Las películas de Jason Statham ofrecen acción y entregan acción. ¿Qué mejor? Uno sabe a qué atenerse. No buscamos profundidad ni una trama novedosa, queremos adrenalina y ojalá a raudales. Statham, en esto, es especialista.
En esta ocasión, el protagonista es Cole Reed -Statham-, guardaespaldas personal de Tibu Campallo -Ramon Tikaram-, CEO de KMG, una empresa naviera internacional. La relación entre ambos es más que profesional. Hay cariño y mucho agradecimiento; Reed salvó la vida de su jefe unos años atrás y el sentimiento es mutuo.
Como los negocios son negocios, el proceso de venta de la empresa familiar, liderado por el hijo del magnate, Kameron Campallo -Chaneil Kular-, está a punto de concluir; sin embargo, las cosas se complican. Luego de una cena de celebración por el negocio, Campallo y Reed son emboscados por un grupo armado y las consecuencias resultan fatales. Reed sobrevive, pero es culpado por la muerte de Tibu. Desde ese momento, jura no detenerse hasta conocer la verdad y cobrar venganza.
La producción de esta cinta no es menor. La filmación, liderada por el director Jean-François Richet, no escatima en gastos. Tiene buenas ideas, con drones de seguimiento, una cámara en mano muy cercana que incluso participa en algunos momentos, amplios planos y escenarios complejos. Es verdad que, por momentos, abusa un poco de ciertos recursos, pero no importa. Todo sea por darle vida a las secuencias y generar la sensación de estar ahí, en primera fila.
Jason Statham se encuentra totalmente en su hábitat. Su tono reservado y parco se mantiene, pero esta vez Statham esboza más sonrisas. No es que sea demasiado, pero es distinto. Cuando se trata de estar serio, no se le mueve un músculo, y cuando se trata de liquidar a quien se cruce en su camino, la máquina destructora funciona con rendimiento perfecto.
Los guionistas J.P. Davis y Lindsay Michel, sitúan la acción principalmente en el mar, a bordo de un gran carguero lleno de contenedores. Es un verdadero edificio flotante, lleno de recovecos y espacios tan pequeños que transmiten una claustrofobia real. En esos intersticios se mueven los protagonistas, recorriendo las bodegas con los pasillos, los camarotes con la cubierta y alguna que otra sorpresa que la historia revela en el momento adecuado. En espacios cerrados y sin posibilidad de escape es donde se dan la mayoría de los combates. El reguero de muertes tarda poco en llegar. Hay menos coreografías de combate que en otras películas, pero son igualmente efectivas. La sangre está garantizada.
La película tiene varios temas de fondo, pero apenas esbozados. El tema comercial, la seguridad privada, la familia, el negocio familiar, la trata de personas, el chantaje, las mafias y la corrupción cubren un abanico amplio que refleja problemáticas actuales. Pero aquello no es lo más importante. Todos lo sabemos y lo aceptamos.
En 95 minutos, “Mutiny” -“Motín”, su título original-, no defrauda en absoluto. Es cierto que algunos puntos no cierran y otros se ven algo forzados, pero esto es así. Privilegiamos la experiencia de la acción por sobre cualquier otra cosa. La película lo consigue y de buena forma. Entretenida y efectiva; un verdadero placer culpable.
Ficha técnica
Título original: Mutiny
Año: 2026
Duración: 95 minutos
País: Reino Unido
Compañías: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; MadRiver Pictures, Punch Palace Productions. Distribuidora: Lionsgate
Género: Acción. Thriller | Crimen
Guion: J.P. Davis, Lindsay Michel
Música: Marcus Trumpp
Fotografía: Brendan Galvin
Reparto: Jason Statham, Annabelle Wallis, Roland Møller, Adrian Lester
Dirección: Jean-François Richet
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