: Mark Ronson, Andrew Wyatt
Fotografía: Rodrigo Prieto
Reparto: Margot Robbie, Ryan Gosling, America Ferrera, Simu Liu, Kate McKinnon, Issa Rae, Rhea Perlman y Will Ferrell
Dirección: Greta Gerwig
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