miércoles, 16 de octubre de 2019

Ema

La última cinta del director chileno Pablo Larraín nos recuerda algunos rasgos característicos de su estilo. Desde luego su producción nunca ha sido condescendiente, y si bien sus trabajos anteriores, “Neruda” y “Jackie”, distan de la incomodidad de “El Club” y “Post mortem”, con “Ema”, Larraín vuelve a sellos ya explorados en “Tony Manero” y “Fuga” -su ópera prima-, donde el punto principal es la sensación de desazón que transmite a la audiencia lo largo de toda la película. 

Ema -Mariana Di Girolamo- es una joven bailarina y profesora de baile en un colegio, casada con Gastón -Gael García Bernal- coreógrafo de la compañía donde ambos participan. La pareja está en crisis pues han devuelto al SENAME -Servicio Nacional de Menores- al hijo adoptado por ellos; no pudieron, tal vez no fueron capaces y fueron superados por las conductas con que Polo los puso a prueba. Ema quiere seguir adelante, Gastón recrimina; Ema siente que aún es la madre de Polo, Gastón anhela la familia que no se pudo consolidar; Ema escapa, busca, improvisa, Gastón se sumerge en sí mismo y en sus actividades; están cada vez más distantes pero un vínculo los mantiene enlazados a pesar de ser un matrimonio que se está separando.

Pablo Larrain y su equipo logran provocar con una incómoda propuesta. El guion escrito por el mismo director junto a Guillermo Calderón y Alejandro Moreno parece un constante deambular, una improvisación dotada de características difíciles de ordenar, sin forma aparente y con finos detalles apreciables en cada escena y en cada secuencia. El oficio del director es mayúsculo, especialmente en los seguimientos que hace con la cámara y los primeros planos con los que retrata a sus protagonistas. Las luces del puerto de Valparaíso, los colores de su característico cielo, el espectáculo de baile de la compañía, gran producción escénica y telón de fondo de los primeros minutos del metraje, hablan de un amplio dominio visual con un desarrollo en el que banda sonora de Nicolas Jaar es un acierto.

“Ema” -y aquí se abre un espacio totalmente subjetivo- nos revela a un Larrain que explora el protagonismo femenino en forma opuesta al trabajo realizado anteriormente con “Jackie”, el 2016. Esta vez se trata de una mujer inserta en una comunidad de artistas, que tiene diversos intereses, amistades y círculos que si bien son especiales no están fuera de una realidad común. No se trata de una estrella ni menos de un “personaje”. Ema es una mujer qué transita, que experimenta, que busca su identidad y también su lugar en el mundo en el que se encuentra. Ella tiene una historia que no conocemos, solo accedemos a algunas luces sobre su vida que se van revelando en la medida que interactúa con su entorno. Ema lleva el peso de la cinta y Mariana Di Girolamo lo sabe. Larrain basa su expresión de feminismo en los más mínimos detalles de la actuación de la protagonista quien logra una desenvoltura expresiva que va más allá de cualquier directriz. La búsqueda y exploración de Ema, afectiva, emocional, sexual y cognitiva nos puede dejar exhaustos pero en ningún caso indiferentes. Hay un ser inquieto que se abre paso entre moldes clásicos y con ello desequilibra cualquier estereotipo preconcebido.

Aún después de unas horas procesando la experiencia aún me cuesta descubrir los puntos más profundos del trabajo de Pablo Larrain. Intento apreciar las capas del relato, el objetivo de esas desconexiones y si son aparentes o de fondo. Asimismo, trato de entender los movimientos y especialmente las motivaciones intrínsecas que tiene la protagonista, qué la hace actuar así, tomar los caminos y riesgos que decide emprender. Hay una gran cuota de misterio y acá, no es novedad, el director no nos de pistas sino que nos obligue a hacer nosotros el ejercicio intelectual.

Aún dicho lo anterior, hay dos elementos de esta cinta que todavía me dan vuelta. El primero tiene que ver con las numerosas preguntas que la cinta entrega y que por cierto no son respondidas. ¿Debemos esperar más tiempo para digerirla y procesarla? ¿O bien, sencillamente, no se puede someter a un análisis racional sino que debe ser eminentemente una experiencia? Como segundo punto, me asalta una duda que puede ser de fondo o tal vez solo una impresión. En el transcurso de la cinta percibo escenas llenas de detalles y con un dramatismo dotado de gran realidad. Sin embargo, me ha costado unir esas secuencias. Por momentos, incluso, me ha parecido que las escenas han sido rodadas sin un conocimiento cabal de los actores del guion integral. Esta carencia de conexión emocional, de peso específico y de gradualidad, en algunos casos, me lleva a dudar sobre la forma de la realización más que de su fondo, es decir sobre la percepción que podemos tener los espectadores de lo que observamos linealmente. Y como el arte no tiene necesariamente una forma definida, esto no sería un problema, en absoluto, porque la paleta de herramientas es amplia y está para ser usada y descubierta a cada instante. Por ello esta duda se va disipando mientras escribo estas líneas porque Pablo Larrain, una vez más, me desafía a concentrar mi foco en la emoción más que en la razón.

Ficha técnica

Título original: Ema
Año: 2019
Duración: 102 minutos
País: Chile
Productora: Fabula
Género: Drama | Familia. Adopción
Guion: Guillermo Calderón, Alejandro Moreno, Pablo Larraín
Música: Nicolas Jaar
Fotografía: Sergio Armstrong
Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Catalina Saavedra, Eduardo Paxeco, Mariana Loyola, Paola Giannini, Antonia Giesen, Josefina Fiebelkorn, Susana Hidalgo
Dirección: Pablo Larraín

martes, 15 de octubre de 2019

La Odisea de los Giles

Basada en la novela de Eduardo Sacheri -el autor de “El Secreto de sus ojos”- titulada “La noche de la Usina” (2016), esta cinta relata los años de la crisis económica argentina y el emblemático “corralito” desde una perspectiva única. Un grupo de vecinos de un pequeño pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires deciden emprender una cooperativa para revertir la alicaída situación económica imperante, recuperando un antiguo negocio abandonado.

Con esfuerzo y tesón Fermín Perlassi -Ricardo Darín- un ex jugador de fútbol estrella en su pueblo, junto a Fontana -Luis Brandoni- y a Belaúnde -Daniel Aráoz- lideran la recolección de fondos para el negocio. Recurren a amigos y conocidos para juntar poco más de US 150.000 que guardan en una celosa caja de seguridad.

Pero aun falta dinero, por lo que Perlassi recurre al Banco del pueblo donde el gerente le ofrece un préstamo si deposita el dinero de inmediato. Es viernes, es la última opción. El protagonista confía en la palabra empeñada, sin contarle a ninguno de sus socios.

Allí viene lo peor. El gobierno impone el corralito, es decir, decreta que todos los fondos deben permanecer en las cuentas bancarias -y transformados a pesos argentinos- y no hay forma de recuperar el dinero. La impotencia que genera este hecho político-económico genera recriminaciones y las discusiones entre los amigos no se hacen esperar.

¿Qué podemos hacer, se preguntan? A poco andar se dan cuenta, además, que todo ha sido una gran estafa, pues el banquero, coludido con un oscuro personaje, Fortunato Manzi -Andrés Parra- y sabiendo que la medida de restricción venía, retiraron todos los dólares del banco ese mismo día viernes. Todo mal, pero como dice el dicho, “cada día puede ser peor”.

Sebastián Borensztein adapta la novela original y dirige esta cinta con un estilo libre y fluido. Tener a Darín en el elenco entrega un hilo conductor que no requiere presentación. La voz en off del actor nos conduce por varias de las situaciones y gracias a su reconocida personalidad entendemos muy bien la desesperación y angustia que vive producto de esta vulneración. El director pone énfasis en la palabra de origen, Gil, o sea aquella persona que cumple las reglas, que trabaja y que sin embargo es arrollada por ladrones, mentirosos y abusadores. Y acá no hay uno solo de esta clase, para el guionista son todos los protagonistas, y son retratados con una gran gama de caricaturas.

La película es ágil. El relato avanza sin tropiezos y engancha desde el comienzo. La historia además atrapa porque nos sentimos cercanos a los involucrados pues han sido abusados y ellos buscan afanosamente revertir la situación. No hay aparente maldad en ello pero claramente no es correcto; lo que traman es absolutamente ilegal. Pero, como en tantas ocasiones, empatizamos y somos comprensivos pues “el fin justificaría los medios…”

En un tono de comedia, bastante negra por momentos, la película trasluce un drama con muchas aristas. No solo tiene que ver con la denuncia económica y con las insinuaciones políticas sino con la vida misma de personas de clase media que se ven afectadas en el corazón de su intimidad. Son los oprimidos por un sistema que los agobia y que no les da salida alguna. Son pisoteados por abusadores sin escrúpulos que solo ven valor en sus propios asuntos, descartando a los demás. Pero la narración no se queda solo en ese punto, agrega otros sobre las familias, la marginación social, los avances de la modernidad, la vida de pueblo pequeño y los negocios, tan impersonales como insensibles.

Si bien el relato de “La Odisea de los Giles” puede por momentos ser previsible y contener algunos giros que podemos incluso anticipar, se las arregla para mantenernos en suspenso durante su metraje. La navegación no sufre zozobras pese a que en su medianía amenaza con extenderse más allá de lo recomendable. No obstante el timón está firme y el agudo oficio de Borensztein conduce la historia a buen puerto, casi como un vals, como el famoso “Danubio Azul” que marca el inicio de la cinta y también momentos importantes.

Ficha técnica

Título original: La Odisea de los Giles
Año: 2019
Duración: 116 minutos
País; Argentina
Productora: Coproducción Argentina-España; K&S Films / Mod Producciones / Kenya Films
Género: Comedia. Drama | Comedia dramática. Comedia negra. Robos & Atracos
Guion: Sebastián Borensztein, Eduardo Sacheri (Novela: Eduardo Sacheri)
Música: Federico Jusid
Fotografía: Rodrigo Pulpeiro
Reparto: Ricardo Darín, Luis Brandoni, Chino Darín, Verónica Llinás, Daniel Aráoz, Carlos Belloso, Rita Cortese, Andrés Parra, Marco Antonio Caponi, Ailín Zaninovich
Dirección: Sebastián Borensztein

viernes, 4 de octubre de 2019

Guasón

Me encanta la historia de Batman desde pequeño, en las historietas y en las películas. Reconozco las magistrales caracterizaciones del Guasón, el archivillano del superhéroe, realizadas por Heath Ledger en “El Caballero de la noche”, de Christopher Nolan- y de Jack Nicholson en “Batman”, de Tim Burton. Pero esta versión de “Joker” no me la esperaba. Me ha dejado sin aliento, impactado y en shock, hasta ser los últimos en salir del cine el día de su estreno.

“Joker” es una película extraordinaria, como pocas del último tiempo. Sorprende, porque es impensado un drama de esta magnitud en un personaje del universo de los superhéroes. Corresponde a una jugada arriesgada de la alianza DC Comics y Warner Bros, una apuesta que supera cualquier expectativa incluso conociendo algunos detalles antes ver la película. La pregunta que nace es por qué sorprende e impacta. La respuesta no tiene una sola voz o un solo resultado. En general se trata de una suma de factores que se alinean para dar forma a un proyecto que cautiva y emociona. Y acá, en “Joker”, hay muchos; complementarios, sinérgicos, sensibles, enérgicos y también mágicos.

Arthur Fleck -Joaquin Phoenix cautivante y magistral- trabaja como payaso en promociones y actos. Cuida a su madre enferma, Penny -Frances Conroy- en el pequeño departamento donde viven juntos. Arthur aspira a ser comediante de “Stand Up” -ella le ha inculcado desde pequeño que debe hacer reír e incluso le llama “Happy”- y admira el show televisivo de Murray Franklin -Robert De Niro-, pero nada le resulta como desea y pasa de frustración en frustración. En su trabajo en la calle es objeto de burlas y agresiones; sus presentaciones en solitario no consiguen risas; su condición, carcajadas incontrolables en situaciones de apuro y angustia, son incomprendidas y la ayuda que recibe del servicio social de Ciudad Gótica lo tiene abrumado, cansado y para colmo se va a cerrar por rebajas presupuestarias en la alcaldía. Sophie Dumond, -Zazie Beetz- una madre soltera que vive en su mismo piso, es su amor platónico, pero es una figura tan lejana que a pesar de vivir a metros un abismo les separa. El escenario no puede ser más negativo y pesimista para una persona que se siente ignorada, invisible, pisoteada y humillada por todos quienes le rodean. ¿Qué sigue para él entonces? ¿Cuál es su esperanza, si es que aun existe?

Ver a Joaquin Phoenix interpretar al personaje resulta indescriptible. Joaquin Phoenix ES Arthur Fleck. Su actuación es sublime y tiene tanta profundidad que es difícil adentrarse en un análisis sin adelantar situaciones que cada uno debe descubrir por sí mismo. Phoenix debió bajar 23 kilos, debía parecer flaco y demacrado porque el personaje lo requería. Sus huesos se notan, su espalda y sus hombros muestran una delgadez extrema, al borde de desaparecer, tal como él mismo se siente, ignorado, invisible, inexistente.

Todd Phillips dirige y configura un relato que impacta de principio a fin. No hay cuadro dejado al azar ni detalle descuidado. Todo tiene un especial y agudo sentido. El guion escrito por él mismo junto a Scott Silver tampoco tiene puntos bajos. El trabajo de edición es de excepción y le da fluidez a una cámara que sorprende con su movimiento en cada encuadre, en cada primer plano y en cada secuencia como si fuera un verdadero descubrimiento. La música de Hildur Guðnadóttir es inquietante y oscura, apropiada para cada momento, con muchas terceras menores y quintas justas, una composición de estilo muy modal. Esta partitura se alterna también con canciones y el resultado es una banda sonora que potencia las imágenes y secuencias con una sincronía precisa y apasionante.

Como reflexión final sobre una película que recordaremos por mucho tiempo me queda el tema de la violencia. La vida de Arthur Fleck es tan miserable, con antecedentes de precariedad y abuso infantil, ausencia paterna, falta de cariño, carencia de autoestima y gran vulnerabilidad, que la transformación que presenciamos no es tan sorprendente. Más bien podría ser una respuesta esperada e incluso natural. Viene a ser un mecanismo de defensa, prácticamente una última capa de resistencia, ante una existencia que para él mismo no merece ser vivida. La fuerza que brota de su interior, inexplicable, y que se abre paso como un volcán, es la que produce nuestra cercana empatía, pero luego surge la violencia, el fanatismo y el caos. ¿Sucede solo como una respuesta? ¿Es lícito responder así, en una escalada que crece y crece, y a poco andar ya está fuera de control? ¿El fin justifica los medios? ¿Abordar esta temática, así crudamente, incita a más violencia?

Tenemos elementos interesantes para preguntarnos y reflexionar como sociedad. Viene a mi mente la recordada “Taxi driver” y otras cintas que abordan temáticas similares. Mientras más daño causamos a los más vulnerables, más fuerza tendrá una respuesta en masa, emocional, descontrolada y desquiciada. Esto es, en si mismo, un punto de inflexión vital que no está resuelto, porque como sociedad no tenemos aun las respuestas y estamos bastante lejos de poder generarlas.

Ficha técnica

Título original: Joker
Año: 2019
Duración: 118 minutos
País: Estados Unidos
Productora: DC Comics / DC Entertainment / Warner Bros. / Village Roadshow / Bron Studios / Creative Wealth Media Finance / 22 & Indiana Pictures. Distribuida por Warner Bros.
Género: Thriller. Drama | Crimen. DC Comics. Cómic. Payasos
Guion: Todd Phillips, Scott Silver
Música: Hildur Guðnadóttir
Fotografía: Lawrence Sher
Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge, Jolie Chan, Bryan Callen, Shea Whigham, Brian Tyree Henry, Mary Kate Malat, Glenn Fleshler, Marc Maron, Bill Camp, Josh Pais, Leigh Gill, Adrienne Lovette, Sharon Washington, Mandela Bellamy, David Iacono, Matthias Sebastiun Garry, Mick O'Rourke, Evan Rosado, Caillou Pettis, Sondra James, Gary Gulman, Kim Brockington, Jamaal Burcher, John Cashin, Ryan Funigiello, Annie Pisapia, Ray Iannicelli, Tony D. Head, Scott Martin, Dj Nino Carta, Mark Lotito, Jason John Cicalese, Keith Buterbaught, Ray Rosario, Rose Maria Wilde, Ben Heyman, Emmanuel Rodriguez, Vincent Cucuzza, Celeste Pisapía, Marko Caka, Alexandra López Galán, Bob Leszczak, Rich Petrillo, Thomas W. Stewart
Dirección: Todd Phillips

jueves, 3 de octubre de 2019

Ad Astra

En un futuro cercano, observamos a Roy McBride -Brad Pitt- como un experimentado ingeniero espacial. Su labor es reconocida, su templanza es a toda prueba y su experiencia rebasa los límites de lo conocido. Después de un accidente en una base orbital que casi le cuesta la vida, Roy es llamado por su alto mando -el U.S. Space Command- para concretar una misión de gran envergadura. Desde hace un tiempo, ondas de poder llamadas “sobrecarga” acechan el espacio exterior, ya alcanzan la Tierra y están poniendo en riesgo toda forma de vida en nuestro planeta. El desafío al que se enfrenta el Mayor McBride implica viajar al límite de nuestro Sistema Solar para saber que sucedió con el “Proyecto Lima” -una exploración visionaria para encontrar vida inteligente fuera de nuestros confines- liderado por su padre, el famoso astronauta H. Clifford McBride -Tommy Lee Jones-. Hace años no se tiene noticias de la misión pues toda comunicación se terminó al cabo de 16 años.

El viaje tiene varias etapas. Primero un vuelo comercial a la Luna, luego un transporte especial a Marte y finalmente el viaje a Neptuno para investigar lo que acontece. Hay sospechas fundadas que la “sobrecarga” puede ser producto de “Lima”, e incluso manipulada por el desaparecido padre de Roy. Las interrogantes abundan y el Mayor Roy McBride tiene la misión de develar esos secretos y contener la manifiesta y mortífera amenaza.

Con el espacio como telón de fondo, el director James Gray filma un relato íntimo y reflexivo. Todo el amplio universo se vuelca hacia el interior del protagonista que debe hacer un viaje introspectivo y profundo que tiene su centro en la relación con su padre. La historia entre ambos se remonta a la adolescencia de Roy y al abandono abrupto por la partida de su mentor a una misión de la que no retorna. Ahora, transformado en héroe, la figura de su padre se agiganta y las consecuencias pasadas se perciben intensamente, en un conflicto existencial tan vasto como la interioridad del protagonista.

El guion es magnífico y la puntuación que tiene el relato es emocionante. El ritmo que posee el metraje es por momentos inquietante. Se podría asociar a una larga cadencia musical que se extiende y amplía sin concluir. Ayuda muchísimo la partitura compuesta por Max Richter con su sello característico; acordes largos, secuencias y pequeñas variaciones que entregan una tensa solemnidad a la banda sonora.

En este viaje Roy McBride no está solo a pesar de la gran cantidad de minutos que aparece en solitario en pantalla. Una breve participación del Colonel Pruitt -Donald Sutherland-, viejo amigo de su padre y también participante del “Proyecto Lima” le ayuda a comprender la dimensión de su misión. Luego, entre recuerdos y añoranzas, es parte de tripulaciones que resaltan su autocontrol y tranquilidad hasta descubrir que la imagen de su padre no ha dejado nunca de estar presente y le acompaña permanentemente. Por ello es tan importante saber de él y encontrarlo, vivo o muerto; saber qué sucedió y de alguna manera sanar esta relación para poder seguir adelante.

“Ad Astra” es un viaje al interior de un hombre que busca reencontrarse con su padre. Me llega tan de cerca el sentido profundo de este anhelo que empatizo personalmente con la extrema profundidad de la reflexión. Brad Pitt consigue representar aquella búsqueda de reconciliación y sanación que cada hijo, a su manera, con las fortalezas y debilidades producto de lo vivido, aspira lograr. La sensibilidad me queda a flor de piel y la cinta cala intensamente en el recuerdo de mi propio padre, con nuevos sentimientos y emociones.

Ficha técnica

Título original: Ad Astra
Año: 2019
Duración: 122 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Coproducción Estados Unidos-Brasil-China; Plan B Entertainment / Regency Enterprises / Keep Your Head Productions / MadRiver Pictures / 20th Century Fox Film Corporation / New Regency Pictures / RT Features / Bona Film Group. Distribuida por 20th Century Fox
Género: Ciencia ficción. Drama. Thriller | Aventura espacial. Supervivencia
Guion: James Gray, Ethan Gross
Música: Max Richter, Lorne Balfe
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, Ruth Negga, Liv Tyler, John Finn, Kayla Adams, Kimmy Shields, Bayardo De Murguia, Bobby Nish, Sasha Compère, Afsheen Olyaie, John Ortiz, Greg Bryk, Kimberly Elise, Loren Dean, Alyson Reed, Anne McDaniels, Ravi Kapoor, Lisa Gay Hamilton, Halszka Kuza
Dirección: James Gray

miércoles, 2 de octubre de 2019

Perro Bomba

Esta cinta escrita y dirigida por Juan Cáceres retrata crudamente el fenómeno de los migrantes haitianos en Chile. Y la verdad, no es una temática fácil de describir pues aunque algo conocemos, algo hemos escuchado, leído e incluso vivido, muy distinto es observarlo en pantalla y descubrir o confirmar lo que sospechamos sucede en múltiples ambientes: un racismo que muestra su peor cara cuanto más vulnerable sea la persona que lo sufre.

Steevens Benjamin vive junto a su familia y son migrante en Chile. Han sido acogidos y su vida es bastante estable. Steevens tiene trabajo y no pasa sobresaltos mayores, sin embargo la llegada de su hermano Junior provoca un cambio radical. Steevens lo lleva a trabajar con él a su trabajo, pero Junior comienza a ser objeto de las bromas y burlas de su jefe, caracterizado por Alfredo Castro. La defensa de Steevens es inmediata; una agresión que se viraliza rápidamente. El protagonista pierde el apoyo de la comunidad de haitianos residentes que repudian esa actitud violenta porque ven que les perjudica a todos. El joven se ve aún más marginado, la justicia está tras sus pasos, la expulsión del país se ve cerca y ni siquiera puede quedarse en una humilde pieza arrendada porque su nombre y rostro está en boca de todos.

La película funciona como denuncia y seguramente la realidad es aún más dura. Acá no solo esta la barrera del idioma sino que se agudiza la exclusión por el color de la piel. Steevens solo logra comprensión al acudir a una corporación de ayuda donde una mujer -Blanca Lewin- le anima y apoya para buscar una solución a sus problemas.

Las situaciones descritas son dramáticas. No solo hay discriminación sino que existe un abuso permanente que es claramente delictual. Pero, ¿a quién le pueden reclamar los migrantes? La mayoría indocumentados y desesperados, sólo aceptan lo que viene, sobreviven al día y sueñan con un futuro mejor que se ve cada vez más difuso.

La cámara de Cáceres es cercana. Por momentos incluso es documental y testimonial. La carencia de este rodaje está en el guion porque, si bien sitúa la realidad que quiere mostrar, entrega pocos elementos para permitir un desarrollo cinematográfico mayor. El argumento prácticamente no dota de mayor caracterización a sus personajes, solo se vale de planos y secuencias para enlazar la historia y algunos de sus protagonistas se presentan de manera superficial, pensando qué tal vez es suficiente mostrar gestos, actitudes, defensas, burlas o bromas de mal gusto.

El mérito que tiene “Perro bomba” es documentar el tema haitiano en Chile, las vivencias de estos migrantes y las reacciones que tienen los chilenos que interactúan con ellos. Pero mucho de aquello no avanza mucho más allá de crear otro estereotipo. Esta realidad afecta diferentes ámbitos de la sociedad chilena actual por el aumento exponencial del fenómeno migratorio en los últimos años. Así y todo, la cinta entrega claves importantes a tener en cuenta. Los precarios trabajos a los que acceden los indocumentados, el negociado del comercio ambulante y tantas otras situaciones que son abusivas y denigrantes hacia una persona humana desvalida y vulnerable. La cinta es un baño de realidad más que cine propiamente tal. Por supuesto sirve para avanzar en la dirección correcta, es decir, la toma de conciencia de situaciones que independientemente de dónde provengan y a quienes afecte, no podemos aceptar ni tolerar.

Ficha técnica  

Título original: Perro bomba
Año: 2019
Duración: 80 minutos
País: Chile
Productora: Coproducción Chile-Francia; Infractor Films / Pejeperro Films / Promenade Films
Género: Drama
Guion: Juan Cáceres
Fotografía: Valeria Fuentes
Reparto: Daniel Antivilo, Junior Benjamin, Steevens Benjamin, Alfredo Castro, Blanca Lewin, Erto Pantoja, Gastón Salgado
Dirección: Juan Cáceres

jueves, 26 de septiembre de 2019

Por Gracia de Dios

Esta cinta francesa acaba de ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín. Con este antecedente más su desgarradora temática, hace presagiar que nos encontramos ante una cinta de gran envergadura y solidez. La ya altísima expectativa es incluso superada por el trabajo cinematográfico que realiza el director François Ozon, al presentar un filme que conmueve desde su inicio. El relato -escrito y dirigido por Ozon- se basa en el caso del sacerdote de la Diócesis de Lyon, Bernard Preynat, quien el año 2016 fue acusado de abusar sexualmente de decenas de niños.

Alexandre Guérin -Melvil Poupaud- vive con su familia en Lyon. Profundamente católico y de misa dominical, Alexandre se entera que el sacerdote que abusó de él cuando era un boy scout sigue trabajando con niños en la actualidad. Aquello le produce indignación. Con valor y coraje decide enfrentar al actual Cardenal Barbarin -François Marthouret- para dar a conocer su testimonio. El camino no es sencillo, al contrario, las puertas no se abren, se cierran; los trámites son demorosos y las múltiples comunicaciones con Irène Thomassinvan -Josiane Balasko-, la asistente del Cardenal, van y vienen sin una respuesta concreta y menos inmediata. Todo parece flexible mientras el tiempo pasa y la angustia crece.

Las denuncias de Alexandre traen consecuencias. El caso del sacerdote se reabre en la diócesis e incluso llega hasta la policía. Se une a esta cruzada por la verdad otra víctima, François Debord -Denis Ménochet-. Debord no es católico y aborrece la religión. Las heridas causadas por el abuso están aun a flor de piel. No obstante aquello, su compromiso y participación resulta vital para encontrar a una tercera víctima, Emmanuel Thomassin -Swann Arlaud -, cuyo caso de abuso no está prescrito aún como delito para la justicia civil. Con estos antecedentes, los tres protagonistas forman una asociación de víctimas que se apoyan y en conjunto impulsan el esclarecimiento de la verdad, obtienen cobertura mediática y con ello posicionan el tema en la opinión pública.

La cinta tiene una gran variedad de lenguajes y herramientas de narración. Un comienzo telegráfico -lecturas en voz alta de los intercambios epistolares-, da paso a un desarrollo que contiene múltiples encuentros y reuniones, un tenso cara a cara abusador-abusado, repercusiones familiares, búsquedas, conversaciones íntimas, otras públicas, junto a una serie de recriminaciones, culpa e indignación. El director hace uso de primeros planos cerrados que acusan el agobio, la consternación, la rabia y la impotencia de las víctimas, y otros abiertos que sitúan estos sentimientos dentro del contexto del abuso perpetrado a menores de edad. Algunas escenas del pasado reviven lo que hemos escuchado anteriormente en relatos verbales. No es necesario mostrar nada explícito, todo se entiende; es desgarrador y genera una empatía inmediata en el espectador.

“Grâce à Dieu” es una película madura y sin estridencias, que se perfila como una gran oportunidad de entender una de las situaciones más duras de las que hemos tenido conocimiento, el abuso sexual en contra de menores por parte de sacerdotes de la Iglesia Católica. La forma de su descripción, los tiempos del relato y la prolijidad de su guion, la transforman en un testimonio imprescindible. Su crudeza radica en la factura de su realización, en actuaciones que son plenamente convincentes y que por momentos podrían coincidir con imágenes reales de un documental.

Esta cinta es mucho más que un relato audiovisual sobre víctimas, sobre abusos o sobre las negligencias explícitas en la gestión de denuncias, las acusaciones y la consecuente implementación de las investigaciones respectivas en el seno institucional de la Iglesia Católica. Tampoco esquiva las responsabilidades personales de las autoridades en relación a los hechos denunciados y agrega a ello la conmoción mediática que una situación de esta naturaleza provoca al darse a conocer públicamente. El sustento de fondo del relato es el abuso de poder y la vulnerabilidad de quienes han sido sometidos a este abuso, tanto sexual como de conciencia, y por supuesto las secuelas que estos actos brutales dejan en la vida de quienes los padecen. La película se interna en el dolor, en la angustia, en lo difícil que es procesar lo vivido y en el tiempo que necesitan las víctimas para siquiera poder hablar del hecho y que, por cierto, es aún mayor para denunciarlo y seguir acciones civiles y penales.

La película de François Ozon es para verla con atención. La congoja y la impotencia afloran con el correr de los minutos y aquello no nos deja indiferentes; nos golpea fuerte y nos duele. Son sentimientos que nos acompañan durante sus 137 minutos y que no nos abandonan. Es incomprensible e inentendible que sucedan estas situaciones al interior de la Iglesia. Cuanto más conciencia tomemos de lo que significan, cómo se producen y su consecuencia -esta es la principal motivación de las víctimas, quienes no buscan venganza ni una reparación material o monetaria-, podremos lograr crear ambientes sanos y seguros que contribuyan a evitar que nuevamente se repitan estos abusos.

Ficha técnica

Título original: Grâce à Dieu
Año: 2018
Duración: 137 minutos
País: Francia
Guion: François Ozon
Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Fotografía: Manuel Dacosse
Reparto: Melvil Poupaud, Denis Menochet, Swann Arlaud, Eric Caravaca, François Marthouret, Bernard Verley, Josiane Balasko, Hélène Vincent, François Chattot, Frédéric Pierrot, Martine Erhel, Aurélia Petit, Julie Duclos, Jeanne Rosa, Amélie Daure
Productora: Mandarin Production / Scope Pictures
Género: Drama | Basado en hechos reales. Abusos sexuales. Religión
Dirección: François Ozon

viernes, 6 de septiembre de 2019

Yesterday

Dirigida por Danny Boyle -“Quién quiere ser millonario”- la cinta narra la historia de Jack Malik -Himesh Patel-, un cantautor empeñoso que no logra tener éxito ni conquistar a un público que vaya más allá de su familia o de sus fieles amigos. Malik lo intenta, con mucha ilusión, apoyado por Ellie -Lily James-, amiga y también su manager, quien hace lo imposible por posicionar al músico en otras instancias.

Decepcionado por su última actuación y abrumado por su trabajo de reponedor en un gran almacén, decide tirar la toalla y no seguir intentando más. Sin embargo, dos hechos simultáneos ocurren y cambian para siempre la vida del cantante. Un apagón eléctrico de 12 segundos a nivel mundial y un accidente que lo deja en la clínica con dos dientes menos provocan algo que para Jack es verdaderamente como un milagro. Solo él recuerda a “Los Beatles”, sus melodías y sus letras. Los registros han desaparecido de todas partes, Internet incluido. Tímidamente empieza a interpretar las canciones primero a sus amigos, luego a su familia y después en diversos eventos. Se corre la voz, son un éxito inmediato. Entonces, casi sin proponérselo, Jack hace pasar por propias las canciones famosas del gran cuarteto de Liverpool y con ello se lanza al estrellato.

Esta película es por un lado un homenaje a una banda que cambió la historia de la música y por otro una sencilla comedia romántica sostenida en la relación de Ellie con Jack. La premisa del guion es muy interesante por el escenario propuesto post accidente. Solo pensar que nadie recuerde a Los Beatles es algo que nos parece imposible y que alguien se adjudique sus temas, un acto de osadía irreverente. Jack ha buscado toda su vida tener éxito y de pronto, de golpe -literalmente- lo encuentra. Las canciones son tan hermosas que incluso mal tocadas o mal cantadas, con letras invertidas o incluso cambiadas, irrumpen con un peso propio que seducen a cualquier audiencia de inmediato. Esta es la magia del homenaje que se le hace a una música transversal y que se reconoce como imperecedera.

La película mantiene siempre un tono liviano y muchísimos toques de humor. Es notable la incursión del famoso músico Ed Sheeran que desborda sencillez y simpatía, buscando a Jack, admirando su trabajo, llevándolo de gira y presentándole a su manager, reconociendo algo que rara vez es percibido en el mundo de la música que es la solidaridad y reconocimiento hacia un colega. Esta fresca participación le da a la cinta un tono actual e increiblemente las canciones de “Los Beatles” suenan absolutamente contemporáneas.

“Yesterday” funciona libre y nunca olvida que primero es una comedia romántica. Cuando el conflicto se manifiesta, es decir llega el éxito para Jack y Ellie se ve desplazada, surge justamente ese amor oculto y silencioso que durante años se mantuvo cubierto por una profunda amistad. Es en ese momento cuando deben tomar decisiones. Jack y Ellie se enfrentan a sus propios temores, ansiedades y sueños. Deben elegir el camino a seguir. Y aunque todo resulte previsible, la amabilidad del relato deja a fin de cuentas un saldo positivo, un gusto dulce de haber visto una cinta agradable escuchando las canciones de “Los Beatles”, con actuaciones protagónicas simples y convincentes, Ed Sheeran incluido. En ocasiones uno siempre espera algo más, sin embargo este tipo de películas nos recuerda que una buena historia, por sencilla que sea, merece ser contada y la podemos disfrutar sin hacer tanto análisis.

Ficha técnica 

Título original: Yesterday
Año: 2019
Duración: 116 minutos
País: Reino Unido
Productora: Working Title Films / Etalon film. Distribuida por Universal Pictures
Género: Comedia. Fantástico. Romance | Música. Comedia romántica
Guion: Richard Curtis (Historia: Jack Barth)
Música: Daniel Pemberton. (Canciones: The Beatles)
Fotografía: Christopher Ross
Reparto: Himesh Patel, Lily James, Kate McKinnon, Ed Sheeran, Lamorne Morris, Ellise Chappell, Camille Chen, Alexander Arnold, Joel Fry, Sophia Di Martino, James Corden, Robert Carlyle
Dirección: Danny Boyle

jueves, 5 de septiembre de 2019

Canción sin nombre

Esta película, Ganadora del Premio Signis en el SANFIC 15, es realmente conmovedora. Basada en hechos reales, la cinta se introduce en el Perú profundo del año 1988 donde se vive un conflicto social y político de envergadura. La historia corresponde a Georgina Condori, una joven andina que da a luz una bebé que desaparece misteriosamente. En medio del caos de la época, Pedro Campos, un joven periodista limeño, toma a su cargo la investigación del caso y emprende junto a ella una desesperada búsqueda.

Ópera prima de su directora Melina León, la película destaca por un magnífico trabajo de fotografía a cargo de Inti Briones. Con un blanco y negro plagado de matices, las escenas resultan intensas y elocuentes. La ausencia de sonido en puntos clave tensa aún más la narración que profundiza en muchísimos de los subtextos que se encuentran insertos en el guion.

Es desgarrador ver caminar a “Geo”. Sube y baja los cerros desde y hacia su casa. Transita junto a su marido rumbo a su informal trabajo de feriante callejera en el centro de Lima, en una travesía propia de un migrante dentro de su propio país. Visiblemente embarazada, el esfuerzo es en ocasiones el doble o el triple. Ella no alcanza a comprender lo que vive, menos entiende la situación política del país junto a las condiciones sociales que rodean esos años durísimos y complejos de Perú a fines de los años 80..

Las temáticas que aborda el relato son extensas. No solo la situación de Georgina es impactante. Hay una vulneración de la pobreza en todos los ambientes. La marginación social, sobre todo la que se muestra en forma explícita con una representante andina, se repite también en otras esferas. Los anuncios de radio ofreciendo servicios gratuitos de maternidad fácilmente son aceptados como lícitos cuando existe necesidad imperiosa de ayuda y no hay mayor información disponible. Este abuso de poder, aprovechando las pocas herramientas de educación de la población más vulnerable, facilita un ilícito que además es encubierto por el poder transversal que entrega una sociedad que se enfrenta a divisiones, violencia y también al terrorismo.

La situación del periodista no es muy distinta. Pedro, si bien trabaja en un diario reconocido, es un llanero solitario. No solo le afecta su situación personal, también sus ideales corresponden a su propia búsqueda de identidad y de verdad. El guion se interna en Pedro, en lo que vive, en su propia represión y lo desnuda a su manera, con una sutil delicadeza.

El marido de Georgina tampoco escapa al conflicto. Vive al día y de los trabajos esporádicos que le ofrecen. Pasa largas temporadas fuera de casa para intentar encontrar el sustento familiar. Por ello, cuando una nueva oferta de trabajo es oscura y difusa, la acepta sin pensar en las consecuencias de acciones que pueden poner en riesgo incluso a su propia comunidad.

La cultura indígena está también siempre presente en el relato con celebraciones, fiestas, música, danza y procesiones; hay un alma subterránea que se encuentra en la base de la historia.

La marginación es brutal, la división horrorosa y el abuso inaceptable. La cinta se basa en hechos reales, en el secuestro de bebés, hecho ampliamente difundido incluso en la prensa de la época. Y no solo se trata de una denuncia sino también una prueba innegable del sufrimiento al que están condenados quienes no suscriben al régimen imperante y de todos aquellos que de una u otra forma no encajan con el sistema.

Con toda razón esta cinta ha tenido éxito en sus primeras presentaciones. Estrenada en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes 2019 y también reconocida a su paso en otros festivales, es una película que se transforma en necesaria. Su relato está dibujado perfectamente y el magnetismo que provoca su confección mantiene máxima tensión durante todo su metraje. Sin duda, “Cancion sin nombre” es de las mejores realizaciones del último tiempo en nuestra región y aún puede obtener otros reconocimientos, que sin lugar a dudas, tendrá ampliamente merecidas.

Ficha técnica 

Título original: Canción sin nombre
Año: 2019
Duración: 97 minutos
País: Perú
Productora: Coproducción Perú-Suiza-Estados Unidos; Bord Cadre Films / La Vida Misma Films / MGC / Torch Films
Género: Drama | Años 80. Secuestros / Desapariciones
Guion: Melina León, Michael J. White
Música: Pauchi Sasaki
Fotografía: Inti Briones (B&W)
Reparto: Pamela Mendoza, Tommy Párraga, Lucio Rojas
Dirección: Melina León

miércoles, 4 de septiembre de 2019

La Boda

Esta cinta belga es muy interesante. Ofrece un acercamiento cultural que, al menos en nuestra idiosincrasia latinoamericana, nos resulta tremendamente distante.

Zahira -Lina El Arabi-, es una joven paquistaní que vive en Bélgica junto a su familia. En cuanto se entera que ha quedado embarazada de su novio, pide ayuda a su hermano, muy cercano y confidente. Las opciones son complejas porque debe decidir sobre abortar o seguir adelante pese al nulo apoyo de su circunstancial pareja. A pesar que la relación con su familia es normal, Zahira sabe que la decisión no es solo de ella pues les compromete a todos.

En paralelo está la tradición paquistaní que se refiere a la forma de elegir un marido. En este caso, Zahira no tiene prácticamente ninguna opción, pues lo que dicta el rito es que su padre concreta el matrimonio y ella, en el mejor de los casos, puede decidir entre tres jóvenes a quienes ni siquiera conoce en persona, solo por entrevistas vía Skype.

La vida de Zahira es la de una joven adolescente normal, se divierte con sus amigos, vive en un país muy diferente a las costumbres familiares y ello sin duda le permite tener una perspectiva diferente de la manera cómo deben ser las cosas. La rebeldía aparece y también la contención familiar, que evidentemente no es suficiente en ningún momento.

Su padre y su madre quieren lo mejor para ella pero dentro de lo conocido y tradicional. Además, si aquello no se cumple, cualquier acción se considera desprecio y trae consecuencias negativas insospechadas para el apellido de la familia. La tradición manda, y solo resta obedecer. Sin embargo Zahira no está dispuesta a ceder. Descubre que puede seguir su camino a pesar de ir en contra de la línea familiar. Su padre sufre, su madre no sabe qué hacer, su hermana mayor, que ya ha cumplido con el rito, viaja desde España a tratar de convencerla y su hermano se debate entre el amor que le tiene y la lealtad familiar. Una serie de hechos acontecen y llevan el relato a un punto de no regreso. La tensión es máxima y parece que el conflicto mayor no tiene solución.

Esta cinta del director Stephan Streker tiene un particular estilo de narración. Llama la atención porque carece totalmente de banda sonora. No hay música en ninguna escena, algo que podría parecer anormal pero se transforma en un recurso. Escuchamos el silencio, los pequeños sonidos de las cosas e incluso la respiración de los personajes. Es muy tenso porque no estamos acostumbrados a esta ausencia total. El efecto es casi similar al blanco y negro de una filmación, entregando relevancia a otros elementos que asumen protagonismo, primeros planos cerrados, mucho desplazamiento y también escenas completas donde solo existe un seguimiento a los actores.

Dentro del contexto de las temáticas que aborda, “La Boda” sorprende por lo directo de su mensaje y por la claridad con que muestra una cultura muy diferente. Las actuaciones añaden un valor importante al filme pues representan de forma clara la personalidad de cada miembro de la comunidad. En ese sentido, el desarrollo de los personajes es preciso y no da pie a dobles lecturas; los vemos y sentimos empoderados en cada uno de sus roles.

“La Boda”, a pesar de ciertas debilidades referidas a su ritmo o tal vez a una leve tendencia a alargar algunas escenas, tiene su principal fortaleza en una historia basada en hechos reales. Esto conmueve y nos hace empatizar con la protagonista, más por el relato presentado que por la manera de desarrollarlo. A pesar de esta limitación en lo formal, el interés no se pierde nunca y cuando podemos pensar que todo ha concluido tomamos conciencia que no es así y que las distintas posiciones pugnan por imponerse, incluso más allá de toda fraternidad familiar.

Ficha técnica

Título original: Noces
Año: 2016
Duración: 98 minutos
País: Bélgica
Productora: Coproducción Bélgica-Paquistán-Luxemburgo-Francia; Daylight Films / Formosa Productions / Tarantula
Género: Drama | Familia
Guion: Stephan Streker
Fotografía: Grimm Vandekerckhove
Reparto: Lina El Arabi, Sébastien Houbani, Babak Karimi, Nina Kulkarni, Olivier Gourmet, Alice de Lencquesaing, Zacharie Chasseriaud, Aurora Marion, Rania Mellouli, Harmandeep Palminder, Sandor Funtek, Bilel Ghommidh, Qari Ikram Nabi Kailany, Hervé Sogne, Édith Le Merdy, Fayçal Safi
Dirección: Stephan Streker

jueves, 29 de agosto de 2019

El hombre del futuro

Felipe Ríos Fuentes es el autor y director de esta cinta chilena que participó en el SANFIC 15. La película narra la historia de Michelsen -José Soza-, un veterano camionero austral que está al borde del retiro. Los años no han pasado en vano, Michelsen está enfermo y viejo, su jefe le acaba de anunciar su último viaje -que es en rigor su despido- y parece que el ciclo de la vida se vierte sobre él. Elena -Antonia Giesen- su hija, no quiere saber nada de su padre, rehuye de él, lo rechaza y también emprende un viaje al sur para participar en una pelea de boxeo. Y hablamos del sur de Chile, muy muy al sur, Cochrane, Villa O Higgins y Caleta Tortel.

La fotografía de Eduardo Bunster es maravillosa. Retrata el Chile austral con una mirada artística y llena de sutilezas. Asimismo, los encuadres a los protagonistas son muy acertados y precisos. Podemos percibir sus rostros en detalle, primeros planos arrebatadores muestran la vejez de Michelsen, su historia, sus reproches, su sufrimiento interior, el ocaso de su vida. También se centran en la juventud de Elena, su rebeldía, su opresión, sus ansias de vislumbrar nuevos rumbos. Ambos personajes están en extremos opuestos, tanto por su edad como por la situación que la vida les ha deparado.

Ríos compone un relato que se soporta mayormente en la actuación de José Soza. Cuando él está presente, la pantalla se llena. Cuando sale, hay un bajón natural hasta que regresa. Los personajes secundarios también tienen un ligero desbalance. El mejor, sin duda, y tal vez el mejor actor secundario de las películas del SANFIC 15, es Roberto Farias que interpreta a un colega camionero que lleva al sur a Elena. Su mirada es aguda, sus comentarios justos y su mensaje extremadamente claro. Otros secundarios, como la joven turista argentina que se sube al camión de Michelsen, no logra convencer. Tampoco demasiado la madre de Elena y en cierta medida las dos mujeres -madre e hija- que reciben al protagonista en su tránsito austral.

“El hombre del futuro”, título extraño y motivo de debate del Jurado SIGNIS en el SANFIC15, es una propuesta diferente e interesante. Plantea más interrogantes que respuestas. Posee un guion inteligente -aunque tal vez a ratos con un ritmo muy cadencioso- que nos transporta directo a lo sentimientos de los protagonistas en un viaje que puede ser interpretado de muchas formas. Aquello es lo más valioso de la cinta, el recorrido ascendente y descendente de sus protagonistas, su interioridad profunda y la vital conexión padre-hija. Un acierto para una de las películas más destacadas del SANFIC 15 y que ya está en nuestra cartelera.

Ficha técnica

Título original: El hombre del futuro
Año: 2019
Duración: 96 minutos
País: Chile
Género: Drama
Guion: Felipe Ríos Fuentes
Fotografía: Eduardo Bunster
Reparto: María Alché, Roberto Farias, Giannina Fruttero, Antonia Giesen, Amparo Noguera, José Soza
Dirección: Felipe Ríos Fuentes

miércoles, 21 de agosto de 2019

Había una vez en... Hollywood

A fines de los años 60, Hollywood está cambiando. Lo que antes funcionaba, ya no, y los pilares de la industria clásica comienzan a ceder. Pero Hollywood está siempre en ebullición, lleno de estrellas, pasadas, presentes y futuras, sin distinción. Una de las primeras está siendo olvidada rápidamente y lo está pasando mal. Se trata de Rick Dalton -Leonardo Di Carpio- figura de un wéstern televisivo que ya no encuentra cabida en la pantalla grande y le cuesta mucho mantenerse vigente en el ambiente. Rick tiene un doble de acción, Cliff Booth -Brad Pitt-, que lo cubre en todas las escenas peligrosas. Cliff también es partner, consejero, chofer y asistente de Rick, en una relación que va más allá de lo profesional e incluso más allá del cultivo de una estrecha amistad. Dalton vive solo y en la colina, en una magnífica casa vecina a la mansión que comparten Roman Polanski con la bella Sharon Tate -Margot Robbie-, joven actriz de ascendente éxito. 

Hablamos de la novena película del director Quentin Tarantino, quien no necesita mayor presentación. “Había una vez en... Hollywood”, que debutó en el Festival de Cannes de este año, fue recibida con mucho entusiasmo y elogiosas críticas. Fiel al estilo de su director, la película es un gran universo donde cada elemento tiene un espacio destacado. Algo notable de la narrativa de Tarantino es que no existe ningún apuro en el correr de su metraje. La cinta dura 165 minutos y no resulta larga. Es justa y precisa, porque cada escena y cada secuencia, tiene su pulso y su tiempo. Esta característica, difícil de encontrar y cada vez más escasa en el cine actual, tiene su base en la construcción del guion y en la manera de filmarlo, ámbitos en los que Tarantino tiene una mano maestra que no nos deja de sorprender.

Corre el año 1969 y acontecen varios hitos que se transforman en excelentes escenarios para dar curso a este especial homenaje. Vemos el movimiento Hippie, las extrañas sectas, los extremos ideológicos de esos años y el desenfreno junto a otras tantas situaciones propias de una época que resulta difícil de olvidar. La cinta las recorre con calma, podríamos decir que a fuego lento, permitiendo observar en primera línea esta provocativa oda a la meca del cine norteamericano.

“Había una vez en... Hollywood” no solo es un relato magistral. También tiene un conjunto de factores que potencian un discurso dramático que atraviesa diferentes géneros y formas. Uno ya clásico del autor es la música. Tarantino nos ofrece una deliciosa banda sonora compuesta de muchísimas canciones que no solo le dan contexto a la historia sino que también nos llevan directo a su momento en el tiempo. ¡Qué decir de las recreaciones! Están hechas con extrema finura y detalle. Entregan escenarios ideales para que los actores interpreten a sus personajes. El elenco también es increíble; ver juntos a Leonardo Di Carpio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino y muchos otros, es un lujo y hay que disfrutarlo pues llenan la pantalla de carisma, personalidad y actuaciones que recordaremos por un buen tiempo. Tarantino tampoco se olvida de incluir secuencias que nos dejen con la boca abierta y en esta ocasión guarda la artillería pesada para un final desbordante, remate perfecto para una construcción perfectamente cuidada.

La expectativa que genera Tarantino es alta y tal vez por ello sus guiones son tan esperados. Incluso, se habla del estilo tarantiniano... En ese sentido, este último trabajo del genial director es una muestra que su creatividad sigue en progreso, independiente de las diferentes grados de acercamiento que puede generar. El cine de Tarantino no es fácil, es más bien incómodo. Tampoco es lineal, asume que los espectadores somos capaces de algo más y no nos trata como tontos. Su cine es desafío y propuesta, para que cada uno de nosotros pueda pensar y darle sentido a lo que presenciamos. Este cine, de alta factura técnica y de particular estética, es poseedor de una concepción artística que aspira a romper moldes y a ir más allá. Esto es lo que justamente, y muchas veces, buscamos encontrar en la pantalla grande. Un material dramático que sea una buena historia pero que además esté contado de manera mágica. Para ello no son indispensables los fuegos artificiales ni los desmesurados efectos especiales. Solo se requiere un relato bien armado, con un buen desarrollo y ejecutado con precisión, todos ellos elementos que el cine de Quentin Tarantino durante estos años ha adoptado como columna vertebral, en su esencia más pura y vital.

Ficha técnica 

Título original: Once Upon a Time in... Hollywood
Año: 2019
Duración: 165 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Entertainment (SPE) / Heyday Films / Visiona Romantica
Género: Thriller. Drama. Comedia | Crimen. Años 60. Comedia negra
Guion: Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Margaret Qualley, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Michael Madsen, Tim Roth, Zoe Bell, Damian Lewis, Luke Perry, Emile Hirsch, Dakota Fanning, James Marsden, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Damon Herriman, Nicholas Hammond, Keith Jefferson, Spencer Garrett, Mike Moh, Clu Gulager, Martin Kove, James Remar, Lena Dunham, Austin Butler, Leslie Bega, Maya Hawke, Brenda Vaccaro, Lorenza Izzo, Penelope Kapudija, Rumer Willis, Dreama Walker, Costa Ronin, Madisen Beaty, Sydney Sweeney
Dirección: Quentin Tarantino

viernes, 16 de agosto de 2019

Araña

Inés y Justo, jóvenes idealistas que en 1971 luchan contra la Unidad Popular formando parte del movimiento nacionalista Patria y Libertad -que con acciones violentas y sabotajes busca derrocar el gobierno de Salvador Allende- se ven amenazados por el regreso de Gerardo, un viejo camarada traicionado por el grupo y que reaparece para poner en peligro la alta posición social lograda en estos más de 40 años.

Andrés Wood se interna nuevamente en la historia chilena, específicamente en los años previos al Golpe militar, para narrar una historia de amor que se desarrolla en un contexto que estremece por su contenido ideológico, radical y violento. Lo hace con una cinta marcada por los detalles, con un guion delicadamente construido que va mostrando paso a paso los acontecimientos, tanto pasados como actuales, con una fluidez que resulta natural, atractiva y apasionante.

La protagonista es Inés -Mercedes Morán y María Valverde (joven)- reina de belleza, aguda, penetrante y audaz en los 70, es actualmente una empresaria con reconocido prestigio, segura de sí misma y dueña de una gran personalidad. Por otra parte, Justo -Felipe Armas y Gabriel Urzúa (joven)-, su marido, entonces carismático líder del movimiento anti UP, ahora preocupado, deteriorado y deprimido por el alcohol y quizá también por la culpa. El triángulo se completa con Gerardo -Pedro Fontaine y Marcelo Alonso (actual)-, joven rebelde, atrevido y violento que ahora regresa para defender -y tal vez vengar- sus ideas y convicciones de justicia, incluso con sus propias manos.

El relato gira entorno a este núcleo principal y Wood lo filma puro, con cuadros muy bien construidos, con luces y ángulos de cámara que denotan su oficio y que tienen una alta factura técnica. Hay tanto texto y subtexto en esta cinta que la dispersión podría reinar, sin embargo todo calza perfectamente y el metraje atrapa más y más en la medida que avanza la historia. Los cambios entre las épocas, las excelentes interpretaciones, la recreación histórica y presente y lo cuidadoso de cada toma son deslumbrantes y confirman que el oficio que tiene Andrés Wood es de alto vuelo.

El contexto del momento histórico hace difícil empatizar con los protagonistas, más aún con la posición de la que actualmente gozan. No obstante aquello, se produce un acercamiento con Inés y Gerardo, tal vez a través de ángulos menos convencionales. ¿Amor, pasión o puro idealismo? No se responde concretamente pues el cínico juego de provocación que se da en el pasado es la motivación de una violencia desatada, un idealismo extremista, desenfrenado y también desmedido, fuera de contexto, tal vez, para quienes solo hemos escuchado y leído lo ocurrido en esos complejos años.

Así y todo, Andrés Wood y el guionista Guillermo Calderón, también se encargan de poner sobre la mesa otros temas en perspectiva; desnudan el sistema médico, vulnerable a las intervenciones del poder; el ámbito de los medios de comunicación, dominadores en base al prestigio y al poder social y económico que sustentan; la rebelión de un hijo ante sus padres que resulta casi un pataleo imperceptible en aguas profundas; la presencia de los migrantes en el Chile actual; los celulares que captan todo; la historia disponible a la mano en Internet, entre muchos otros.

La banda sonora de la cinta es tensa y aguda. Obra de Antonio Pinto incorpora temas de época y largos silencios que ponen aún más presión a las escenas claves. Un acierto es el uso del Divertimento en RTe Mayor, K 136, de W.A. Mozart con el que se presenta inicialmente a Inés y que posteriormente cierra el relato, superponiendo una versión que añade una guitarra, como un guiño más a la transformación de los personajes -en la forma, pero no en su esencia- y también la profundización de las convicciones juveniles en un presente que, desde otras perspectivas, sigue ofreciéndoles amenazas que los protagonistas deben combatir, cada uno desde su propia trinchera.

Ficha técnica

Título original: Araña
Año: 2019
Duración: 100 minutos
País: Chile
Productora: Coproducción Chile-Argentina; Bossa Nova Films / Magma Cine / Wood Producciones
Género: Drama | Dictadura chilena. Años 70
Guion: Guillermo Calderón
Música: Antonio Pinto
Fotografía: Miguel Littin
Reparto: Mercedes Morán, Marcelo Alonso, María Valverde, Felipe Armas, Pedro Fontaine, Caio Blat, Gabriel Urzúa
Dirección: Andrés Wood