El viento mece las hojas de los árboles mientras se escucha el canto de los pájaros. Es el sur de Chile en esplendor, filmado con delicadeza y atención. Tonos verdes intensos, naturaleza exuberante y una casa. María se mueve con sigilo. Es temprano. Su madre duerme. Debe comer algo. El viaje es largo. Su padre la lleva a Osorno.
Con esa misma fragmentación se construye el relato que va construyendo la directora Miriam Heard en su trabajo de adaptar la novela “Después de la niebla” de María Edwards Urrejola, publicada en 2021.
María -Ema Godoy- estudia en la ciudad. Vive durante la semana en una especie de internado donde recibe techo, comida y educación. La disciplina que imparte su profesora es rigurosa. Se siente su disciplina alemana. En este hogar semanal comparte con su mejor amiga. Conversan, juegan, estudian y se acompañan. Vemos pocos niños. Aunque los hay, ellas son el eje de la historia.
María vuelve a su casa cada fin de semana, pero este es especial. Llegan visitas desde Santiago, amigos de sus padres que vienen a pasar unos días. Se rompe la rutina, pero solo para los adultos, porque para la pequeña protagonista se agudizan sus sensaciones.
Cuesta definir cuál es la historia de esta película. El trasfondo político -la campaña entre el Sí y el No del año 1988, y que además sitúa temporalmente la acción- parece importante en un comienzo pero poco a poco se diluye. Podemos ir más a fondo, entonces. La familia, su relación con el entorno, las dificultades económicas, la búsqueda de sentido. Esa lectura es más cercana pero aún resulta insuficiente. Finalmente nos quedamos con María, de unos 8 años, dividida entre dos mundos: el de sus padres, durante el fin de semana y el de sus estudios en la semana.
Miriam Heard filma cuidadosamente cada detalle y entrega el espacio necesario para que nos preguntemos qué estamos viendo. Quizá la respuesta esté en el deambular de María entre su mundo exterior, el que observamos, y su mundo interior, que intuimos y sentimos. Ema Godoy hace un trabajo muy natural. Desde las primeras tomas se ve sencilla y sin exageraciones. Al soportar prácticamente todo el peso de la cinta, muy pocas veces se le ve incómoda o forzada. Parece que actúa su propia vida, inmersa en un mundo de adultos que no logra comprender.
“Después de la niebla” habla de la soledad, de la necesidad de atención y del lugar que ocupa una niña en un espacio de padres ausentes. No se trata de la ausencia física -en la semana, naturalmente que es así- sino afectiva. No basta que su madre le diga que la quiere, y mucho. Eso es lo racional. Lo que María siente, puede ser incluso todo lo contrario: descuido, despreocupación; algo muy cercano al abandono. Muchas veces su contención es su nana, una mujer que se sobrepone a las dificultades cotidianas y que, gracias a ella, la casa sigue funcionando.
El conflicto que presenta Miriam Heard en este trabajo es diferente a lo que estamos acostumbrados. Es sutil y algo difuso, mucho más interno, y se juega en la interioridad de sus personajes. El desarrollo es lento y la cadencia larga. No parece haber apuro. El metraje se transforma en una rutina continua. Así, lo importante es la descripción, una mirada cercana a la vida íntima, para interpretarla y darle sentido.
Ficha técnica
Título original: Después de la niebla
Duración: 101 minutos
Género: Ficción
Productora ejecutiva: Dominique Rammsy S.
Director de fotografía: David Bravo Nuñez
Directora de sonido: Soledad Andrade
Director de arte: Gerardo Moro
Montaje: Luca Alverdi
Elenco: Ema Godoy, Inés Martín Bernaldo de Quirós, Mario Horton, Valentina Murh Altamira, Viviana Herrera, Heidrun María Breier, Álvaro Espinosa, Rocío Uson y Daniel Guillon
Dirección: Miriam Heard

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